A Gravitation FF

La Diferencia entre el sexo y el amor

Capítulo 3: La venganza sabe a crema de frutilla

Ya habían pasado más de tres meses después de la partida del joven y popular, ya llamado Best Seller, escritor y eso, para Shindou Shuichi, significaba que éste había roto su promesa de regresar lo más pronto posible.

El pequeño muchacho se encontraba deprimido por la ausencia de su amado, y, aunque dijo que le traería a rastras si incumplía su promesa, no se atrevía a ir a por él.

- Yuki, bastardo, estás demorando demasiado en regresar…-El joven de los ojos violeta renegaba con ganas de su compañero, cubriendo su desnudo cuerpo con una enorme sábana de terciopelo.- En serio te gusta hacerme quedar como un idiota…-Shuichi aprieta fuertemente el almohadón y comienza a derramar lágrimas de amargura.- Yuki, amor, regresa pronto…-dice por último el niño para después quedarse profundamente dormido.-

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La alarma del despertador sonaba y sonaba como si de saña se tratara. El famoso cantante se levanta con pesadez de la espaciosa cama. Cuando mira el reloj se da cuenta de lo tarde que era.

Con la esperanza casi apagada, el pelirosado miraba con sus enormes ojos casi ausentes la puerta de entrada de la casa, imaginando que su apasionado amante entraría con aquella típica mirada de hielo, la cual es capaz de espantar a muchos, pero que a él llegaba hasta a encantarle, haciendo crecer en él una tremenda pasión ardiente.

El chico siguió caminando hasta el enorme sillón con los pies descalzos, cuando un extraño ruido, proveniente de la cocina, llamó su completa atención.

- ¿Q-Quién está ahí? –totalmente espantado el casi adulto, tomó cautelosamente su valiosa guitarra, alzándola en forma de amenaza.- ¡Fuera! ¡Si no se larga, lo mataré con mi arma y no dudaré en usarla!

- Shuichi, idiota, ¿así recibes a tu hombre después de un largo y cansado viaje? –Se quejaba con hiel y desdén el extraño personaje- ¿con una…guitarra? –el hombre le miró con una sorpresa incontenible, para que después sus brillosos ojos demostraran cierta chispa de miedo.

El extraño acompañante del cantante se dio a conocer saliendo de entre las sombras del oscuro cuarto, poniendo en evidencia sus hermosos ojos color oro fogoso.

Ese rostro tan varonil, sus rubios cabellos, sus apetecibles y rosados labios, sus ojos tan hermosos y aquel cuerpo tan perfecto y deseable. El vocalista tenía a su tan ansiado compañero frente a sus desganados ojos violeta, apagados por la tristeza.

- Yu-Yuki…

Ahí estaba su más irresistible obsesión, su pequeña manzana de la discordia, su vivo retrato de la auténtica hermosura, su pequeño Shu-chan.

En completa parsimonia, el chico rubio se acercó quedando a muy poca distancia de su vivo y tierno objetivo.

El pequeño de cabello rosa estaba casi estático, sorprendido enormemente al oír aquella voz llena de frialdad, pero a la vez tan varonil tan característica de su apasionado escritor. Lentamente, el jovencito recorre la exorbitante presencia con sus ojos violeta, intentando comprobar si la aparición que veía frente a sus ojos era realidad o alguna otra jugarreta de su mente exageradamente traicionera.

Yuki Eiri ya no podía esperar ni un minuto más para devorar entera a aquella inocente criatura que le miraba con incredulidad, mientras que el chiquillo se hallaba sorprendido y temeroso, pero a la vez excitado y deseoso de lanzarse a los brazos cálidos y protectores de su adorado Yuki.

- ¿Qué sucede, baka? ¿No vas a decirme nada? -preguntaba el escritor casi en forma de protesta.

¡Rayos! Como odiaba aquel tono tan sensual y provocativo que usaba el escritor para hacerlo caer en su juego. Su delicado cuerpo, poco a poco, comenzaba a actuar con alevosía ante su dueño, temblando de excitación ante la cercanía de su amante.

