Copas

-¡Es un imbécil! –chilló Rebecca, mientras se bebía de un sorbo todo el contenido de su copa de cristal.

-Rebecca, te recuerdo que mañana es día hábil.

-Ya... –bufó ella, llenando la copa nuevamente hasta el tope, tirando sin querer un poco de vino tinto sobre la mesa. –Diré que estoy enferma –dijo arrastrando la lengua.

Y suspiré pesadamente, cuando Rebecca llamó a la oficina con voz ligeramente temblorosa como si se recuperara de un mal resfriado y pidiera casi sin voz, encontrarnos en un pub cercano apenas saliera del trabajo, esperaba algo por el estilo, he de reconocer que no era la primera vez (y estaba segura que tampoco sería la última) que mi mejor amiga se refugiaba en mí; cuando alguno de sus tantos novios le; en palabras textuales de Rebecca: "había roto el corazón", pero siempre tenía la ilusa esperanza de que Rebecca se controlara un poco más en cada nueva decepción amorosa, cabe señalar, que nunca lo había hecho.

-Solicitaran un comprobante médico. –Respondí yo, con las cejas enarcadas.

–No hay ningún problema –Repitió Rebecca sin enfocar a nada en particular - lo tengo ya todo planeado.

-Claro –respondí sin demasiada atención, mientras discretamente pedía a un camarero cercano que se llevara la... (Había perdido ya la cuenta), enésima botella de vino que había pedido Rebecca y ahora descansa a media mesa, Rebecca no estaba en condiciones de beber una sola gota más de alcohol.

–Si tú superior se entera de que has faltado por una borrachera, estarás en problemas –Sentencié a sabiendas de que no le importaría en lo más mínimo, ni siquiera me escuchó, mi morena compañera estaba inmersa en un triste soliloquio.

-¿Por qué no me quiso, Riza? –Chilló ella, logrando que varios comensales de ése pub nos vieran llenos de curiosidad -¡¿Por qué no lo hizo?!

Y no pude hacer más que suspirar desganada, ¿Realmente me estaba preguntado eso a mí?

Ja... como si yo pudiera contestar ésa pregunta...

Y la imagen de cierto Teniente Coronel, saliendo por la puerta principal con una molesta actitud petulante y una carta rosa y perfumada en mano, hacia apenas un par de horas atrás, arribó como un mal chiste hacia mí, hice una mueca molesta; Roy Mustang estaría en éstos momentos enredado en las sabanas de su nueva conquista; yo aguantando las incongruencias de una loca despechada y borracha.

Volví a suspirar:

-Desconozco el porqué, Rebecca Catalina, aunque si te emborrachabas con él como lo haces conmigo, es probable que eso te haya restando algunos puntos –Repliqué con descuido, mientras solicitaba a un mesero cercano que nos trajera la cuenta lo más pronto posible.

-Él era perfecto, Riza, ¡era el indicado! –repitió Rebecca intentando beber más de la copa, ya vacía, y penosamente un par de lagrimas solitarias rodaron por sus mejillas.

Miré con preocupación a mi compañera.

Alguna veces simplemente no entendía a Rebecca, ella al igual que yo, formábamos parte de las llamadas: "heroínas de Ishbal"; había pasado por difíciles situaciones en la guerra y las había enfrentado (por lo que supe después) con una serenidad y madurez, que estaba segura no poseía.

Sin falta de modestia he de admitir que Rebecca es un poco menos hábil que yo, en cuanto al manejo de armas, pero no se podía negar que era, y probablemente continuaba siendo un excelente miembro de ejército.

Sin embargo, ¿Por qué actuaba como una niña? Cuando uno de la interminable lista de sus pasados novios, no era lo que ella esperaba.

-Algún día llegara el indicado, no tienes porque aferrarte a quien no debe ser. –Contesté al tiempo que agradecía con una sonrisa al mesero que llegaba con nuestra cuenta; solté un par de billetes dentro de la carpeta negra que contenía la factura, sin detenerme a esperar ningún cambio, que tomara el mesero lo que sobrara de propina, y me parecía poco por estar aguantando los quejidos de mi amiga.

Cuando me volví hacia ella, descubrí con sorpresa que me miraba furiosamente:

-¡¿Qué no debo aferrarme a quien no debe ser?! –Chilló Rebecca mirándome y señalándome con un dedo acusante -¿Eso lo dices tú, cuando estas tan firmemente aferrada a ése idiota de Mustang?

Y la acusación de mi morena amiga me hizo contener el aliento, miré discretamente a mi alrededor, esperando que no hubiera compañeros militares cercanos, a simple vista no, miré a Rebecca desaprobatoriamente.

-Rebecca... –Intenté hablar, pero ella no me escuchaba.

-¡¿Cómo puedes hacerlo?! ¡¿Cómo puedes seguir aferrada a él cuando se encama con cualquiera?!

El corazón me dio un vuelco, sentía la garganta seca y un ínfimo deseo de largarme y dejar sola a mi compañera en el bar ¡Que se las ingeniara para llegar sola a casa!

-¡¿Cómo puedes hacerlo, Riza?! –Continuó ella, y yo apreté los puños - ¿Cuándo sabes que él y tú nunca...? –Siguió ella y por un segundo, me pareció ver a Rebecca realmente afligida. -¿Cómo lo haces? –Y su voz se quebró en la última oración.

