Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, bla, bla, bla… la historia es mía, bla, bla, bla… no la tomes para traducirla o tomarla porque sí, sin mi consentimiento, bla, bla, bla… o te acuso con Aro Vulturi.
Disfruten, queridos querubines :D
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Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
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Bella Swan's Brand New Acid Test:
(La prueba de fuego de Bella Swan).
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Capítulo 22: Una pesadilla.
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Estaba repiqueteando los dedos sobre la mesa. Hacían un ruido sordo que no llenaba mucho el silencio de la clase, mientras intentaba escuchar al señor Banner explicar el funcionamiento de la herencia genética.
Cuando cerró el tema y luego abrió otro, suspiré. No quería saber cómo era que el gen dominante se expresaba y el recesivo no. En estos momentos era lo menos relevante para mí.
Poco a poco, fue pasando la hora. Edward y yo no nos pasamos notitas como solíamos hacerlo la mayoría del tiempo. Sin embargo, como estábamos sentados al final de la sala, podíamos escuchar tranquilamente la perorata del señor Banner. De vez en cuando, él sacaba su brazo de por sobre mi hombro para anotar un par de apuntes, luego, lo volvía a posicionar ahí, manteniéndome cerca de él.
Cuando finalmente sonó el timbre, Edward y yo corrimos fuera del salón, gritando "adiós" apresuradamente tanto a nuestro profesor como a los chicos de la clase.
Edward tomó mi mano y corrimos por los pasillos, resbalando un par de veces en las que nos tocaba dar la vuelta en noventa grados. Reíamos a carcajadas, echando carrera, a ver quién salía primero. Nos llamaron la atención un par de veces por ir a una velocidad poco prudente como para ser un pasillo de escuela. Edward corría y luego con el impulso que llevaba se deslizaba sin despegar los pies del suelo. Naturalmente, el primero en llegar al volvo fue él.
Me llevó a casa para que pudiéramos dejar nuestras cosas en mi habitación.
Entramos y corrimos escaleras arriba. Saqué una chaqueta un poco más gruesa para cuando saliéramos del cine: no quería ganarme un resfrío. Dejamos nuestras mochilas en mi escritorio, tomé una cartera pequeña donde deposité las llaves y mi móvil. Le avisé a Charlie, de paso. Parecía contento de que hubiera decidido salir con Edward. Me aseguró que le avisaría a Renée, y eso me bastó para mantenerme satisfecha. Edward y yo fuimos a la despensa, de donde saqué un paquete de galletas y dos jugos en caja. Renée los tenía ahí para cuando quisiera llevar alguna colación a clases, pero nunca lo hacía.
Nos fuimos en el camino comiendo el paquete de galletas y tomando jugo. Yo escogí la música de ambientación que íbamos escuchando.
La película trataba de unos mafiosos que trataban de vaciar todos los casinos de Las Vegas, en una serie de estafas, y el dinero lo usaban para repartirlo entre barrios pobres de diferentes estados del país. Y estaba bastante buena la película.
—No puedo creer que al final se muere —lloriqueé, cuando Edward me abrió la puerta del volvo.
—No lo vi venir —asintió, encendiendo el motor.
—Es que… ¡lo peor es que nadie lo defendió! ¡Llegaron y le metieron el balazo en la cabeza! —Miré por la ventana, haciendo señas con las manos. En eso, el helado que llevaba en la mano comenzó a chorrear. Rápidamente intenté consumirlo de una vez. Edward se rió a mi lado.
—No sé por qué tengo la sensación que vas a hablar de la película por las siguientes dos semanas.
—¡ES QUE NO ES CUALQUIER PELÍCULA! —chillé, dando a entender que era lo más obvio del mundo.
Edward se limitó a escuchar mis comentarios y mis profundos análisis al respecto. Reía entretantos y comentaba cuando decía algo que parecía que él quería comentar. Así nos fuimos escuchando música suave de fondo.
—Apostaría que van a sacar una segunda parte. —Edward negó con la cabeza, mientras movía la palanca de cambios.
Apostaría…
Apostaría.
¿Apostaría?
MIERDA, JACOB.
