Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, bla, bla, bla… la historia es mía, bla, bla, bla… no la tomes para traducirla o tomarla porque sí, sin mi consentimiento, bla, bla, bla… o te acuso con Aro Vulturi.
Disfruten, queridos querubines :D
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Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
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Bella Swan's Brand New Acid Test:
(La prueba de fuego de Bella Swan).
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Capítulo 4: Camino al infierno.
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Son despreciables y crueles.
Eso fue todo lo que pude pensar camino a la cafetería. Ahora, iba a ser el hazmerreír de todo el planeta. ¡Edward ni que nada! ¡Aquí la única víctima humillada iba a ser yo!
Estúpido orgullo.
Niños en casa, no se dejen guiar por sus amigos imbéciles y sus caprichos. Nunca, jamás, porque se van a arrepentir de las consecuencias por el resto de sus vidas.
—Carajo, les juro que en este momento las estoy odiando —reclamé toda enfurruñada, haciendo la fila para el almuerzo. Deberíamos haber llegado hace unos diez minutos aquí, pero gracias a eso, el montón de gente ya había pasado, por lo que era nuestro turno. Era la única parte buena de todo este asunto ridículo. ¿Cómo fue que me metí en esto?
Dejé a Alice y Rosalie pasar antes que yo, para así poder poner malas caras sin que tuvieran que reclamarme.
—Bella, hombros, atrás. Pareces indigente —dijo Alice, dándose una vuelta ligera en mi dirección, como si nada. Entonces, recibió su plato con pollo y ensaladas. Gruñí de una forma no muy femenina cuando la señora del almuerzo comenzó a reírse.
—Yo quiero pollo, pero con mucho aderezo y papas fritas. —Traté de sonreírle a la señora, pero ella seguía riéndose a carcajadas.
Definitivamente este no era mi día, iba a comenzar a perder la poca paciencia que me quedaba.
—Eso es… demasiado. Bella, no. Estás comiendo como si no hubiera mañana, tu nivel de glucemia se va a ir al demonio —comentó Rosalie, horrorizada. Puse mi mejor cara de horror mientras Rosalie le pedía a la cocinera que me sirviera un plato de pollo con ensaladas.
— ¡Pero si yo no tengo problemas con el azúcar! —Esto ya era el colmo.
La verdad, era que no me molestaba comer ensaladas. ¡Pero yo quería mis papas fritas!
—Ustedes son Satanás con tacos y maquillaje —me quejé camino a nuestra mesa, ahora mucho más poblada. Alice y Rosalie se adelantaron mientras se iban riendo. ¿Cuánto iba a durar toda esta tortura?
Demonios.
—Eh, Bella. ¿Te gustaría sentarte con nosotros hoy? —Me di la vuelta y noté a Anthony y a Mike, poniendo unas muecas ridículas en sus rostros, lo que se suponía que debían ser unas sonrisas.
—Me voy con mis amigos. Siempre ha sido así. —Mi tono de voz destiló sarcasmo y permití que mi ceño se frunciera, en lo posible hasta que se me desfigurara la cara.
—Bueno, es que hoy luces más sofisticada. Pensamos que… Estás como bien ahora, o sea, esto, eh… creemos que luces bien. Queremos invitarte con nosotros. —Anthony sonrió aún más ampliamente, tratando de ocultar su patético tartamudeo, lo cual me causó escalofríos. Sus ojos profundos y su cabello sedoso me recordaron una cosa: yo debía de lucir así ahora, por eso me querían allí.
Chasqueé la lengua y traté de sonar lo más cortante posible, para que así pudiera dirigirme a mi asiento a engullirme la lechuga.
—Ustedes quieren que yo me siente con ustedes porque estoy vestida así. Sé que parece que pasó un hada madrina a convertirme en Madame Swan, pero olvídenlo porque mi carácter sigue siendo el mismo. Si mi teoría es cierta, esto comprobaría que ustedes son todos unos superficiales de porquería. Ahora, si me disculpan, voy a alimentarme con vegetales.
Giré en ciento ochenta grados en mi lugar y me encaminé a mi mesa. Cuando me senté, seguía sintiendo miradas punzantes en mi lugar, que me perforaban la espalda. Me di vuelta lentamente como la chica del exorcista, lo cual funcionó porque luego de eso pude quedarme en paz y así comer.
