Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, bla, bla, bla… la historia es mía, bla, bla, bla… no la tomes para traducirla o tomarla porque sí, sin mi consentimiento, bla, bla, bla… o te acuso con Aro Vulturi.
Disfruten, queridos querubines :D
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Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
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Bella Swan's Brand New Acid Test:
(La prueba de fuego de Bella Swan).
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Capítulo 12: ¿Qué onda con Bella Swan?
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Esto iba a ser una bomba. Una bomba gorda, fea y grande que se iba a acercar a mí de forma avasalladora y no me iba a dejar ninguna salida o escape.
Ya estaba jodida de pies a cabeza.
Me paré de la cama y al mirarme al espejo no pude ver nada más que la cara de trasero de una tipa patética que aparentemente se estaba arruinando la poca y escasa vida social que tenía.
No era que me importara la opinión del resto de la gente, sino que se me hacía complicado lo que fuera a pensar Edward sobre lo del periódico… O peor:
Lo que fuera a pensar Edward cuando se enterara sobre la estúpida apuesta. ¡Sobre la jodida apuesta, señores!
Solté un suspiro. Al menos mi vocabulario no había cambiado, tenía que haber una pizca de la antigua Bella: grosera, bruta… pero auténtica. ¿De qué me servía ser Miss Simpatía si nadie me quería de esa forma? O peor: ¿si yo no me quiero de esta forma?
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Al llegar al instituto, no había mucha gente. Era tempranito. Tipo siete y media de la mañana, por lo que sólo me quedó sentirme aliviada de tanta tranquilidad.
No quería ni saber lo que pasaría cuando me cruzara con ciertos especímenes como Anthony Miller. Porque, diablos, hablamos de Miller.
El maldito de los zapatos caros, la sonrisa de comercial y peinado como si fuera a ir a su graduación.
Sí, el infeliz por el que cualquiera babearía, por quién cualquiera estaría feliz de estar en mis zapatos, etcétera, etcétera, era, desde mi punto de vista, el ser más cochino y despreciable de la historia.
Y lo sabía de cerca. Anoche fui a su casa a encararlo.
Eran como las ocho de la noche. Charlie no habría aprobado una actitud como aquella, el ir a ver a un tipo a su casa un domingo por la noche, pero poco me importó.
Renée y Charlie estaban empeñados en prestarle atención a la novela de cuarta que estaban mirando, pero yo, como buena chica, me hice la loca y salí por la puerta como toda una señorita. Pero, una vez de que estuve fuera de sus vistas, me volví una loca psicótica nuevamente y, con el ceño fruncido, conduje hasta la casa de Miller.
¿Que como sé donde vive Miller?
Vivimos en Forks, amiguitos. Que no se les olvide que el planeta aquí es del tamaño de una arveja.
Entonces, encendí mi cacharro y me dispuse a practicar mi cara de "hembra que se respeta" mientras conducía.
Lo hice lo mejor que pude, eh. No me culpen.
La cosa es que cuando iba llegando donde Miller, preferí tomar precauciones y dejé estacionado mi cacharro en la otra esquina. De nuestra clase, había dos personas que habitaban cerca de Anthony y no quería más material para ese periódico estúpido.
Golpeé la puerta con delicadeza. Primer error, pensé.
Pero, ¡hey! No iba a comportarme como una idiota si sus padres estaban en casa.
Me abrió su padre. El cual parecía una versión de Anthony veinticinco años más viejo.
— ¡Bella! —me saludó—. ¿Cómo anda tu padre?
En dos pies, estúpido, me dije para mí misma. Obviamente fui más cortés que eso y me limité a responder:
—Muy bien, señor Miller. ¿Está Anthony por ahí?
— ¿Te invitó a salir? Me dijo que han estado pasándolo bien este tiempo juntos. Estábamos esperando que formalizara y se dignara a presentártenos como corresponde, pero el niñito salió medio huaso, parece. Oh, ¡espera! Ahí viene.
En eso, apareció Anthony. El señor este se puso a llamar a su esposa para "presentarle" a la novia de su hijo. Yo aún estaba con el corazón en el cuello, no podía ni reaccionar.
—Señor, es que yo…
—No seas tímida, "mi amor" —dijo Anthony, guiñándome el ojo.
Mientras yo seguía en mi estado de catarsis, una niña chica, de unos cinco años más o menos, se colgó brutalmente de mi pierna, mientras gritaba "¡Hermana grande, hermana grande!"
O sea, ni que me estuviera muriendo.
Una niña colgándose de mi pierna, los suegros que no sabía que tenía me estaban llevando dentro de la casa y encima Anthony ponía su mano en mi cintura. ¡En mi cintura! ¿Qué se creía el muy degenerado?
—Señores, a ver, es que, eh, yo no estoy con Anthony —solté—. No sé qué mentira les habrá dicho él pero yo no he estado con él. Simplemente venía a aclararle un tema importante.
— ¡Bella! No seas tímida, si Anthony ya nos dijo todo —susurró la señora cuyo nombre dijo pero ya no recordaba—. No tienes de que avergonzarte.
Me tomé el puente de la nariz mientras resoplaba y contaba hasta diez.
— ¿Cuál es tu nombre, cielo? —le pregunté a la niña con fingida dulzura.
—Ashley —respondió alzando su barbilla—, ¿acaso Anthony nunca te habló de mí?
—Pregúntale a tu hermano en qué rayos ha andado pensando, entonces, que no me cuenta sobre una niñita tan bonita como tú. —Le sonreí—. Desde la puerta noté que tienes una gran casa de muñecas, afuera en tu patio. ¿Me la prestas para Anthony y para mí un poquito? Quiero conversar con él un minuto.
