CAPITULO 25

(Darío pov)

-Entonces te irás -.

Mire hacia Kevin.

-sí, saldré mañana temprano.

-haces bien, ella es tuya.

Me senté sobre la cama mirando a mi hermano que estaba sentando en el sofá.

-no volveré hasta que nos hayamos casado -.

El sonrió.

-me alegra escucharlo.

-no será fácil.

-no, ella no es como las mujeres de la familia.

-es diferente…

-y por eso te ha gustado -.

Reí al escucharle.

-tengo algo claro -.

-¿y que es hermano? -.

-que la quiero lejos de ese tipo -.

-¿ah?-.

-del "reverendo" -.

El rio sonoramente.

-oye… y Mell ¿Dónde está? -.

El dejo de reír. Me miro serio. Se levanto del sofá y salió corriendo de la habitación.

Seguramente estaba en el salón con ese tipejo.

Suspire.

Debía aclarar varias cosas con Alaska, como eran las cosas aquí. Como debía comportarse ella, y que nos casaríamos.

"te gritara" -.

Rei para mis adentros. Esa charla, seria divertida.

(Vladimir Pov)

Estaba en un rico en el salón.

Esto no podía estar mejor.

La verdad, no podía dejar de reír.

Las mujeres, todas. Pero todas, estaban hablando con el famoso reverendo animadamente.

Mi madre… mi madre….

Tuve que morderme la lengua para no reírme.

El solo bebía de su copa, y hablaba, y contestaba cortésmente.

El hermano de Alaska, había desaparecido. Seguramente estaría hablando con Darío. Bueno, lo normal.

Duque, como todos. Estaban serios, a punto de estallar. Las habían llamado, pero ellas no le hicieron caso y siguieron hablando con él.

Mordía mi lengua para no estallar a carcajadas.

El reverendo se levanto al ver al hermano de Alaska, el tal Jimmy, regresa.

-señoritas… él y todas sonrieron como bobas.

Comencé a toser para ahogar la risa.

-un placer hablar con ustedes -.

Y todas sonrieron mas mientras suspiraban.

Y todas… se levantaron mientras lo acompañaban hacia la puerta.

"no aguantaras mucho mas sin reír"-.

-¡ANNABETT! -.

-¡JUDITH! -.

Gritaron Hannival y Troy a la vez, y ellas se miraron entre si y se escondieron detrás del reverendo.

Okey….

No pude aguantar más y comencé a reír. Cuando como ellas se habían escondido como niñas pequeñas, y al ver a las demás mujeres que veían al reverendo ignorando a sus maridos.