Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, bla, bla, bla… la historia es mía, bla, bla, bla… no la tomes para traducirla o tomarla porque sí, sin mi consentimiento, bla, bla, bla… o te acuso con Aro Vulturi.
Disfruten, queridos querubines :D
.
Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
facebook /groups /betasffadiction
.
.
Bella Swan's Brand New Acid Test:
(La prueba de fuego de Bella Swan).
.
Capítulo 6: Bowling y otras cosillas más.
.
— ¿Me vas a decir o no? —Anthony tenía el ceño fruncido. Sentí como lentamente me iba al diablo. Tomé una bocanada de aire, mientras me hacía a un lado para salir de la sala. —Bella, hey. —Anthony me tomó del brazo antes de que pudiera salir de la sala. Adelantándose a mí, nos encerró con llave. Refunfuñé audiblemente. ¿Por qué yo siempre era la tipa de los problemas? Anthony me condujo de nuevo junto al escritorio del maestro y me retuvo ahí. Sus manos estaban apoyadas una a cada lado de mis costados.
Estaba tan intimidada que no podía evitar bajar la vista de vez en cuando o dedicarme a mirar cualquier otra cosa.
— ¿De dónde apareciste tú? —me quejé, una vez que perdí la paciencia. Ya tenía suficiente drama por un día.
—Detrás de la cortina, duh —dijo divertido como si no tuviera gran importancia—. Ahora dime qué pasa con Tanya. ¿Qué dijo exactamente? ¿Cómo es eso de que te encerró en un armario?
—Anthony, no es nada —dije, cansada. ¿Acaso no podíamos dejar correr esto por sólo una vez?
—Si reaccionas así, no puede no ser nada. —Levantó una ceja.
—Le gustas a Tanya. Eso es todo, ahora, quiero salir de aquí, si me ve hablando contigo voy a tener problemas con ella y no quiero que se me tire encima como la maldita que es. —Mi ceño estaba fruncido mientras mis bracitos de gelatina intentaban empujar al demonio lejos de mi vista.
—Que se joda Tanya —dijo Anthony, con una sonrisa ancha—. Yo tengo a alguien más en la mira. Y está enfrente de mí.
Tuve que alzar la vista apenas escuché sus palabras… fue algo así como un reflejo. No podía creer la basura que estaba escuchando. Nunca fui buena actriz, por lo que mi intento por ocular el horror y la sorpresa, fue en vano.
—Vete al diablo —me quejé mientras me intentaba deshacer de su abrazo. ¡Por eso, la moda es un asco! ¡Te cambian la cáscara y de pronto todos piensan que eres diferente! Pero yo no era diferente. ¡Anthony tenía este repentino interés por la ropa nueva!
Yo no era diferente. No había cambiado ni un poco. Yo sólo… yo sólo era Bella.
Caminé hacia la salida y, gracias a Dios, no me detuvo. Cuando tenía la mano sobre el pomo de la puerta, él gritó algo que hizo que mi alma se fuera al suelo.
— ¿Qué tramas con Cullen, Swan?
Tuve que darme vuelta y odié haberlo hecho. Anthony tenía una miradita curiosa, no suficiente. Eso hizo que me preocupara. ¡Lo último que necesitaba eran más y más problemas!
— ¿Qué oíste mientras yo hablaba con Rosalie y Alice, cabrón? —exigí saber. Caminé de vuelta a Anthony y me planté con suficiencia enfrente de él. ¡No iba a dejarme manipular! ¡No iba a tirar todo por la borda! Edward me agradaba de verdad, no quería perder la oportunidad de ser su amiga.
— ¿Fase uno? ¿Que Cullen es gay? ¡Yay! Eso sí que no me lo esperaba.
—Me gusta Cullen —dije. Lo que no era una mentira del todo. Me agradaba mucho… y aunque tenía miedo de enamorarme de él con todo esto, tenía que admitir que, al menos, me gustaría tenerlo de amigo. En todo este ambiente podrido, era uno de los pocos que realmente era natural. No usaba una máscara. Simplemente era Edward y a la gente le agradaba eso.
