Inútil
Releí el reporte de los hermanos Elric, antes siquiera de levantarme y mostrárselo a mi superior.
Lugar de los hechos: Ciudad del Este. (Centro)
Oponente: Ishbal, seudónimo "Scar", nombre verdadero desconocido.
Datos adicionales: Hermanos Elric heridos; sin hospitalización, automail del Alquimista de Acero, destruido, restitución total, fuera de servicio durante su reparación, retorno a su pueblo natal. Escoltado por el alquimista del Brazo fuerte.
Bien, estaba bien, todo en su lugar, informe correcto, sin dar demasiada información sobre las prótesis del Alquimista de Acero, o sobre la armadura sin cuerpo de su hermano.
-Bien, muy bien.
No necesitaban saber más.
Teclee con la enorme máquina de escribir un último párrafo:
Atención:
Coronel Roy Mustang.
Seguido de los teléfonos y dirección de nuestra oficina.
Tomé el papel entre mis manos, volviéndome hacia mi superior, que girado completamente hacia el ventanal detrás de su escritorio, parecía ajeno al trabajo, a mi trabajo, o a mí, carraspee mi garganta ruidosamente haciéndole notar de mi presencia, solamente necesitaba su firma plasmada en él y quedaría listo.
-Éste es el último, Coronel. –Dije mientras colocaba la frágil hoja de papel por encima del escritorio de mi superior; había una cantidad considerable de papeles desperdigados por todos lados, sin embargo, no vio el papel que yo le tendí, giró un poco su silla, mirándome cual perro regañado.
-Le agradezco mucho, Teniente –Respondió él con voz de ultratumba.
Y yo no pude hacer otra cosa más que cerrar los ojos con enfado.
A veces era tan niño.
-Le recuerdo que todos los documentos deben estar firmados antes de la hora de la salida, eso es... –Y volviendo mi vista hacia un reloj encima de nuestras cabezas –En 20 minutos, Coronel, le recomiendo que se dé prisa.
Pero él no se molestó en contestar, volvió a mirarme como si le hubiese herido profunda y dolorosamente. Rodé los ojos mirando a mí alrededor, las mesas de mis compañeros de trabajo estaban vacías, todos se habían ido ya, todos habían terminado su papeleo y trabajo correspondiente al menos una hora atrás, y el Coronel sin demasiados miramientos les había despachado a todos, menos a mí.
Al parecer por haber cometido la imprudencia de haberle llamado como lo que era: "Inútil" un par de horas antes, cuando evité su segura muerte a manos del Ishbal apodado: Scar, me confería la nada agradable tarea de permanecer a su lado y aguantar sus miradas lastimeras...
Llevé una mano a mi sien masajeándola lentamente.
-Si el Coronel no me necesita más... –Dije con voz pausada -...Me gustaría retirarme. He terminado mi trabajo, el informe que le he entregado es el último, señor.
Y el fingió no verme o escucharme, tenía la vista clavada de forma lúgubre, en la nada, yo en cambio, me volví hacia mi escritorio, tomé mi bolso que colgué sobre mi hombro, me pareció escuchar el rechinido de la silla moverse apenas de forma audible, me acerqué hacia mi gabardina que colgaba de un perchero cercano.
-Buenas noches, Coronel. –Dije ya a la altura de la puerta, y él me regresó la mirada (lastimera), encaré mis ojos dorados contra los de él, sin dejarme amedrentar.
-Espere, teniente... –dijo como algo más que un leve susurro.
-¿Necesita algo más, señor? –Pregunté fingiendo una paciencia que no tenía.
-No.
-Entonces con su permiso me retiro, Coronel.
-¡Teniente!
-¿Si, señor?
El guardo silencio y así lo hice yo, se mordía los labios, podía ver como se debatía entre que decir y que callar, sin embargo, cuando su orgullo era herido, sabía de sobra, que no era (ni sería nunca) el más cabal y elocuente. Esperaba una pataleta como de un niño pequeño se tratara.
Se levantó con fuerza de su lugar tiró la silla tras de él y acusándome con el dedo índice en alto, bramó:
-¡¿Realmente crees que soy un inútil?!
