Rehén

Suspiré cansada, mientras metía la llave dentro de la cerradura, intentando no prestar atención al dolor que me punzaba en las muñecas, las cosas estaban tomando un giro que jamás hubiera imaginado, empezaría a haber un descontrol, y no sabía cómo proceder.

Selim Bradley, un homúnculo, y la imagen de ese pequeño y adorable niño, que podía hablar con una voz nada acorde a la infantil, y mirarme con unos ojos que pondrían a temblar al más valiente, me hizo estremecer.

¿Cuándo terminaría toda esta pesadilla?

Un par de ojos brillantes en la oscuridad me obligó a ponerme en alerta, quise alargar mi mano hacia mi pistola pero antes siquiera de desenfundarla, mi adorable mascota camino hacia mí, mirándome con esos ojos bolongos y oscuros, como si no entendiera el porqué de mi reacción.

Me maldije internamente, mientras notaba como empezaba a temblar de forma involuntaria, pasé al departamento cerrando la puerta tras de mí, mientras acariciaba distraídamente la cabeza de Black Hawkeye. No podía negarlo, tenía miedo, odiaba sentirme vulnerable, y ése homúnculo con apariencia de niño inocente lo había logrado, miré mis muñecas lastimadas, llevé mi mano hacia mi mejilla herida, retiré mi mano mirando un rastro de sangre en la punta de mis dedos.

Espiré, preocupada

¿Qué podía hacer? Y por un segundo un fugaz deseo de llamar al Coronel, cruzó por mi mente.

Sonreí como si fuera una idea absurda y rápidamente descarte dicha posibilidad.

No podía hablarle, sabía que si le contara lo sucedido, lo tendría en mi departamento en cuestión de minutos, estaba más que segura de eso, como también que estaba segura de que si le llamaba en ése momento, lo guiaría a una trampa.

Obviamente Selim o el Homúnculo Original, como se había autoproclamado, "Pride", no me había dicho su identidad solo por gusto, sabía de mi estrecha relación con el Coronel, y sabía que tarde que temprano se lo haría saber... solo le faltaba esperar que yo hiciera un movimiento para atraparme... no... Mejor dicho, atraparlo.

Llevé mis dedos hacia mi entrecejo, masajeándolo con delicadeza.

Aunque la idea de llamar a Roy me tentaba de sobremanera, jamás haría semejante insensatez, él también tenía sus propios problemas, encabezados por buscar al asesino de el General de Brigada Hughes, no podía simplemente preocuparle más de lo que debía.

El ruidoso timbre del teléfono a mis espaldas, me hizo respingar sorprendida, me volví hacia él, y tensa como me encontraba contesté, con la inquietud de esperar que la voz que escuchara a través del auricular no fuera la de un enemigo.

-¿Hola?

-Buenas noches, señorita, aquí su florista favorito, haciendo una llamada de Cortesía.

Y su voz alegre y entusiasta me tomó por sorpresa, obviamente reconocí la voz de mi ex jefe al momento.

-Yo no tengo un florista favorito. –Contesté yo, intentando mostrar un tono de voz casual, y él a través del auricular rió como un niño pequeño atrapado en una travesura.

-Si lo siento, verás... creo que tomé de más y compré un montón de flores, ¿podría hacerme el favor y llevarte algunas?

-¿Cómo podía ser tan irresponsable? –pensé y quise decirle eso, por un momento desee gritarle, que mientras él hacía al tonto y compraba flores, yo estaba tomada como rehén, y ahora no solo había de preocuparme de Bradley, sino que también tenía que preocuparme por su demente y peligroso "hijo", aunque a esas alturas era evidente que ellos de parentesco no tenía nada. Sin embargo, sabía que no podía decirle nada de eso, miré a mi alrededor había oscuridad por todos lados y él ya lo había dicho, me estaría vigilando desde las sombras...

Cerré los ojos sintiéndome descorazonada.

-...

Y él pareció entender a la perfección que algo no estaba bien, puesto que pronto dejó de lado su actitud infantil y socarrona:

-¿Qué ocurre? ¿Sucedió algo?

Y la sola idea de que él comprendiera sin llegar a verme o siquiera escucharme, que las cosas no estaban tan bien como trataba de demostrar, disolvió un poco el temor dentro de mi corazón.

-No, nada... -Respondí, aunque en ese momento una sola y pequeña palabra quería escapar de entre mis labios:

-Ven.

