La diferencia entre el sexo y el amor
Capítulo 13: El odio de Seguchi Tohma
Después de una hermosa y romántica noche, Shuichi se encontraba ya despierto aferrado al dulce abrazo de Eiri, quien no tenía intención de soltarlo.
- ¿Shuichi?
- ¿Qué sucede, Eiri?
- ¿Te sientes bien? ¿Te hice algún daño anoche?
- Para nada. Muchas gracias por lo que hiciste, nuevamente puedo sentirme tranquilo a tu lado.
- Todo está bien, pequeño. No tienes que sentirte mal nuevamente. Yo cuidaré de ti siempre.
- Confío en eso…
- ¿Nos levantamos?
- Creo que si. De lo contrario...
- Lo sé, mi suegra me mataría…
- Si, creo que tienes razón.
Eiri se levantó de la cama, ayudando a Shuichi, quien se coloca la sábana en el cuerpo, cubriéndoselo. El escritor reaccionó ante tal extraño acto y miró fijamente a su pareja.
- ¿Por qué te cubres el cuerpo?
- Me da vergüenza…
- ¿Por qué ahora te da vergüenza? Vamos, quítate eso…
- No, claro que no –dice el pequeño mientras forcejea con Eiri para que este no le quitara la sábana.
- Shuichi, quítatelo.
- No me obligues, no quiero –el joven cantante comenzó a llorar, tembloroso.
- Shuichi…-Eiri lo abrazó, provocando que el pequeño se calmara.- todo está bien, no hay razón para sentir miedo.
- Perdóname, lo siento mucho, Eiri.
- No temas, todo está bien. Siento haberte obligado.
- ¿No me odias?
- Claro que no, jamás me atrevería a odiarte, sería imposible.
- Eiri…
- ¿Me dejas ayudarte a mudar de ropa?
- Pero…
- No dudes de mí, sabes que jamás haría algo que no desearas. Si no quieres, solo dilo.
- Si quiero.
Sonreí. Con una gran delicadeza, mi amado escritor me hizo recuperar la confianza para amarme nuevamente a mi mismo, como siempre lo había hecho antes de la deshonrosa actuación de mi padre. Nuevamente…podía sentirme vivo, como un ser humano.
Días después…
- ¿Shuichi?
- Mamá ¿qué haces aquí tan temprano?
- Estoy tan preocupada por ti, querido. Ya no podía aguantarlo más y decidí venir a verte.
- Muchas gracias, mami, eres la mejor.
- Que bien, ya has recuperado tu hermosa sonrisa, Shuichi. –suspira aliviada la mujer.
- Todo siempre es gracias a Eiri. Él siempre dice lo que quiero oir.
- Eiri-san es una buena persona, me alegro de que hayas elegido a alguien así.
- ¡Ay, mamá! Tampoco es ningún santo. No lo defiendas tanto.
- No lo defiendo, solo digo la verdad, querido.
- ¡Shuichi, ya he llegado!
- Buenos días, Eiri-san.
- Buenos días, señora. Es un gusto verla –sonríe adorablemente el joven novelista.
- El gusto es mío. Vine porque estaba algo preocupada por Shuichi pero veo que se encuentra bien.
- Claro, está conmigo.
¡Que fanfarrón!
- ¿En serio no tengo que preocuparme por ti, hijo?
- Así es, mamá, estaré bien. No tienes que preocuparte. Es mejor que te marches ya o llegarás tarde a trabajar.
- Está bien, entonces los dejo.
- Mamá…
- ¿Dime? –Cuestiona la mujer, volteando para mirar a su hijo.- ¿Shuichi?
- Te quiero mucho, no lo olvides.
- Jamás lo olvido, pequeño.
- ¿Me darías tu bendición antes de irte?
- Pero, Shuichi, esa bendición te la hacía cuando eras muy pequeño…
- Es que…siento que ahora la necesito más que nunca.