Sin embargo, mientras la lechuga se me escurría del tenedor, Emmett pegó un grito que hizo que mi tenedor saliera volando hacia la persona que estaba en frente de mí.
Alcé la vista y vi a Edward carcajeándose. Linda forma de empezar.
Soy un desastre, caray.
—Hola —susurré a toda la mesa, quienes me miraban estupefactos, excepto Edward, quién se reía con las mejillas un poco sonrosadas, pasándome el tenedor de vuelta.
¡Mátame Cristo Señor Jesús!
—Bellita, qué le pasó a tu… —Emmett se estaba riendo, al igual que Alice, Edward, Rosalie, Tanya, Irina y Kate. Sin embargo, Jasper, Jacob, Seth y… una chica que estaba allí, parecían no captar el chiste.
—Oh, cállate. —Mi lechuga volvió a caerse del tenedor, porque no podía ver, Emmett estaba jugando con mi cabello, enredándolo por completo.
Le pegué fuerte en el brazo, lo cual lo hizo quejarse como una niñita.
— ¡Bella! —me reprendió Alice.
— ¿Desde cuándo censuran la actitud de Bella? —Jasper preguntó dubitativo.
— ¿Desde cuándo a Bella le hablan Anthony y Mike? —Jacob frunció los labios.
— ¿Desde cuándo ustedes me cuestionan todo lo que hago? —Fruncí el ceño.
—Bella… ¿Quisieras explicarnos por qué estás… así? —dijo Seth.
— ¿Qué haces tú aquí? ¿Y tus amigos? —espeté. Seth siempre se iba con los de su grado.
—Oh, necesitaba oír las últimas noticias de por qué nuestra… Bella, fue reemplazada por un alien de primera clase.
Iba a rebatir eso, pero Alice lo explicó todo más claro. Agradecí no tener que andar comentando mi extraña actitud. Ni yo entendía por qué había aceptado esta apuesta.
—Isabella Marie Swan…
— ¡Es Bella! —Gemí frustrada.
—Se sometió a un cambio. Supervisado por Rosalie y por mí, por supuesto. Y no tenemos por qué explicarles esto, sólo que es una decisión que Bella aprueba según nuestra promesa de deditos meñiques. ¿No es así, Bella?
Con el dolor de mi alma, asentí. Todos se quedaron estupefactos en la mesa. ¿Tan extraño era todo esto?
—Bella, bueno, si de algo sirve, luces bien —dijo Jasper con una amplia sonrisa. Asentí, esta vez más avergonzada que cabreada. Genial. Mi rostro recorrería en una milésima de segundo todas las tonalidades de rojo existentes.
— ¿Quedó todo claro? Porque no ha sido un buen día y no puedo pinchar bien la ensalada —fue todo lo que pude decir. Vi como varias cabezas a mi alrededor asentían y, ahora, presa de la tranquilidad, pude comer mi primer bocado de pollo.
—Bella, no me esperaste el viernes —Jacob murmuró así como si nada, echándose una papa frita a la boca. Lo cual, me hizo perder la paciencia y explotar como una bomba de agua. Uno: su actitud era repudiable. Y dos: él sí estaba comiendo papas fritas.
Me estiré con el tenedor en mano y pinché todas las que pude.
— ¡Oye! —Lloriqueó.
— ¡Tú te fuiste! No iba a andar a la siga de ti y tus amigotes.
—En serio, esto es como una Bella dos punto cero. ¡Dime qué alien eres y qué le hiciste a Bella! —Emmett se burló, ahora sentándose a mi lado.
—No van a parar jamás, ¿no?
Me engullí las papas fritas de un solo bocado.
Oí risas a mi alrededor, lo que ahora me indicaba que las cosas iban de mal en peor. Ahora mi verdadera vocación era convertirme en comediante.
Qué vida la mía.
—Bueno, Bella, hace un rato les comenté a los chicos —Edward al rescate. ¡Aleluya!—, que esta es mi hermana, Bree. Somos hermanos adoptivos. Así que… conózcanse.