No le había dicho nada a Edward sobre lo que ocurrió con Jacob el otro día. Eso sería desencadenar una catástrofe. Planeaba decirlo nada más en el momento correcto. Y no iba a arruinar lo de hoy con esto. Llegará el momento en que Edward, de paso, va a estar listo para oír lo de la apuesta. Y se lo explicaría. Jasper, Emmett, Alice y Rose lo comprobarían. Ellos le harían entrar en razón.
—Eh, yo creo que sí —respondí con la mayor naturalidad posible.
No dije más hasta que llegamos a Forks, lo cual ocurrió en diez minutos. Él abrió mi puerta y yo abrí la puerta. Para variar, aún no llegaba Renée. Ni Charlie.
Subimos a mi habitación, subiendo las escaleras de dos en dos.
—Espérame un segundo, voy al baño —susurré, poniéndome de puntillas para besar sus labios, Edward respondió gustoso. Salí de mi habitación, fui, me lavé la cara y me tomé el cabello en una coleta. Cuando salí, no había ruido, casi.
Edward tenía la mochila sobre la cama y sostenía una nota en sus manos. Sus ojos estaban llorosos, lo que me hizo correr rápidamente hacia él. Se puso de pie, y cuando pensé que iba a abrazarme, me sobresalté.
—¿Qué ocurre, Edward? —pregunté, preocupada de que hubiera ocurrido algo en mi ausencia.
—¿¡PODRÍAS EXPLICARME QUÉ ES ESTO!?
Edward tenía el rostro enrojecido, y a pesar de que eso parece una señal de enojo, estaba más bien como… dolido. Como si hubiera recibido un golpe bajo.
—¿De qué estás habl…?
—¿Prueba de Fuego de Bella Swan: Enamorando a Cullen? ¿Qué es eso, Isabella?
Abrí los ojos como platos y le quité la nota, leyéndola a toda velocidad.
Prueba de fuego de Bella Swan: Enamorando a alguien Cullen.
Por hacer:
de look. (Corte de cabello, prendas nuevas). Listo!
2. Técnicas de conquista (Encanto, personalidad). Listo! :D
3. Asesoría (consejos, técnicas de postura, etc) En proceso ¬¬
Vamos, Bella! Tú puedes! :*
Edward es pan comido ;)
A ganar esa apuesta, amiga!
—Yo… —inicié. Nunca habíamos hecho esto con Alice y Rosalie. ¿Quién puso eso ahí?
—No puedo creer que esto —dijo y levantó las manos, de forma teatral—, fuera una mentira. Yo… pensé que esto era real. Que me había enamorado de alguien diferente… ¡Que tú me amarías de vuelta! —Contuvo un sollozo, mientras mi corazón se caía a pedazos.
—¡Admito lo de la apuesta! —Gemí—. Pero yo jamás hice una lista… no sé qué hace eso ahí, lo juro, Edward, esto, nosotros —murmuré y tomé sus manos—, es real.
—No me mientas, Isabella. —Edward sacó sus manos de entre las mías, con cara de asco.
—¡Pero si te juro que yo no escribí eso! Y Edward, admito lo de la apuesta, pero en el proc…
—¿Te enamoraste de mí? —Negó con la cabeza y soltó una risa sarcástica—. ¿Crees que estamos en una película de los noventa, es en serio? No me mientas, por favor, eso sólo empeora las cosas. ¿Crees que no conozco tu letra, Isabella?
—¡No me digas Isabella y no me trates como si no me conocieras! —grité.
—Es que no sé quién es la persona que tengo frente a mí. No sé qué es todo esto que estamos viviendo ahora. Yo… yo no puedo confiar en ti.
Edward tomó la hoja y la tiró al piso. Tomó su mochila y se dispuso a salir de mi habitación. Me moví rápidamente bloqueándole el paso.
—No hagas esto —le pedí, esta vez llorando. Mi cara debía de ser un desastre. Sentí la congestión, la angustia, mi rostro mojado.
—No puedo creer que tú lo hicieras. —Se le quebró la voz en la última palabra.
