La Diferencia entre el sexo y el amor
Capítulo 26: Los que nos odian…
Todo el escándalo había pasado de buena manera. Gracias al cielo, la prensa no se enteró ni un poco de los problemas de la pareja. Era fin de semana, tal motivo daba a conocer que el joven pelirosa se encontraba en casa, con su esposo y su pequeño Rikku. Eiri se encontraba leyendo el periódico completamente relajado o quizás tratando de relajarse, ya que había acabado de redactar la novela que debía entregar el día anterior; Rikku se hallaba sentado en la mesa del comedor, pintando un lindo dibujo de su mamá y papá y, por último, Shuichi cocinaba el desayuno.
- Chicos, la comida está servida. Rikku ¿podrías desocupar el comedor? –pide amablemente el chico.
- Si, mamá. –El niño se levanta de su asiento para después ayudarle a arreglar la mesa.
- Eiri ¿me has oído? –le pregunta a su esposo al ver que este seguía inmutado.
- ¿Ya está la comida?
- Eso es lo que acabo de avisar. ¿Por qué estás tan distraído?
- Por nada. –Lentamente se levanta y se sienta listo para desayunar.- ¿Quieres darme mi café? –dice esto último con gesto de molestia.- Tengo mucha hambre.
- Ten…-se limita a musitar, entregándole el café a Eiri.- ¿Te sucede algo malo? Luces molesto…
- Solo estoy cansado, no me hagas caso…
- Pero me incomoda verte así. Si yo pudiera ayudarte…
- Te digo que estoy bien ¿acaso no me entiendes? –le impone, levantando bastante la voz e intimidando a Shuichi.
- Papá, por favor, no grites…-pide temeroso.
- Todo está bien, Rikku. Sigue desayunando, por favor –le pide Shuichi.- ¿Está bueno?
- ¡Está muy rico, mamá!
- Me alegro mucho. Etto…Eiri, ¿quieres algo más? –le pregunta al ver que este solo tomaba su café.
- No, así estoy bien. Comeré después.
- No tienes que temer por lo que cocino, no creo que vaya a matarte comer un poco…-le confiesa indignado su esposo.
- No es por eso…
No era su intención tratarle de esa manera, simplemente el trabajo lo estaba consumiendo demasiado y el estrés estaba afectando también a su pequeño pelirosa. Miró a Shuichi, cabizbajo, triste y ofendido. Se sintió mucho peor al verle así. Era difícil cambiar, amaba estar con Shuichi, pero la presión del trabajo estaba consumiendo toda su energía. De repente pensó en el esfuerzo de su pelirosa. Shuichi trabajaba un poco más que él y encima de todo fuera de casa, exigiendo al máximo su voz y energías. Trabajó tan duro para estar un fin de semana con su familia, no era justo tratarle así, debía hacerlo feliz, esa fue la promesa que se había hecho a sí mismo.
- Oye, lo siento. No fue mi intención tratarte así.
- No te preocupes, toma tu desayuno o se enfriará. Da igual si no lo quieres…
Era tarde para arrepentirse, Shuichi estaba bastante enojado y al parecer no cedería muy pronto ante sus disculpas. El rubio miró a su hijo, quien le jalaba insistentemente la camisa. Un gesto simple por parte de Rikku y el escritor entendió lo que debía de hacer.
- Lo siento, de veras…-dijo el de ojos gatunos, para después brindarle un pequeño beso en la frente a su enojado esposo.- Tu comida está deliciosa…te felicito.
- ¿En serio está buena?
- Si, has sabido esforzarte…
- No voy a hablar contigo, aún estoy muy molesto.
- ¿De veras?
- Así es, y mi última palabra has escuchado.
- No me lo creo, yo se que quieres perdonarme –dice para después recorrer la mejilla izquierda de Shuichi con sus pequeños besos.- Vamos, di que me perdonas.
- No lo voy a decir, esta vez si que te pasaste del límite, Uesugi Eiri.
- En serio lo lamento, solo estaba un poco estresado, tú me entiendes, Shu-chan.
- Rikku-kun, ¿ya has hecho tus deberes?
- Si, mami, las hice ayer yo solito.
- Me da gusto. Más tarde saldremos papá, Tú y yo.
- ¡Si, qué bien mami!
- Oye, espera, yo no pienso ir. Quiero descansar, Shuichi.