Noté por el rostro de Edward y de la muchacha menudita a su lado que no les molestaba en absoluto esa condición, lo cual hizo que el tema no fuera incómodo.
—Hola, Bree. Soy Bella. —Estiré mi mano para estrecharla con la de ella y me sonrió tímida, pero cálidamente.
—Me gusta mucho tu blusa. —Ella soltó una risa tierna, lo cual me aseguró que definitivamente iba a amar a esta chica—. Ojalá mis amigas pudieran ayudarme con algo así.
— ¡Rosalie y Alice en acción! —Chocaron palmas y mientras oía más risotadas a mi alrededor le dirigí una cálida sonrisa a Irina, Kate y Tanya. Sólo la última de ellas no me la devolvió, lo cual me asustó.
Tanya chasqueó la lengua de la misma forma desagradable como lo había hecho hace un rato con Mike y Anthony.
Algo me dio un mal presentimiento. Si me echaba a Tanya encima, mi vida iba a estar arruinada.
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Íbamos camino a clase, lo cual me dio tiempo para entablar una conversación con Edward.
Jacob se había ido con Seth. Tanya, Irina y Kate conversaban animadas, al igual que Bree, Alice y Rosalie. Jasper y Emmett, por otro lado, se aburrieron de reírse de mis botines y se fueron a molestar a otro lado.
Edward iba con una adorable sonrisa en su rostro, con las manos en los bolsillos y mirando el suelo, como si algo le causara gracia.
Después se partió a reír, le seguí la corriente por alguna razón. Nos reímos de nada en absoluto hasta llegar al salón, al cual nuestro maestro no había llegado.
— ¿Qué es tan gracioso? —pregunté después que ya había recobrado el aliento y nos ubicamos en nuestro asientos, listos para la clase de lengua.
—Todo esto es muy gracioso. Te ves bastante cómica cuando estás enojada. —Edward se secó las lágrimas que seguían cayendo.
¿Un gay bromeando de esta forma? ¿Esto era una broma o simplemente yo tenía muchos prejuicios sobre cosas de las que no tenía idea?
—Bien, ahora te das cuenta en la clase de infierno en el que vivo —le dije a través del pasillo que nos separaba.
—Te queda bien toda esta ropa aparatosa y sofisticada, no lo niego. —Edward sonrió, esta vez más calmado y más cálido también. Se acercó a mi oído y alcancé a oír un pequeño susurro antes de que la profesora pidiera la atención de la clase—: Pero no quiero ver prendas en esto. No quiero una máscara. Si vamos a compartir clases y, al menos, ser amigos, quiero ver a la Bella que se esconde detrás de todo este escenario.
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Por la tarde, tenía muchas cosas sobre las qué pensar.
Uno: ¿Cómo carajo iba a enamorar a Edward?
Dos: ¿Tanya me odia?
Tres: ¿Por qué yo?
Cuando llegué a casa, lancé mis cosas lejos de mi vista, mientras me lanzaba teatralmente sobre mi cama. Reboté un par de veces y escondí la cabeza en la almohada.
— ¡Cariño! Llegué temprano. ¿Dónde estás? —Genial, Renée iba a venir a interrumpirme en mi momento melodramático.
Oí sus pasos subiendo la escalera, para luego abrir la puerta.
—Rayos, está durmiendo. —Su voz fue un murmullo suavecito, pero tuve que levantar la cabeza rápidamente cuando me comenzó a faltar el aire—. ¡Cariño! ¿Qué estás haciendo? Estás morada. —Su voz era de una preocupación cómica, que casi me hizo reír, pero hizo que me ahogara de nuevo.
—Nada, mami. Estoy bien. Es sólo… que fue un día extraño.
Me giré sobre la cama, quedando recostada sobre mi espalda. Renée dejó su cartera en mi tocador, se quitó los zapatos y se recostó conmigo en la cama.
— ¿Te dijeron algo por la ropa?
—Demasiado, diría yo. Desearía que no se hubieran dado cuenta.
Renée me besó la frente y me rodeó en un abrazo cariñoso y maternal.
—Nah… es que eres demasiado candente, Bells.
Nos reímos juntas un ratito, mientras ella jugaba con mi cabello.
