Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Kris Salvador.
Corrección: Las cinco partes de mierda sin sentido sucede ENTRE LOS CAPÍTULOS 17 Y 18 (no entre los capítulos 18 y 19, como anteriormente lo había dicho). Enormes disculpas por la confusión.
Advertencia: No todo son escenas cachondas.
Gracias a Monika (Lulu M), zombie killer, quien está como Lulu_M5 en Titter, por haberse ofrecido voluntariamente a ser mi beta.
2
Casi es medio día cuando me despierto, me siento como si hubiera corrido 10 millas y luego hubiese dormido sin moverme. Estoy hambrienta, pero primero voy al baño, sabiendo que una ducha caliente aliviará algo de la rigidez de mi cuerpo. Es temporal e inofensiva, pero por Dios, me duele todo, sobre todo en los lugares favoritos de Edward.
Más tarde, lo encuentro sentado en la mesa de la cocina cuando salgo de la ducha, dándome la espalda y con el sol de de la tarde de Atlanta iluminando su cabello rebelde. Frente a él está una Mac, en el que aparecen figuras que lucen como todo un caos. Él está descifrando datos, y yo muero por averiguar los qué y los cómo, pero no le pregunto porque no quiero que asuma que él puede preguntar y conseguir respuestas sobre mi trabajo.
Ha mandado a alguien a hacer algunas compras. Bolsas de víveres están sobre el mostrador, esperando a ser guardados. La cafetera está encendida, hay bagels y una jarra de jugo recién hecho junto a ellos.
"Hola." Presiono una mano detrás de su cuello, y él se recarga sobre ella, como un gato pidiendo una caricia. Está descalzo, vistiendo unos vaqueros sueltos y playera desgastada, y cuando él mira hacia arriba y sonríe, no hay señal de que se pasó la noche en vela.
Me inclino hacia él para un beso rápido, pero él tiene otras ideas y termino en su regazo, saboreando el café y tabaco de su boca. Él convierte el beso en algo más, como si no me hubiera mantenido despierta horas atrás. No es tentativo con sus toques –él nunca lo es–murmurando un mmmm mientras una de sus manos se cuela por debajo de mi blusa, y la otra me jala la ropa interior. No hay curva o rincón que Edward Cullen considere inapropiado tocar, incluso en pleno medio día, y me pregunto por qué me molesto en vestirme. Es fácil ceder antes sus dedos mientras éstos tamborilean contra mí, pero le digo que no, antes de que me encuentre en el menú, medio recostada en la mesa de la cocina.
"Mmm-adolorida," logro decir, y él se ríe, un estruendo divertido sale de su pecho hacia su garganta, y murmura, "por supuesto que lo estás."
"Y estoy hambrienta." Mi lloriqueo penetra su cerebro plagado de sexo y sus brazos relajan su agarre un poco, mientras sus manos se vuelven más gentiles.
"¿Quieres panqueques?"
Digo que sí, por favor y sofoco una risita mientras él se va hacia la estufa como una obediente Betty Crocker.
Él no se toma la molestia en apagar su Mac, sabiendo que no seré capaz de leer lo que hay en ella. Ha estado despierto por horas, a juzgar por el desorden en la mesa. Hay varias tazas de café, algo de jalea y una bagel integral a medio comer, el corazón de una manzana, documentos y notas sobre los informes de bolsa y la adquisición de una empresa con su letra prolija y pasada de moda. Todo está regado allí, como una invitación abierta para los curiosos, pero sé que no encontraré nada incriminatorio.
Hay una copia del New York Times, abierta en la sección de negocios, mostrando un artículo que anuncia el año sabático de un magnate de negocios que nombrará a un sucesor. La especulación es una moneda al aire de quien va a escoger –entre los candidatos están, su Director de Operaciones, un asociado cercano y su propio hermano. Wall Street está ávido de una sorpresa, y puedo imaginar el horror colectivo cuando él finalmente anuncie que le cederá el mando a su hijo, quien no sólo es músico clásico, aparentemente sin educación en los asuntos económicos, sino también alguien que pasó los primeros años como adulto en la prisión.
