Final

Apreté las flores blancas entre mis manos y caminé sin mucha prisa, sentía las piernas pesadas como si fueran de plomo, me reprendí mentalmente por mi actitud, ¡estaba actuando como un chiquillo! Anduve y lo seguí haciendo, luchando contra la presión en mi pecho que se cernía sobre mi cada que pisaba ese lugar, seguí, faltaba muy poco.

Y por primera vez, me maldije de hacer caso a mi fiel teniente, me había prometido no volver jamás a ése lugar, la última vez que lo visité fue poco antes de aquella batalla contra los Homúnculos, cuando juré en vano una venganza que no pude cumplir.

Miré a mi alrededor, el lugar estaba casi vacío dada la hora, pronto anochecería algunos grupos de personas aquí y allá hablaban entre ellos, contaban anécdotas y soltaban estruendosas carcajadas; fruncí el ceño extrañado, dudoso que en ése lugar en algún momento se hubiera escuchado el jubilo de esa tarde.

Sin embargo, ése día todo se permitía, el 13 de Julio día del Obon (Festival de los difuntos), toda la tristeza que debían de pulular en los cementerios parecía brillar por su ausencia, los llantos eran cambiados por sonrisas y la angustia por alegría, ése día, era una fiesta, porque aquellas personas que se habían marchado, volvían en esencia al menos por tres días (o esa era la creencia) y eso claro estaba, debía celebrarse.

-¿Celebrarse? –Pensé con amargura, mirando con resentimiento a mí alrededor –celebrar ¿qué? alegrarme porque una persona querida ya no estaba a mi lado, celebrar que ya no podía escuchar su voz, sus consejos, sus bromas, sus risas, sus alegrías y miedos.

¡¿Ese era motivo de celebración?! –Y apreté de forma inconsciente las flores entre mis manos.

¿Celebrar? ¡¿Qué?! Que había perdido para siempre a mi mejor amigo ¡qué digo amigo! El hombre que consideré como mi propio hermano, ya no estaba más a mi lado y jamás lo estaría.

Detuve mis pasos al reconocer que había llegado a mi destino, definitivamente los humanos, muchas veces éramos bastante extraños.

-Ey –saludé sin ganas, incliné la cabeza como un respetuoso saludo, y me permití leer el nombre de aquel cuyos restos descansaba bajo esa brillante lapida –ha pasado tiempo, ¿no General de Brigada Maes Hughes?

Y una inmensa sonrisa triste surcó mi rostro, por unos segundos desee de corazón, escuchar una respuesta a mi saludo, pero evidentemente, eso era imposible, miré su lapida, estaba casi llena de arreglos florales; regalos, fotografías y algunos platillos que sabíamos que gustaban a Hughes, ya que la costumbre dictaba esa tradición.

Clavé la rodilla en el suelo, mirando distraídamente los arreglos florales antes de poner el mío en medio de tres que llamaron mi atención; unos hermosos y elegantes tulipanes con una tarjeta escrita en una fina caligrafía que reconocí como la de su esposa, ornamentados arreglos de rosas blancas con el sello de la familia Armstrong, y por último unas delicadas flores silvestres firmadas con el apellido Elric en una esquina, acomodé mi modesto ramo de flores y me erguí con la mirada clavada en su nombre grabado en marfil.

-Tienes muchos regalos, Hughes –dije yo, intentado parecer alegre - había gente que te quería, a pesar de ser tan terriblemente molesto.

E imaginé su reacción, hubiera mostrado como siempre una actitud desenfadada, me habría visto por encima de sus lentes y habría reído ante mi comentario, casi me pareció escuchar la contagiosa risa de mi mejor amigo.

-Han pasado muchas, cosas, Hughes...

Nuevamente mi imaginación volvió a mostrarse más ávida de que lo jamás creí, casi me pareció escucharlo pararse a mi lado, meter las manos en los bolsillos del pantalón, mirar hacia el infinito, hacia la nada, imitando mi postura y con su actitud relajada y una sonrisa en los labios, diría como el mejor amigo que siempre fue.

-Cuéntamelo todo.