El joven de los ojos violeta estaba cayendo en la tentación, hasta que una voz proveniente de su mente le hizo entrar en razón.

¡No! ¡No caería nuevamente en su tentado juego sexual! Esta vez él sería quien tomara las riendas de la situación, le haría arrepentirse al chico irresistiblemente seductor de haberse ido lejos de él, le haría suplicar perdón hasta que se quedara sin habla.

Por su lado, el joven de privilegiada mente y creatividad estaba empezando a enredar a su pequeño amante, tratando de hacerle caer en su juego de seducción, pero, al recibir como respuesta una gran actitud indiferente, se vio en la necesidad de obligarle.

- Lo siento, Yuki, no estoy de ánimos –Después de decir esto, el cantante le voltea el rostro al sorprendido escritor.

- ¿Cómo?

El novelista estaba atónito, jamás su preciosa joya le había negado el hacer el amor con su persona, más bien era el pequeño quien le rogaba por más cada vez que tenían sus "sesiones privadas".

- Bueno, entonces me voy a dormir…-dice con actitud autista el rubio al ser rechazado por su pareja.-

- En todo caso, puede que te tenga una sorpresa, pero tienes que esperar…

- ¿Y qué te hace pensar que tendré paciencia?

El pequeño, con mirada seductora y taimada, se acerca al ojidorado, susurrando una pequeña frase en su oído, lo que hace al chico enrojecer inevitablemente…

- "Es eso o nada, mi amor…"

El rubio no tuvo más remedio que esperar, mientras veía al muchacho caminar a zancadas, cerrando la puerta de la habitación tras él.

No sabía que era, pero siempre estando al lado de su alborotada y preciosa criatura, se sentía vulnerable, sumiso, como un pequeño animal ansioso de ser mimado por su dueño.

Después de unos pocos minutos, Eiri estaba comenzando a desesperarse, caminando de un lado hacia el otro, con ansias de ver al "anfitrión" el cual, para él, ya estaba muy tarde.

- Éste idiota ¿por qué demorará tanto? Ah, ya se. Quizás esté tendiéndome una trampa, será mejor contradecirle para ver como reacciona. ¡Baka! ¡¿Acaso cree que podrá ser capaz de someter al gran Uesugi Eiri?!

- Yuki…-el joven del cabello rosa le llama en forma de susurro desde el otro lado de la puerta.- Debes cerrar los ojos primero…

¡Ya estaba! ¡Shuichi quería ponerle en evidencia! Pero claro que no se dejarían intimidar con la hermosa voz de su pareja, con sus hermosos ojos violeta, con su tersa piel de seda, con su... ¡Ya! ¡Ya estaba bueno! ¡no se dejaría engañar por el crío!.

- ¿Qué? Shuichi, tengo mucho sueño, será otro día…-Dice el escritor mientras tomaba de una pequeña copa de vino que se encontraba en la pequeña mesa de la sala.

Sin embargo, tal comentario no sorprendió ni en lo más mínimo al vocalista. Rápidamente, Shuichi se cubrió el cuerpo con la sábana de la cama y salió de la habitación con una muy bien fingida cara de decepción.

Habiendo caído en la trampa, Yuki se dirige a usar su computador portátil, cuando de pronto sintió algo de cansancio y se acostó en la cama para descansar, sin notar la pequeña y maliciosa sonrisa que se formaba en los encantadores labios de su pareja.

- Prepárate, Yuki, porque voy a vengarme lenta y deliciosamente…

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No tenía idea de cuanto tiempo se la había pasado durmiendo ni de cómo él fue a parar a la cama. En aquel estado, el rubio intentó levantarse, pero se dio con la sorpresa de que no podía hacerlo gracias a unas frías y metálicas esposas aprisionando sus blancas manos. Sintió un escalofrío recorrer su desnudo pecho y su pequeña nariz percibió un ligero aroma a fino vino tinto proveniente de sus labios.

Al recorrer la habitación con sus hermosos ojos color oro, se dio cuenta de que el ambiente parecía muy distinto de lo normal.