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—Tenemos que aplicarnos, Bella. Tienes de aquí a la graduación para cumplir con el desafío —me recordó Rosalie.
— ¡Lo sé! —reclamé, odiosa. Mientras tanto me estaba paseando por mi cuarto, caminando de un lado para el otro en círculos, incluso en triángulos. Quería ver la forma de acabar con esto pronto. Pero eso era utópico, porque no había forma de cambiar a alguien de equipo en… ¿un semestre? ¿Cuánto tiempo me quedaba?
—Hoy fuimos bondadosas contigo, pero sabes que mañana partes con la fase uno, ¿no? —dijo Alice.
— ¡Lo sé! ¡Ya lo sé! —repetí, frustrada.
Las chicas se sentaron en la cama, yo preferí seguir revoloteando porque eso me mantendría más tranquila.
Finalmente desde que Renée había venido hace un rato, nos quedamos dormidas hasta las siete de la tarde, pero entonces llegaron Alice y Rosalie a acompañarme un rato. Y bueno, allí estábamos.
—Bella, mira. En primer lugar, vamos a ayudarte en esto. No somos tan malditas. Creímos que esto iba a ser divertido, y créeme que lo será, pero tienes que escucharnos y hacernos caso en lo que te digamos. Esto es un desafío, pero no vamos a dejarte sola. Es como… un experimento —explicó Alice.
— ¿Un experimento? —Mi voz reflejaba la más pura estupefacción.
—Un experimento —esta vez lo repitieron las dos. Busqué mi puff y me senté, esta sería una larga charla.
Esperé mientras las chicas se dirigían una mirada fugaz.
—Esto es una especie de apuesta y experimento. Queremos ver si eres capaz de enamorar a un chico y si es gay, pues tienes el doble de puntos. ¿Me explico? —preguntó Rosalie.
—Creo —respondí.
—Bien, mira, estas son las reglas del juego: tú tienes que enamorar a Edward Cullen. No sé cómo se supone que vas a hacerlo, pero con la fase cero, cambio de imagen, terminada, ya deberías tener un poco de ayuda a tu favor. —Alice tomó una cajita que estaba sobre mi tocador y comenzó a limarse las uñas, mientras Rosalie continuaba explicando—: Vamos a darte una especie de… clases de feminidad. Caminar derecha, comer porciones correctas, deporte y salud…
—No me interesan ninguna de esas mierdas, Rosalie. —Fruncí los labios, cruzándome de brazos.
—…Y vocabulario, sobre todo el vocabulario —añadió. Rodé los ojos exasperada.
—Bien, y si enamoro a Edward, ¿qué gano yo? —Mi voz sonó sarcástica a más no poder, ya estaba volviendo a tener un ataque de nervios.
Rosalie y Alice suspiraron teatralmente:
—No vamos a volver a molestarte obligándote a sociabilizar.
—Eso me parece justo —contesté, satisfecha.
Era bueno poder remarcar las partes del tratado. No iba a dejar que después salieran con "pero eso no era lo que tenías que hacer", o un "se suponía que…"
Me tiré en el suelo y me acurruqué sobre la alfombra peluda que Renée me había comprado hace ya un par de años. Podía ver mis pantuflas de perrito, mientras me acomodaba.
Rosalie encendió la radio, con un poco de música tranquila.
Cuando había comenzado a darme sueño nuevamente, Alice me tiró del brazo, obligándome a ponerme de pie. Confundida, la maldije en silencio.
Alice se dio una vuelta, examinándome. Luego, con Rosalie, se pararon frente a mí y hablaron con solemnidad:
—Antes de que comience la fase uno, tenemos que educarte un poquito.
Les miré confundida. Me condujeron por los hombros hasta sentarme en la cama.
Alice abrió su bolso y sacó un esmalte de uñas.
¿Era en serio? ¿Iban a pintarme las uñas?
Rosalie tomó mis manos y las miró con terror.
— ¡Bella! Santo cielo, tus uñas parecen… Bueno, están un poco disparejas. No es tanto, tampoco. Pero tienes que dejar de comértelas.
—Las muerdo, no las como —corregí con acidez.