-¿Segura?

Negué con la cabeza, no podía permitírmelo, uno de los dos había de ser responsable.

-Todo bien, señor –Contesté yo y me enorgullecí de que mi voz adquiriera rápidamente ese tono profesional del que siempre me he caracterizado, miré hacia mi cocina, donde un florero vacío captó mi atención, sonreí sin ganas. - mis disculpas no tengo ningún jarrón donde ponerlas, aprecio que me haya llamado.

Me pareció que él empezaba a decir algo, pero yo, sabía que de continuar con esa charla, irrefutablemente le pediría que viniera a mi departamento, irrefutablemente caería en sus brazos, nunca lo había necesitado tanto antes...

No podía permitírmelo, así que sin más despedida, colgué.

Alargué mis brazos hacia mi pequeño perro, enterrando mi cabeza entre su pelaje, sonreí de forma involuntaria, agradecida de tenerlo como compañero a ése atolondrado, pero es que...

-¿Cómo sabe estar siempre en el momento exacto?

No tenía tiempo para pensar más en eso, examine mi apartamento de arriba hacia abajo, mirando todos los posibles lugares por los cuales pudiera entrar un enemigo, miré un par de ventanas de mi lado izquierdo, me acerqué hacia ellas, comprobando que los cerrojos estuviera bien puestos, alargué un par de mesitas de noche, puse un par de vasos de cristal, vacios sobre cada una de ellas, de modo que si alguien se atrevía a intentar entrar a mi departamento por la ventana irrefutablemente tumbaría los vasos de cristal.

Corroboré que cada habitación estuviera sola y sin ningún tipo de cambios, ¿puertas? Solo había una, la principal, corrí el cerrojo, y corroboré a través de la mirilla que no estuviera nadie detrás de ella, aunque sabía que todas mis precauciones, no servirían de nada si los Homúnculos, Bradley, Selim, o cualquier otro si se proponían acabar conmigo.

Me quité la casaca poniéndole con cuidado sobre un perchero, alargué mis dedos hacia mi pistola, y con los ojos clavados en la puerta; y mi fiel arma descansado entre mis dedos me senté en un sillón frente a ella.

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-¿Este asiento está libre? –Escuché mientras llevaba un bocado de pan a mi boca, su voz me hizo estremecer, levanté la vista encontrarme de pronto con los ojos azabaches de mi antiguo jefe, viéndome preocupado, pude notar como sus ojos recorrieron mi rostro, desde las profundas ojeras bajo mis ojos y la pequeña herida en mi mejilla, bajé la vista, tratando de no mostrarme demasiado ansiosa.

Sabía que lo vería, que la escueta llamada telefónica de la noche anterior, no le dejaría nada tranquilo, sabía que él trataría de comunicarse conmigo en algún momento, pero no esperé que fuera tan pronto.

Miré con discreción de un lado a otro el comedor militar donde estábamos los dos, yo ya comiendo, él próximo a hacerlo, él lugar no podía ser el peor para hablar, pero nadie parecía prestarnos atención, accedí con un movimiento de cabeza.

-Adelante. -Y él tomó un asiento frente a mí, y tuve que controlar un subito deseo de alargar mis manos hacia las suyas. ¿De donde había salido eso?

-Estas terriblemente animada hoy. –Dijo él, intentando ser gracioso, aunque sus ojos no mostraban alegría de ningún tipo, yo seguí comiendo como si no hubiera dicho nada, él en cambio pareció enfadado con mi falta de interés, y así sin más lo soltó: -¿Ha ocurrido algo malo?

-No, nada... –Mentí y seguí comiendo fingiendo tranquilidad -¿Qué tal el trabajo?

-¿Tu qué crees? –Contestó él, ahora con voz cansada, mientras firmaba unos papeles que llevaba bajo el brazo, que ni siquiera se molestó en leer: -Perdí a mis mejores subordinados y ni siquiera puedo escapar de esta basura a la hora de comer ¿Tu qué tal?

Fruncí el ceño.

-Siempre estoy ocupada con algo –Contesté conteniendo el deseo de obligarle a leer cada una de las hojas que se apilaban a su lado: - son muchas cosas, pero su Excelencia hace que todo vaya más rápido, eso ayuda... nunca sale antes del trabajo, es muy habilidoso y todo un caballero.