- Yuki… ¿estás despierto? –Le llamó su pequeño acompañante con tranquilidad.

- S-Shuichi…-El alto chico no podía evitar sentirse sorprendido, su simple excitación y nerviosismo por lo que veía frente a sus dorados ojos le hacía caer en un inevitable sentimiento de deseo, de posesión.

- ¿Te gusta lo que ves frente a tus ojos, Yuki? –el joven escritor estaba a punto de perder el control con el solo hecho de ver a su amado parado en el borde de la puerta con tan solo una corta camisa y unos pequeños boxers cubriéndole su delgado y frágil cuerpo.- No te preocupes, aun falta mucho más, amor…

- S-Shuichi, suéltame…

- Me parece que no has entendido lo que dije…

Con exquisita parsimonia, el joven cantante se posó encima del adulto, comenzando por acariciar suavemente el atractivo rostro de su amante. El novelista no podía evitar mostrar nuevamente su sorpresa. Shuichi jamás se comportaba así cuando tenían relaciones y ese sinfín de emociones que se apoderaban de él, lo estaban haciendo perder, de a pocos, la razón.

- Jamás pensé que llegaría el día en que tú…me tuvieras debajo. Shuichi, yo…

Sin embargo, el comentario del rubio fue ahogado por un pequeño gemido de su parte, cosa que hizo emocionar al joven de cabellos rosa, quien disfrutaba al máximo de su dulce venganza.

Los labios carnosos de Eiri añoraban devorar a su "atacante" completamente, pero las pequeñas esposas arruinaban sus deseos incontrolables de tomar a la fuerza a su acosador. El rostro del chico de mirada fría comenzó a enrojecer cuando sintió la cálida y húmeda lengua de su amante, juguetear con el lóbulo de su oreja izquierda.

- ¡Maldito seas! Me las vas a pagar…

Ante éste comentario, una sonrisa traviesa se hizo presente en los labios de Shuichi, quienes, como respuesta a su "amenaza", se apoderaron de los pezones rosas del novelista, succionándolos repetidas veces, provocando que el rubio arqueara la espalda ante el contacto salvaje de los labios de su amante con su pecho.

El hombre no podía evitar retorcerse de placer ante las excitantes caricias de su pequeño acosador, simplemente sentía que le había subestimado demasiado.

Justo cuando comenzaba a disfrutar de las caricias de su compañero, éste, inesperadamente, se detuvo de su acto.

- ¿Qué pasa, Shuichi? ¿Ya te cansaste?

- Le falta algo muy esencial…

Lentamente, el chico de ojos violeta se paró de la cama, dirigiéndose hacia el escritorio, en donde se encontraba un pequeño recipiente de crema de frutilla, la cual tenía una diminuta cereza en el medio.

Elegantemente tomó el recipiente entre sus manos y lo llevó hacia la cama.

- ¿Para qué…es eso? –Sinceramente Yuki estaba muy extrañado y sorprendido. No sabía que era lo que su pequeño tenía en su "inocente" mente.

Sin articular palabra alguna, Shuichi comenzó a lamer con locura el cuello de Yuki, como si fuera un perro hambriento saboreando a su presa antes de comérsela entera. Pronto fue descendiendo el camino de su pequeña lengua hacia el pecho del chico, apoderándose de lo que respecta completamente a él, mordisqueando los pezones del escritor y succionándolos con placer.

El joven Yuki sentía muchas cosas nuevas y maravillosas en ese momento. Indudablemente solo ese pequeño niño podía hacerle subir hasta lo más alto del cielo y volar entre las nubes, haciéndole olvidar sus temores y preocupaciones.

- S-Shuichi, suéltame, te lo…pido…

Ya no podía más, quería comerse vivo a su traviesa criatura. Shuichi era tan misterioso e impredecible…muchas veces era tímido e inocente, pero unas veces llegaba a ser tan pervertido que hasta a Uesugi Eiri, si, hasta a ese hombre aparentemente frío y sobrio, llegaba a excitarle y hacerle perder el control.

