Venganza.

Pude sentir como si por un segundo todo el aire de mis pulmones me hubiera abandonado casi por completo, el fuerte golpe contra las losetas de piedra, me arrancaron mi peineta y el aliento, me sentí desorientada por un momento, pero me recuperé casi al instante, miré con los ojos llorosos al Homúnculo que podía cambiar de forma frente a mí.

-Te mostraré a tu preciado coronel, miembro por miembro... –chilló como enloquecido y yo luche por zafarme de su fiero agarre, si creía que iba a vencerme así de fácil, estaba muy equivocado.

Un chasquido lejano y una llamarada delante de mí, salida de entre un recoveco de aquel laberintico lugar, me liberó, no tuve ni siquiera necesidad de preguntar quien había sido, pude reconocer en sus llamas a mi salvador.

-Estabas atacando a uno de mis queridos subordinados... –Dijo mi liberador y el solo sonido de voz, logro hacerme sentir como si el corazón se me saliera del pecho, intenté ponerme en pie tan pronto le escuché, pero me fue imposible, aún seguía aturdida y la herida en mi hombro, escocía demasiado como para moverme con libertad, así que aún tirada contra el piso, levanté el rostro para encararlo:

-¿Coronel?

-No más temeridades teniente –Me reprendió para mi extrañeza, mirándome de soslayo con expresión sombría: - ya le dije que yo mismo lo mataré.

Y aunque estaba agotada y herida, no pude dejar de pasar por alto su mirar, ajeno y frio, totalmente diferente al Roy que había conocido de toda la vida, en cualquier otra situación, estaba segura que habría corrido a auxiliarme o tan siquiera, preguntar cómo era que me encontraba, pero no lo hizo, solo me miró lleno de indiferencia, como si no fuera nada para él.

Me mordí un labio, angustiada, pero por supuesto que no lo notó.

-Maldito... humano... –Chilló el homúnculo Envy, en un desesperado intento de atacarlo inútilmente.

Pero el coronel, no lo permitió, atacó y atacó como no lo había visto hacer nunca, llamaradas gigantescas para un ser tan diminuto, era demasiado, un último chasquido de los dedos del coronel, acabaron con la figura delgada y de largos cabellos azabaches; dejando a su rastro una silueta cenicienta y un ser verduzco que fácilmente podía ser catalogado de gusano. El animalejo, empezó a serpentear en el piso maldiciendo, en una voz mucho más aguda y molesta, antes de ser pisoteado con violencia por el coronel, manteniéndolo dolorosamente inmóvil contra el piso.

-¿Esta es tu verdadera forma? - Dijo mi superior clavado sus ojos en él, mirándolo con asco: -¡Qué horrible! – Y su voz me pareció más terrible que nunca, jamás lo había escuchado hablar así, miré sus ojos oscuros cargados del más profundo odio que hubiera visto, la figura verduzca había empezado a clamar por su vida suplicando piedad y su mirar se afiló contra él.

Miré extrañada a Roy, jamás había sido un sádico, ni de ni niño o militar, ni siquiera en la guerra contra Ishval, era un hombre honorable, que aún contra los enemigos mostraba una cara más humana, jamás habría ignorado los gritos de suplica de un desdichado, pero su expresión no cambió en lo más mínimo.

-La envidia es una emoción horrible...

Y yo no pude hacer más que levantarme a traspiés tan rápido como pude, apreté los dientes intentando ignorar el dolor, ¡eso ya era demasiado, él no era así! y me reprendí mentalmente de haber sido incapaz de reconocer el dolor y la frustración que debió haberlo estado carcomiendo por dentro desde la muerte del General de Bridada Hughes.

Tomé una de mis pistolas regadas por el piso, sin siquiera comprobar si estaba o no cargada y sin dejar de sentirme como en una pesadilla apunté contra quien jamás lo hubiera creído, al centro de la nuca de Roy presione el gatillo, esperanzada que hubiera todavía algo de humanidad en él, la suficiente como para que pudiera recordar su promesa.

-... podrá dispararme en cualquier momento, si me salgo del camino máteme con esas manos, le doy permiso para eso...

-¿Qué significa esto, teniente? –Preguntó él con frialdad sin siquiera volverse, y yo sin dejar de apuntar contra él, contesté:

-Ya es suficiente, coronel, yo acabaré con esto. –Respondí en voz calma, no podía dejar de notar que aún tenía la mano hecha un puño y podría acabar contra la sabandija retorciéndose bajo su pie, en menos de un segundo.