-Todo ha mejorado considerablemente –Dije yo mirando el cielo, que empezaba a teñirse de rojo, la luna comenzaba a aparecer tímidamente entre las nubes del ocaso, las personas que se encontraban de visita con sus difuntos empezaban a retirarse - Grumman, tiene ya tres años en el cargo y lo ha hecho bastante bien, aunque no se puede negar que sigue siendo (y tal vez siempre lo sea) un viejecillo atrevido, Havoc me comentó el otro día que habló con él, y según su versión quiere ser él, el primero que legisle la ley de que todas las militares usen minifalda.

Reí solo de imaginarme la expresión que pondría la teniente al saber que sería forzada a usar minifalda, tal vez dejaría la militarizada en el acto, aunque no debería preocuparme tanto por ella, por quien debería de preocuparme sería por la General Armstrong, que conocida por su mal genio, probablemente dejaría su helada montaña en Briggs, solo para patear el trasero de nuestro rey.

-Armstrong –dije yo mascullando su nombre con una renovada sensación de respeto –por cierto... la General ha logrado un trabajo formidable con su ayuda para la reintegración del pueblo de Ishval, ella, Miles y ese Scar, han sido piezas claves para que nuestros objetivos tengan todo el éxito, por supuesto también el mayor se ha mostrado gustoso de ayudar, los guetos son cada día menos, y sus iglesias más, sus creencias y su cultura respetadas, me gustaría creer que podemos resarcir el daño que hicimos durante la guerra.

Finalicé yo, con una sonrisa triste, mirando mis manos enguantadas, en espera de que la sangre que había derramado, se compensara con los meritos que ahora lográbamos, tal vez algún día los Ishvalitas, pudieran perdonarnos, encontrar la salvación en lo que sea que haya despues de este mundo.

Una ráfaga de viento arreció de repente, elevando una fotografía puesta con cuidado delante de su tumba, que yo me apresure a tomar para que no perderla, miré con cuidado la impresión; era una fotografía reciente de la familia de mi amigo, Elyshia y su adorada Gracia, sonreían ante la cámara, con una actitud que recordaba a mi finado camarada, Gracia sonreía con la señal de victoria hecha con una de sus manos, mientras abrazaba amorosamente a su hija y Elyshia sonreía mostrando todos los dientes, no pude adivinar su edad, tendría uno años, era apenas mayor desde que Hughes había muerto.

- Elyshia y Gracia –Dije yo sonriendo orgulloso de las dos mujeres que supe como la gran mayoría, fueron lo más importante para la vida de Hughes, volví a colocar con cuidado la fotografía delante del arreglo floral que sabía pertenecía a su familia. -Estarías orgulloso de ellas, Gracia, es una mujer ejemplar, ha sacado su hogar adelante, también por supuesto a la pequeña Elyshia que cada día es más guapa, por fortuna se parece más a ella que a ti, tendrá muchos chicos rondándole cuando crezca.

Y reí como si la idea me pareciera muy divertida, podía imaginarme al padre celoso que fue Hughes gritando enfadado de imaginar a su pequeña hija rodeada de pretendientes

-No te preocupes, prometo cuidarla, ningún mocoso tocará uno solo de sus cabellos, a no ser que quieran ser reducidos a cenizas.

Y luego mirando el ramo que reconocí provenía de los hermanos rubios que Hughes tanto estimó y se encargó de cuidar, continué:

-Por cierto... hablando de mocosos... Acero, ha contraído nupcias ¿sabes? con aquella chica bonita de Rizembul... es demasiado guapa para él, pero parece ser que a ella le gustan los enanos sin talento como ése.

Y sin poder evitarlo, recordé la ceremonia a la cual había asistido apenas un par de meses atrás, en la cual pude ver a un muy nervioso Edward Elric decir el sí, a una (al contrario de él) muy segura Winry Rockbell, o mejor dicho Winry Elric, su actual nombre de casada.

-Aún conserva el automail de su pierna, nunca pudo recuperarla, aunque sé que no le importa (y a ella mucho menos) después de que recuperó el cuerpo de su hermano supongo que un automail, es el menor de sus problemas.