- Si no vas, olvídate de que voy a perdonarte.
- ¡¿Qué?! ¡No puedes hacerme esto!
- ¿Pues qué crees? Ya lo hice. Terminen de comer sin mí, iré a hacer algunas compras para el almuerzo de hoy.
- Yo voy contigo, mami –le dice Rikku.
- No, mejor quédate aquí a hacerle compañía a papá que parece que aún no quiere reaccionar. Deben cuidar bien la casa ¿vale?
- Pero, Shuichi. Si alguien te reconoce, te va a ir mal. Lo sabes ¿no?
- Soy consciente de ello, pero será peor si vamos todos. No te preocupes, estoy bien yendo solo.
- ¿Estás seguro?
- Obviamente lo estoy, en serio no pasará nada, además puede que me encuentre con mamá en el supermercado, al fin y al cabo es al único al que va y siempre alrededor de estas horas. Será mejor que me vaya marchando o si no, no me toparé con ella.
- Ten cuidado con el gentío, Shu-chan.
- Lo tendré. ¡Nos vemos más tarde! –Shuichi cierra la puerta tras de sí.
- Oye, papi. ¿Tú quieres a mi mamá?
- ¿Por qué me preguntas eso? Es obvio lo que siento por ese mocoso…
- Ya veo.
Fuera de allí, un muchacho pelirosa caminaba pausadamente por el supermercado, con la intención de hacer unas buenas compras. La pequeña gorra que traía puesta apenas y ocultaba su cabello, pero la gente solo se limitaba a verle de lejos.
- Shuichi, eres tú, hijo.
- ¡Mamá! Andaba buscándote por todo el establecimiento. ¿A qué hora llegaste aquí?
- Llegue apenas hace unos minutos. ¿Estás comprando cosas para el almuerzo, hijo?
- Pues, algo así.
- ¿Ya pensaste en qué vas a hacer para el almuerzo?
- La verdad es que estaba pensando cocinar un Curry para comenzar…
- Ah, ya entiendo, entonces mamá te va a ayudar.
- Muchas gracias, mamá.
- Pero, Shuichi, ¿tienes idea de cómo cocinar?
- No te preocupes por eso. La novia de Hiro me ha enseñado muchas cosas, ahora si ya siento que puedo cocinar algo decente por primera vez en mi vida.
- Tampoco exageres, hijo. ¿Están bien tus niños?
- ¿Eh? ¿Mis niños? Pero, si por el momento solo tengo uno o es que ya no te acuerdas, mamá.
- Me refiero a Eiri también, Shuichi.
- ¿Eiri? ¡Ay, madre! Él ya no es un niño al que tengas que consentir.
- Según lo que oí de Touma-san, Eiri te da bastantes dolores de cabeza cuando a Rikku se refiere, hijo. Ahora que lo digo, no he tenido la suerte de conocerlo.
- Puedes ir a casa, si eso deseas, mamá. Nos honrarías mucho con tu visita, además necesito una buena crítica de mis comidas.
- Bueno, está bien. Si mi hijo me invita, sería descortés rechazarlo.
Shuichi solo sonrió al comentario de su madre. Terminadas al fin las compras, el pelirosa y su madre caminaron tranquilamente por la calle hasta llegar a la nueva casa del primero mencionado.
- Una de las grandes ventajas de vivir aquí, es que el supermercado está muy cerca. Espero poder visitar a mí para tener oportunidad de agradecerle tan buen regalo.
- Ojala y sea así, Shuichi.
Rápidamente se abrió la puerta dejando ver las dos siluetas entrantes. Rikku fue rápidamente a abrazar a su madre y se abalanzó sobre ella dejando estupefacta a la madre del pelirosa.
- Has llegado, Shuichi. Okaeri.
- Tadaima, Eiri.
- Buenas tardes, Eiri. ¿Has estado bien?
- ¡Ah! Buenas tardes, mamá. Estoy muy bien. Siéntate, por favor.
- Muchas gracias.
- Vamos, Rikku, suéltame…-le pide Shuichi al niño.
- No, no te quiero soltar, mamá.
- Vamos, pequeño, tengo que hacer el almuerzo.
- Es que te he extrañado mucho.
- Si me fui apenas por media hora, pequeño…
- Así que él es el famoso Rikku. ¿Cómo estás? Yo soy la mamá de Shuichi.
