Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, bla, bla, bla… la historia es mía, bla, bla, bla… no la tomes para traducirla o tomarla porque sí, sin mi consentimiento, bla, bla, bla… o te acuso con Aro Vulturi.

Disfruten, queridos querubines :D

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Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
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Capítulo 3: Veredicto

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Creí que odiaba mi vida hasta que Edward me masajeó el cuero cabelludo. La música de spa, que llenaba el ambiente, solamente ayudaba más a mi vulnerable condición. Si alguien en este momento me pidiera las llaves de la camioneta para ir a practicar deportes extremos, la prestaría con el depósito de gasolina lleno.

Sin embargo, a medida que él hablaba un poco más y me contaba sobre su vida, —una hermana, padres que conviven felices de la vida, buenas calificaciones, etcétera— descubrí que para ser gay, no era superficial en absoluto. Y bueno, esperaba poder ser su amiga, al menos.

Dicen que todo sueño de una mujer es tener un amigo gay. Y tenía que admitir que me daba un poco de curiosidad.

Edward había sido contratado en la peluquería como asistente, ya que Carmen era su tía. Se había mudado a Forks por el trabajo de su padre, Carlisle, y él simplemente quería trabajar en un lugar donde fuera aceptado. Me parecía muy simpático, pero me daba lástima comprobar una teoría pesimista:

Los chicos guapos tienen novia o son gays.

Qué lástima.

—Bien, Bella —dijo Edward luego de enjuagar mi cabello—, estamos listos. Siéntate un poco mientras te acomodo la toalla en el cabello.

Hice lo que me pidió, para luego sentir sus manos rodear mi cabeza con una toalla de mano. Me guió donde Alice, Rosalie y sus primas, donde iban a secarles el cabello.

—Te llevaríamos de inmediato para el corte, pero tus amigas insistieron en que querían verte entonces —explicó Edward, mientras a ellas les secaban el cabello—. Mientras tanto, la crema reparadora que te apliqué te hará efecto, para que no sea tiempo perdido. —Me sonrió.

—Gracias, Edward —susurré, observando desde el tocador, a través de un espejo, cómo atendían a Alice y a Rosalie.

Luego de unos minutos, ambas se acercaron dando saltitos.

—Belli-Bells, se acerca el momento de la verdad —dijo Rosalie soltando una carcajada malvada.

—Dios, Bella, ¿de qué hablan? —Edward preguntó confundido una vez que Carmen se acercaba a nosotros, al igual que Tanya y Kate. De pronto había un cúmulo de personas alrededor de mí, en el tocador, esperando las palomitas de maíz para deleitarse con mi tortura.

—Me obligaron a hacerme un horroroso cambio de look. —Gemí una vez que Carmen se acercó a mí, me giró en dirección al espejo y tomó las tijeras. Abrí los ojos como platos, lo que hizo que el resto soltaran fuertes carcajadas.

¡Los odiaba a todos en ese momento!

— ¿Por qué les hiciste caso, entonces? —preguntó él, de nuevo.

—Porque soy idiota —me limité a contestar. Y diablos, era cierto.

Suspiré una vez que Carmen llamó mi atención con una seña de mano. Observé su reflejo llamándome con un silbido.

— ¡Bella! Bien, eh… empecemos con esto y luego te puedes ir a casa a descansar —me animó ella.

—Dime que no vas a raparme —pedí.

—De hecho… creo que sólo voy a despuntarte. El cabello largo te sienta bien. —Carmen comenzó a examinar las puntas, siendo cuidadosa con sus movimientos. En un momento, lanzó un grito ahogado—: ¡Por el amor de Dios! ¿Desde cuándo no te cortabas el cabello? —Levantó un mechón de cabello, para enseñárselo a Alice y Rosalie, quienes miraban con los ojos desorbitados lo que fuera que estuviera pasando—. ¡Tus puntas parecen arbolitos!

—Eh, no sé. Creo que fue hace como un año y medio —respondí, confundida porque no estaba segura de si era algo bueno o malo.