Los Cullen hicieron su fortuna con la producción y el embarque transpacífico de acero desde el cambio de siglo. Durante décadas, la familia ha diversificado sus intereses y establecido nuevas compañías, recaudando cientos de millones de ingresos anuales. Anthony Cullen, actual jerarca de la familia, aún enlista la casa de la familia en Chicago como su dirección oficial y organiza anualmente un baile tradicional en la espaciosa propiedad. He visto los reportes, leído los periódicos. Solamente personas bellas y adineradas acuden a los bailes, las cuales son mil veces más brillantes y grandes que las fiestas de cumpleaños de Carlisle Cullen. He visto a Edward entre todas esas personas, lo he observado socializar, encantar y obtener atención. He evitado los festejos tanto como he podido, sabiendo que nunca encajaría en ese ambiente. No es solamente porque no tengo el pedigree necesario. Es porque no tengo la ambición suficiente.
Además, alardear mi relación con un personaje con una lista de delitos tan larga como una milla hubiera complicado severamente mi vida laboral.
Durante años, mantuve mi distancia deliberadamente, dando la impresión de que cualquier relación que sostuviera con Edward no era, ni sería, duradera. El FBI me aceptó a regañadientes en el programa, ya que no había estado dispuesto a pasar por alto mi relación con un ex-convicto con un caso que se consideraba "abierto", aún sin evidencia nueva. A pesar de mis calificaciones, mi entrenamiento básico fue extendido de cuatro a ocho meses y mi primera misión sigue en marcha actualmente a casi un año de empezar. Soporté la desconfianza, las preguntas capciosas, las burlas a veces abiertamente hostiles "por convivir con el enemigo" con la serenidad de Charlie, diciéndome a mí misma que era un pequeño precio a pagar por querer tenerlo todo. Edward no me llama pequeña mierda necia en balde.
Y todo valió la pena ya que estoy aquí, como miembro de una investigación especial en un peligroso caso de drogas, a punto de que me sirva panqueques de almuerzo el futuro Director Ejecutivo de Industrias Cullen, quien también es uno de los más notorios gánsteres de la alta sociedad. No puede haber nada más surrealista que eso. ¿O sí?
A su favor, y para mi asombro, Edward ha sido paciente. Hemos tenidos altibajos con los años, a causa de que él ha sido un manipulador y psicópata arrogante que se niega a dejar pasar las cosas y lo confunde con mi terquedad. Pero no sólo hemos sufrido, nosotros hemos crecido e incluso hemos llegado a un acuerdo con nuestras muy básicas diferencias. Me gusta creer que de algún modo él ha madurado. Sé que yo lo he hecho.
"Cuando te hagas cargo de la compañía de tu papá, ¿cuán rico vas a ser?" le pregunté, y él no parpadeó, como si no encontrara nada malo con la pregunta.
"Veamos…está la compañía principal, sus seis subsidiarias, cuatro escisiones, acciones y propiedades, las oficinas centrales en New York, helicópteros, un jet o dos creo, tal vez treinta o más o menos vehículos…"
"¿Sólo treinta?"
Él se encoge de hombros. "No lo sé. Tal vez cincuenta o cien."
"¿Si me caso contigo, cuánto dinero obtendré?
"Por ley, la mitad de lo que poseo. Hablando en cifras, unos cien millones, tal vez más."
"¿Cien millones'"
"Mínimo."
Jesús, eso es aterrador.
"Quiero un acuerdo prenupcial."
"¿Por qué?"
"No quiero tu dinero." Él me mira, y sé lo que va a decir a continuación, así que añado, "…o tus compañías o acciones, propiedades, casas o vehículos."
"¿Por qué no? De cualquier forma, es demasiado para mí."
"No deseo esa responsabilidad."
"No tienes que hacer nada al respecto. Solo puede quedarse en cualquier sitio, haciendo más para ti. Para eso están los fondos fiduciarios."
