Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, bla, bla, bla… la historia es mía, bla, bla, bla… no la tomes para traducirla o tomarla porque sí, sin mi consentimiento, bla, bla, bla… o te acuso con Aro Vulturi.
Disfruten, queridos querubines :D
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Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
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Bella Swan's Brand New Acid Test:
(La prueba de fuego de Bella Swan).
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Capítulo 22: El día después de mañana.
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Edward me había dejado.
O peor, Edward creía que yo no lo amaba.
O peor aún, creía que era porque yo estaba con Jacob en secreto, que todo seguía siendo una farsa y que él no significaba absolutamente nada para mí.
Patrañas.
Digo, no soy tan buena actriz. Ni tanto. Me cuesta creer que todo el tiempo que llevo con Edward, manteniéndome fiel a él, le haga dudar de cómo me siento con respecto a él.
Lo mucho que le amo, lo mucho que le respeto, admiro, aprecio…
Todo se fue a la basura.
Ni ganas tenía de levantarme para ir a la escuela. No sé con qué cara le miraría. No estaba segura de cómo me iba a poner de pie, siquiera. Cómo podría prepararme un pan con jalea y un vaso de leche.
Me sentía perdida, mi mente lo estaba. Era como si mi disco duro se hubiera reseteado, y ahora no hubiera datos en la tarjeta de memoria.
Todo se sentía vacío, ahora. Y quizás no sólo por el hecho de lo muy enamorada que estoy de Edward o alguna cursilería por el estilo, sino por el hecho de que cree que soy mala persona, cree que quise herirlo y, en consecuencia, le herí a él.
Esa es la parte que me tiene más compungida: le hice daño.
Me importa un soberano pepino lo que sienta yo en estos momentos. Yo dejé de ser importante. Lo único que parece importar es que herí los sentimientos de Edward y si le hago daño a él, me hago daño yo misma. Porque Edward, inevitablemente, se convirtió en una parte de mí.
Somos una sola persona.
Todo había sido reducido a la nada.
Nada, nada, nada, nada.
Digo, ¿qué significa la nada? ¿Siquiera la nada existe?
¿Qué es un "nada"?
Evidentemente, yo.
Yo era nada ahora que Edward se había ido, ahora que le había herido, ahora que había metido la pata, hasta el fondo, hasta el punto de no poder sacarla.
Ayer ni siquiera tomé en cuenta a Renée. Sentí que llegaron como a las nueve de la noche, del trabajo. Ambos.
Era "tardísimo", y como lo de Edward y yo había ocurrido a eso de las ocho, apenas oí el ruido de la patrulla de Charlie estacionarse afuera, me puse pijama lo más rápido posible y me metí dentro de la cama. Renée había tratado de despertarme, pero intenté hacerme la dormida. Supongo que asumió que llegué cansada y ya. Espero que haya creído eso.
Y no tenía ganas de levantarme, tampoco.
Mantuve los ojos cerrados cuando sentí que la puerta de mi habitación se abría. Era Renée, sin duda. Charlie no era tan sigiloso.
—Bella, cielo —susurró Renée. Acariciando mi mejilla. Hice como que seguía durmiendo, aunque no lo estaba. Con suerte pegué ojo un par de horas en la noche. Debía tener un aspecto fatal. Hice como que tosía.
—Mamá —gemí, con la voz contenida.
—Cielo, ¿estás bien?
—Me siento un poco congestionada —mentí—. No sé si quiero ir a clases. Creo que me resfrié anoche.
—Oh, mi vida. ¿Te resfriaste anoche cuando saliste con Edward? ¿Por eso cuando llegué estabas acostada?
—Sí —mentí, incapaz de decir una sola palabra más. Escuchar su nombre hizo que una parte de mí sintiera una punzada de dolor.
—Oh, Bella. Calma, cielo, traeré el termómetro para ver si tienes fiebre.
Asentí. Sentí frío, por lo que me cubrí con las mantas hasta la barbilla.
Renée besó mi frente y se fue. Acto seguido entró Charlie y, soltando un silbido, se sentó a los pies de mi cama.
—Caray, Bella. Luces terrible.
—Gracias, papá. A las chicas nos gusta que nos digan que nos vemos terribles cuando nos sentimos terribles.
Charlie rió sin ganas.
—¿Qué te pasó, Belli-Bells? ¿Mi robot Transformers? ¿Mi chica de hierro?
—Me resfrié —mentí. Hola, pá. Me rompieron el corazón. Me siento estupendamente hoy. Tanto que podría salir a brincar entre las flores, persiguiendo a un par de pajaritos.