Mientras el talentoso escritor intentaba deshacerse de las dolorosas esposas, por motivo de la excitación y desesperación, Shuichi sonrió ante tal acción.

- Te daré a conocer…mi dulce venganza…

Sin titubear, el pequeño comenzó a bajar el cierre del pantalón de Yuki, pacientemente, con los dientes. Luego de deshacerse completamente del pantalón, el muchacho comenzó a morder el miembro de su víctima, completamente erecto, a través de su boxer.

- Shu-chan, detente…

Muy bien, lo había logrado. Cuando Yuki le llamaba de esa manera era porque realmente estaba completamente "encendido" y excitado.

Con una son risa maliciosa y vengativa, el chico le responde en susurro.

- No lo haré, me la cobraré primero…

Con sensualidad, el joven del cabello rosa se deshizo de su corto boxer dejando a la vista su intimidad. Con la misma sonrisa de picardía, el pequeño se desnudó completamente al deslizar la sedosa camisa por todo su cuerpo hasta llegar al suelo.

- Creo que comeré muy bien hoy…-dice el cantante para después coger el recipiente lleno de crema. Acto seguido, miró malvadamente a su víctima.

- Oh no…-al entender lo que pasaba por la "inocente" cabecita de su amante, la cara del escritor no pudo evitar palidecer.

- Oh si…-responde el niño en forma de burla hacia el rostro incrédulo de su Yuki.

Con sus delgadas y cálidas manos, el muchachito embarró todo el cuerpo de Yuki con crema mientras que el frío contacto del dulce con su cuerpo, hizo estremecer al escritor, quien no pudo evitar aferrarse a las delgadas sábanas.

- Itadakimasu…-susurra Shuichi en el sensible oído del escritor.

Ésta vez, el vocalista comenzó desde la parte de abajo, disfrutando del miembro de su amor, mientras lo saboreaba acompañado de su crema favorita.

Completamente rendido ante la excitación que le provocaba su pareja, Yuki se dejó llevar.

- ¡Ah! no te detengas…-le rogaba el joven escritor a su "acosador".

Mientras la lengua de Shuichi disfrutaba del miembro de su apuesto acompañante, sus manos comenzaron a subir y descender del cuerpo de su víctima.

- Shu-chan, quiero más…

Y como si de orden se tratara, el chiquillo empezó a succionar y lamer con rapidez el miembro de su pareja, haciéndole subir hasta el cielo, por así decirlo, pero esto no fue suficiente para el uke, ya que optó por limpiar el cuerpo de su Yuki con su lengua, saboreándolo por completo.

Recuperando el aliento, el escritor le mira con absoluta lujuria y se dispone a abrir la boca, cuando es callado por su compañero, quien le había besado teniendo la pequeña cereza en su boca.

Entre ambas bocas saboreaban la deliciosa cereza hasta que ésta fue consumida rápidamente, sin embargo, los dos estaban mucho más entretenidos en comerse entre besos.

- Yuki, ahora te quitaré las esposas…

Indefensamente, el pequeño uke liberó a Yuki de su condena para después colocarse la camisa para cubrir su desnudo y delgado cuerpo. Sin duda, Yuki estaba muy sorprendido, ya que después de todo lo que su pequeño le había hecho gritar y gemir, éste se encontraba vistiéndose tranquilamente frente a él.

- Eso es todo…-dice el pequeño con la misma tranquilidad con la que le quitó las esposas.

Pero Yuki era ahora el insatisfecho y no dejaría escapar a su posesión por nada del mundo.

Mientras, tranquilamente, el vocalista salía de la habitación abotonándose la camisa, el escritor jaló de él y le tumbó sobre la cama, colocándose encima de él.

- ¿Qué sucede, Yuki? –decía tranquilo el muchacho. A Yuki esto le molestó. ¿Acaso no estaba nervioso?

- Ahora me toca a mí, Shu-chan, deberías estar temblando…

- Más bien, esperaba que hicieras esto…-le contesta, con picardía, el pelirosado.

Continuará!!