"No quiero ser rica, no así de rica de cualquier forma, y ser culpada por todos los males de la sociedad. Quiero ser capaz de caminar por las calles y gritar '¡Abajo con ustedes!'…"
"¿Con nosotros?" Él se reía por lo bajo, con sus hombros sacudiéndose.
"Tú sabes, mocosos malcriados y bastardos ricos."
Él se echa a reír mientras pone en frente de mí un plato de panqueques, untadas con mantequilla y jarabe de arce. Se voltea hacia el mostrador para servir café, y menearlo con azúcar y un poco de crema. Él coloca la taza a mi derecha, girándola para que fácilmente yo pueda agarrar el mango y levantarla a unos centímetros de mi nariz.
"¿Malcriados, eh?"
"Descaradamente."
Suelta unas risitas mientras se une a mí en la mesa, trayendo su propio plato de panqueques y café.
"Quiero que sepas que nunca hubo duda de mi legitimidad," él anuncia. "Fui concebido durante la luna de miel de tres semanas de mis padres en una isla desierta, donde ellos no vieron a nadie, a excepción de la señora de la limpieza quien fue, limpió y entregó víveres tres veces."
"¿Sólo tres veces?"
"Ella fue en un bote, temprano por las mañanas, o eso me contó mi madre."
"¿Ellos tuvieron sexo durante tres semanas sin parar?" Me estaba riendo, imaginándolo incómodo mientras Elizabeth Masen relataba las circunstancias de su concepción.
"Tú quieres un acuerdo prenupcial," él dice después de un rato, y luego se da cuenta de que tal vez, sólo tal vez, estoy siendo seria al respecto porque de repente me levanta, y ninguna cantidad de '¡oye, oye, estoy comiendo!' puede disuadirlo. Él me pone sobre el sofá junto a la mesa y comienza a bajarme hacia el suelo.
Acabo de decirle que sí, cinco años después de que él me pidiese matrimonio. No me lo había preguntado otra vez, ni una sola vez, pero la propuesta siempre había estado allí, merodeando en mi cabeza, insistiendo por una respuesta. Cásate conmigo, me dijo, y tendrás inmunidad total. Y lo había visto por lo que realmente era –un desafío directo. Te reto a casarte conmigo y ver lo que pasa. Nunca lo sabría si no lo hacía.
Supongo que ponerse cachondo es su forma de decir yupiii.
"¿Cuándo?" pregunta, entre manoseos y besos.
"¿Algún día? ¿Después? No lo sé. Todavía no he pensado eso."
"¿Quieres mudarte conmigo mientras tanto? ¿Explotar esta pocilga? ¿Quemar tu auto?"
"No," digo riéndome. "Jesús, ¿también quieres ser acusado de incendio intencional?"
"Tu auto es una desgracia."
"Lo sé, por eso lo vendí."
Él se detiene, frunciendo el ceño. "¿Cuándo?"
Y ahí está, una pequeña grieta en la armadura secreta. Hace una semana, llevé mi auto al taller y lo mandé al desguace de autos. Supongo que su gente no se dio cuenta de ese pequeño cambio de planes.
"Tus perros guardianes están siendo descuidados," le digo y él responde con una risilla. "Sabes, es un delito federal tener a alguien bajo vigilancia sin una debida autorización."
"Ni confirmo ni niego su acusación, su señoría," dice. Y sé que no hay forma de que obtenga una confesión.
Se necesita un poco de empujones y un montón de nonononononos reídos para alejarlo de mí y poder volver a comer. Más tarde, lavo los platos y guardo la comida mientras él toma una ducha. Cuando sale, le pregunto si no está muy ocupado y si le gustaría salir conmigo.
"Quiero enseñarte algo."
Me contesta que si de inmediato, dándole la bienvenida a una excusa para salir del edificio.
