La Diferencia entre el sexo y el amor
Capítulo 11: Lágrimas amargas de culpa
Después de su tan esperada reconciliación, Eiri se veía más contento de lo normal. Diariamente visitaba a Shuichi y se la pasaba horas de horas en su habitación "charlando" con su amado, o al menos eso es lo que ambos decían a los interesados después de verse.
- Eiri, se te ve cansado. ¿Por qué no vas a casa a descansar?
- Estoy bien, Shuichi.
- Seguramente tienes mucho trabajo y yo estoy siendo un obstáculo para ti.
- No digas eso. Hoy, de madrugada, acabaré de redactar mi trabajo.
- Eiri, no quiero que te exijas demasiado. Te lo pido, ve y descansa por un rato en casa, no quiero que te vayas a enfermar.
- Te digo que no seas tan exigente, Shuichi, estoy bien.
- Pero, Eiri…
- ¡Deja de ser tan molesto! –gritó ya exasperado.
Ambos dejaron de mirarse, literalmente, y le ofrecieron un minuto de silencio a su charla. Shuichi apretó fuertemente los puños, desquitándose con la sábana de la cama. Totalmente apenado, Shuichi volvió a hablarle al ya arrepentido escritor.
- Perdona que sea una molestia, Eiri…a veces no se medir mi comportamiento.
- Lo siento yo, no tenía por qué decir eso…
- No te disculpes conmigo, Eiri, yo cometí la falta. Es solo que…-sus ojos comienzan a soltar las lágrimas retenidas.- Es solo que tengo mucho miedo de que puedas llegar a cansarte de mí.
Eiri se puso de pie y se veía con las intenciones de salir del cuarto. Cuando Shuichi pudo percatarse del alejamiento de su escritor, buscó rápidamente sus manos, atrapándolas para impedir que este le dejara solo.
- Shuichi, suéltame…
- ¿Estás enojado conmigo?
- Claro que no, solo quiero ir a casa a descansar como me pediste…
- ¿Te vas?
- ¿Ahora ya cambiaste de idea?
El pelirosa enmudeció. No podía creer lo voluble que era.
- ¿Shuichi?
- Ve tranquilo a descansar, Eiri. No te preocupes por mí…
- Está bien, pero…prométeme que estarás bien…
- Claro, todo está bien…
- De acuerdo.
Completamente confiado, Eiri salió lentamente de la habitación dejando completamente solo a su amado cantante, sin saber un último aspecto del turbulento pasado del vocalista, que Shuichi se había empeñado en no decirle por temor a ser rechazado.
- Todo estará bien, no pasará nada. Más bien, tengo que alejar a mi familia de aquí…
- Shuichi, hijo…
- ¿Mamá, eres tú?
- Si, querido. Vine para saber si necesitabas algo…
- No te preocupes por nada, mamá. Puedes irte a casa.
- ¡Por supuesto que no, hijo! Tengo que velar por tu salud.
- No pasa nada, madre. Puedes irte a descansar.
- Pero, querido…
- Ya puedo andar por mi mismo. Si necesito algo, tengo a la enfermera de turno.
- Entonces, ¿estás bien?
- Claro…además, mañana va a venir Eiri temprano.
- Perdona que ni siquiera pueda mandarte a tu hermana, está muy ocupada con sus exámenes en la preparatoria.
- Está bien, mamá. Ya es algo tarde, vete antes de que la calle se ponga más peligrosa.
- ¿No quieres que llame a Hiroshi-kun para que cuide de ti?
- No, la última vez que hablamos me dijo que estaban muy ocupados en la empresa para ver como cubren los conciertos y el lanzamiento de los discos mientras yo esté en estas condiciones.
- ¿No debo preocuparme, verdad?
- Así es, mamá…
Dándole un beso de despedida, la madre de Shuichi se marchó de su lado, dejándolo en completa soledad, consigo mismo, ignorando el gran peligro que se avecinaba para Shuichi, uno que él muy bien predecía, por lo que había alejado a todo el mundo de él.