Carmen negó con la cabeza, desaprobando mi actitud. Caray…

—Vamos a reparar eso ahora. —Carmen tomó todo mi cabello y le dio un tijeretazo, dejándolo cinco centímetros más corto de lo que estaba.

Mi boca se abrió de una forma imposible, mientras Alice y Rosalie chillaban entusiasmadas. Edward, Tanya y Kate se rieron con fuerza, seguramente por mi expresión.

—No puedes hacerme eso. —Lloriqueé, observando como todo el resto del salón se reía.

—Ay, Bella. Tu cabello igual está bien largo. Lo tienes por la mitad de la espalda… —Carmen negó con la cabeza, riéndose.

Luego Tanya y Kate se fueron, Edward se quedó por ahí revoloteando, pero Alice y Rosalie estaban pendientes de cada movimiento.

Carmen tomó secciones de mi cabello y comenzó a despuntarlo, mientras entresacaba un poco para quitarle volumen.

Estaba tan nerviosa que tuve que cerrar mis ojos.

—Bella, si no te quedas quieta… —me amenazó Carmen.

—Perdón, perdón —susurré bajito.

Luego de unos quince minutos, tenía el cabello un poco más corto, pero era un corte muy similar a lo que tenía. Simplemente era un poco más irregular y con más movimiento. Suspiré de alivio cuando noté que me llegaba bastante más debajo de los hombros.

Mientras Carmen me secaba el cabello, no podía creer que realmente me había gustado el resultado.

—Ahora en aspecto de maquillaje… —murmuró ella guiándome a otro tocador lleno de cosméticos—. Alice y Rosalie me comentaron que le tienes fobia. No te preocupes, que lo que te sugeriré no es algo demasiado drástico para ti.

— ¡No me hagas maquillarme, por favor! Creo que ya es suficiente tortura por hoy. —Gemí.

Carmen me sentó frente a una mesita, mientras ella tomaba una bolsa que tenía el logo de tiendas de cosméticos. Suspiré audiblemente, sabiendo que no iba a librarme de esta.

—Bella, Alice y Rosalie sugirieron que comprara estos productos para ti. —Carmen tomó algo que parecía como un brillo labial, pero transparente. Adentro contenía un cepillito—. Esto es un rímel transparente. No tienes por qué usar uno negro, este producto hará que tus pestañas resalten y se vean más largas. Si te fijas, es incoloro. —Asentí, un poco más tranquila. Pensé que Alice y Rosalie iban a pintarme las pestañas azules…

Carmen agitó el producto, con cuidado tomó el pincel y lo deslizó entre mis pestañas. Tuve que abrir bien los ojos, siendo cuidadosa.

—Ahora prueba con el otro ojo, a ver si sabes hacerlo tú misma —dijo ella, sonriendo. Alice y Rosalie lucían orgullosas, sentadas una a cada lado de mí.

Tomé con cuidado el cepillito y, mirándome en el espejo, repetí los movimientos de Carmen.

La diferencia para mí no era ninguna, salvo de que mis pestañas lucían más largas. No tenía nada de raro, de hecho, ni se notaba. Eso me dejó muy satisfecha.

—Ahora, Bella, tengo esta crema multiuso. —Carmen me enseñó un envase color beige. Abrió el paquete y me puso un poquito en las manos—. Ahora aplícatela en la cara. Es una crema que disimula las imperfecciones, además de hidratar. No vas a tener que pasar diez minutos aplicándote base y esas cosas que tanto odias. —Sonrió.

Acerqué mis dedos a mi rostro y esparcí toda la crema, dejando un resultado uniforme. Tampoco, noté ninguna diferencia en mi cara. Tampoco lucía maquillada. Era como verme al espejo, tal como era.

—Y, para finalizar —susurró Carmen, tomando un envase pequeño similar al de mi rímel—, este es un brillo labial incoloro, que hidratará tus labios. Tiene olor a fresa. Aplícate un poquito —me incitó, pasándome el paquetito. Tomé el brillo y me eché un poco. Era como cremita.

Noté que mis labios lucían ligeramente más rosados, pero no se notaba mucho.

¡Todo era tan sutil que me hacía llorar de felicidad!