— ¿Y Alice y Rosalie qué tienen que ver con esto? —Anthony arqueó una ceja.
—Ellas me quieren ayudar a conquistarlo —respondí, nuevamente, diciendo la verdad. Sólo estaba omitiendo la parte de la apuesta. Omitir no es mentir… ¿verdad?
—Ah. Pensé que era algo más jugoso. ¿Por eso viniste vestida así esta semana, Bells?
— ¡Yo no te he dado autorización de que me llames Bells! ¡Patudo! —reclamé—. Ahora, ¿dejé en claro tus dudas? ¡Quiero irme a mi casa!
—Voy a tener que borrar a Cullen del camino, al menos eso parece… —Anthony se puso a meditar—. Pero es gay, así que no importa demasiado.
—No la agarres contra él. —Fruncí el ceño—. Y tampoco digas nada de lo que te dije. Si lo haces, voy a iniciar la segunda guerra de Troya. Y va a correr sangre.
Anthony sonrió suficiente. ¿Y yo pensaba que del grupo de los descerebrados este era el único normal?
—Bien, Bella. Prometo guardar tu secreto sí y sólo sí…
.
.
.
— ¡Váyanse todos a la mierda! —grité cuando tocaron la puerta de mi habitación.
— ¡Bella! —me reprendió Renée—. ¡Ese vocabulario, cielo! —Ella abrió la puerta de mi habitación y ahí estaban Rosalie y Alice, con el ceño fruncido.
—Pasen, enanas —respondí con un enorme y audible suspiro—. Perdón mamá —dije con parsimonia.
Renée me guiñó el ojo antes de cerrarme la puerta.
Al llegar de la escuela en la tarde, después de la asquerosa conversación con Anthony Miller, me puse tan, pero tan emo, que fui a comprar un tarro de helado de piña, me puse ropa deportiva y muy holgada, y me peiné como si fuera un plumero.
—Bella… luces terrible. —Alice puso la mejor de sus muecas de horror y, a causa de esto, hice como que no le escuchaba.
— ¿Qué pasó después que nos fuimos? —Rosalie estaba previendo lo peor y claro que así era.
—Anthony nos escuchó hablar. Se escondió detrás de la cortina, ¡y fuimos tan estúpidas que no lo vimos! —chillé histérica, sacando otra cucharada de helado. ¿Por qué siempre yo? ¿¡Por qué siempre yo!?
Al diablo con la dieta.
Rosalie y Alice me trataron de quitar el pote de helado, pero yo corrí por todo mi cuarto, huyendo de la policía de la comida.
Resignadas, se sentaron en mi cama, y me indicaron que me sentara en mi puff para explicar todo.
—Ese hijo de… Agh, ¡nos escuchó hablar todo! ¡Todo, absolutamente todo! ¿Y les digo qué fue lo peor? ¡Me preguntó qué era eso de la fase uno y qué tenía que ver con Edward! ¡Y, ah! ¡No, no, no! ¡Lo peor fue que tuve que decirle que me gustaba Edward y ustedes me iban a ayudar a enamorarlo! ¡Ah, sí y también —andaba pésima para explicarme— escuchó que era gay! Y encima salió con esa cosa de que… de que… —Comencé a ingerir helado de nuevo mientras lloriqueaba.
Alice se puso de pie y casi me cacheteó.
— ¿¡Qué de qué!? ¡Suéltalo mujer! —exigió saber.
— ¡Dijo que yo le gustaba y que Tanya se jodiera! —Lloriqueé con un tono de voz excesivamente dramático.
Rosalie y Alice se quedaron boquiabiertas mientras yo seguía comiendo helado. Definitivamente no era mi día. ¡No, qué va!, no era mi año.
—Dime, por favor, que no sabe de la apuesta —susurró Rosalie.
— ¡No! Piensa que sólo quieren ayudarme porque son buenas personas. Si se enterara… mi vida se va al carajo. Y también Edward. ¡De verdad me agrada! Es un buen chico y bueno, me gusta compartir con él.
Ambas soltaron un suspiro de alivio. Yo les lancé dagas con los ojos.