Me mordí los labios antes de contestar, sentía un nudo en la garganta, que no tenía nada que ver con lo poco que había bebido:

-Te recuerdo que el Teniente Coronel, es solo mi jefe, Rebecca Catalina, lo que él haga o deje de hacer en sus ratos libres, no me incumbe –Afirmé con frialdad, mientras me ponía en pie. – ¡Anda! – Le incité jaloneándole de un brazo, ya habíamos hecho demasiado el ridículo juntas, me colgué ambos bolsos cruzados sobre el pecho para no perderlos –Debemos irnos. ¿Puedes pararte? –E intenté sostenerle de un brazo, temiendo que fuera a caer en cualquier momento.

Sin embargo Rebecca se soltó de un manotazo poniéndose penosamente en pie con un traspié.

-Puedo hacerlo yo sola, perfectamente, gracias.

Y conmigo siguiéndole los pasos, cuidando de que no cayera violentamente contra una de las mesas o el duro piso del local, salimos del pub; estaba lloviendo a cantaros...

-Puf...

No podía negar que ése día se estaba convirtiendo en un infierno, por fortuna había dejado mi coche muy cerca, pero subir a una persona pasada en copas en el asiento de copiloto y si ésa persona peor aún era Rebecca, (que de ser sinceras era insoportable sobria, peor aún bebida), no podía decirse que fuera una tarea fácil, 10 minutos más tarde, caladas hasta los huesos y con Rebecca a mi lado, nos dirigimos hacia el departamento de mi amiga.

Encendí las luces de mi vehículo, mientras separaba los empapados mechones rubios de sobre mis ojos, eche un rápido vistazo a mi reloj de pulsera, pasaban de las dos de la mañana; bufé, todavía tenía que recorrer media ciudad para dejar a Rebecca en su casa y volver a la mía, contuve un bostezo; manteniendo bien firme el volante del vehículo, si contaba con mucha suerte, podía estar llegando a mi propia casa a las 3 de la mañana para poder dormir un par de horas antes de irme al trabajo.

-Si... tal vez.

Un semáforo en rojo, me indicó que me detuviera y así lo hice, mirando discretamente a la persona a mi lado, Rebecca se había quedado callada repentinamente, con la cabeza recargada en al asiento del copiloto, se removió en su lugar; solo esperaba que no vomitara dentro del automóvil.

-¿Riza? –Me llamó Rebecca con voz trémula, parecía que el frío de la noche y las heladas gotas de lluvia calando contra su piel le habían bajado un poco la borrachera.

-¿Si, Rebecca Catalina? –Y pise con suavidad el acelerador, el semáforo había cambiado a verde.

-Gracias por todo.

Miré de reojo a mi compañera, negué con la cabeza, no se podía negar que Rebecca era una cabezona cuando se lo proponía, pero tampoco podía negar que tenía un buen corazón.

-No es nada, Rebecca, solo te agradeceré que para próximas ocasiones, controles un poco tu gusto por la bebida.

Rebecca rió entre dientes:

-No prometo nada... –Y volviendo su cara hacia la ventana, guardó silencio por el resto del camino, cosa que realmente le agradecí, era agradable manejar en silencio, unos 30 minutos más tarde, llegamos a nuestro destino, detuve mi automóvil frente a un edificio alto de departamentos, en el cual sabía vivía mi amiga, intenté ayudarla a bajar, pero ella se negó.

-Puedo hacerlo yo sola, gracias.

-¿Estás segura que no quieres que te ayude a subir?

-No es necesario –Respondió Rebecca con voz queda. –Ahora solo quiero llegar y dormir, tú también debes hacerlo.

-Muy bien... –Respondí, agradecía sinceramente el gesto, tal vez podría dormir un poco más de lo que tenía planeado: -que pases buenas noches. –Dije al notar las manos de mi amiga levantando el seguro de la puerta del copiloto, sin embargo, apenas lo levantó, se detuvo, no me veía, no veía a nada en particular, tenía la vista gacha. Le miré pacientemente, solo esperaba que no soltara otro discurso del porque no encontraba un novio idóneo.

-Riza... –Y miró sus manos sobre su regazo.

-¿Si? –Y me pareció verla morderse los labios.

-Lamento lo que dije de Mustang.

Parpadeé un par de veces sorprendida, sabía de sobra que Rebecca, jamás se retractaba de sus palabras, o mucho menos disculparse por nada... hacerlo significaba para ella y para mí más de lo que hubiera creído, sonreí.

-Con quien deberías disculparte debería ser con el Teniente Coronel, no conmigo, después de todo, no dijiste nada sobre él, que no fuera verdad.

E intentando restarle importancia, intenté mostrarle la mejor de mis sonrisas, cosa que no pude hacer, puesto que ella soltó de repente:

-Tú lo amas ¿verdad?

Y yo no pude hacer otra cosa más que mirarla en silencio; Rebecca no era ninguna tonta, sabía más de lo que creía, de forma casi inconsciente mi mano hacia espalda.

No me sonrojé ni balbuce como una adolescente, después de todo lo sabía... sabía la respuesta a ésa pregunta, lo sabía desde que había tenido 14 años, sabía que lo que sentía por él y sabía perfectamente que eso había influenciado gran parte de las decisiones de mi vida.

Fuera la lluvia había amainado, ahora era solo una suave brisa.

Rebecca rió sin ganas, mientras yo (aún en silencio) la veía abrir abría la puerta y salir como un bólido del automóvil.

-No tienes que contestar, lo sé... te he visto como lo miras –sonrió con resignación - admiro eso de ti, pero no sé como lo haces... yo jamás podría hacerlo.

Y sin decir más, cerró la puerta tras de si, dejándome sola en medio de la noche.

000000000000

El verdadero amigo es aquel que está a tu lado cuando preferiría estar en otra parte.
Lew Wein

Gracias por leer.

María de las Mareas.