-... Algo me dice que esta conversación va a ser muy aburrida... -Contestó él de mala gana - ¿Por qué no almorzamos mañana?

-¿Se refiere a como lo estamos haciendo ahora?

-Ouch, es la segunda vez que me rechazan el día de hoy.

-¿La segunda? –Y por primera vez, dejé de lado mi estudiada indiferencia, el saber quien había sido la que había rechazado al Coronel, me intrigaba mucho más que cualquier otro tema en el mundo, llámese Bradley, Selim u Homúnculo.

-Sí, me encontré antes a la General Armstrong... –Y yo tuve que utilizar toda mi fuerza de voluntad para no reír, no tenía que decir más, lo comprendía perfectamente.

No entendía porque el Coronel seguía empeñado con ella... desde que se habían conocido Armstrong y Mustang, había surgido una rivalidad extraña entre ambos, Roy no podía tolerar que una mujer tan guapa como ella, rechazara todas y cada una de sus invitaciones a salir, y ella no podía soportar que "semejante idiota", palabras exactas de la General, tuviera un cargo tan alto en los mandos militares: -y ella tampoco dejó mucho para interpretar...

-Hablando del norte... -Y golpetee la mesa con cuidado con la taza de mi café un par de veces –Scar consiguió llegar, también los hermanos Elric...

Y pude ver como él me miraba en silencio, su actitud desenfadada cambió al instante, pude verlo recorrer con sus ojos mi rostro, clavó su mirar en mi mejilla derecha en la cual sabía aún podía verse la fina herida que el Homúnculo Original me había ocasionado.

Y Roy con la punta de su pluma confirmó, que había entendido mi clave, golpeteó igualmente sobre el papel en un par de ocasiones.

-¡No me digas!

Y sonreí para mí misma; si Selim Bradley, pensó que me iba a dejar espantada y frágil como un corderito tenía que replantéaselo una vez más, me había pasado la noche en vela, atenta de no recibir un ataque sorpresa, si... pero esa no era la única razón por la cual no había permitido que Morfeo me tomara entre sus brazos, había estado ideando un plan para poder informarle al Coronel la aterradora verdad.

Después de todo, ¿en quién más podía confiar? Selim, había cometido un error garrafal al revelarme su verdadera identidad, él podía tenerme vigilada las 24 horas del día, pues bien, no podía vigilar dentro de sus pensamientos.

Así, con un solo objetivo en mente, recordé una técnica de espionaje utilizada durante la guerra en Ishval, la técnica era simple, dar una pista a tu compañero, en este caso, dos golpecitos rápidos con una taza de café, para informar que empezara a tomar nota, si él lo comprendía, respondía de igual manera los golpecitos, y empezaba el intercambio de información, para ello utilizábamos nombres propios, tomando de ellos la inicial y empezábamos a transmitir el mensaje; era simple en teoría, pero decodificar un mensaje en una oración y que esta tuviera sentido y se escuchara como una conversación casual, no era tan simple como parecía.

Me había pasado la noche en vela, estrujándome el cerebro, intentando recordar todos los nombres de las personas que había conocido a lo largo de mi experiencia como Militar: (Scar, Elric, Lucy, Isaac, Miles, Buccaner, Rebecca, Armstrong, Dove, Lysander, Edgar, York...) y que se ajustaran a su nombre y la oración que quería transmitir.

Selim Bradley es un Homúnculo

Finalmente terminé la oración con un muy acostumbrado regaño:

-Si estabas ahí debiste haberlo parado, Starling intentó detenerlos y acabo en el hospital ¿Sabías?

Y golpee nuevamente mi taza, dando a entender que él mensaje había sido terminado, él como respuesta rió de forma infantil, y golpeteó a su vez, con la punta de la pluma.

-Eso me recuerda...

Pero no le permití terminar, ya había hablado demasiado, no quería que nos sospechara de nosotros más de la cuenta.

-No tengo más tiempo para hablar –Dije yo levantándome de inmediato fingiendo ver un la hora en un reloj de pared cercano. –Lamento dejarle solo.

Y me pareció escucharle contestar algo, pero no preste demasiada atención, me dirigí hacia la salida rumbo a mi trabajo, mirando sin querer una vez hacia atrás, la silla donde había estado antes él, ya estaba vacía.

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No puede impedirse el viento. Pero pueden construirse molinos.
Proverbio holandés

Muchas gracias por leer.
María de las mareas.