Rodé los ojos, ahí estaba... sabía que no tardaría mucho en sacarlo a relucir.
-En éste momento –Dije con serenidad, señalando con un movimiento de cabeza la pila de documentos que se esparcían por todo su escritorio: -dicho calificativo es más que acertado.
Pude ver las mejillas de mi superior colorearse:
-¡Pude haberme enfrentado a Scar! –Gruñó sin dejar de apuntarme -si no hubieras intervenido.
-Ciertamente –Repliqué mordaz - también podías haber acabado muerto.
-¡Nunca lo sabremos!
Y luche por no soltar algún comentario demasiado hiriente:
-Sabemos de sobra cual hubiera sido el resultado, Coronel –Repliqué analíticamente - su capacidad como alquimista disminuye un 90% con un clima poco favorable –Pude ver como su rostro se contraía en una mueca -y aunque tiene experiencia en armas, no es destacable, se necesitaba un buen equipo para hacerle frente a un soldado de Ishbal... ¡y no un Coronel empeñado en actuar como un niño!
-¡¿Niño?! –Chilló él y yo maldije internamente mi última oración, el inconsciente me había traicionado.
-¿Negará que su actitud resulta infantil, Coronel?
-¡Por supuesto! –Replicó él con el orgullo herido, rodó su escritorio para acercarse con pasos presurosos contra mi - ¡Podría haber machacado ahí mismo a ése Ishbal, sin problemas!
-Eso era imposible, señor, si el Mayor Armstrong no hubiese intervenido, seguramente no estaríamos teniendo ésta ridícula discusión ahora. –Contesté yo a la defensiva pero sin permitirme perder la paciencia, abrí la puerta de la oficina: - Y con su permiso me retiro.
-¡No hemos terminado!- El Coronel, tomándome por sorpresa, cerró de golpe la puerta, no negaré que su actitud me irritó, había trabajado duramente todo el día para además estar aguantando los berrinches de mi superior.
-Claro que lo hemos hecho –Contesté yo tajantemente taladrándolo con la mirada - ¡con permiso! –Finalicé yo intentando volver a abrir la puerta, que él volvió a cerrar apenas unos segundos después, pero ésta vez él se las ingenio para atraparme entre sus brazos, con la espalda pegada a la puerta y sus brazos a ambos lados de mi cabeza.
-¡No te doy permiso de que te marches! –Contestó con fiereza.
-¿Piensa obligarme, Coronel? –Repliqué yo tanteando dentro de mi chaqueta militar mi fiel pistola.
-¡De ser necesario, si! –Contestó él entornando los ojos.
-Esto es desacato, señor. –Contesté, fingiendo no notar como la distancia entre ambos era cada vez menor.
Mi superior rió entre dientes, atrás parecía haber quedado su mal humor, me vi reflejada en sus oscuros ojos, él mientras inclinaba su rostro sobre el mío.
-Tal vez sea catalogado de acoso, Teniente. -Y yo como si estuviera hipnotizada quedé inmóvil con la puerta a mi espalda y sus manazas a ambos lados de mi cabeza, el olor de su colonia invadió mis sentidos, estaba tan cerca, que podía sentir su respiración entremezclándose con la mía.
El tiempo no había mermado el deseo, solo nos había hecho más cobardes.
Apreté las manos furiosamente, estábamos en instalaciones militares, si alguien entrara, si alguien nos viera. Voltee mi rostro, cuando sus labios estaban a una distancia absurda de los míos, casi me pareció notar que los rocé, no estaba segura, bajé la vista.
-Solo hice mi trabajo... –Respondí sin atreverme a verlo –Prometí cuidar tu espalda.
Roy alargó sus dedos hacia mí, intentó tomar uno de mis mechones rubios como había hecho cuando éramos solo dos jóvenes inocentes con demasiados sueños idealistas en la cabeza.
-Ri...
-Con su permiso, Coronel –Respondí abriendo la puerta, y quitando uno de sus brazos de un manotazo -me retiro.
Y sin atreverme a mirarlo una vez más, me perdí en la oscuridad del pasillo de las instalaciones militares.
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El corazón tiene razones que la razón ignora.
Blaise Pascal.
Gracias por leer.
María de las mareas.
