Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, bla, bla, bla… la historia es mía, bla, bla, bla… no la tomes para traducirla o tomarla porque sí, sin mi consentimiento, bla, bla, bla… o te acuso con Aro Vulturi.

Disfruten, queridos querubines :D

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Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
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Bella Swan's Brand New Acid Test:

(La prueba de fuego de Bella Swan).

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Capítulo 13: Cambio de planes.

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Cuando salí de entre el círculo de personas, me dispuse a localizar a Alice, Rosalie y Edward.

En primer lugar iba a exigirles una explicación a ese par de brutas y en segundo tenía que hablar con Edward. No podía quitarme su expresión de decepción de la cabeza, me encogía el corazón.

Decidí ir al casillero de Alice, primero. Siempre íbamos ahí, luego pasábamos por mi casillero y luego íbamos al de Rosalie. Para finalizar, les acompañaba al baño.

Todavía era temprano, en todo caso. Aún no tocaba la campana para entrar, así que supuse que estaba bien en la hora. El reloj debía marcar veinte minutos para las ocho, aproximadamente.

Casi corrí, mientras la gente me dirigía miradas extrañas a medida que iba pasando. Algunos me miraban con aprobación, testigos de lo que habían presenciado, otros simplemente… leían el cochino periódico.

Hice caso omiso de esto último.

Cuando llegué al casillero de Alice, estaban retirándose.

—Epa, epa… —murmuré con altivez—. ¿Adónde creen que van? —Puse mis brazos en mis caderas, debía de tener aspecto de jarra.

—Buenos días, Bella —murmuraron despacio, sin mirarme.

— ¿P-puedo saber a qué se debe esa frialdad en el saludo? ¿Algún problema?

—No, Bella —respondieron al unísono.

— ¿Entonces? —Arqueé una ceja—. ¿Puedo saber por qué están huyendo de mí como si yo hubiera hecho algo malo?

— ¿Cómo pudiste no decirnos que estabas con Anthony? —Sollozó Alice—. ¿No ves acaso que Edward ahora…? —Entonces llevó dos manos a su boca y se calló.

— ¿Edward qué? —insistí.

Rosalie se limitó a mirar al cielo teatralmente y luego me miró.

—No puedo creer que nos hayas mentido, Bella. Se suponía que esto era para enamorar a Edward, no a Anthony. —Su voz mostraba enojo puro. Le sonreí incrédula.

— ¿Siguen con lo de la apuesta?, por el amor de Dios. ¡¿Acaso no ven todo lo que está pasando?! La apuesta es una estupidez. Estoy harta de fingir algo que no soy, estoy harta de pretender que esto no me importa. ¡Me gusta Edward, es más lo amo! No a Anthony porque no es él y NUNCA va a ser él.

Un brillo en los ojos de Alice apareció, Rosalie frunció los labios.

—Y agradecería que me preguntaran qué onda con mi vida antes de hacerme la ley del hielo y creer cualquier cosa.

—Pero la entrevista… —Alice sacó un ejemplar del periódico de su mochila. Se lo quité y lo empecé a deshacer hoja por hoja.

Había estudiantes mirándome con cara de espanto, no me importó.

Tiré el conjunto de hojas al suelo y lo pisoteé con ganas, con mis botas haciendo un sonido extraño, suela contra piso.

—Eso es lo que opino del periódico, me chupa un ojo.

— ¿Y esa entrevista, Bella? ¡No somos tontas, por el amor de Dios! —Rosalie se cruzó de brazos.

— ¡La inventó Anthony! ¿Ustedes creen que yo juraría amor eterno a un fulanito como él, más encima para que medio mundo lo lea? Qué poco me conocen —refunfuñé.

—Entonces… —comenzó Alice—, ¿todo esto del periódico fue un montaje?

—Uno muy mal hecho, por supuesto. —Sonreí irónicamente.

Ambas me abrazaron, pero yo me deshice del abrazo.

—Ustedes son un par de cretinas. Dejen de creerle a los demás y empiecen a creerme a mí.

—Pero Bella… —empezaron las dos.

—Nada de peros, esto se acaba aquí y ahora. Adiós estúpida apuesta y eso es todo lo que voy a decir.

Acto seguido, me giré en ciento ochenta grados y comencé a buscar a Edward.

Tenía que estar en su casillero, quedaban quince minutos para que empezaran las clases. Cuando me aproximé lo suficiente y le encontré sacando una carpeta de su casillero, le toqué el brazo. Él estaba de espaldas a mí.

—Bella —murmuró.

—Hey, saludé. ¿Cómo supiste que era yo?

—Simplemente lo supe. —Suspiró. Se dio vuelta y me miró un par de segundos—. ¿Qué sucede?

—Creo que comprendiste mal lo del periódico.

—No hay nada que explicar, Bella. Te gusta Anthony, están bien juntos y eso es lo que cuenta, ¿sí?

