Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, bla, bla, bla… la historia es mía, bla, bla, bla… no la tomes para traducirla o tomarla porque sí, sin mi consentimiento, bla, bla, bla… o te acuso con Aro Vulturi.
Disfruten, queridos querubines :D
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Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
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Bella Swan's Brand New Acid Test:
(La prueba de fuego de Bella Swan)
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Capítulo 19: Primera cita, parte II.
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—Estaba todo muy rico, Edward. Gracias —dije cuando terminé con mi emparedado. Edward me dedicó una sonrisa.
—La verdad es que no estaba seguro de qué hacer. Tengo que darle el crédito a Bree para esto. Nosotros preparamos todo.
Se sonrojó.
—Después tendré que darle las gracias, entonces. —Le sonreí.
Guardamos los envases en la canasta y sacamos las golosinas. M&m's, nutella y chocolate. Las llevé yo, mientras Edward dejaba la canasta en la parte trasera, junto con la manta. Me abrió la puerta, nuevamente, y nos fuimos. Abrí la nutella y nos fuimos comiéndola a cucharadas.
—¿Y ahora? —pregunté.
—Vamos a un lugar especial.
—Dime —pedí, con un puchero.
—Nop. —Vale, se estaba riendo. Él sí que sabía cómo mantener el suspenso.
—Eres cruel —respondí, cruzándome de brazos. Le oí soltar una carcajada antes de ponerme un poco de nutella en la nariz.
Hice caso omiso de esto, cuando llegamos casi al centro de Port Angeles. En el lugar, había un estacionamiento, junto a un lugar lleno de luces y música.
Era una feria. Un parque de diversiones.
Cuando me bajé, noté que todavía tenía la nutella en mi nariz. Me la limpié con un dedo y la saboreé. Edward se reía a mi lado.
—¿Te gustan los parques de diversiones? —preguntó. Asentí, sonriéndole. Desde niña no iba a ninguno.
Edward se acercó a la boletería y pagó los tickets, antes de que yo pudiera protestar. Había muchos juegos en pie, aún. Además de la feria donde se podía ganar premios.
Como estábamos con el estómago lleno, no compramos más golosinas, pero sí le acepté una bebida a Edward, porque estaba sedienta.
Nos tomamos nuestras gaseosas sentados en una banca, oyendo los gritos de las personas en las distintas atracciones.
—¿A qué te quieres subir primero? —me preguntó.
Yo, en lo personal, no le tenía miedo a las atracciones, así que me sentí ansiosa por recorrerlo todo.
—Vamos a las tacitas —respondí, dando saltitos como una niña. Edward tomó mi mano y nos dirigió a la fila de la atracción.
Las tacitas consistían en una especie de superficie redonda, la cual giraba, que tenía distintas tacitas de diferentes colores, en las cuales uno entraba. Estas también giraban.
Cuando llegó nuestro turno, me situé en el asiento junto a Edward y me tomé de su brazo. Estaba nerviosa. Edward me tomó por la cintura y solté un gritito cuando la atracción comenzó a moverse. El plato, giraba y, de pronto, nuestra tacita también estaba girando. Cada vez más fuerte. Primero estaba un poco afirmada de Edward, pero al final ambos terminamos levantando los brazos y gritando como locos. Íbamos para un lado, después la rotación cambiaba de sentido. Cuando terminó, Edward tenía el cabello parado. No quise ni saber mi aspecto porque él pegó una tremenda carcajada cuando me vio. Rodé los ojos y sujeté mi cabello en una coleta.
La siguiente atracción fue una Montaña Rusa.
Era una de las atracciones más grandes en la feria. Tenía unas cuantas vueltas y giros. Tomé la mano de Edward y nos situamos en la fila. Luego de un minuto, Edward me soltó y me abrazó por la espalda. Nos quedamos así, en silencio, mientras oíamos la música de la feria y como la gente conversaba.
Cuando la fila comenzó a avanzar, Edward tomó mi mano y, en segundo, ya estábamos sentados en nuestro asiento. Éramos los primeros de todo el carrito.
—Esto me da cosita —murmuré, con voz nerviosa. Edward me sonrió y dejó un beso en mi mejilla.
Si él pensaba que eso me relajaba, no hacía más que ponerme a hiperventilar. Bien hecho, Eddie.
El carro se empezó a mover y no pude contener un gritito. Edward me rodeó la espalda con el brazo y escondí la cabeza en su pecho cuando empezamos a subir, a bajar y a dar vueltas. Finalmente, abrí los ojos y saqué la cabeza. Edward iba disfrutando del viaje, así que abrí los ojos y grité. Él se giró a mí, me sonrió y se puso a gritar, a propósito, obviamente. Me reí de las morisquetas que hacía con el rostro, que aparentemente eran para hacerme tener un taque de risa. Él parecía ser más valiente que yo. Creía que no me daban miedo las atracciones, pero al fin y al cabo me daban una sensación de no-sé-qué. Sentí mariposas en el estómago cuando tuvimos una gran bajada ante nosotros.
Grité como nunca, alzando los brazos y, cuando pasamos la bajada, él besó mi mejilla. Sonreí aliviada.