—¿No me crees, Edward? ¡Estoy enamorada de ti! —Negué con la cabeza, suavemente. La manga de mi camiseta la pasé por mi nariz—. Esto fue una apuesta que ellas planearon conmigo, cuando nos conocimos en el salón de belleza. Alice y Rosalie estaban planeando esto y aún no tenían a nadie planeado. Vieron que nos caímos bien y ellas dijeron que tú debías ser el que…
—¡No me importa, Isabella! ¡Ibas a hacer esta atrocidad de todas formas! ¡Romperle el corazón a alguien gratuitamente! Yo… yo no quiero estar con alguien así.
Edward me tomó delicadamente del brazo, lo que me traspasó una corriente eléctrica que me petrificó. Su tacto nublaba mis sentidos, no podía contenerme. Pasó a mi lado, sin siquiera despedirse, y comenzó a bajar las escaleras. Le seguí.
—No lo hagas así, por favor, entiende que…
Edward se detuvo al pie de la escalera.
—¿Puedes… puedes explicarme qué hacía Jacob aquí el otro día, cuando llegué y tú estabas alterada, y él ni siquiera me habló? —Exigía una explicación, algo que yo no quería decir y que, eventualmente, tendría que decirlo.
—Vino a confesar su supuesto amor por mí, me besó, lo golpeé y se fue molesto —hablé todo con rapidez, pero a la vez modulando cada palabra. Tendría que enfrentar mis actos de una vez por todas… E iba a perder a Edward.
—¿Y cuándo pensabas explicarme eso? —lloró. Edward Cullen lloró. Se secó una lágrima con el borde de su chaqueta. Hice… hice a Edward llorar.
—Yo quería decirte todo esto al mismo tiempo, buscando el momento indicado para que pudieras entender que…
—¡Besaste a Jacob!
—¡Él me besó a mí! ¿Crees que alguna vez podría tener sentimientos por él?
Pero él no pareció escucharme.
—Por eso me miraba tan feo en todas partes. Yo salía con su novia secreta. Es que, oh Dios, no puedo creer que fui tan iluso —gimió, volviendo a secarse una lágrima.
—Edward, Jacob no es nada mío, te lo prometo, yo… yo te amo, Edward. No hagas esto, sé que obré mal, pero dame una oportunidad para demostrarte lo que puedo dar.
—No hagas esto más difícil para mí, Bella.
Edward se dio vuelta y se acomodó la mochila. Caminé hasta quedar de frente a él.
—Créeme, yo no hice esto. Yo… hace rato que lo de la apuesta no corre, desde que todos pelearon y me di cuenta que la Bella que realmente soy estaba disgustada y volví a mi antigua ropa, mi antigua mochila, y dejé de ser…
—No has dejado de ser, Bella, no hagas esto por favor…
Me acerqué a Edward. Enrollé mis manos alrededor de su cuello. Y apoyé mi frente con la suya.
—No me hagas esto a mí. No rompas mi corazón.
—Te di el mío, Bella, y lo rompiste —susurró—. No… no puedo con esto.
Lo miré, parecía contenerse de… algo.
Rocé mis labios con los suyos. Fue un beso amargo. Un beso triste. Intenté transferirle todo mi amor a través de aquel beso. Pidiéndole disculpas. Intentando atraerlo hacia mí. Tenía sabor a lágrimas, y quería borrarlas todas.
Cuando corté el beso, apoyé mi frente en la suya.
—Yo… —Oí un suspiro suyo—. Adiós, Bella.
Edward se separó de mí, acarició mi mejilla y salió por la puerta antes de que yo siquiera pudiera murmurar una despedida.
Observé mientras Edward encendía el volvo y se iba sin mirar atrás. Había perdido a Edward. Mi único y primer amor.
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Supongo que por esto no seré recibida con flores y chocolates(?) ¿Qué opinan de lo que hizo jacob? ¿la reacción de Edward? me dolió mucho escribirlo porque Edward se siente más dolido que molesto. Siempre he creído que eso es peor en una discusión. Pero en fin.
¿Qué me cuentan de bonito? Quiero darles mil millones de gracias por las alertas, reviews, y a esas lectoras silenciosas que me imagino están por allí...
Besitos a todas y gracias por leer
Mordiscos,
Vale
