Tatuaje
Las manos me temblaban tanto que apenas podía contener la pluma con el que intentaba garabatear el boceto de la investigación de mi maestro.
Arranqué una hoja de papel desesperado antes de lanzarla al otro extremo de la habitación, pude escuchar a Riza suspirar.
Y yo, volví a garabatear furiosamente sobre el papel.
-Estaba mal, definitivamente estaba mal.
-Toma tu tiempo –Me dijo ella, mientras yo levantaba mis ojos para observar la espalda desnuda de Riza, no, mejor dicho el tatuaje en el cual mi maestro había dado por concluida su investigación trazándola en la espalda de su única hija, apreté la pluma entre mis dedos.
-Berthold Hawkeye, estaba realmente loco.
Cuando Riza -unas horas antes-, a los pies de la tumba de su padre, me dijo que tenía que mostrarme algo, jamás espere que fuera algo como eso; la investigación del maestro, la más poderosa y mejor de las Alquimias, había dicho él en su lecho de muerte y había repetido ella un par de horas después.
Apreté mis puños, cuando la blusa de Riza cayó al suelo y sin dejar de sorprenderme la miré con los ojos casi saliendo de sus cuencas; sobre su pálida y frágil piel, había un tatuaje enorme, la simplificación de un círculo de transmutación, lleno de palabras y signos incomprensibles para ella y algunos hasta para mí.
Había escuchado de Alquimistas Estatales que con el propósito de no recurrir a círculos de trasmutación tatuaban sus manos o brazos, para una mayor rapidez al momento de utilizar la alquimia.
¿Pero, esto?
Riza no era una alquimista, y jamás había prestado interés de serlo ¿porque llevaba esas marcas en su espalda?
-La investigación de mi padre, puedo confiártela a ti, lo sé
Fue su única explicación antes de darme su espalda, y yo por respeto hacia los muertos, hacia mi maestro y la misma Riza, no me atreví a vociferar lo que en ese momento pensaba de él.
-Estaba loco.
Levanté la pluma del papel solo cuando hube terminado el último trazo, y miré en repetidas ocasiones la piel de Riza esperando no haber dejado pasar por alto ningún dato significante, había terminado, me había tardado mucho, el tatuaje en su piel era enorme, y tenía ciertos signos incomprensibles en los cuales tuve el total cuidado de no cometer ninguna equivocación, había tardado un par de horas, pero ella, en ningún momento se quejó.
Riza, de espalda a mí, parecía totalmente ajena a todo ello, tenía la vista clavada en la ventana, las rodillas flexionadas sobre su pecho, y sus brazos detrás de las mismas, solo podía escuchar su respiración pausada y constante y uno que otro y débil cansado suspiro, actuaba tal y como lo hubiera querido su padre, una mera portadora de conocimientos.
Tragué en seco, mientras guardaba el boceto de la investigación del maestro dentro del bolsillo de mi chaqueta militar.
El cielo empezaba a tornarse rojizo, pronto anochecería, y las figuras dentro de la habitación empezaban a proyectar siniestras sombras, todas, menos ella; Riza, que ofreciéndome su espalda, parecía brillar sobre la oscura habitación.
Me tomé unos segundos más de los necesarios, notando lo que me negaba a ver a pesar de ser evidente: su suave piel, su sugerente silueta, cada una de las vertebras de su espalda, tragué dificultosamente, mientras avanzaba hacia ella, tomando en el camino la blusa que había caído al suelo un par de horas atrás.
-Riza –llamé, yo, mientras ella, con gesto cansado me devolvía la mirada. Sin atreverse a mover los brazos de su pecho, y apretó más las rodillas contra sí, deslicé su blusa sobre sus hombros, antes de sonreírle.
-He terminado- Y ella accedió con un movimiento de cabeza.
-Bien –contestó, mientras apretaba la blusa con sus manos, la vi mirarme de reojo, en esta ocasión era mi turno de darle yo la espalda -¿Has entendido todo?
-Algunas cosas - me sincere mientras veía hacia el techo, intentando pasar por alto el sonido del fru fru de la tela. –otras tendré que consultarlas en los libros.