La mujer se acercó a su hijo mayor y se sienta cerca de él, mirándolo fijamente mientras las lágrimas resbalaban lentamente por sus mejillas rosadas.
- ¿Mamá, estás llorando?
- Lo siento, hijo, perdona a esta madre tan sensible.
- No te preocupes…-al encontrar la mejilla de su madre con sus manos, seca las lágrimas lentamente.- Todo está bien.
- Que Dios bendiga a mi pequeño Shu y le de siempre la fuerza para vivir cada día.
- Amén…-respondió Shuichi.- Muchas gracias, mamá.
- Cuídate mucho, querido. Si necesitas algo, sabes que cuentas conmigo.
- Lo sé, mamá, muchas gracias.
La madre buena y atenta de Shuichi besó a su hijo en la frente y salió de la habitación no sin antes darle un beso en la mejilla a Eiri, quien le respondió el gesto con una gran sonrisa.
- Shuichi, ¿te parece si salimos al jardín del hospital a pasear un rato?
- Si, estaría bien. Ya me sentía algo aburrido de estar preso en este lugar.
Shuichi y yo salimos del interior del hospital para respirar algo de aire y relajarnos un poco, ignorando una inesperada visita.
- Es hermoso…
- ¿De qué hablas, Eiri?
- El cielo, el aire, las flores, son un gran espectáculo.
- Tienes razón, me lo imagino.
- No te preocupes, tu vista no demorará en regresar. Pronto podrás ver todo lo que estoy viendo en este momento.
- Ojala que Dios te oiga.
- Todo va a salir bien, solo tienes que confiar en ti mismo.
- Podré confiar en mí…si tú estás a mi lado.
- ¿Shuichi?
- Dime…
- La novela que estoy terminando de redactar, es algo diferente a las demás que he escrito.
- ¿A qué te refieres?
- Es una novela en donde los protagonistas son iguales a nosotros.
- ¡No puedes hacer eso! –se alarmó el menor.
- ¿Pero, por qué?
- Es…vergonzoso…
- ¿Piensas que nuestro amor es vergonzoso?
- Para la gente que nos rodea, lo es.
- Te estoy preguntando tu opinión, no la de los demás.
- Si me pides opinión a mí, yo diría que sería vergonzoso.
- ¿Por qué piensas eso?
- Porque…las personas lo verán mal y no querrán comprar tus obras.
- ¿Por qué siempre tienes que pensar primero en los demás?
- Es algo que no puedo evitar, siento que eso provocaría el rechazo de las demás personas.
- Shuichi, solo pido tu opinión, sin pensar en lo demás.
- ¿Quieres que sea sincero?
- Si, eso es lo que quiero.
- Para mi, sería muy romántico que hicieras eso, pero después pienso en las personas que lo leerán entusiasmadas y después saldrán decepcionadas de tu talento.
- Claro que habrán personas que no gusten de ella, pero hay personas que si, Shuichi. Además, mucha gente aceptó nuestra relación cuando yo la hice pública.
- No todas las personas están de acuerdo con ello.
- ¿No estás preparado para aceptar nuestra relación? Sabías perfectamente el peso que conllevaría nuestro amor frente a la sociedad, Shuichi.
- Lo sé, pero de tan solo pensar lo que dirían las demás personas, me siento aterrado.
- ¿Te digo algo? En este momento, yo ya estoy aterrado.
- ¿Tienes miedo?
- Tengo miedo, porque Shuichi me está transmitiendo su inseguridad y su miedo.
- Lo siento, no quise ser tan pesimista.
- Shuichi, para que la gente acepte nuestra historia, tenemos que luchar juntos.
- Lo sé, perdóname.
- ¿Estás dispuesto a aceptar lo que digan de nosotros?
- Si, estoy dispuesto.
- Todo va a salir bien, mocoso.
En ese momento, ambos nos abrazamos como si fuéramos a pelear a la guerra. Estábamos aterrados por la opinión de las personas, pero aún con el miedo invadiéndonos, decidimos apoyarnos el uno al otro. Esto es a lo que se llama: luchar por amor.