- Ahora todos estarán bien…
Algo atemorizado, Shuichi trató de conciliar el sueño sin lograrlo. Entonces pensó que sería una buena idea tratar de escribir una canción que hace poco se le había ocurrido. Con cuidado, movió un poco su brazo, dirigiéndolo hacia la pequeña mesita que se encontraba al costado de la cama. Encima de ella había un cuaderno de notas, el cual tomó con la mano; acto seguido volvió a acomodarse en la cama y apoyó el diminuto cuaderno entre sus piernas. De la parte media del cuaderno, Shuichi sacó un lapicero y se dispuso a escribir la idea, pensando que al día siguiente llamaría a Hiro para que le ayudara a escribir la canción. Cuando comenzó a escribir las primeras letras, un extraño ruido lo sobresaltó.
- ¿Q-quién es? –Pero no había respuesta alguno.- ¿Es usted, doctor?
La manija de la albina puerta se movía con insistencia y no se oía ninguna voz que respondiera a su pregunta. Terriblemente asustado, Shuichi sintió como esta se abría violentamente, dejando pasar al helado aire nocturno, el cual hizo que los escalofríos y el temor del vocalista aumentaran mucho más.
- ¡Oh, por Dios, mi amado hijo!
- Esa voz… ¡padre!
- Así es, mocoso… ¿a quién más esperabas a estas horas de la noche? ¿A tu amado escritor?
- Vete de aquí o llamaré a seguridad…
- No te molestes en hacerlo, querido, porque todos están bien dormiditos gracias a mí…
- Tengo que aguantar… -susurró asustado el pequeño.- pero tengo miedo…
- Pobre de mi hijo… ¡Ese hombre solo te ha hecho más débil!
- V-Vete de aquí, o si no…
- ¿O si no qué? Ni siquiera puedes verme. ¡Que tonto…!
- ¿Q-Que piensas hacer conmigo?
- Quiero terminar lo que iba a hacerte hace tres días.
- Aléjate de mí, no te atrevas a tocarme…
- No te preocupes, ésta vez no seré yo…si no alguien más…
- ¿A qué te refieres?
- Chicos, pasen…
- ¡No, no se atrevan a tocarme!
Sin embargo ya era tarde. Entre gritos, lágrimas y golpes propiciados por los descarados abusadores, Shuichi opuso la mayor resistencia que pudo, se resistió y ejerció fuerza para devolver los golpes como pudo, pero al final cayó desmayado con solo un pensamiento en su mente "Eiri".
Al día siguiente, todo el cuerpo le dolía. Ni siquiera podía ponerse de pie su intimidad estaba muy irritada a causa de invasiones agresivas previamente. Apenas pudo tocarse el rostro y pecho y su expresión de dolor se hizo presente en su cara. Sin mucho esfuerzo pudo darse cuenta que tenía roto el labio y que habían moretones en su cuerpo, así también como heridas de violentos mordiscos en su cuello.
Totalmente privado de su conciencia, Shuichi abrazo todo su inocente cuerpo con sus manos, llorando sin cesar y necesitado de consuelo. ¿Ahora, con qué cara miraría a su amado Eiri? Su cuerpo había sido tomado a la fuerza y ahora solo podía sentirse sumamente sucio y asqueado de sí mismo.
- Buenos días, Shindou-san –le dijo alegremente la enfermera.
Pero el chico solo la miró con ojos ausentes de cualquier señal de vida. Odio, tristeza, soledad, venganza, molestia, asco: tantas emociones que le resultaba difícil expresar.
- ¡Dios mío, ¿qué le pasó en el rostro?! ¡Está todo lastimado!
- No tengo nada…
- ¡Eso se ve horrible! Iré a traerle algo para quitar esas heridas…-antes de irse, la enfermera le dice una última cosa.- Por cierto, Uesugi-san está afuera.
Al oír el nombre de su amado, el muchacho reaccionó de repente y con su voz potente dijo:
- ¡No lo deje entrar! ¡No quiero verlo!
- Pero, Shindou-san…
- ¡No, no quiero que me vea así! ¡Por favor, no permita que Eiri entre! –grita mientras vuelve a abrazarse a si mismo.- Quiero ver…a Mina-kun… ¡no quiero ver a nadie más!
- E-Está bien, pero no se altere, por favor. Le hará mal… -la enfermera se marcha.
La enfermera ve de manera preocupada al joven de cabellos rubios quien estaba regresando de haber comprado una bebida caliente. Algo emocionado, le pregunta a la enfermera si podía entrar a ver a su prometido.