-Puedes llevarte cuanto necesites de la biblioteca de papá. –Dijo ella, escuché sus pasos, se había levantado.
-¿Estás segura? –Y yo me quedé inmóvil, sin atreverme a voltear siquiera.
-La mayoría son libros de alquimia –explicó - créeme que no tengo interés en leerlos.
-Comprendo.
Y el silencio se hizo presente entre los dos.
-¿Cuándo te irás? –Preguntó ella, con voz queda, parecía no saber realmente la respuesta a su pregunta, lancé un suspiro, espalda con espalda.
-Mañana por la mañana sale mi tren. –Contesté yo, mientras sonreía fingiendo una alegría que no tenía.
-Espero que tenga buen viaje, Mustang-san –Contestó ella, tras un breve silencio.
-Gracias. –Contesté yo, apretando los dientes.
Y el silencio nuevamente reino en la habitación, pensé por segundo, que era momento de irme; Riza no decía nada, y yo tampoco lo hacía, tal vez era el momento de decir adiós, intenté abrir los labios, para pronunciar mi despedida, pero apenas lo hice, sus propias palabras me detuvieron.
-No mueras –Susurró y yo me quedé helado; sus palabras venían acompañadas por un gentil abrazo, desde detrás de mí, podía sentir su cabeza en mi espalda, sus manos temerosas, alrededor de mi cintura.
Y entonces todo se fue al demonio.
No me pude contener, deshice su abrazo, me volteé hacia ella, me miró de una forma extraña, en silencio, con esos profundos ojos castaños y yo viéndome reflejado en ellos, pude saber que tanto ella como yo, habíamos estado luchado contra eso, durante mucho tiempo.
Esta vez no fui yo quien robó su segundo beso; esta vez pese a mi gran sorpresa, no fui yo quien tomó la iniciativa con los ojos fijos en mí, y no sin antes ponerse en puntillas para alcanzarme Riza me besó, suave, gentil y dulcemente.
Y yo temeroso de que se tratara solo de un mero sueño, me quedé en ahí, inmóvil y en silencio, permitiéndome sentir los helados labios de la rubia sobre los míos, ayudándole a profundizar sus gentiles besos, apenas unos segundos después, el corazón me latía a mil por hora pude sentir su aliento entremezclándose con el mío y para mi gran sorpresa, no se alejo, pude sentirla temblar, me sentí bien el saber que no solo yo estaba nervioso.
Pasé mis manos por su cintura acercándola más a mí, y ella llevó sus manos hacia mi cabeza, enterrando sus dedos entre mi cabello.
Besé sus labios hambrientamente, torpemente añadiré, ambos lo éramos, pero libres de las vergüenzas que ofrece siempre estar con alguien más experimentado, así, que torpes e inexpertos, nos guiamos por mero instinto, pasé mis labios por su cuello, y base de la mandíbula, apoyé su fino cuerpo, contra un escritorio intentando mantener el equilibrio, buscándome yo un espacio entre sus piernas mientras ella clavaba sus uñas en mi cacheta militar.
Sus dedos acariciando mi cabello, me hacían cosquillas, mientras yo, con una de mis manos buscaba un camino bajo su blusa, acariciando la tersa piel de su abdomen, la sentí tensarse bajo de mi cuando mis dedos rozaron con cuidado uno de sus pechos.
-Roy –susurró contra mi oído.
Y fue como una descarga eléctrica, que me recorrió toda la espina, que me obligó a detenerme.
Era la primera vez que Riza me llamaba por mi nombre, desde el día de mi llegada a casa del maestro Hawkeye, ella siempre había utilizado mi apellido para referirse a mi persona, seguido siempre de un "san". Siempre poniendo una marcada distancia entre ambos.
Y entonces fue cuando lo comprendí, separé a Riza, apenas unos centímetros, Riza, no era como una de las chicas de Madame, era diferente, ella no se merecía una simple aventura de una noche como tantos clientes trasnochados que atendían sus chicas, ella no se merecía eso.
-¿Roy? –llamó, pero yo no le contesté.