-No necesito su ayuda –Respondió él y añadió con tono nada amistoso - ni la quiero, baje el arma.

-Me temo que no puedo hacer eso. –Insistí con voz monocorde, ignorando el hecho de que las manos me sudaban tanto que apenas podía sostener correctamente el arma, parecía que las cosas no iban a ser tan sencillas, como hubiera deseado.

-¡Maldita sea! –Gritó él furioso. - ¡baja el arma, ahora mismo!

Apreté mis dedos contra la pistola, temiendo una represalia, estaba casi segura que iba a atacarme, y no sabía si podría responder a un ataque directo de él, cerré los ojos por un segundo, esperando, pero nada ocurrió y solo hasta que escuché su voz aparentemente en calma, supe que no estábamos solos.

-Dámelo, Acero.

Y busqué con la mirada al dueño de dicho sobrenombre, miré sorprendida a Edward-kun, en compañía de Scar frente a nosotros a unos buenos metros de distancia, el pequeño homúnculo, ya no estaba bajo la suela de los zapatos de Roy, ahora aguardaba prisionero entre la mano del mayor de los Elrics, que a su vez miraba ceñudo a mi superior.

-Ni lo sueñes.

-Merece una muerte dolorosa y humillante –Gritó Roy descontrolado, y yo miré extrañada como era que él gritaba a ése pequeño niño que el valoraba más de lo que admitiría -¡Dámelo o quemare tu brazo!

-Adelante, ¡quiero ver que lo intentes! –Gritó el rubio a su vez, y vi como el coronel pareció pensarlo por un segundo:

-No puedo dejar que mate a Envy, coronel. –Me inmiscuí yo, temiendo que tal vez Roy pudiera atacar al joven alquimista, quería hacerlo entrar en razón antes de que pasara una desgracia: - pero no tengo intensiones de dejarlo vivir, yo me encargaré de él.

Y él siguió con el puño apretado, mirando a la pequeña criatura verduzca:

-Me ha llevado tanto tiempo –Y su voz parecía cansada y frágil, parecía un débil intento de explicarse, tratar de persuadirnos de que lo dejáramos continuar: - ¡Y al fin lo he encontrado!

-Lo entiendo... –Contesté yo, y sentí como la voz empezaba a quebrárseme, y los dedos engarrotados en torno al arma, comenzaban a temblar -pero aún así... solo quiere satisfacer su odio... por favor... coronel...-Quise decir su nombre, quise decirle que no quería perderlo a él, no de esa manera tan brutal, era lo único bueno que me quedaba, quise decirle que no se atreviera a dejarme sola. -no vaya a donde no puedo seguirle.

Roy tomó un segundo de silencio, a su espalda no podía ver su reacción, sus hombros tensos y su mano en puño alto me hacían esperar lo peor.

-Si vas a disparar, dispara, pero ¿qué harás luego de que yo muera?

En cualquier otra situación hubiera contestado con fingida frialdad, que su pregunta era por lo más soberbia, no éramos siameses, podíamos vivir él uno sin otro perfectamente, sin embargo, esa pregunta me tomó por sorpresa, y tal vez fuera por la tensión del momento, o quizás la adrenalina que bombeaba a toda prisa mi corazón, me impulsó a responder con sinceridad:

-No deseo vivir una vida feliz y de libertad, sola, una vez que la batalla acabe, mi cuerpo dejara este mundo junto con el cadáver del alquimista de fuego.

Y un sonido gutural escapó de entre sus labios, un grito de dolorosa resignación, y un chasquido flamante, perdiéndose en la negrura, fue la respuesta a ésa malsana ira.

-Inaceptable... –Contestó él girándose levemente, bajando la voz, intentando que solo le escuchara yo, aunque dudaba que a Scar o Edward-kun les importara: - no te perderé a ti también... –Y tomando mi mano con extrema suavidad continuó: -Soy un completo idiota... Baje la pistola, teniente... discúlpame.

Y sin más se dejó caer en el suelo, derrotado, y yo me dejé caer junto a él, intentando ignorar las palabras de Envy, que intentaba con el último soplo de vida lograr una disputa, que no por fortuna no se consumó, el renacuajo finalizó él mismo su vida, no sin antes despedirse del mayor de los Elric, que según él, lo había entendido.