—Edward, tú no comprendes…

—Claro que sí, Bella. —Intentó sonreír, pero la sonrisa no le llegó a los ojos—. Además, somos amigos. No necesitas… —se le trabó la voz—, no necesitas darme explicaciones.

—Es que Edward…

—Bella, tranquila —me interrumpió. En dos segundos le envolví en un abrazo, que él también correspondió.

Sentí sus manos fuertes en mi frágil cintura. Apoyé mi cabeza en su hombro, poniéndome de puntillas porque era muy alto.

—Déjame terminar, por favor.

—Bella, yo…

— ¡Edward! —le regañé. Él soltó una pequeña risita que hizo que mi estómago se sacudiera.

Seguía atrapada en su abrazo protector.

—Yo nunca estuve con Anthony, lo del periódico es una entrevista inventada por Anthony, y ahora le pedí que fuera mi novio pero apenas aceptó lo mandé a volar de nuevo para que todos quedaran de testigos que yo no estoy ni ahí con él.

— ¿Que tú qué? —Edward frunció los labios. Me alejó un poco para mirarme. No supe interpretar su expresión, podía sentir curiosidad… pero había una pizca de decepción, también…

¡Patrañas, Isabella! Edward es gay, bruta, bruta, bruta.

—Fui a encarar a Anthony porque lo de la foto, la entrevista, todo, TODO, era una mentira. Entonces él empezó a decir que me quería, bla, bla, bla, y yo le dije: ¡Pero si aquí nunca pasó nada! Y él insistía, etcétera, etcétera, y como yo me cabreé, le dije "¿quieres ser mi novio?". El muy idiota se lo tragó, dijo que sí, y cuando dijo que sí le dije "bien, entonces terminamos". Y eso. Nunca estuve con Anthony, Edward, créeme.

No respiré durante mi explicación express.

—Estuviste con él tres segundos.

La expresión de Edward era seria. Sin embargo, luego un brillo burlón en sus ojos apareció y besó mi mejilla. Nos reímos un segundo.

Edward finalmente cerró su casillero y decidió que fuéramos juntos a clases.

No sé por qué sentía esta necesidad de contarle a Edward lo que había pasado con Anthony. Él tenía razón: no éramos nada, no tenía por qué darle explicaciones ni nada.

Pero ahora me sentía sin ataduras: la apuesta había terminado, Edward estaba bien. Yo también lo estaba. Y el tema de la borrachera salvaje no había aparecido en nuestra conversación. Por mí, perfecto.

Ahora por fin yo podría hacer las cosas bien. Iba a enamorar a Edward Cullen bajo mis reglas, sin ninguna apuesta estúpida, ni para probar nada a nadie.

Éramos libres.

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La crisis del periódico, gracias a Dios, había pasado. A la mañana siguiente me levanté tranquila.

Hice mi cama y me dirigí a la ducha. Mi cabello me lo había lavado por la tarde, así que ni un problema con eso.

Me tomé el cabello con un moño y lo dejé bien alto para no mojarlo.

Cuando salí de la ducha, finalmente me dirigí con calma a mi cuarto. Cuando abrí mi clóset para ver qué ponerme, me sentí iluminada.

No más ropa sofisticada.

No más maquillaje.

No más nada.

Sería Bella y punto.

Saqué mis converse que estaban casi abandonadas en el fondo de la parte inferior del clóset, tomé una camisa a cuadrillé limpia y planchada, y bueno, tuve que sacar unos jeans que compré con Alice y Rosalie, porque, lamentablemente, la ropa que había sido condenada como un delito según la policía de la moda, fue donada a la caridad.

Sin embargo, cuando me vestí, me sentí cómoda. Me sentí más yo.

Estaba usando de esos pantalones ajustadísimos, pero con las zapatillas y la camisa… los hacía ver bien. Los hacía ver natural.

Mi cabello lo dejé suelto y lo único que me hice en la cara, fue aplicarme crema. Tenía ese estúpido encrespado permanente, así que nada que hacer con ello.

No me apliqué rubor, ni sombra, ni ninguna cosa. Simplemente me puse algo de protector de labios, para labios partidos.

Y listo.

Cuando me miré al espejo, sonreí.

Era yo, finalmente.

Dejé a un lado ese bolso con florcitas, y busqué mi mochila naranja, tan enorme que casi se veía deforme en mi espalda. Ahí deposité mis libros y las cosas necesarias para el día.

Al fin era yo, Bella. Y estaba lista para jugar este juego con mis reglas.

Señores, la vieja Bella había vuelto en gloria y majestad. ¡Aleluya!

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WOOOOOOOOW, la apuesta llegó a su fin. Ahora Bella tiene que esforzarse por conquistar a Edward y que el tema este de la apuesta no salga a colación.

¡Quiero darles las gracias por la fidelidad que ha tenido frente a la historia y toda la cosa! Así que un besote enorme para ustedes. Gracias por sus reviews.

¡Nos estamos leyendo la próxima semana!

Mordiscos,

Vale.