Unas horas después, Shuichi se encontraba escuchando algo de música en las afueras del hospital, en el jardín, mientras que Eiri había ido en búsqueda de algunas sodas.
- ¡Shuichi!
- Eres tú, Hiro. Hace muchos días que no sé de ti.
- ¿Ya te sientes en mejores condiciones?
- Si. El doctor me dijo que ya podía salir mañana mismo del hospital, aunque tendré que seguir un tratamiento para mis ojos.
- Debes estar contento.
- Si, lo estoy –decía el pequeño con poco ánimo.
- Si estás tan feliz, ¿por qué la expresión de tu rostro no dice lo mismo?
- Lo siento, no tengo los nervios muy bien que digamos.
- ¿Puedo saber la razón o me reservo la pregunta?
- Eiri…escribió una novela.
- ¿Por eso estás tan inquieto?
- La novela que publicará en unos cuantos días, relata nuestra historia.
- ¡¿Una novela Shonen-ai?!
- Así es…
- Ya veo, por eso estás tan preocupado…
- Él dijo que lucharíamos juntos, pero ni con eso el miedo se me va.
- Es normal que te sientas asi, Shuichi, pero debes confiar un poco más en Yuki-san.
- Lo siento, es que no puedo dejar de sentirme inseguro.
- Lo sé, Shuichi, pero es algo que tenía que pasar algún día. Lo único en que puedes pensar ahora es en recuperarte para apoyar a Yuki-san lo más que puedas.
- Muchas gracias, Hiro.
- Asegúrate de recuperarte pronto, Shuichi. Todos estamos aguardando ansiosos por tu regreso.
- Hola –saluda Eiri algo enojado a los dos compañeros.
- Buenos días, Yuki-san.
- Te darán el alta hoy, Shuichi. Alístate.
- ¿Hoy, tan pronto?
- Hiro-kun, ¿podrías ayudarlo?
- Si, claro.
No sabía de qué iba todo esto, podía sentir la incomodidad de Eiri al momento de decírmelo, pero me abstenía de hablar siquiera por miedo a enojarlo más.
- Llamé a mi padre para decirle que saldrías antes del hospital. Te irás con él.
- ¿Y tú, Eiri? ¿No irás con nosotros?
- Iré cuando arregle unos problemas con mi trabajo.
- ¿Presentaste tu obra a la editorial?
- Ah, eso. Si, lo hice.
- ¿Paso algo malo con la novela?
- No, todo fue bien.
- ¿No me estás engañando, verdad?
- No. Ahora deja que Hiro-kun te ayude a alistarte.
- E-Está bien.
Sabía que me ocultaba algo y deseaba hablarle, pero me abstuve a hacerlo ya que la respuesta no sería muy satisfactoria.
- Shuichi, buenos días.
- Padre, buenos días.
- ¿Estás listo para irnos?
- Sí, padre.
- Papá, cuídalo bien o de lo contrario no responderé.
- Si, lo sé. Vámonos, Shuichi. –el hombre mayor lo toma de una mano, para guiarlo en el camino.
- Si… ¿Eiri, en serio estarás bien?
- Si, no te preocupes.
Confié en sus palabras, aunque las dudas no me dejaban en paz. Me alejé de Eiri a paso lento, dejándolo solo.
- ¿Yuki-san, en serio todo está bien? –le pregunta Hiro.
- Tendré muchos problemas con el trabajo, así que no puedo dejar que Shuichi sufra conmigo, encontrándose en tal estado.
- Yuki-san, tarde o temprano Shuichi se enterará.
- Trataré de resolverlo lo más rápido posible. Confío en que mi padre sabrá cuidar de él.
Sería una lucha muy dura que tendría que enfrentar solo, no podía dignarme a perturbar el estado emocional de Shuichi. Sabía que si se enteraba de esto, decaería horriblemente.