Él odia mi departamento, y con razón. Lo encontré en 'misdepartamentosbaratos . com' ya que no tenía tiempo para ir en busca de una casa cuando fui transferida. Como era de esperarse, Edward se había ofrecido a alquilar un lugar para mí, como si yo fuera una amante boba que necesitaba un lugar para quedarse mientras esperaba por él. La 'discusión' sobre una adecuada ventilación se convirtió en una verdadera pelea con él diciéndome que yo estaba siendo jodidamente irracional; y yo diciéndole a él que no iba a volver hacer lo de Tacoma otra vez. Le dije que él tenía que aceptar que yo iba hacer las cosas a mi manera, ya que se trataba de mi vida, y ¿que si él no podía entender que yo nunca, jamás llegaría a ser agente si el FBI encontraba cualquier cosa que me implicara tangiblemente con lo que fuera que él estaba planeando? No necesitaba nada más que un lugar para dormir y lavar mi ropa, de cualquier forma, y si él no iba estar ahí todo el tiempo, no tenía ningún sentido que le pagara por un lugar más espacioso, ¿no era así? Recuerdo haber resuelto la discusión de manera amigable, horas y un severo caso de quemadura por la alfombra después.
Llamo un taxi y nos vamos hacia Haynes Bridge Road, girando a la izquierda sobre Old Milton Parkwayy y deslizándonos a través de la autopista de peaje. Le pido al conductor que tome la salida hacia el Capitolio Estatal y de ahí, hacia la autopista de Atlanta.
Edward está callado, pero lo atrapo mirando detrás de nosotros. Y –ahí está- un Bentley, a algunos autos de distancia, discretos, pero manteniendo el curso. Niego con la cabeza hacia él, frunciendo el ceño, y él se encoge de hombros con un inocente '¿qué?' y me dice que el conductor es un guardia que la empresa le ha asignado. Como si yo no reconociera el imponente perfil de Felix, incluso a unos cien metros de distancia.
"Por ahí, a la derecha señor."
El taxi se detiene en frente de una tienda con un desgastado letrero anunciando '¡Descuentos del 30%!' '¡Semi-nuevas pero en buenas condiciones!' e incitando al espectador al pago en un plazo de seis meses a un año de abonos fáciles.
Matt, un viejo de baja estatura y calvo que es el gerente general, me saluda cálidamente. Él nos guía hacia un amplio espacio abierto en la parte trasera, repleto con viejas autopartes, como un cementerio para pobres e indeseados vehículos. Matt me da los papeles, me da una llave y nos deja para volver con sus otros clientes.
"¿Qué opinas?" Le pregunto, esperando su veredicto para mi nuevo vehículo.
Es una Honda Munge 1979 ME125 vintage, de segunda mano, ya que no hay forma de que yo pueda darme el lujo de que me reconstruyan una desde cero. Negra, lustrosa y asombrosa, parece una motocicleta de exhibición, pero en realidad está construida para carreras. Es ligera, pero con el suficiente espacio para que quepan cómodamente dos personas.
Edward la mira como si fuera su brillante juguete nuevo. "Wow."
Él rodea la motocicleta, tocando el manillar y pasando sus dedos sobre el cuerpo. El se agacha, admirando el motor, las nuevas llantas Metzler MC-5, los rines Sun y el armazón de Titanio.
"Wow," dice de nuevo, y siento como si estuviera de vuelta en la secundaria y acabara de impresionar a un chico, porque estoy sonriendo como una idiota. ¿A quién le importa si eso significa que tendré que escatimar gastos y matarme de hambre durante los próximos seis meses mientras a él le guste?
"¿Quieres dar un paseo? Te compré un casco."
"¿De verdad?" él murmura con un sorpresivo levantamiento de ceja, justo antes de que su cara se transforme en una mueca. "Que…considerado de tu parte."
Beso su sonrisa burlona, recorriendo mis manos sobre sus hombros y hacia su cabello mientras él me presiona contra la motocicleta. Se tambalea un poquito, ya que no es lo suficientemente grande o estable para follar como su adorada Harley.
"Prométeme que te comportarás. Aún no la he asegurado."
Él abre su boca, como si quisiera decir no y negociar un premio justo en ese momento. Pero lo piensa mejor y la cierra de nuevo.
"Está bien."