— ¡No puedo creer que estén aliviadas! ¡Yo detesto todo esto! —reclamé agitando mis manitos—. ¡Si Tanya se entera… mi vida va a ser un completo infierno! ¡Y ustedes van a tener que hacerme un buen funeral si es que no las arrastro en toda esta porquería conmigo!
—Contrólate, Swan —chilló Rosalie.
Tuve que guardar silencio mientras seguía comiendo helado como una condenada.
— ¿Hay algo más que debamos saber? —Alice estaba casi mordiéndose las uñas.
—Anthony puso una condición para callarse la boca con lo de Edward, pero sólo por el hecho de que me gusta. Lo cual no es mentira porque de verdad creo que es muy agradable y simpático y… Bueno, ¡al grano! —Ya me estaba enredando sola con las cosas que decía.
Las chicas se mantuvieron expectantes antes de que abriera la boca.
—Anthony quiere una cita conmigo este jueves.
.
.
.
—Gracias por haber venido a buscarme —dije, agradecida de corazón—. Se suponía que yo te había invitado a ti, yo debería haber…
— ¡Bella! Pero si somos amigos, calma, para eso estamos. —Edward me dedicó una amplia sonrisa mientras me subía a su volvo. Ya había llegado el tiempo de mi salida con él. Aunque seguramente pensaba que íbamos a salir como amigos, a mí me consolaba un poco saber que algo era algo.
— ¿Adónde vamos, madame? —bromeó él. Solté una risotada, jugando con el bordado de la blusa.
— ¿Qué te gustaría hacer? —pregunté, mientras Edward conducía aparentemente sin dirección alguna.
— ¿Qué tan buena eres con los bolos? —murmuró. Yo negué con la cabeza, avergonzada.
—Soy un completo desastre.
Edward sonrió satisfecho, doblando a la derecha por el camino que íbamos.
—Soy un buen maestro. Creo que podemos hacer algo con ello. —Me dedicó una amplia sonrisa que me hizo suspirar.
—Entonces… ¿vamos a Port Angeles? —susurré, sonriendo un poquito.
—Vamos a Port Angeles. Pero conduzco como un demonio, así que no te preocupes por ello. Llegaremos en poco rato. —Cuando miré hacia afuera, ya ni siquiera estábamos en Forks. Cuando miré la hora en el reloj, noté que eran apenas las cuatro y cuarto.
— ¡Mi padre es policía! —Abrí los ojos como platos, mientras Edward se reía con su risa melodiosa, tan característica de él.
—Tranquila, Bells. Tengo todo bajo control. —Edward me indicó la radio y, bueno, por una vez decidí relajarme y romper las reglas. A Charlie no le importaría—. ¿Pones algo de tu música en la radio?
Le dediqué una sonrisa mientras conectaba el I-pod al sistema de audio de su volvo. Esperaba que conociera la canción. Para mi sorpresa, Edward comenzó a cantar apenas resonó la canción.
—Give me a second I, I need to get my story straight. My friends are in the bathroom getting higher than the Empire State…
Solté una pequeña risa mientras cantaba el siguiente verso.
—My love she's waiting for me, just across the bar, my seat's been taken by some sunglasses, asking bout' a scar and…
Edward y yo reíamos mientras cantábamos. En general, parecía que teníamos gustos de música bien similares. A medida que iba pasando las canciones, íbamos comentando cosas, como las comidas favoritas del otro, series, libros…
— ¡Me estás tomando el pelo! —Se rió, mientras estacionábamos en un centro comercial.
— ¡Te lo juro! —Me carcajeé—. ¡Boté la bandeja con el diploma! Y todos quedaron mirándome como si fuera una completa ineficiente. La premiación estuvo llena de mis errores, yo tropezando, yo riéndome, yo actuando como una completa idiota. Nunca me pedían nada en el instituto, y meto la pata con eso… —Me tapé el rostro. Edward seguía riéndose de mi desgracia.
— ¿Y luego qué? —me incitó a seguir hablando.
—Nada. ¿Qué iba a hacer con nueve años y pies torpes? —Negué con la cabeza, para bajarme del volvo. Edward rodeó el auto, y antes de que pudiera hacerlo yo, me abrió la puerta.