—Eso sería. Ah, en caso de que algún día lo necesites, acá hay un juego de sombras. Tiene tonos tierra, que son los más naturales. Si algún día quieres echarte, dile a tu mamá que te ayude.

Tomé el estuche, que tenía cuatro colores que eran más o menos anaranjados y cafés. Asentí, dándole las gracias. Carmen me dedicó una cálida sonrisa y besó mi mejilla.

—Bella, eres muy bonita. Ser femenina, no es sinónimo de superficialidad. Y adentro de la bolsita puedes encontrar una leche limpiadora, para que te limpies la cara con un poquito de algodón todas las noches. Igual hay un limpiador facial para los granos y esas cosas. Es importante que te quites los productos antes de irte a dormir.

—Gracias Carmen. —Le sonreí agradecida de corazón.

Me paré, viendo una versión más relajada de la antigua Bella. Mi cabello lucía más sedoso y brillante, y mi cara no mostraba muchos cambios. No sabía que uno se podía maquillar y lucir así. Natural.

—Que lleguen bien, chicas —se despidió con un beso en la mejilla de cada una. Lo mismo hicieron Kate, Tanya y Edward—. Y quiero verte aquí cada ocho semanas, no vas a volver a quemarte el cabello de esa forma.

Me reí.

—Seguro, Carmen. Gracias chicos, adiós. —Las chicas me encaminaron a la puerta. Antes de que lograra salir completamente, oí una voz detrás de mí.

—Nos vemos mañana en clases —se despidió Edward. Le hice una seña con la mano, a modo de despedida.

— ¿Ves, Bella? No fue tan terrible. Pensamos que sería el colmo si te obligábamos a que usaras cosas muy extravagantes para ti, así que pensamos en hacerte las cosas más fáciles. Renée va a estar muy contenta —dijo Alice, animada, ubicada ya en el asiento del piloto.

—Bueno, al menos la ropa que escogieron no está mal. Es algo que puedo tolerar. No hay tacos para mí, así que soy feliz. Y el corte de cabello no se siente tan diferente. El maquillaje tampoco… Gracias, chicas —murmuré desde el asiento trasero.

— ¡Ni siquiera hemos comenzado con la parte jugosa, Bella! ¡Todo esto es un calentamiento! —Rosalie se volteó desde el asiento del copiloto, dándose vuelta para observarme—. Ahora tenemos que escoger a la víctima y después de eso tienes que conquistarla.

—Estoy ansiosa por verlo —se burló Alice.

—Tienes suerte de que te hayamos ayudado con el look. Algo me dice que somos las mejores amigas del planeta —añadió Rosalie.

—Sí, claro. Van a hacerme hacer sufrir a alguien y se creen lindas —respondí con sarcasmo. Oí las carcajadas de Rosalie y Alice en la parte delantera del auto.

Algo me decía que esto iba a ser una guerra terrible.

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— ¡Despierta, Bella durmiente! —gritó Renée haciendo que las aves volaran, se produjera un terremoto en Asia y, a la vez, que me cayera de la cama. Tenía una bocina con forma de aerosol que hizo retumbar mis oídos y, mientras me ponía de pie, ella ya tenía un colgador de ropa listo. En la otra mano, tenía un cosmetiquero—. ¡Tienes que arreglarte!

—Oh mamá, por el amor de Dios, vete de mi cuarto —refunfuñé, sin preocuparme, en absoluto, si me iba castigada por decir eso. Renée, empeñada en observarme en mi primer día de cambio, me sacó de un solo tirón de la cama y me llevó al baño.

Una vez que estuve duchada, me entregó un conjunto de ropa. Le miré extrañada. ¿Acaso esta mujer había hurgado en mi ropa?

—Te busqué un conjunto lindo para hoy —explicó, avergonzada, entrando al baño una vez que yo había finalizado mi ducha, mientras terminaba de envolverme en la toalla—. Miré tu ropa anoche mientras dormías. Está todo muy lindo. Me alegra que te la hayas pasado bien, después de todo.