Mis ojos se volvieron desde donde el envidioso homúnculo había muerto hacia mi superior, pero él ni siquiera me miraba, con su mano prensada furiosamente frente a sus ojos, se mantuvo en silencio e inmóvil por unos segundos más, pude ver como el joven rubio miraba dudoso la situación, el coronel no se levantaba, ni parecía tener deseos de hacerlo, sin embargo, sabíamos que debíamos de continuar, miró receloso hacia mí, y preguntó dubitativo.

-¿Teniente?

Miré a Roy un instante, y luego hacia el joven Elric con una sonrisa amable, dije apenas con voz suave:

-¿Nos permitirían unos segundos, Edward-kun?

-Por supuesto. –Dijo él incomodo, parecía sospechar como varios ya habían hecho antes, que entre los dos había algo más que una añeja amistad, pero era demasiado joven e inexperto como para decir nada, así que alejándose junto con Scar un par de metros nos ofreció un poco de intimidad, podíamos verlos y ellos a nosotros, pero era lo máximo a lo que podíamos aspirar en ese momento.

-¿Coronel? –Llamé yo suavidad, sin atreverme a mover de mi lugar.

-¿Cómo esta su hombro, teniente? –Preguntó él y yo pestañé sorprendida de que aun recordara la herida, yo ya ni siquiera la sentía.

-Bien, fue solo un roce, nada de qué preocuparse.

Levantó su cara y me miró con ojos tristes y enrojecidos, sonreí con nostalgia, sabía perfectamente que el odiaba que lo vieran llorar, ese ego masculino aún le pesaba en situaciones delicadas como esa.

-El General de Brigada Hughes, estaría muy orgulloso.

-Le prometí encontrar a su asesino y vengar su muerte.

-Hizo lo correcto. –Aseveré yo con una sonrisa amable, pero él no parecía satisfecho, negó con la cabeza mientras echaba una cabezada hacia el lugar donde Elric y Scar nos esperaban.

-Si Acero no hubiera llegado, seguramente te habría atacado.

Mi sonrisa se volvió más grande, e ignorando el hecho de que nos estaban viendo, alargué mis dedos hacia su rostro, pude verlo respingar extrañado de ese contacto, cuando toqué su piel en medio de su frente.

-No si primero te disparaba yo. –Y deslicé con suavidad mi mismo dedo por su frente, retirando por un momento, los flequillos que volvían a su lugar graciosamente apenas un segundo después, él medio sonrió resignado, y alargando su mano hacia la mía, la tomó con la misma gentileza que había hecho unos minutos atrás, entrelazando sus dedos con los míos.

-Teniente. –Y llevó mi mano junto con la suya hasta sus labios, pero apenas a un centímetro, de distancia pareció pensarlo mejor y las retiró, sonrió con suavidad y restregando sus ojos con su otra mano enguantada libre, añadió: -Gracias.

Le miré sería sin dejar de notar que nuestras manos aún seguían entrelazadas, miré de reojo al par que nos esperaban unos metros más allá.

-Cuida mi espalda, dijiste. –Contesté yo, recordando sus palabras.

-Y mátame si me salgo del camino –Contestó él a su vez, al parecer si había recordado lo que habíamos prometido hacía varios años atrás - jamás creí que lo tomaras literalmente.

-No me ordenes algo, si no esperes que realmente lo cumpla. –Contesté yo con mi mismo tono de voz frío y analítico como quien habla del gasto del mes, o de un reporte aún no realizado.

Él rió entre dientes, triste, y sin ganas, pero al menos hizo el intento, y yo se lo aplaudí, era un buen comienzo, sacudió su cabellera azabache antes de levantarse ayudándome a mí de paso. Ninguno de los dos parecía levemente incomodo de notar que nuestras manos seguían firmemente unidas.

-Lo tendré en cuenta, teniente... –Y pude sentir como apretó suavemente mi mano antes de volverse y llamar: – ¡Acero! –Y nuestras manos se soltaron en ése mismo instante repeliéndonos como si fuéramos un par de magnetos, el aludido se volvió hacia nosotros con un brinco, Roy se volvió hacia él arrogante y fastidioso, como si hubiéramos perdido tiempo por causa de él, y no al revés.

–Vamos, ya perdimos mucho tiempo aquí.

Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él.
Sir Francis Bacon