- Lo lamento, Uesugi-san, pero no puede pasar…
- ¿Perdón?
- Shindou-san me ha pedido que no le dejemos pasar.
- Pero, ¿qué significa esto? No entiendo nada…
- Disculpe, enfermera… ¿ésta es la habitación de Shindou Shuichi?
- Así es…
- ¿Podría verlo?
- ¡Tú qué haces aquí! Lárgate, Kanzaki!
- Hagan silencio, por favor. Lo siento, pero el paciente no quiere ver a nadie. ¿Cuál es su nombre?
- Kanzaki Minato…
- Déjeme preguntarle a Shindou-san…-la enfermera abrió ligeramente la puerta e intercambió algunas palabras con Shuichi. Al recibir la respuesta, volvió a cerrar la puerta y se dirigió hacia Minato.- ¿Kanzaki Minato-san?
- Si, dígame…
- Shindou-san dice que usted puede entrar, no hay problema…
- Muchas gracias…-antes de entrar, miró triunfante el rostro ensombrecido de Eiri y entró a la habitación.
Una vez dentro de ella, vio a Shuichi con la cabeza gacha. Nombró ligeramente al chico, pero éste no le miró, siguió en la misma posición. Preocupado, Minato se sentó en la silla y permaneció en silencio.
- M-Mina-kun… -Shuichi levanta el rostro y Minato le ve horrorizado.
- Shuichi, era cierto…no puedes ver…Y, además, estás todo lastimado…
- Te lo ruego, Mina-kun, llama a Mika-san. Tengo que hablar con ella.
- ¿Shuichi, qué te pasó? ¿Acaso fue Uesugi?
- No puedo decirte nada, lo siento…solo quiero saber si puedes ayudarme en eso…
- No te preocupes, la llamaré…
- Muchas gracias, Mina-kun…
- Shuichi, vine porque tengo algo que decirte…
- ¿Qué pasa?
- Yo…conozco a tu padre…él me ayudó a salvar la empresa de mi padre con una condición.
Shuichi se horrorizó.
- ¿Y qué condición es esa?
- Que me hiciera amigo tuyo y te sacara información para tenerlo al tanto de tus movimientos.
Shuichi no pudo evitar mostrar sorpresa por la confesión del hombre al que alguna vez pudo haber llamado "amigo". Minato cogió las manos de Shuichi con ternura, pero este las apartó con frialdad.
- Vete de aquí…después de todo, tú también eres culpable…
- ¿Esto lo hizo él, verdad?
- ¡Tú tienes la culpa! ¡Por tu culpa estoy así! –Dijo totalmente descontrolado el cantante, golpeando el pecho de Minato.
- ¡Yo no sabía nada de esto! Él solo me dijo que mi tarea era tenerlo informado acerca de ti, nada más.
- ¡Igualmente, eres su cómplice! ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?!
- ¡Perdóname! ¡Sin darme cuenta, me enamoré de ti como no tienes idea y me lastimó saber la manera en que sufrías por culpa de ese escritor! ¡Te juro que ahora soy capaz de renunciar a lo que tengo, a cambio de ayudarte!
- ¡No me jures nada! ¡Vete de aquí! ¡No quiero verte más!
- No me importa que ahora me odies, te prometo que no volveré a involucrarme con tu padre, no me importa que eso destruya mi trabajo –haciendo una última reverencia, Kanzaki se marcha de ahí, dejándole el pase a la enfermera, quien venia con unas vendas y algo de alcohol en sus manos.- Por el favor no te preocupes, yo le pasaré el recado a Mika-sama –dijo antes de desaparecer del cuarto.
- Shindou-san, Uesugi-san quiere verle…
- No quiero que pase, y tampoco quiero que usted me toque…
- Pero, Shindou-san, su herida…
- ¡Le dije que no quiero nada! ¡Váyase de aquí! –Gritó frustrado mientras arrojó cualquier cosa que sus manos tocaban.- ¡Váyase de aquí! ¡Lárguese!
- ¡Deténgase, Shindou-san! –La enfermera corrió hacia la puerta.- ¡Doctor, ayúdeme, por favor! –al no ser oída, la joven se dirige a buscar al médico.