No podía culparla por eso. Después de todo, el dinero era de ella y Charlie. Salí de la ducha y me acerqué para besar su mejilla sonoramente. Reneé se rió y me guió a mi cuarto. Ahí tenía la ropa sobre la cama, lista para ser estrenada.

Me calcé unos botines café oscuros, casuales. Algo que nunca había usado, no que recordara al menos, pero era bastante cómodo. El conjunto de ropa consistía en unos jeans ajustados y una blusa azul decorada con detalles y bordados de color blanco. En general, mis camisas inspiraban más rudeza, más respeto. Sin embargo, no me molestaba todo esto.

Una vez que tuve mi cama hecha y mis cuadernos listos y dispuestos en la mochila, fui al baño con Renée, así que ella se decidió a secarme el cabello. Mientras me ayudaba, fui guardando los cosméticos en el botiquín del baño, excepto la crema cubre imperfecciones, el rímel y mi lipstick para los labios partidos.

Me hice un tomate con el cabello semi-húmedo, para que este se ondulara. También me maquillé tal y como Carmen me había dicho y, cuando estuve lista, mi mamá chilló extremadamente fuerte, hoy definitivamente había roto su récord.

Cuando me miré en el espejo, vi a la misma Bella de siempre. Pero era una Bella más femenina, más delicada. Era una Bella 2.0.

Sin embargo, la pizca de orgullo que estaba desarrollándose en mi interior desapareció una vez que recordé por qué estaba haciendo esto.

— ¡Ven a desayunar, Belli-Bells! Tienes un largo día por delante. —Acto seguido, mi mamá me arrastró al primer piso, directo a la cocina.

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A pesar de que intenté mantenerme calmada, no podía. Algo me decía que si no controlaba a mi sistema nervioso, iba a sudar asquerosa y olímpicamente, y arruinaría el primer día de "mi más grande y reciente prueba de fuego".

Aparqué en el mismo lugar de siempre. Tenía las mismas clases de siempre. Era el mismo instituto de siempre, al que había asistido toda mi asquerosa vida. Pero sabía que las cosas no eran iguales que antes, esto definitivamente marcaría un antes y un después en mi vida. Por muy ridículo que sonase.

—Bendíceme, Jesucristo —rogué cuando pisé tierra firme. Podía sentir al menos diez pares de ojos posados en mí.

Sip, esta chica maquillada y vestida de manera femenina era Bella Swan, saliendo de su vieja camioneta.

—Eh… ¿Bella? ¿Eres tú de veras? —saludó Riley Biers. Era un compañero del club de ciencias. Se acomodó los lentes de marco grueso y hipster en su rostro. Yo asentí, incómoda, pero él parecía no captarlo. Luego de un silencio incómodo de cinco segundos, puso una sonrisa estúpida y siguió caminando.

Este va a ser un largo día, pensé. Y, diablos, era cierto.

Caminé por los pasillos sintiéndome vulnerable, como si mi nuevo anorak azul no me protegiera lo suficiente.

Mi primera clase era con Alice y Rosalie, teníamos aritmética.

Caminé con la vista gacha todo el tiempo, rogando no ser vista. Pero, si pudiera leer mentes, lo único que podría oír es algo así como: Carajo, Bella Swan usando blusitas con bordados. El apocalipsis se viene. Winter is coming*. Y otras basuras por el estilo.

— ¡BEEEEEEEEEEEEEELLA! —gritaron Alice y Rosalie al unísono, una vez que ingresé al salón. Diablos, si creía no haber conseguido llamar la atención de alguien, definitivamente ahora tenía las miradas sobre mí. Imaginé que les escupía en sus zapatos perfectamente lustrados.

—Taradas —repliqué, gimiendo audiblemente, depositando mis cosas a un lado mío. Colgué mi mochila en el respaldo del asiento, para luego acomodarme.

Oí las risitas provenientes de mi lado, lo cual no me hizo sentir ni una pizca de bien. Iba a comenzar a maldecir audiblemente y como toda una camionera.

—Eh, Bella —saludó Mike Newton, quién se sentaba delante de nosotras tres, junto con otros compañeros. Entre ellos, Anthony Miller y Lance Sutherland. Podría decir que todos los amigos de Mike eran patanes, excepto Anthony, al menos un poco—. ¿Qué le pasó a esa carita? Bueno, ¿y a tu clóset?