Una pareja pasó cerca de la tumba de Hughes y mío, no hablaban en lo absoluto, solo caminaban juntos, en el más profundo silencio, con las manos firmemente entrelazadas, uno al lado de otro, la joven mujer pasó un pañuelo blanco por el rabillo del ojo y él besó con ternura su frente, antes de desaparecer de mi rango de visión, volví a clavar la mirada en la pequeña lapida frente a mí.

Sonreí y por primera vez, mi sonrisa fue totalmente sincera.

-Las cosas con la teniente... –Negué con la cabeza, reprendiéndome, era una costumbre aún muy arraigada dentro de mí – Con Riza también han cambiado mucho... ella y yo ahora estamos juntos.

Y casi me pareció oírlo vitorear orgulloso, seguido de una estruendosa carcajada.

-¡Lo sabía!

-Por supuesto no podemos decirlo –Dije yo, imaginando en ése momento que la carcajada se le quedaba congelada sobre el rostro y una expresión de enfado suplía a la primera – ¿Recuerdas la ley anti fraternización? Una declaración de ése tipo, nos costaría el trabajo a ella o a mí, y ni Grumman podría salvarnos el trasero de esa... tiene demasiados militares deseando su cabeza (empezando por Armstrong) y modificar la ley solo para que su nieta y su protegido contraigan nupcias, no le beneficiaría en lo más mínimo.

Miré la tumba y enfoqué mis ojos en la pequeña tarjeta del ramo de flores que yo mismo había dejado ahí, en un extremo había plasmado yo mi firma, al lado de la mía casi entrelazándose los finos trazos, Riza había puesto la suya.

-Supongo que nuestro final de ensueño, quedará en eso... un mero sueño, después de toda la verdad nos da la cantidad justa de miseria para evitar que nos volvamos arrogantes.

Recordé las palabras pronunciadas por aquel terrible hombre, si es que se le podía catalogar como un hombre tal cual, en aquel entonces, nunca pude comprender que fue lo que significaban, pero al verme obligado a abrir la puerta de la verdad, y enfrentarme cara a cara a esa cosa, en ése espacio blanco e impoluto, un mero monigote sin facciones o rasgos distintivos más que una sonrisa burlona, pude comprender a que era lo que se refería, sonreí, si ese tenía que ser mi pago, con gusto lo aceptaba, respondí a ése sujeto sin rostro, a esa sonrisa burlona con una igual o más grande.

-Sin embargo, no tenemos porque rendirnos, la vida también nos ofrece alternativas diferentes, retos y desafíos que jamás me habría planteando.

Miré hacia su tumba, apreté mis puños, un nudo me atravesó la garganta, tragué en seco, y por un breve instante sentí el inmenso deseo de llorar, pero no por tristeza o angustia, quise llorar por una alegría que jamás había experimentado, una felicidad que parecía llenarme el corazón:

-Voy a ser padre –Dije yo, y no pude evitar notar el tinte de orgullo que tiñó mi voz: -Apenas tiene seis semanas, y si, sé lo que te estás preguntando... no, no fue planeado.

Riza me miró pálida como la cera al momento que salió del baño con una prueba casera de embarazo, un par de semanas antes, pude ver su nariz roja y sus ojos llorosos, tragué en seco, sabiendo de antemano la respuesta.

-Estoy embarazada –dijo y por primera vez su voz no fue fría y estudiada, tembló como una hoja al viento, cuando la acurruqué entre mis brazos y ella rompió a llorar.

–Comprendo que no va ser nada fácil, si creíamos que era difícil ocultar nuestra relación, eso no será nada como ocultar un embarazo, pero contaremos con un par de personas que podrán ayudarnos a sobrellevarlo.

Madame nos miró a Riza y a mí, ambos sentados delante de su escritorio, volví a sentirme como el niño pequeño que pidió aprender alquimia por mero capricho, apenas supo lo noticia, rápidamente apagó su cigarrillo contra el cenicero que descansaba delante de ella, negó con la cabeza hacia mí y contrario a lo que habría creído sonrió amable hacia Riza.

-Abuela ¿eh? –dijo y su voz aunque intentó disimularlo tenía una pequeña nota de orgullo, tomé a Riza de la mano, antes de agradecer a Madame.

