Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, bla, bla, bla… la historia es mía, bla, bla, bla… no la tomes para traducirla o tomarla porque sí, sin mi consentimiento, bla, bla, bla… o te acuso con Aro Vulturi.
Disfruten, queridos querubines :D
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Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
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Bella Swan's Brand New Acid Test:
(La prueba de fuego de Bella Swan).
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Capítulo 17: Oficialidad, entre otras cosas.
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Había sido un largo fin de semana. Habíamos vuelto, como era previsto, el domingo al medio día. El resto de la tarde, supongo que cada uno se dedicó a descansar antes de volver a clases al día siguiente. Teníamos suerte de no tener exámenes esa semana, porque, si no, habría sido realmente latoso tener que volver simplemente a meter las narices entre los libros de texto.
Comenzamos a empacar temprano. Desarmamos la estúpida tienda rosada de Alice, recogimos nuestra basura, ordenamos los sacos de dormir, y, en resumen, limpiamos el chiquero.
Empezamos a guardar las cosas en el carrito que arrastraba el Jeep de Emmett. Y, una vez que estaba todo guardado y en orden, nos fuimos a dar el último chapuzón al río. El agua estaba un poco helada, pero fue refrescante. Estuvimos chapoteando una media hora, hasta que nos envolvimos en nuestras toallas y volvimos.
De vuelta nos fuimos cantando unas canciones un poco absurdas, haciendo el loco por la calle.
Emmett y los chicos me fueron a dejar primero. Yo venía usando simplemente un vestido ligero y mis sandalias. Aún tenía el cabello mojado. El clima estaba cálido, a pesar de que había un par de nubes revoloteando por ahí.
Edward dejó un beso en mi frente una vez que me bajé. Los otros cuatro se habían puesto a hacer ruiditos incómodos, como unos suspiros o simulaban que se daban besitos. Me puse como un tomate.
Charlie y Renée salieron de casa para ayudarme a entrar mi bolso y los sacos de dormir. Intenté mantener la compostura con Edward ahí y los demás, pero se me hizo bien complicado cuando tiraban indirectas al aire. Y no era como que Charlie y Renée no entendieran nada.
—Así que, Emm —decía Alice—, ¿no crees que Bella anda con las mejillas más sonrosadas de lo habitual? Ni que estuviera enamorada.
—Tiene un brillo distinto en los ojos —le apoyó Rosalie—, como si sus ojos expresaran más emoción.
Gruñí por lo bajo, cuando miré a Edward estaba partiéndose a carcajadas.
—Bien, chicos. Gracias por traer a Bells a casa —agradeció Charlie—. ¡Nos estamos viendo!
—Adiós, Renée, adiós Charlie —gritaron los chicos cuando se alejaban por la calle principal.
Comenzamos a entrar a la casa, dejé mis pertenencias en mi habitación, mientras que Renée y Charlie llevaban los elementos de camping al garaje.
—Bella, mírame —dijo Renée cuando iba subiendo las escaleras una vez que hubo terminado todo. Iba a darme una ducha. Me detuve cuando Renée se acercó a mí y me tocó la frente—. Te noto un poco acalorada, Bells. Estás roja como un tomate. ¿No hay nada que tenga que saber? —me exigió saber—. Y tus ojos están brillosos, como decía Rosalie en el Jeep.
—Mamá, hace calor. Sólo quiero lavarme el cabello y darme una ducha fría —dije de la nada, como si fuera lo más natural del mundo. Renée entrecerró los ojos y besó mi frente, para luego dejarme subir.
Cuando llegué a mi cuarto, cerré la puerta detrás de mí.
—Bocones imbéciles —mascullé.
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Por la tarde me dediqué a ordenar mi clóset, el cual era un desastre. Tenía las camisetas junto con las zapatillas, que estaban todas sucias.
Renée me miró escépticamente a la hora de la cena y mientras miraba la televisión.
Me hice la loca, naturalmente.
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A la mañana, siguiente, ocurrió algo que no esperaba.
Tomé mi camioneta-cacharro y partí al instituto. Eran recién las siete y media, pero había despertado más temprano de lo habitual y ya no tenía modo de quedarme dormida de nuevo. Así que salí más temprano de casa.
Estacioné en mi lugar de siempre y entré, en dirección a mi casillero. Al abrirlo, encontré un post-it de color rosado, en forma de corazón. Con un marcador morado, decía:
Baño de niñas del primer piso. 7:45 de la mañana.
Asumí que era una instrucción, por lo que me limité a ir a dónde me indicaba el papel. De todos modos, quería echarle algo de agua a una botella. Quizás era verdad que estaba un poco acalorada.
Cuando llegué al baño de chicas, parecía estar cerrado. Golpeé la puerta con delicadeza y esperé a ver si alguien me abría.
La puerta se abrió sola. Cuando entré, me acerqué al lavabo para llenar mi botella, pero una vez que alcé la vista, noté a Tanya Denali detrás de mí. Estábamos solas.
—Hey —susurré, abriendo los ojos como platos. Tenía que estar alerta.
—Bella, creo que hay un tema que no te quedó claro la última vez que hablamos. —Su voz intentaba sonar dulce, pero era como la de una muñeca diabólica.
—Uhm, no estoy segura de lo que hablas.
—Te dije que no llamaras la atención de Anthony. Y me enteré de ciertas cosas, como que tenían algo, ustedes dos.
—Tanya, yo no estoy con Anthony y no he tratado de llamar su atención. El otro día, sí, te confieso que fue a mi casa a verme, él quería conversar. Y marqué los límites, te juro que no me interesa en absoluto.