Cuando bajamos de la atracción, ya no estaba tan despeinada.
—Te dan miedo las atracciones.
—Que no —respondí, frunciendo el ceño.
—Parecía que tenía que calmarte con un beso cada cinco minutos —resopló Edward.
—Nah, no seas llorón. Tú te aprovechabas de la situación para sacar ventaja de mí. —Le saqué la lengua y oí como se reía.
Caminando, nos acercamos a la sección de juegos y premios. Había tres aros colgados sobre una mesa.
—Tienes que meter las pelotas en los aros y, cuando lo hayas hecho tres veces, puede ganarle un premio a la señorita —explicó el joven que estaba sentado junto a los peluches. Tres pelotas costaban tres dólares.
Sin haber dicho palabra, Edward puso tres dólares sobre la mesa. Rodé los ojos, esto sería divertido.
El chico le dio las tres pelotas a Edward y él las tomó entre sus manos, nervioso.
—¿Cuál quieres? —me preguntó por los peluches. Me quedé mirando la gran colección que había y escogí uno de un perro café, con una cola pequeña y orejas largas.
—El cóker spaniel.
Edward resopló. Yo simplemente dejé un beso en su mejilla, para la buena suerte. Me dio una sonrisa torcida y botó aire. Miré al chico del puesto, se veía entretenido.
Edward lanzó la primera pelota, pero ni de cerca pasó por el aro. Contuve una risita. Tomó otra pelota y fue aún peor, casi bota un vaso con agua que tenía el chico.
—¡Oye, hermano! Tranquilo…
Edward resopló y tiró la última bola, pero casi entró al aro. Herido, dejó seis dólares sobre la mesa y yo no pude hacer más que reírme.
—Voy a sacar a ese coker spaniel para ti, Bella.
Edward tiró tres pelotas más, sin éxito.
—¿Puedo probar con una? —pedí. Edward bufó, obviamente molesto por la situación y me pasó una.
Enfoqué y lancé. Misteriosamente, había entrado en el agujero principal.
—¡Oye! —se quejó Edward.
Me sonrojé. El vendedor estaba que se partía de risa.
Edward siguió lanzando.
—No es necesario que sigas gastando —le pedí. Edward se iba a quedar sin cambio. Edward negó con la cabeza, dejando un beso en mi frente.
Se acercó al vendedor y le pagó.
Pensé que iba a pedirle más pelotas, pero le entregó mi gran peluche de cachorro.
—¡Edward! Eso es trampa —me quejé, riendo. Él simplemente negó con la cabeza y me entregó mi cachorro. Cuando vio la hora, era media noche.
—Es hora de irnos a casa.
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Era muy tarde como para ir a visitar a Bree y a conocer a los padres de Edward, pero él me prometió que iríamos el lunes a almorzar con ellos. Teníamos el día lunes libre, dado que con Edward éramos parte del comité de decoración del baile y ahora se acercaba el de promoción. Esme tenía un horario flexible y Carlisle iba a almorzar los lunes a casa. Ahí tendría la oportunidad de conocerlo.
Llegué a casa un poco cansada, pero Edward se veía más animado. Claramente, venía tomando una bebida energética.
—Lo pasé muy bien hoy —agradecí de corazón—. Gracias por todo y el lunes, bueno, nos veremos.
—Gracias por acompañarme hoy —respondió.
Me ayudó a bajar del auto, a mí y a mi perro.
—Nos vemos, entonces. —Sonrió. Asentí, mientras que con un brazo sostenía a mi cachorro, el otro lo puse alrededor de su cuello.
Me puse de puntillas para dejar un beso en sus labios, el cual respondió con ternura. Finalmente, besó mi frente y me fui. Él subió al auto y yo abrí la puerta de mi casa. Las luces estaban apagadas, pero cuando entré, le hice la última seña con la mano a Edward y él se alejó por la calle. Cerré la puerta y encendí la luz para dirigirme a la cocina y tomar un café.
—¡Sorpresa! —Oí que gritaron Renée, Alice y Rosalie.
—¿Pero qué mierda? —chillé espantada.
—Bella, cuéntanos todo —exigieron las tres. Yo estuve intentando ignorar este ofensivo acoso a medida que me servía el agua caliente en mi taza.
—No puedo creer que se hayan quedado con Renée sólo para husmear en lo que hice.
Se rieron.
—Ay, Bella. Pareciera que no nos conocieras.
Rodé los ojos.
Bien… esta sería una noche larga.
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Muy bien Bellita, no todo es color de rosas. Saliste por ahí con Romeo pero ahora de vuelta a la vida normal y a dar explicaciones a las tres chismosas que se osan llamar madre-amigas XD
¿Les gustó la cita segunda parte?
¿Les pareció muy corto el capítulo?
¿Están cansadas del comportamiento de Alice y Rosalie?
¿Leyeron esto con voz comercial? okno
Espero que les haya gustado el cap *corazones para todos, love is in the air (8) tururururu*, y nos estamos leyendo la próxima semana c: corazones para todas porque dejan muchos reviews bonitos que estrujan mi corazoncito.
Mordiscos,
Vale.