-Algunos más ruidosos de lo que me gustaría.

Rebecca me miró sorprendida, parpadeando un par de veces, como si se negara a reconocer la información recibida como cierta, se volvió hacia Riza, que accedió mudamente a una pregunta no formulada, y no necesito más, la morena chilló de emoción y corrió a abrazarla, Riza incomoda e inmóvil entre sus brazos, palmeó su hombro en señal de gratitud.

-¡Será una niña guapa e inteligente como su tía Rebecca! –Y Riza me miró por encima de la cabeza de su amiga, yo me encogí en hombros resignado.

-Pero, supongo que eso deberá de bastarnos de momento...

Metí las manos dentro de los bolsillos de mi gabardina, mientras veía la foto de la familia de amigo con una nostalgia que no sabría cómo explicar, me pregunté si era normal sentir ése inmenso cariño por alguien que nunca había visto, es más que ni siquiera había nacido.

Hughes así lo creería, pero él fue un eterno enamorado con una visión muy particular de la vida, que quiso a su pequeña hija desde el momento en que supo de su existencia, y lo amo hasta el último de sus días en la tierra.

Pero yo, no podía ser más diferente a él, alquimista, lógico, eterno enamorado de las mujeres guapas, pero siempre fiel a la rubia que me acompañaba entre mis sabanas, un chiquillo ignorante que había madurado a bases de golpes, pero apenas si había cambiado del niño que barría los pisos hacía varios ayeres en el negocio de Madame.

-Supongo que es extraño amar a una minúscula molécula del tamaño de una habichuela, dentro del vientre de Riza, pero... así es... lo amo, realmente lo amo.

Sonreí sinceramente sin poder evitarlo, y recordé el momento aquel cuando Riza y yo visitamos a la familia Hughes en el hospital, en el nacimiento de su pequeña Elyshia, Hughes prácticamente había obligado a Riza a abrazarla, y él en voz queda, me dijo algo que jamás creería posible.

-Algún día me lo agradecerás.

-¡Aghh! –dije yo negando la cabeza como si creyera imposible ésa frase: -estoy volviéndome un blandengue... solo espero no ser ni la mitad de fastidioso que fuiste tú.

-¿General? –llamó una voz a mis espaldas y yo me giré con rapidez, había reconocido su voz en cualquier lugar del mundo, pero no fue el hecho de verme sorprendido lo que me preocupo, sino el hecho de saber que tal vez me hubiera estado escuchando.

-¿Teniente?

-¿Está bien? –Preguntó ella en voz amable, mientras se acercaba hacia mí, parecía tener poco tiempo ahí, así que me permití volver a respirar con normalidad. -Ha pasado mucho rato, aquí, pensé que...

-Todo está bien, teniente.

Y sonreí hacia la mujer que se encontraba delante de mí, y nunca me pareció más hermosa, había escuchado que las mujeres cuando se encuentran en estado, tienen una belleza muy particular, y comprendí cuan cierto era eso, jamás me pareció su cabello más brillante y sedoso, sus ojos más dulces, su piel más suave, sin poder evitarlo, y si preocuparme de que nadie nos viera, tomé su malo y la jale contra mi pecho, pude escucharla intentar decir algo, pero antes de que una sola palabra escapara de su boca, yo ya había ocupado sus labios, robándole un beso, dejándole sin aliento.

-¿Qué hace General? –Bufó ella, arqueando mucho sus cejas, indignada -¡Alguien podría vernos!

-No me importa.

Y yo me encogí en hombros con una sonrisa burlona coronando mis labios, como dándole a entender que me importaba bien poco, si alguien nos veía. Después de todo, solo verían a dos amantes profiriéndose cariño, ese día los trajes militares habían sido guardados, y ambos vestíamos simple ropa de civil.

-¡Es incorregible! –Masculló ella fingiendo enfado, mientras yo reía como un niño pequeño –Solo espero que nuestro hijo no herede sus malos modales.

-Ohhh... no se preocupe, teniente, me encargaré de enseñarle bien todo lo que sé.