Nos llevamos la moto a dar una vuelta, corriendo por las calles de Atlanta a la máxima velocidad permitida. Él mantiene un animado comentario de insultos apenas disfrazados sobre mi manejo 'rápido como una tortuga' a través del comunicador, pero no me presiona hacia dónde dirigirme, tan sólo señala cuán rápido debería ir para llegar allí. Está muy por debajo de sus estándares, pero no deseo una colección de multas por rebasar los límites de velocidad, manchando mi hasta ahora limpio historial, y además, él sólo es el pasajero. Nos detenemos en una cafetería de la carretera, para tomar café y hablar sobre cosas que son ridículamente normales.
Está oscuro para cuando llegamos de vuelta al departamento.
"¿Aún sigues adolorida?" me pregunta cuando se une a mí bajo la ducha para lavarme la mugre y le digo que no, en realidad no, ya no más. Pero nos tómanos nuestro tiempo, recorriendo resbaladizas y jabonosas manos sobre nosotros, limpiando y apretando entre jadeos y murmullos y besos ligeros.
Nos metemos desnudos debajo de las sábanas bajo el efecto de la lujuria y placer. No hay frenesí, ni prisa mientras él me voltea sobre mi costado y se pega a mi espalda, cabeza con cabeza, cadera con cadera, brazos y piernas entrelazados. Él coloca una rodilla sobre mis caderas, y lentamente, deliberadamente, adentra su polla en mí en una lánguida tortura. Una vez que se encuentra totalmente enfundado, mece sus caderas a un ritmo enloquecedor, susurrando palabras de amor que se van volviendo crudas y más crudas. Le toma un rato llegar al borde de su clímax, y ninguna cantidad de esfuerzos y suplicas mías lo convencen para ir más rápido. Él comienza con un lento temblor y se corre con una repentina y casi violenta intensidad. Me sostengo del borde de la cama mientras él se pierde, temblando y retorciéndose en espasmos incontrolables, gimiendo oh,Dios,joder,Jesús,joder,joder,joder.
Después, permanecemos inmóviles durante largos minutos, mientras él lucha por respirar y controlar su cuerpo. Me asusté la primera vez que algo similar había ocurrido, cuando él lucia como si estuviera teniendo un ataque de algún tipo que posiblemente era perjudicial. Él había vuelto a la normalidad después de un rato pero me miró con algo parecido a un asombro trastornado que pensé, mi Dios, ha llegado demasiado lejos, y no quiero que esto vuelva a suceder. Luego él me llamó por mi nombre.
Bella.
Él dijo Bella –no nena o dulzura o cariño sino Bella- Bella, te amo.
Simple.
"¿Te encuentras bien?" Le pregunto después de un rato, cuando su respiración se calma y su cuerpo deja de temblar. No me responde, y comienzo a pensar que se quedó dormido cuando siento el fantasma de un beso en mi cuello. Él sonríe contra mi piel, mientras se acomoda para la noche y murmura.
"Nunca he estado mejor."
XXX
N/A
Ahí lo tienen. Muchas personas se habían preguntado en qué circunstancias éstos dos terminaron casados. Estén al pendiente porque esta es la historia.
De nuevo gracias, viejas y nuevas amigas, por leer esto. El capítulo 3 no tardará mucho.
Si están en busca de otro fanfic, vayan a leer Dusty de YellowBella :)
N/T
Qué tal les va? Siento haber tardado tanto en traducir este capítulo. Pero bueno, les tengo una noticia buena y sé que la van a disfrutar. Ayer por la mañana recibí dos outtakes más de Kris Salñvador. Les cuento que están geniales y no puedo esperar para compartirlos con ustedes.
En el transcurso de esta semana, subiré los dos capítulos restantes. Estén pendientes que trataré de hacerlo lo más rápido posible.
Muchas gracias por leer y espero sus comentarios.
Nos leemos pronto.
xoxo Cin
P.D. Si tienen oportunidad, tomen en cuenta la recomendación de Kris y vayan a leer Dusty de YellowBella. La historia es tan melancólica y conflictiva por momentos, pero les aseguro que es tan buena que no podrán dejar de leerla. Aún no está completa, pero si la actualizan periódicamente.
