CAPITULO 26
(Pov Darío)
Y lo siguiente a que el reverendo se fuese fue que las chicas fueron otra vez cerca de sus maridos. Y bueno... lo siguiente fueron gritos, y ellas calladas.
Los primeros en salir de allí fueron mi madre y mi padre, después
Kevin y Mell... Anny y hannival de mala manera, Hakon y Xinia ... seguidos de Atenea y V que por poco le arranca el pelo, seguidos de Duque y Bree... bajo la mirada de mi primo Vladimir.
-Ey... es gracioso- dijo-.
-No lo es... les espera una noche intensa-.
-Para ellos es divertido-.
-Para ellas no-.
-Para ellas es más divertido todavía, el sadomasoquismo es un estilo de vida y ellas lo comparten-.
-Lo que tú digas- suspiré-.
-¿Te acompaño al aeropuerto?-.
-Yo...-.
-¿Te acompaño?-.
-Está bien-.
-Vamos primo, tienes mala cara y tu Julieta espera-.
-¿Crees que podemos arreglarlo?-.
-Creo que tú te has pasado y que ella lo ha tomado demasiado a pecho-.
-Si...-.
-Entonces no seas cabezón y vamos-.
-Vale-.
No podía esperar, tenía que hablar con ella.
(Pov Alaska)
-¿Si señor San Cristóbal?- dije-.
-Muchacha, tienes que servir el vino en la mesa doce-.
-Si señor san Cristóbal- fui hacia la mesa y serví el vino-.
Hacía ya una semana que no estaba en lo que estaba, y es que la imagen de Darío estaba en mi cabeza, no se iba, permanecía gravada noche tras noche, día tras día.
Y no me atrevía a fijarme en otros, era como si, mi cuerpo y mi mente supiesen de sobra que yo era entera y completamente suya y que cualquier cosa que violase eso estaba muy mal y debía ser castigada.
El hijo del señor San Cristóbal, estaba detrás de mí, Jasper, era un chico rubio norte americano y bastante desenvuelto en el mundo de las finanzas, un braguetazo en toda regla el cual si tuviese un poco de cabeza y de ganas, sería perfecto para poder cazar.
pero ni yo era ese tipo de chica, ni tampoco estaba dispuesta a empezar algo parecido a lo que había tenido con Darío.
Miraba a Jasper tan elegante y a la vez sencillo, tan normal e incluso inocente, y me parecía tan poca cosa en comparación al adonis que tuve conmigo y que en cierto modo me arrepentía de haber perdido.
-Alé, Alé -dijo la señora San Cristóbal- es hora de servir la mesa tres y la cinco-.
-Si señora san Cristóbal-.
Y como en el robot que me había convertido serví las mesas que me dijo... quería que esto acabase pronto.
Quería acabar con todo. De una vez.
