CAPITULO 4
(Pov Darío)
Cuando entré en la habitación todo estaba limpio y reluciente, se me hizo bastante raro el hecho de que todos mis libros estuviesen perfectamente ordenados en el escritorio de mesa caoba de madera maciza justo debajo de la enorme ventana que daba a la ciudad.
El tiempo estaba cambiando y en poco tiempo se pondría a llover.
Algo que no me desagradaba del todo y que me recordaba a Italia, me recordaba mucho a Italia, la echaba de menos.
Me senté y me puse a leer hasta que fue la hora de la cena, llamé a recepción y pedí que subiesen la comida, un filete y unas patatas no estarían mal.
"¿Cuánto tiempo llevas sin follar?"-.
Era algo que me rondaba en la cabeza.
Averigüé el número de la tal Jessica, y ordené que le llevasen un par de rosas rojas con una carta de invitación.
Eso, prácticamente hacía que las mujeres no se lo pensaran a la hora de quedar con un chico.
Estaban tan acostumbrado a los cabrones típicos y al sexo típico que se morían por buscar un "príncipe" y cuan equivocadas estaban, yo no tenía nada de eso... quizás la labia, pero tampoco, mentiría si no dijese que mi labia era heredada de mi abuelo V y que por eso embaucaba a tantas mujeres.
Me tumbé en la cama y esperé a que un hombre vestido con el uniforme oficial del hotel en rojo y dorado me la acercase.
Cuando se fue puse la TV, nada interesante, nada interesante... sin quererlo ya estaba en el apartado de películas X, había una que tenía buena pinta, la pondría, necesitaba aliviar tensiones.
Mientras comía vi un poco el intro y la paré para darme una ducha.
Esa niña, la tenía en la cabeza desde que la vi ¿habría sido ella la que limpió mi habitación tan con decorosamente?.
Quizás si o quizás no.
Bajo el agua de la ducha, mi que poco a poco mi erección iba creciendo y la imagen de la chica con ese informe debajo de mi bajo la cama mullida hizo que mi cuerpo diese un vuelco descomunal.
Posé mi mano en mi miembro y la fui moviendo, la imaginaba justo aquí bajo la ducha gritando mi nombre, y ese pelo oscuro revuelto por el sexo tuve esa imagen en mi cabeza hasta que me corrí abundantemente.
(Pov Alaska)
Por la noche trabajaba los fines de semana en un restaurante, de nuevo con uniforme de camarera.
Pagaban bien, aun que a veces me daba ganas de matar a algunos de los clientes habituales.
Este restaurante era distinguido y no por eso tenía que ser malo, ni mucho menos.
Los dueños me conocían. Edward y Bella, una pareja de italianos que llevaban este restaurante y lo mimaban como si fuese su propio hijo.
-Nos han confirmado una reserva- dijo Bella- apuntala en la libreta del metre-.
Asentí y fui a apuntarla... en la nota ponía claramente Darío Wintrón.
Un momento... ¿Darío?... no podía ser el mismo pero cuanta gente en esta ciudad tenía ese nombre... y se podía permitir estar en sitios como este.
Mañana estaría aquí cenando... y vendría acompañado, mesa para dos personas... sería divertido atenderles así que les puse la mesa en mi sección.