Y yo reí entre dientes, mientras caminaba a su lado, pasé un brazo por sus hombros, esperaba que ella se retirara o dijera algo, me reprendiera, o echara una de sus gélidas miradas, sin embargo, ella se limitó a caminar a mi lado, atrapando mi mano con sus finos dedos, posó un tierno beso en una de mis mejillas, así, sin decir nada, las palabras sobraban, seguimos los dos, caminamos los dos, hacía la verja del cementerio, sin atrevernos a mirar hacia atrás.

-Bien Hughes, las cosas han cambiado mucho desde la última vez que estuve aquí, y estoy seguro que cambiaran aún más, sin embargo, puedo asegurarte que sin alquimia, sin cargos militares, sin guerras o venganzas, por primera vez en mi vida, soy realmente feliz.

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La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro.
Benjamin Franklin

N.A.

Y fiiin!

Con esto termino esta historia, y de las pocas veces que hablo en éste fic, pues ahí vamos.

El final, puede parecer, tal vez, muy abierto, pero realmente quise que terminara así, (ya hay varios fics muy buenos sobre una Riza embarazada, así que quise dejarlo a la imaginación de cada quien, sobre como llevaran el embarazo), este capítulo lo quise dejar para Hughes, mantenerle un lugar especial en la historia para Roy fue importante y no quería que relevancia con la muerte de Envy, quería que vea que siempre se acuerda de él, y que siempre lo va a tener presente a pesar de ya no estar a su lado, dar un pequeño resumen de la historia y una pequeña probadita de lo que pasararía si esa situación se les presentara. :)

Por cierto, la celebración "Obon" busqué en internet (wikipedia) el similar al día de los muertos que celebramos en México, pero en Japón y aunque el mundo de FMA no se desarrolla propiamente en Japón, es más probable que celebren el Obon, al día de los muertos mexicano, papel picado, comida picante, tequila, fiesta y jolgorio, no es algo que pueda imaginarme en ese mundo. Jajajaja.

Intenté respetar en lo más posible toda la historia del anime y manga, de FMA Brotherhood, a excepción de que en el último capítulo, no explican si Roy y Riza quedan juntos como pareja o como compañeros de trabajo, y en éste fic, yo decidí dejarlos juntos como pareja, tal cual como deseamos todos los fans de ese par.

Las frases al final de cada capitulo, me gustaría decir que fue una idea genial que me inventé gracias a mi propio ingenio, pero no, me lo robé de una serie que me gusta muchísimo Criminal Minds, se me hace una forma muy bonita de empezar y terminar la serie, de hecho por ahí tengo un Word, con todas las frases que me han gustado a lo largo de dicha serie. :D

Este fic, fue un reto personal, pocas veces procuro escribir en primera persona, porque, es difícil, o al menos a mi me lo parece, sin embargo, a esta historia le tengo un cariño muy especial, porque me ayudo para dos cosas, la primera superar una triste perdida, y la segunda, regresar a la página de fanfiction, que conocí hace muchos ayeres, con otra cuenta y otras historias, que por razones locas, deje para volver a escribir en otro profile, como se me diera la bendita gana, pero esa es historia para otra ocasión :D

Por último, muchas, muchas, muchas, gracias a todas las personas que dejaron sus comentarios todos los leía, todos me animaban a continuar y me daba felicidad, y así fuera una sola persona a la que le gustara y así tuviera un solo review, yo seguiría escribiendo, sabiendo que por ahí en el mundo hay alguien (perdón) igual de loco (a) que yo, que disfruta leer lo que yo escribo, gracias por seguirme y gracias a todos por sus bellos comentarios.

ItzelMtzing, Gonzo, Gabo97, chibimariana, BellaRichart, Dani-chan y Gaby-chan, katherine aurion, Ron, SophyHei, FanFicMatica, Lia-tan, diana carolina, kurosagi hana, Magua, , Lili HB, lili huizar, chemistryfan, Sawako, Nya-chanlol, L, xhyllemitta fdhjdf, Hina Sora, Dulce Locurilla, nina, Mika, Darkrukia4, lulufma, Annie Android, katerin, Hey-Nana, sofia, W.P.R.9.8

Gracias por leer y hasta la proxima! :D
María de las Mareas