— ¡Claro! —dijo ella, aplaudiendo. Acto seguido, desapareció escaleras arriba. Los adultos nos sonrieron y se fueron a la cocina a hablar de no sé qué. Y antes de que pudiera decir algo, Anthony ya se estaba colgado de mí.
Llegamos a la casita, y simplemente cerré la puerta, dejándonos adentro.
—Mira, cabrón. No sé qué te he hecho para que andes hablando de mí con tu familia como si me conocieras perfectamente y pavadas de ese estilo. Yo no soy tu novia. No he sido tu novia. Y lo que te voy a pedir, —tomé su camisa entre mi puño y me limité a acercarlo a mí—, es que te dejes de joder y vete a molestar a otra persona porque me salen problemas por tu culpa, más de los que ya tengo.
—Soy tenaz, Bella. —Me guiñó un ojo.
— ¡No tienes remedio! —chillé, empujándolo, pero no sirvió de mucho porque mi fuerza era la equivalente a la de una jalea con patas.
Impulsada por el odio, abrí la puerta de la casita de muñecas y salí de ahí con la cara más horrenda del siglo.
— ¿Ya no van a usar más mi casita? —dijo Ashley.
—Qué bueno, pensé que estaban echando un polvo —dijo el papá.
— ¿Y esa cara de enojo, Bella? ¿Ese niño con mal gusto terminó contigo?
— ¡Yo nunca he estado con Anthony! ¡Ya lo dije! ¡Y si alguna vez lo estuvimos, pues digo que yo termino con él y san se acabó! Por cierto, no es nada con ustedes. Son muy buena onda, su hijo tiene problemas psicológicos, dejen que se los diga. Y ah, su casa es muy bonita.
Abochornada, bajé la cabeza, hice un saludo estúpido con la mano y salí a la calle con el peor sentimiento de la vida: miseria.
Cuando miré el estacionamiento del instituto y vi a Anthony, me dieron ganas de plantarle un buen coscorrón por dejarme en vergüenza de esa forma frente a su familia, pero no era algo válido. No podía darme el gusto de resolver todo a golpes. Era un comportamiento infantil, un comportamiento estúpido.
Entonces, me propuse tratar de olvidarlo.
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Para cuando sonó el timbre que llevaba al recreo, con un desgano completo, arrastré los pies hasta llegar al baño de niñas. Y fue extraño. Extraño porque había miradas raras en mi dirección, y no sabía por qué. Podía oír cuchicheos desagradables y cuando no se tiene certeza del porqué están hablando, no se puede hacer nada al respecto.
Una vez que usé el baño, me acerqué a lavarme las manos, pero mientras me enjuagaba, noté el ejemplar del periódico escolar que estaba sobre el lavabo. Estaba escurriendo porque seguramente alguien le había tirado agua encima, pero se podía distinguir bien el titular:
"Bella y Swan y Anthony Miller, el florecer de un gran amor".
Pegué el grito en el cielo mientras me secaba las manos en los pantalones y salía del baño con cara de Chucky.
Oficialmente, me había convertido en asesina en serie.
Caminé hacia un lugar donde había un periódico tirado, por lo que me agaché a recogerlo.
Abrí en la página cinco como indicaba, donde había una entrevista supuestamente verídica.
— ¡Yo nunca dije esto! —lloriqueé.
Cuando alcé la vista, noté a Alice y a Rosalie mirándome fijamente, y a su lado estaba Edward, con una expresión que no supe definir. Nuestras miradas se encontraron, pero antes de que pudiera hacer algo, él ya estaba dándome la espalda para doblar por otro pasillo.
Encabronada, me puse a buscar a Anthony.
Oí algunos aplausos a mi alrededor, lo que indicaba que la gente estaba notando mi enojo. Algunos vitoreaban y apoyaban mi cara de desprecio puro, aunque no supieran lo que iba a hacer. Sin embargo, supongo que se lo imaginaban.
Había gente que me seguía por los pasillos, no importaba. Aquí sólo debía encontrar a Anthony y ponerlo en su lugar.
Cuando lo localicé, hablando con los cerebro de maní, lo tomé y lo alejé de su grupito. Le planté una buena cachetada con el periódico enrollado y luego lo pisoteé en el suelo. Él observaba cada uno de mis actos.
—Miller, yo nunca he estado contigo. No inventes cosas que no he dicho, así que ponte en tu lugar.
—Cielo, no me niegues. Todos lo saben —susurró, suplicando con la mirada.
Entonces, miré al cielo exasperada.
—Anthony.
— ¿Qué?
— ¿Quieres ser mi novio?
Hubo un silencio sepulcral. Hasta él me sonrió.
— ¡Claro que sí, mi amor! —chilló, intentando rodearme con sus brazos.
La muchedumbre a nuestro alrededor estaba atenta. Yo simplemente me deshice de su abrazo con un golpe en su espalda.
—Pues, bien. Entonces terminamos. ¡Ten una buena vida!
Entonces, se abrió un huequito por ese círculo y me dispuse a salir. Había algunos vítores detrás de mí, algunos "OHHH", y otros simplemente se reían de Anthony.
Y bueno, esa es la historia de cómo estuve de novia tres segundos con Anthony Miller.
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Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa kshdakjdhd les cuento que terminé mis exámenes estoy en mis flamantes y bellas vacaciones y bueno, ahora sí que sí no nos detenemos hasta terminar :D
Bien, me reí mucho escribiendo este capítulo, que después de todo le quita peso al drama que estamos experimentando últimamente (?)
Así que espero le guste, y bueno, pues nos veremos la próxima semana :D
Feliz viernes 13, ah
PD: ahora respondo toooodos sus reviews 3
PD2: holi
Mordiscos!
-Vale