Rosalie me pasó un poco de alcohol gel para manos, me las lavé bien y, luego de eso, comenzó a limar la punta irregular de las uñas.
— ¿En qué momento pasó eso? —Alice nos miró con horror.
—Eso está así desde que son mis amigas —me burlé.
Rosalie sonrió, conteniendo la risa.
Cuando Rosalie les terminó de sacar brillo a mis uñas, Alice se aproximó con el esmalte transparente.
Me aplicó un poco en cada uña. Ni se notaba. Bien por mí.
—Al menos ahí tienes unas manos decentes —susurró Rosalie con aprobación.
Rodé los ojos.
Luego, ambas se dirigieron a mi librero y de allí sacaron una enciclopedia sobre aritmética, la cual, claramente, ya estaba empolvada.
¿Qué? Nunca me gustaron las matemáticas.
Con un pañuelito húmedo le limpiaron el polvo y depositaron el libro sobre mi regazo.
Acto seguido, ellas tomaron otros textos del mismo volumen, los desempolvaron y se lo pusieron en la cabeza.
¡Santo Dios! ¡Yo no iba a caminar por ahí con un libro en la cabeza como si fuera una enferma!
Echaron los hombros hacia atrás, con una postura perfecta.
—Venga, Bella. Hombros atrás.
—Vete al cuerno, Rosalie —espeté, huyendo horrorizada de los aliens con tacos—. ¡Los libros son para leer, diablos!
—Dios mío, Bella, tu postura es terrible. Podría contratar un quiropráctico para esto —Alice comentó con horror. Me puso el libro en la cabeza, tiró mis hombros hacia atrás y me obligó a caminar.
—Bella, pareces un dinosaurio por tu forma de caminar —dijo Rosalie con horror.
— ¿Y qué demonios se supone que haga? —reclamé, intentando no botar el libro sobre mis pies.
—Derecha, Bella. Hombros atrás. Saca pecho. —Alice me instruía con un tono de voz exasperante.
— ¡Diablos, Alice, no soy un perro!
Me estaba comenzando a estresar con todo esto.
Sin poder evitarlo, mordí una de mis uñas, pero… ¡Tenía un sabor amargo, como una mezcla de pomelo y basura cítrica!
—Oh, por Dios, ¿qué rayos me pusieron en las manos? —Gemí, tratando de sacarme el sabor de la lengua, el cual no se iba.
—Es un esmalte para evitar que las señoritas se coman las uñas —dijo Rosalie con orgullo.
Aterrada, corrí al baño, con el libro aún en mi cabeza. Necesitaba tomar un poco de agua antes de que vomitara. Me estaban dando arcadas con el sabor asqueroso que reinaba en mi boca. Mi postura derecha y de princesa Disney se fue al cuerno, al igual que mi cara.
Sin darme cuenta, tropecé con uno de los libros y volé por mi cuarto, cayendo con la cara sobre la alfombra peluda.
El libro que tenía sobre la cabeza voló y luego me golpeó directo en la nuca.
—Mierda —lloriqueé, con el libro sobre mi cabeza, mi cara en la alfombra y el sabor del esmalte en mi lengua.
Oí las risas de Alice y Rosalie a mis espaldas. Entonces, Alice chilló con orgullo:
— ¡Que empiecen los septuagésimo cuartos Juegos del hambre! Digo, eh… la fase uno.
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You wanna play? kldhjdgsadjsakd ya sorry, eso fue demasiado SAW, pero bueno, que comiencen Los Juegos del Hambre... y esperemos que la suerte esté de nuestra Bellita haha
POOOOOOR CIERTOOO, quería agradecerles a todas el infinito cariño que he recibido vía Reviews, además de sus Follows, Favoritos, de veritas de veritas que no hay mejor paga que eso :') Si les gusta el fic, les invito a unirse a mi grupo de facebook, donde pronto comenzaré a subir adelantos exclusivos ;) nos se los pierdan. Y, para ir finalizando mi nota, les cuento que le hice un trailer al fic. El link también pueden encontrarlo en mi perfil. Espero que se den una vuelta porque le puse mucha dedicación!
Así que, como es de esperar, nos veremos el próximo miércoles... ¡Que tengan una bonita semana!
Mordiscos,
Vale.