Le dediqué una sonrisa a modo de agradecimiento.
Al llegar al ascensor, notamos que la gente salía y entraba rápidamente, llenándose y dejándonos afuera. Nos quedamos mirando, para luego notar que había unas escaleras que nos sacaban del sub-suelo.
Me guiñó el ojo y salió corriendo hacia arriba.
— ¡Edward! —chillé mientras intentaba seguirle a paso rápido, tropecé un par de veces, lo cual provocó risitas pequeñas de él, provenientes de más arriba. De vez en cuando se asomaba, haciendo caras locas, lo cual me hacía reír aún más. Estaba tan fatigada que apenas llegué arriba, con la lengua afuera como si fuera un perro—. Eso no se hace. —Reí haciendo un puchero.
¿Y eso de coquetería de dónde salió?
Cuando llegamos para jugar bolos, Edward insistió en que quería pagar la pista para nosotros.
— ¡Pero si yo invité! —reclamé, cuando nos estaban pasando los zapatos.
—Tú invitaste a un helado, así que técnicamente no estoy rompiendo ningún acuerdo —dijo él, como si nada. Fuimos a sentarnos para calzarnos bien los zapatos. Yo seguía enojada, pero no había nada que pudiera hacer.
—A la salida, yo invito el helado —dije, cuando ya estábamos en nuestra pista. Edward asintió, sonriendo.
—Eres testaruda, Bella.
Me reí, observando a la pantallita que nos indicaba si podíamos jugar aún o no.
Cuando se encendió, Edward anotó nuestros nombres, y comenzamos a jugar.
—Bien, Bells. Escoge una bola —me llamó desde la pista. Me acerqué a uno de los dispensadores que estaba junto a nosotros, y tomé una bola.
—Diablos, diablos, diablos. —Lloriqueé cuando me di cuenta que esta era muy pesada. Edward se apresuró a ayudarme antes de que se me cayera sobre los pies.
Cuando la dejamos en donde estaba, le dirigí una mirada de disculpa, lo cual sólo le hizo reír.
—Hay distintos pesos para distintas edades —explicó, sonriéndome con calidez—. Tú deberías usar números entre el diez y el doce. Bajo eso, son demasiado livianas, porque son para niños. Y bueno, más que eso es para hombres. Tú sabes. —Me alcanzó una bola rosada. Bien, esa sí que era más liviana. Él tomó otra de otro color, que tenía un quince.
—Entiendo, entiendo —respondí, aún un poco sonrojada.
—Ok, Bella. Debes tener el equilibro, ¿comprendes? Trata de agacharte un poco, con un suave balanceo… —Se puso en la posición que él explicaba. Entrecerró los ojos un poco—. Y la tiras lo más derecha que puedas.
La bola rodó rápidamente hasta el fondo, botando todos los pinos. En la pantallita, en la tabla de juego, al lado del nombre de Edward había una "X".
—Cuando haces un strike, aparece una equis en el cuadrito. ¿Ves? —indicó con una seña de mano la pantallita.
Asentí, no podía ser tan difícil.
—Ahora, es tu turno —susurró, dejándome el espacio libre.
Caminé hasta llegar a posición, pero de pronto hubo un ruido estrepitoso. Algo así como un pito.
Edward con los ojos como platos se acercó nuevamente a mí y me hizo retroceder.
—Cuando pasas la línea, suena el pitito. No te recomiendo que pases de ella… Está resbaloso y puedes… bueno, tener una fea caída.
¡Era una ñoña!
Mientras asentía como tonta, con la vista baja y con mis mejillas recorriendo todos los tonos de rojo que existían, traté de inclinarme un poquito en la posición que Edward había hecho. Balanceé un poco la mano derecha y, lentamente, tiré la bola.
Esta rodó con una lentitud infernal, hasta que finalmente se fue por unos huecos que había por el lado de la pista.
Oí a Edward reírse detrás de mí, pero cuando le dirigí una mirada fea, hizo como si nada. Después comencé a reírme yo, hasta que la bola llegó hasta el final de la pista.