- ¿Eres la mamá de mamá Shuichi?
- Así es, Rikku-kun, ella es mi mamá.
- Pero, no se parecen…Mamá Shuichi no tiene el cabello así ni los ojos así de chiquitos.
- Verás, Rikku-kun, lo que pasa es que ella es como mi madre, porque mamá Shuichi se quedó sin mamá cuando era muy chiquito.
- ¿Y tu papá? ¿Tu papá también se ha ido?
- Niño, niño, mejor ve a ver un rato la televisión mientras los adultos conversamos ¿te parece?
- Pero, Rikku también quiere oir.
- Rikku-kun, hazle caso a papá y ve a tu habitación ¿si? –le pide Shuichi a su hijo, provocando que este no pueda resistirse.
- De acuerdo, mamá.
El niño se marcha, dejando a los tres adultos solos en el recibidor. La madre de Shuichi mira a ambos, la atmósfera se puso tensa de repente, así que tuvo que hablar para descongelar el hielo.
- Y, díganme ¿qué tal está la casa? ¿Pueden adecuarse bien?
- Hasta ahora no ha habido problemas, mamá, todo está bien.
- Si, muy bien –agrega Eiri.- Además, Shuichi se ha interesado por aprender a cocinar. Podemos decir que nuestra vida no es mala, excepto por el enano que empezó a vivir con nosotros.
- ¿Ya vas a empezar con lo mismo? Te dije que dejaras de molestar a Rikku-kun.
- Si, ya paro…
- Ustedes son bastante cariñosos, sobre todo tú, Eiri.
- Bueno, iré a cocinar.
- ¿Quieres que te ayude, Shuichi? Puedo hacerlo. –le dice Eiri.
- No te preocupes, amor, puedo solo. Quiero probar que tal me sale después de que Ayaka-chan me enseñó a prepararlo.
- Bueno, está bien. Nada más no vayas a destruir la cocina.
- Muy gracioso, Eiri…
Se dio la vuelta para involucrarse en la cocina mientras que Eiri veía de manera preocupada la dirección por la que Shuichi desapareció. La madre del menor se dio cuenta de ello y decidió hablarle a su cuñado.
- Eiri ¿te preocupa algo?
- No, madre, en lo absoluto.
- Ves con tanta preocupación la cocina. ¿Temes que Shuichi pueda incendiarla?
- No me preocupa la cocina, madre. Me preocupa mi manera de ser…la forma en la que trato a mi familia. Hoy…estaba tan estresado por el trabajo que traté de mala manera a Shuichi, lo ofendí y me siento realmente mal. Creo que, después de todo, no puedo cambiar.
- Eiri, no digas eso, hijo. Cambiar una actitud lleva tiempo y yo soy consciente del amor que sientes por mi pequeño Shuichi, incluso sé que Shuichi lo entiende aunque a veces se ofenda, es parte de su personalidad…Mi hijo ha vivido contigo antes, te conoce tanto como tú a él, no te sientas mal, solo tienes que disculparte cuando te des cuenta de que has obrado mal involuntariamente.
- Él es muy bueno conmigo, es atento, paciente y cariñoso, sé que pedir más sería imposible, prácticamente lo tengo todo, pero a veces siento de que perderé todo eso si no cambio rápidamente.
- Si intentas hacerlo rápidamente, prácticamente te estarás forzando a tal punto de pretender fingir el cambio, créeme que de esa manera vas a lastimar más el corazón de Shuichi.
- Entonces ¿qué debo hacer?
- Simplemente habla con él, sé sincero cuando te sientas cansado y necesites soledad, nada ganarás con descargar tu estrés con Shuichi. Recuerda que él también trabaja y sufre de presión.
- Está bien.
- Me alegra que lo entiendas.
El almuerzo se llevo de buena manera aquel día, la comida de Shuichi resultó un verdadero manjar para quienes lo probaron. Casi cayendo el atardecer, la madre de Shuichi se despidió de la feliz familia y retornó a su hogar. Pasando el fin de semana, los tres miembros de la familia se encontraban realizando sus respectivas labores diarias. Eiri tenía un nuevo deber que cumplir y Shuichi se preparaba para un importante concierto. Eran las 3:15 de la tarde cuando Eiri se dirigió a la escuela a recoger a Rikku.