Antes de que Eiri pudiera aprovechar para entrar, apareció Mika totalmente alarmada por los gritos y entró a la habitación sin percatarse de la presencia de Eiri, quien estaba parado frente a la puerta cerrada. Con total sigilo, el joven entró y comenzó a escuchar muchas cosas desastrosas para su corazón, de boca del propio amor de su vida.
- ¡Mika-san, tengo miedo! ¡Ayúdeme, por favor!
- ¡Pequeño, ten calma! ¡¿Por qué lloras?!
- ¡Él vino otra vez! –Dijo alarmado mientras se aferraba más a la mujer.- ¡Otra vez lo hizo, Mika-san!
- No te entiendo, Shuichi… ¿de qué hablas?
- ¡E-Eran más de uno! ¡Abusaron de mí, Mika-san! ¡¿Qué hago?!
- ¡Oh por Dios, Shuichi! ¡¿Otra vez?! –totalmente destrozada, Mika abrazó con fuerza al muchacho.
- ¡Me duele todo, Mika-san! ¡Me duele todo!
La apariencia de Shuichi no tuvo importancia en ese momento para el rubio. Lo que lo heló por completo fue la confesión tan hiriente del pelirosa. Ahí se dio cuenta, fue por eso que Shuichi desistió de la idea de dejarlo ir y se aferró a su brazo, pero, al contrario, él lo ignoró y se marchó a casa, dejándolo a la merced del maldito de su padre. Otra vez había sido culpa suya la desgracia de Shuichi.
- ¡Tenemos que hablar con la policía! ¡No puede quedar así, Shuichi!
- ¡No, por favor! ¡Eiri se enterará y tengo mucho miedo, Mika-san! ¡Ahora ya no puedo casarme con él!
- ¡Claro que puedes!
- ¡No puedo hacerlo! ¡Él no sabe que hace 11 años, mi padre me hizo lo mismo! –Dijo el pequeño, más alarmado que antes.- ¡Si se entera, le daré asco! ¡Ya no me querrá!
- No digas eso…
- Mika-san, tengo mucho miedo…
Pasaron unas horas y Eiri ya estaba fuera de la habitación, atacado por el dolor y las amargas lágrimas de culpa. A su lado se encontraba Mika, su hermana, con ambas manos rodeando la espalda del rubio en un protector abrazo, provocando que este descargara su agrio dolor.
- ¿Qué he hecho, Mika? Otra vez es culpa mía.
- No debes culparte, hermano. No sabías lo que sucedería.
- Pero pude haberlo evitado si no me hubiera ido, dejándolo solo y a merced de ese desgraciado.
- Shuichi no te culpa, Eiri. Ahora tenemos que pensar en como atrapar a ese sujeto y cuidar de Shuichi mientras ese criminal esté suelto.
- Yo me quedaré aquí, Mika. Quiero cuidar de él. ¿Podrías mandarle los manuscritos de mi novela a la editorial?
- Está bien…-dice su hermana mientras recibe la llave.- Mandaré a unos guardias para que vigilen la entrada de la habitación de Shuichi.
- Por favor, Mika, que la prensa no se entere de esto o de lo contrario, ese hombre podría arruinar la carrera de Shuichi.
- No te preocupes por eso. Touma también está al tanto de la situación y, aunque no le agrade lo de su compromiso, no permitiría que su cantante de oro se viera perjudicado.
- Gracias, hermana.
- No te preocupes, pondré al tanto a la familia de Shuichi y a sus amigos. También debería poner seguridad en la casa de su madre.
- Si, sería bueno.
- Bueno, cuida muy bien del pequeño.
- No te preocupes, Mika, cuidaré bien de Shuichi.
La mujer sonrió con algo de dificultad, después de todo, ese pequeño entrometido había ganado su confianza y cariño y el saber de su actual situación le había dejado imposibilitada de sonreír con naturalidad. Se había propuesto a si misma el cuidar de la felicidad de su amado hermano y esa felicidad era Shuichi y por nada del mundo dejaría a ambos solos en aquella tormentosa situación.
Una vez, habiendo comprobado que su hermana ya no se encontraba en el hospital, Eiri comenzó a llorar amargamente, las lágrimas no podían dejar de correr por sus mejillas. Lágrimas amargas de culpa.
Continuará…