- ¡No puedes hacer eso, Eiri-san! –Gritó exaltado Touma.- ¿Vas a sacrificar tu carrera solo por ese niño?
- Si la editorial no aprueba mi obra, renunciaré y buscaré a otra que si la acepte.
- Nadie aceptará una obra con tal contenido, Eiri-san. Tienes que reconsiderarlo.
- No intentes persuadirme, no lo lograrás.
- Buenas tardes, señor Uesugi.
- Seguchi-san, cuanto tiempo sin verlo. ¿Qué le trae por aquí?
- Necesito hablar con Shindou-san. ¿Se podrá?
- Claro que si. Pase, por favor.
Seguchi Touma se adentró en la casa sin dificultades, buscando desesperadamente al pequeño Shuichi. Al ver que se encontraba totalmente perdido, el señor Uesugi decidió ayudarle.
- Está en la habitación de Eiri.
El presidente subió a buscar completamente solo a Shuichi y al no encontrarlo, decidió seguir buscándolo. Justo cuando bajaba, encontró al supuesto fugitivo subiendo las escaleras.
- ¿Quién está allí?
- Buenas tardes, Shindou-san.
- Seguchi-san, ¿qué está haciendo usted aquí? –dijo el joven Shindou, subiendo los escalones con ayuda de las barandas.
No podía sonreírle como siempre y darle los buenos días. ¡Quería destrozarlo por ser tan inocente y tan culpable de todo! ¡Quería matarlo por arruinarle la vida a Eiri-san! ¡Shuichi es siempre el causante de todo!
- Tú tienes la culpa de todo lo que está pasando…
- ¿De qué está hablando?
- ¡Por tu culpa Eiri-san está sufriendo!
- ¿Le ha pasado algo malo a Eiri? ¡Dígame, por favor!
- ¡Toda su carrera se ha visto arruinada gracias a ti!
- ¿Acaso…rechazaron su novela?
- ¡Deberías desaparecer! –Grita el hombre mientras cogió a Shuichi de la camisa.- ¡Desearía que jamás hubieses existido!
- S-Seguchi-san…
- ¡Desearía que murieras!
Enfadado enormemente, tratando de calmarse, Seguchi soltó a Shuichi
provocando que este perdiera el equilibrio y cayera de las escaleras, golpeándose fuertemente la cabeza al momento de impactar contra el suelo…
- Oh, Dios mío…-El presidente mira aterrado al joven caído.- ¡Shuichi-san! –llegó hacia él, tratando de despertarlo casi al borde del delirio.
Faltó poco para que los gritos atrajeran al padre de Eiri a la escena.
- ¡Seguchi-san, ¿qué pasó?!
- Yo…no quise…
- ¡Tenemos que llamar a una ambulancia!
Todo sucedió tan rápidamente. Shuichi se encontraba nuevamente en el hospital, ahora en compañía de su amado escritor, quien no se despegaba ni un minuto de él. A su lado se encontraba un muy arrepentido Seguchi.
- Nunca voy a perdonarte por lo que has hecho.
- Lo lamento mucho, no era mi intención…
- Has llegado muy lejos. Yo no quería que Shuichi lo supiera y tú fuiste directamente a contárselo y además lo culpaste de todo.
- Sé que no puedo ser perdonado, pero…en serio quiero disculparme, no fue mi intención dañarlo.
- E-Eiri…
- Shuichi… ¿estás bien?
- Me duele mucho la cabeza, me siento muy débil.
- ¿No recuerdas nada de lo que pasó?
- Sí, lo recuerdo. Estuve discutiendo con Seguchi-san y de repente resbalé y caí de las escaleras.
- ¿No puedes abrir tus ojos?
- Lo siento, es que estoy tan…-al abrir los ojos, el joven de ojos amatistas hizo un tiempo de silencio.
- ¿Shu-chan, pasa algo?
- Eiri…-pequeñas lágrimas resbalaban de sus orbes amatistas.- Te veo… ¡te puedo ver, Eiri!
Continuará!!
