CAPITULO 16
(Pov Darío)
Entré en la habitación y no había nadie, esto me estaba empezando a enfadar muy en serio.
Nadie se reía de mi, y mucho menos una niña con aires de superioridad. ¿Qué coño se creía?
Le envié un mensaje al móvil con las palabras "ven a mi habitación ahora".
Pasada media hora estaba allí.
Y se empezó a reír al ver mi pelo pero no le duró mucho ya que le di una guantada en la cara y me miró como si hubiese hecho un gran sacrilegio.
-Me arreglarás en pelo ahora mismo y si no lo haces bien ten por seguro que me lo cobraré multiplicado por cien-.
Ella asintió y se fue a buscar lo que necesitaba.
Estaba empezando a fumar, encendí mi cigarro y la esperé hasta que vino con un tinte de no sé que, de mi color natural.
Se sentó a mi lado y me echó productos en el pelo, me envolvió la cabeza con una toalla y esperó en silencio el tiempo que hizo falta
-Ve a lavarte el pelo- susurró-.
Apagué lo que quedaba de mi cigarro y fui a lavarme el pelo, ya volvía a ser yo de nuevo.
-Solo fue una broma- dijo en un susurro-.
-No me ha gustado-.
Le quité la ropa a tirones y ella no hizo nada. La llevé contra la pared más cercana y quité mi cinturón.
No dejé de azotar su trasero con el cuero marrón del cinturón hasta que la escuché llorar y llorar de verdad.
La lancé a la cama, estaba fuera de mis casillas.
-¿Esto te parece divertido?-.
-No- dijo y se tapó la cara- lo siento-.
-Ojalá eso fuese suficiente-.
Pero no lo era, mi erección estaba bastante jodida bajo mi pantalón definitivamente estaba en esto.
Me deshice de mi pantalón y de mi bóxer, quité lo que quedaba de mi ropa.
-Abre la boca-.
Ella lo hizo pero no lo suficiente.
-ABRE LA BOCA- grité-.
La abrió, sus lágrimas recorrían su rostro rojo al igual que su cuerpo.
Las puntas de sus pechos estaban endurecidas y rojas, un bálsamo brillante cubría el interior de sus muslos. Pero no lo tendría tan fácil, debía suplicar, eso quería y eso habría no había nada más que decir.
Metí mi miembro sin contemplaciones en su boca, ella se quejó lo que hizo que su garganta se agitase y me endureciese todavía más.
Siseé y tiré de su pelo acercándola todo lo que pude a mí.
Hice que moviese su cabeza a delante y hacia atrás varias veces hasta buscar mi liberación. Me corrí en su boca. Eso la hizo llorar todavía más.
Cuando todo acabó la miré un largo tiempo.
-Las cosas son así, puedes aceptarlo o no, pero no hay marcha atrás-.
Me vestí y salí de la habitación, mi padre estaba junto a la puerta fumando sus tatuajes cubrían su rostro y sus manos.
-Quiero que prepares todo para irnos esta noche a Italia de vuelta-.
No dijo nada, asintió y se fue.
-¿Todo bien?- dijo Hakon saliendo de su habitación-.
Su pelo mojado indicaba que acababa de ducharse y fuese nombrado como reina de la belleza.
-No- le fui sincero-.
-¿Quieres hablar?-.
-Quiero una copa-.
-Las viejas costumbres son las mejores ¿no crees?-.
-Si- dije sin más y fui con él al bar-.
(Pov Duque)
-Estaremos allí con suerte mañana- dijo por el móvil mi hermano-.
-Vale-.
-¿Como van las cosas por allí?-.
-Bien-.
-¿El negocio?-.
-Estancado, te necesito aquí hermano-.
-No tardaré-.
-Bree está muy embarazada, el médico la tiene en la habitación, mi hija nacerá pronto-.
-Estaremos allí para verla, madre se sentiría orgullosa-.
-¿Lo haría?-.
-Estoy seguro de que si, esa niña, tiene que ser como ella-.
-Espero que sea como ella, la echo de menos-.
-Yo también la echo de menos hermano...-.
-Será una bendición-.
-Lo será, tranquilo, pronto estaremos allí-.
-Vale-.
-Defiende el fuerte en mi ausencia-.
-Es una pesada carga-.
-El negocio siempre lo es... siempre lo es-.
-Te acaba por matar-.
-Eso ya lo sabemos, y merecemos morir, es algo que también tenemos claro-.
-Si...-.
-Son demasiados los pecados-.
-Demasiados-.
-La esteremos esperando-.
-Sí, que la parca llegue, la estaremos esperando-.
Colgué el teléfono.
- Mi señor- dijo Havers-.
-¿Si?-.
-La niña... está en camino, la señorita Bree está arriba-.
-Voy-.
Subí lo más rápido que pude las escaleras.
-Llama a Carlisle, ahora mismo-.
-Si señor-.