- Buenas tardes, ¿ya está listo el niño? –Pregunta el escritor a la maestra, quien no lucía muy feliz que digamos.- ¿Pasa algo?
- Pues, verá, como se lo digo. Rikku-kun hoy…
- ¿Sucedió algo malo con ese niño?
- La verdad es que…hoy se ha peleado con uno de sus compañeros y…he tenido que castigarlo…No entiendo qué sucedió, él no era así.
- Ya veo. ¿Podría llevarlo a casa? Quizás aprenda si recibe lo que merece…
- Enseguida lo traeré…
Unos minutos después, la maestra vino cogiendo a Rikku de la mano, quien no se veía para nada contento, tenía una gran marca roja en el rostro, cosa que llamó la atención de su padre.
- Vámonos ya, Kitazawa…-le dijo de mala manera el rubio.- Ya me oirás en casa…
Ambos se dirigieron a casa en completo silencio. El pequeño Rikku no se dignaba a mirar a Eiri, por temor a que este le gritara. Lo que más temía en el mundo, era la actitud de su padre cuando se enojaba.
- Pasa a la casa, niño.
- Rikku-kun ¿Qué te ha pasado en el rostro?
- ¿Shuichi? ¿Qué haces tan temprano en la casa?
- Me dieron la tarde libre. Pequeño… ¿qué te ha sucedido en el rostro? –vuelve a preguntar Shuichi, acariciando la mejilla del niño.
- Me han golpeado…
- Lo golpearon porque seguramente él comenzó a golpear a su compañero…eso es lo que su maestra me dijo…
- ¿Por qué lo golpeaste, Rikku-kun? Un buen niño no hace esas cosas…debiste tener una razón para hacerlo. ¿Había una?
- Si…la había.
- ¿Me la dirías? ¿Le dirías a mamá esa razón?
- Yo…quise jugar en el recreo con Kei-kun, lo invité a casa y me dijo algo muy feo que me molestó y por eso le pegué.
- ¿Qué fue lo que Kei-kun te dijo?
- Dijo que no iba a ser mi amigo porque su mamá le dijo que mamá Shuichi y papá Eiri son malas personas…dijo –las lágrimas empezaron a correr por las mejillas del pequeño.- Dijo que ustedes no deberían estar juntos, que era malo, que eran una amenaza para nosotros… ¡dijo que mamá Shuichi es un fenómeno al igual que mi papá! ¡Dijo que no deberían existir! ¡Dijo que yo era malo también por estar con ustedes! ¡Dijo que a personas como ustedes Dios no los ama, que los va a dejar en el infierno!
Este comentario si fue un balde de agua muy fría para Shuichi. Eiri se había quedado callado y sin nada que poder decir. ¿Cómo era posible que un adulto les dijera esa clase de cosas a los niños? Era cruel. Shuichi comenzó a llorar, fue abrazado por Eiri quien apoyó su cabeza en el hombro de su esposo. Rikku, por su parte, sintió que había hecho algo muy malo.
- Perdón, mamá, no quise ponerte triste…
- Rikku, tengo que decirte algo –le comunica Eiri.- Shuichi no es una niña, pequeño, Shuichi es como yo, un niño. La gente ve de mala manera que nos hayamos casado porque lo normal para ellos es que un matrimonio sea de un niño con una niña.
- Pero, Rikku ya sabía que mamá Shuichi no era una niña. Yo sé que Shuichi-san es un niño, pero igual yo le quiero como mi mamá…
- Rikku-kun… ¿no me odias? ¿No nos odias por lo que la gente dice de nosotros? –le pregunta con desesperación Shuichi.
- Yo le pegué a Kei-kun porque yo los quiero…y no me gusta que digan eso de ustedes. A Rikku no le importa lo que la mamá de Kei-kun diga, yo solo quiero estar con ustedes…
- Muchas gracias, Rikku-kun…
- Mami, ya no llores, te ves más bonita cuando sonríes…
- Rikku tiene razón, Shuichi, no tienes que preocuparte…
Él lo sabía, mientras tuviese el amor de su Eiri y de su pequeño Rikku, él podría vencer todo, superar todo, porque no estaba solo, porque no era un pecado amar como ambos se amaban…De ahora en adelante, no pensaría en lo que diga la gente…