—Esto es oficial: apesto —dije aún riéndome. Le cedí el espacio a Edward, pero él negó con la cabeza mientras sonreía.
—Aún te queda un tiro, cuando no botas todos los pinos tienes dos oportunidades.
—Oh, sí, eso. —Fui por otra bola del mismo color, y me puse en el mismo lugar. Comencé a balancear el brazo.
—Parece que no jugabas hace mucho tiempo. —Edward frunció los labios con una sonrisa linda.
—No había jugado a esto en mi vida. —Hice una mueca cuando lancé la bola.
Expectantes, observamos como esta se iba nuevamente por el hueco del lado.
—Te ayudaré, promesa de niño explorador. —Puso una de sus manos en el pecho y la otra la acomodó detrás de la espalda. Me reí estrepitosamente.
Edward fue por una bola, y nuevamente hizo un tiro perfecto.
—No hay forma de que gane si juegas así —refunfuñé, acercándome a la pista con una bola en la mano.
Edward me dedicó una sonrisa mientras se situaba detrás de mí.
— ¿Qué estás haciendo? —murmuré, cuando me ayudó a tomar la bola con una de sus manos. Iba a suspirar con su tacto suave, pero alcancé a controlarme al darme cuenta de que sería demasiado incómodo. Dejó su otra mano sobre mi hombro. No podía estar muy segura de si estaba haciéndolo bien o no, porque sólo podía sentir a Edward detrás de mí, ayudándome.
—Te estoy ayudando, Bells. —Me ayudó a balancear el brazo, y chillé como loca cuando todos los pinos cayeron.
— ¡Soy la mejor! —chillé, haciendo mi bailecito de la victoria.
Edward se aclaró la garganta a mis espaldas y no pude evitar darle un abrazo apretado.
Sonreí ampliamente cuando me correspondió, ambos muertos de la risa, alzándome en el aire.
.
.
.
Cuando llegó el jueves, yo estaba aterrada. A pesar de que el otro día había tenido una tarde agradable con Edward y el plan avanzaba bastante bien, tenía que preocuparme por lo que me esperaba esa tarde.
Anthony había quedado de ir por mí a las seis. Así que, en todo ese lapso entre el instituto y la cita, estuve con las chicas en mi cuarto, buscando una forma de sacarme a Anthony de encima. Sólo sería un estorbo para la apuesta. Y para mi vida también,pensaba.
—Mira, Bella. Vamos a hacer esto, así que presta mucha atención.
— ¿Vamos? —repliqué, arqueando una ceja.
—Bien, vas. Edward no sabe que tenías esta cita, ¿no? Eso podría joderlo todo.
—No, no sabe. Ayer lo pasamos bastante bien, conversamos de muchas cosas, pero en ningún momento hablé sobre la "cita".
—Perfecto —alabó Rose—. Bien, si quieres sacarte a este espécimen de encima, bueno, eh… sólo… sé terrible.
— ¿Terrible? —pregunté.
—Anthony no tiene fama de salir con muchas chicas, pero con las que sale, siempre suele llevarlas a Port Angeles —explicó Alice—. Y van a un buen restaurante. Si te lleva a un lugar delicado, pues, tú sabes. Sólo sé… terrible. Sé la peor vergüenza que vaya a pasar en su vida. Puedes hacerlo, Belli-Bells.
Asentí, tratando de tomar valor para el ridículo que iba a hacer. Tenía un plan trazado en mi mente para que pudiera alejar a este tipo de una vez por todas.
Anthony Miller estás por verte con el lado oscuro de Bella Swan.
.
.
.
.
.
.
Hola D: lamento subir el capítulo a estas alturas de la noche, pero tuve un día de porquería así que no pregunten 3 xd
bueno, en el capítulo 7 veremos a la Bella que come pizza y eructa con Jacob, así que se reirán un montón xD
¡Muchas gracias por sus alertas, favoritos, reviews y toda la cosa! ahora comienzo a responderles ksjdksdgsa
Un abrazo enorme y como ya saben, nos leemos el viernes
Mordiscos!
-Vale