—Nada muy importante —espeté, haciendo garabatos en la esquina de mi cuaderno vacío, rogando para que iniciaran luego las clases y así poder largarme de ahí.

—Luces… guapa y femenina. Mike lo aprueba, nena. —Cuando alcé la vista horrorizada, me guiñó el ojo derecho. Alice y Rosalie se removían ansiosas en sus puestos.

—Te ves más femenina, Bella. Eso… ¿debería preocuparnos? —bromeó Anthony. Le dirigí una mirada envenenada, enviándolo mentalmente al infierno.

—Creo que tienes una lagaña, Mike —dije con rudeza, ignorando el comentario de Anthony, mientras bajaba la vista nuevamente a mis dibujos. Alcancé a ver la cara de Mike bastante ofendido, mientras oía risitas a mí alrededor.

Rosalie me pegó un puntapié por debajo de la mesa, exigiendo una explicación. Me giré hacia ella, esta vez sintiéndome más confiada, a pesar de las miradas curiosas en mi dirección.

— ¿Qué? Podrían haberme cambiado la cáscara, pero sigo siendo igual de acidita por dentro —me excusé.

En ese momento, las miradas se enfocaron en otro punto del salón. Estaban todos pendientes de la puerta. Luego, las cabezas fueron volteándose paulatinamente, hasta ubicarse a mi lado.

—Alice, Rosalie… ¡Bella!

—Hola, Edward —saludamos las tres, las chicas un poco confundidas. Sonreí cuando Edward se sentó con Kate al otro lado del pasillo. Kate, Tanya e Irina se sentaban detrás de nosotras, en la fila de tres. Ahora parecía que las cosas cambiarían un poco—. Hola, Kate —dijimos después.

— ¡Edward se incorporó oficialmente al instituto! —animó ella. Nosotras sonreímos a modo de afirmación.

—Luces bien hoy, Bella. —Edward aprobó con una amplia sonrisa. Creí que hiperventilaba, pero con un poco de valor dije entre risas:

—Bueno, con el masaje de ayer digamos que dormí bastante bien.

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El timbre sonó, lo que hizo que todas esas almas atormentadas por el infierno escolar se levantaran animadas, listas para largarse a almorzar.

Alice y Rosalie me detuvieron, mientras el resto de los estudiantes de química avanzada se iban. Una vez que hasta el profesor se hubo retirado, nos quedamos las tres solas. Ambas me miraban con una chispa diabólica en sus ojos. Ambas, al unísono pronunciaron cada palabra con una lentitud y cuidado que me sacó que quicio:

—Tenemos escogida a la víctima. Hoy notamos entre ustedes una chispa de simpatía. Eso era lo que decretaría nuestro veredicto.

— ¿Y… quién es? —murmuré, harta de tanta tensión.

Las chicas hicieron una pausa teatral, por lo que les pegué un manotazo exigiéndoles una respuesta inmediata.

—Edward Cullen.

Me petrifiqué en mi asiento, esperando a que esto fuera una broma.

— ¡Tienen que estar jodiéndome! ¡Edward es gay! —El pánico se hizo presente en mi voz.

—Exacto. —Rieron las dos.

— ¿Cómo se supone que yo, Isabella Swan, enamore a un gay? —Lloriqueé.

—Exacto —repitieron las dos con la misma vocecita despreciable.

¿En qué carajo me había metido?

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*Si ven Game of Thrones, bueno, eh… comprenderán xd

YYYYYYYYYYYYYY Aquí tenemos el inicio del acuerdo: comenzamos oficialmente con el plan malévolo de las chicas, este fue como la introducción al plan, así que espérense al capítulo 4 porque ahí si que se pone weno ;) xd shiáa

¡Quiero agradecerles a todas por sus follows, favoritos, reviews y todas esas cosas bonitas que hicieron en el capítulo anterior! No esperaba tanto cariño y buenas vibras para el fic. Un besote a todas.

¡Nos leemos la próxima semana! :)

Mordiscos,

Vale.