Era mucho mejor que eso.
Me aparté de ella, mientras ajustaba mis ropas distraídamente. Llevé mi mano hacia mi cabeza mesando mis cabellos, como si eso me ayudara a calmarme, no lo hizo en lo absoluto.
-Lo siento –dije yo y por un extraño momento, me pareció que mi voz era totalmente diferente - tengo que irme.
Y ella me miró con sus ojos castaños bien clavados en mi persona, no sabía qué era lo que estaba pasando, y yo sinceramente tampoco, le miré de reojo, los labios hinchados, el cabello revuelto, los tres primeros botones de su blusa desabrochados.
Era una visión deslumbrante, en esos 10 meses que estuve fuera Riza se había convertido en una mujer realmente hermosa.
Me mordí un labio, mientras tomaba de un rincón de la habitación mi mochila y me aseguraba que el boceto de la investigación de mi maestro estuviera bien y a salvo dentro de mi chaqueta militar.
–No tienes ni idea, de cuanto lo siento.
Y salí del cuarto sin decir otra palabra, me pareció escuchar un leve suspiro, pero no me volví, de hacerlo probablemente no me hubiera marchado y no iba a dar ya marcha atrás, salí de la casa Hawkeye y no regrese nunca más.
Caminé como un sonámbulo por la calle principal de la ciudad, con mi maleta a cuestas y la sensación de haber cometido una enorme equivocación, algunas personas me miraban extrañados al pasar, no era común que un militar (aunque en aquel entonces no fuera más que un mero cadete) estuviera en ese pueblucho, pero no me importaba, nada de eso me importaba ahora.
Me dejé caer en una banca de tablones en la estación, el tren rumbo a ciudad Central saldría en seis horas, había salido tan apresuradamente de Ciudad Central, el día anterior, que solo había tomado el dinero para el pasaje de ida y venida y tal vez alguna comida, por lo cual, me era imposible quedarme en algún hotel a pasar la noche.
Así que esa banca me serviría de cama, a sabiendas de que me sería imposible dormir. Metí las manos dentro de mis pantalones, empezaba a refrescar y sin dejar de mirar hacia el pueblo, no hice más que pensar en Riza toda la noche.
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El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos a cual más inexplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.
Gustavo Adolfo Bécquer
Dulce Locurilla Hola! Si, se que tal vez puse un poco más demente de lo que era al papá de Riza, tal vez si era un devoto padre y esposo, pero no creo, mismo en el manga, Riza, confesó que le tenía miedo, no sé… siempre me pareció muy triste su historia. Tal vez por eso era tan fiel a Roy, tal vez era la única persona más cercana a él, y se volvió su más fiel "reina". No sé, empiezo a divagar, en fin, espero que te guste este capitulo, gracias por leer :D
Hey-Nana jajaja, muchas gracias por los aplausos, estoy de acuerdo contigo la pareja Roy y Riza son perfectos para una tragedia, la vida difícil que han tenido, e inclusive en el final del manga, siguen trabajando juntos, pero no se ve realmente si terminan juntos como pareja, espero que si. X cierto, podrás comprobar que tenías toda la razón, este capitulo es el climax de la historia, el tatuaje, y el momento en que los dos se despiden, antes de volver a encontrarse como militares, con sus excepciones, no describo casi escenas que pasan en el anime, está de más, pongo a trabajar mi cabecita loca, y trato de rellenar los huecos intentando encontrarle sentido a la relación de ese par. En cuanto a tu fic, School Days me encantó, es divertido encontrarlos a todos viviendo normalmente Winry con sus papás vivos, fue un gran detalle siempre me dio algo de penita en lo particular me encantó el gesto de Hughes y el gato :) jaja fue bonito, tal vez no sea muy experta en fics y esas cosas, pero vamos que se nota que va a ser un gran éxito tu fic y espero que lo continúes. Saludos y gracias por leer
diana carolina De hecho, creo que la vida de Riza, no fue nada sencilla, tal vez por eso, se volvió tan fuerte en la historia :D Muchas gracias por leer y claro por tu review.