—Bueno, ahora que retrocediste a tu facha antigua, o al menos en parte, con un poco más de estilo, dudo que Anthony quiera cometer suicidio social contigo. Pero estás advertida, cariño.
—Yo, ehm, creo que sí. Bueno. Aunque deberías quedarte tranquila con eso… esto, eh, tengo novio.
—¿Ah sí? —Tanya intentó contener la risa. Vale, esto estaba comenzando a ponerse molestoso—. Bien, ¿quién es el afortunado? —Se cruzó de brazos y me miró desafiante.
—Ehm, Edward Cullen —murmuré. Mi voz no tembló en ningún momento.
—¿Cu-Cullen? —Su voz denotaba sorpresa—. ¡Choca esa aleta, hermana! Ahora sólo necesito que Anthony se entere y por fin buscará consuelo… ¡en mí!
Y dicho esto, se fue brincando en dirección a la salida del baño.
—No sé por qué tengo este presentimiento de que se va a enterar toda la escuela —gemí.
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Parecía como que tenía un don psíquico. Entré a clase más asustada de lo normal, pero me relajé cuando noté que Edward había guardado un asiento para mí, a su lado. Intenté hacer caso omiso de esas caritas que ponían Emmett, Jasper y los demás. Sin embargo, me pareció bastante particular la expresión de Jacob, como si estuviera incómodo.
Edward y yo habíamos jugado al gato en clase de cálculo, como siempre. Había sido mi propuesta. Como estábamos al final de la sala, sólo teníamos que asegurarnos de copiar los apuntes y, una vez que terminábamos, volvíamos al juego.
Le gané a Edward repetidas veces y lo regañé cuando noté que estaba dejándome ganar.
Para la hora del almuerzo, las cosas se volvieron caóticas.
Caminé junto a Edward para ir en busca de una bandeja, porque había pollo con papas fritas de almuerzo.
Cuando tuvimos la comida en nuestras manos, caminamos a la mesa donde nos sentamos siempre, y comenzamos a comer con los demás.
Pero un cuchicheo infernal invadía la cafetería. Desde una mesa alejada, Tanya me hizo una seña con la mano y luego levantó el pulgar.
—Bella, ¿estás bien? —preguntó Edward, sin darse cuenta de lo que pasaba alrededor.
—Hm, Tanya se dio el trabajo de informar al instituto las buenas nuevas —dije con rapidez antes de echarme un pedazo de pollo a la boca.
Edward miró en todas direcciones y se dio cuenta de que nos miraban.
Acto seguido, besó mi mejilla y siguió comiendo, como si no importara. Los chicos guardaban silencio. Incluyendo a Jacob, Seth y Bree.
—Bueno, no es como que fuera el gran secreto —dijo Edward, limpiándose la boca con la servilleta—. Así que vamos a pretender que no importa y que no afectará en nada a la situación.
Él me sonrió, y me di cuenta que le importaba poco lo que opinaran los demás. Miré a Jacob, quién me estaba mirando, pero se limitó a bajar la cabeza y a echarse una papa frita a la boca.
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Cuando salimos de clase, los murmullos seguían presentes. Pero pretendí que no importaba, tal y como hacía Edward. Nos fuimos a la parte trasera del campus, a las mesas al aire libre. Y nos quedamos ahí, conversando, jugando con las pelusas que revoloteaban con el viento, sentados en el pasto, sacando flores y quitándoles los pétalos.
—Me quiere —dijo Edward, sacando un pétalo de una margarita—, no me quiere. —Sacó otro. Negué con la cabeza, riendo.
—Eso es bastante ridículo, ¿sabes?
No me hizo caso.
—Me quiere —dijo con entusiasmo—. No me quiere. —Hizo un puchero.
Rodé los ojos. Sacó el último pétalo y dijo:
—¡Me quiere! —Puso una falsa expresión de sorpresa. Le quité el palito de la margarita y lo empujé hacia atrás. Nos recostamos en el pasto, mirándonos a los ojos—. Bella —me llamó, lo cual fue innecesario porque ya le estaba mirando.
—Eddie —bromeé. Él se rió.
—Deberíamos hacer algo juntos —susurró—. ¿Qué te parece… si vamos a Port Angeles el viernes? Puedo pasar a buscarte y podré saludar a Charlie y a Renée.
Empalidecí.
—¿Quieres contarles?
—No tiene nada de malo, no me asusta el jefe de policía Swan —bufó.
Asentí cuando noté la relajación en su rostro.
—Bien.
—Y de vuelta, si quieres, puedes pasarte un rato por mi casa. A Carlisle y a Esme no les importará.
—¿Y si no les caigo bien? —susurré.
—Oh, vamos Bella. Eres el ser más hilarante del universo. Te adorarán. Yo ya lo hago.
Negué con la cabeza, sonriendo. Edward se sentó nuevamente en el pasto y tomó otra margarita.
—Me quiere… No me quiere. ¡Me quiere!
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¡Hola! Es noche de viernes y me imagino que algunas no verán esto hasta más tarde porque debe estar partyhardeando, ah
bueno, aquí vemos como evoluciona todo en Forks! Y sipi, Tanya es una bocona/metiche/ycosasquesuenanmuygroserasyquenodiréaquí, pero en fin, espero les haya gustado el capítuno n_n
Nos estamos leyendo la próxima semana. He estado muy ocupada vegetando en mis vacaciones, así que no he respondido sus reviews u_u pero como son siempre las que comentan, les mando un besito a todas ustedes porque me siguen desde el inicio, so, ¡un abrazo estruja huesitos para ustedes!
Mordiscos,
Vale