—Aquí está. —Renée entró de nuevo con el termómetro. Charlie se retiró luego de dejarme un beso en la frente. Renée hizo que me sentara y me puso el termómetro bajo el brazo. Me dijo que lo tuviera así unos minutos hasta que ella volviera. También dejó una taza de té de hierbas en mi mesita de noche.
Le sentí bajar las escaleras.
Me quité el termómetro y lo puse en la taza un momento, hasta que fuera prudente: treinta y siete grados marcó el termómetro luego de un minuto. Me lo puse nuevamente bajo el brazo y Renée volvió.
Era lo más jodidamente cobarde que existía en todo el mugroso planeta, pero, vamos. No quería ver a nadie hoy. Sólo quería tener un minuto para mí sola. Y por minuto me refería a toda la jodida mañana.
—Mal, mal, mal. —Le oí negar con la cabeza—. Hoy te quedas aquí, ¿me oíste? Mira, cielo, tómate este paracetamol. —Me ofreció una tableta y me la tomé. No me haría mal, de todas formas. El dolor de cabeza que tenía me atacaba brutalmente.
Murmuró luego un par de cosas sobre quedarme en cama, no hacer idioteces, etcétera, etcétera, y dijo que llegaría en la tarde. Puse mi peor cara de sufrimiento.
Cuando se fueron, no me moví de la cama. A pesar de que mi cuerpo pedía un buen pan con mantequilla o algo, era incapaz de moverme.
Al menos hoy me había librado de clases, pero no podía huir de Edward para siempre.
Bajé de la cama, echando las sábanas hacia atrás de una patada.
Me duché y vestí mecánicamente. Me puse mi ropa más sencilla y fui al supermercado, con un poco de dinero que tenía en mi alcancía.
Dios, como amaba el helado de chips de chocolate con crema. Compré el pote más grande, y el resto de la mañana me quedé comiendo, como una obesa, mientras veía la televisión.
Sí. Cliché, todo lo que quieran. Pero tenía ganas de echarme un buen bocado.
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Cuando desperté, estaba hecha un desastre. Me había comido el litro y medio de helado que compré, yo sola. Y el timbre sonaba estrepitosamente. Me acerqué con recelo a la puerta, y cuando la abrí, una muy enojada Alice y una Rosalie muy confundida se abrieron paso en mi desastre. Cerraron la puerta, me arrastraron al sofá y me tiraron ahí, como si fuera un saco de papas o algo por el estilo. Gemí.
—¿A qué se debe esta visita tan placentera? —comenté, sarcásticamente.
—¿QUIÉN LE DIJO A EDWARD? —gritó Alice, fuera de sí. Wow. No estaba acostumbrada a oírle gritar. Pero cuando lo hacía, era como si fuera una reencarnación de Satanás.
—¿De qué diablos estás habl…?
—¡EDWARD ESTABA COMPLETAMENTE DESCONTROLADO HOY CUANDO LE PREGUNTÉ POR QUÉ NOS ESTABA IGNORANDO! —chilló otra vez.
—¿Y? —Me crucé de brazos, entendiéndolo todo.
—¡QUE SE SUPONÍA QUE ESTO NO DEBERÍA ESTAR PASANDO! —volvió a gritarme. Rosalie la tomó y la obligó a sentarse frente a mí.
—Calma, Pixie.
—¡No! Todo se está yendo a la basura.
—A ver, en primer lugar si pudieran explicarme quién carajos escribió una "lista de cosas por hacer para enamorar a Edward" y la dejó junto a mis cosas para que Edward la viera, me serviría de mucho.
—¿Una lista? —Rosalie preguntó, incrédula.
—¡Yo no necesito una lista de cosas por hacer para esta clase de cosas! —intervino Alice.
—Eso mismo me pregunto, porque nunca hicimos una lista, y Edward lo vio sobre mi escritorio, se enfadó, y tuve que contarle toda la verdad. Ah, sí, y le expliqué lo muy enamorada que estaba y aún así se pasó mi declaración por el trasero, y ahora me botó, no le importo y me siento terrible. Sumándole el hecho de que le conté que Jacob me besó y…
—¿¡Qué!? —gritaron al unísono.
Tuve que explicarles mi discusión con Jacob, con lujo de detalles.
—Joder —murmuró Rosalie, frotándose las sienes.
—¡Deberías haberlo negado, Bella! —se quejó Alice—, ahora Edward no quiere saber nada de nosotras, ni de Jasper o Emmett.
—¡En primer lugar nunca debería haber aceptado esa estúpida apuesta, Alice! —le grité de vuelta.
—Ese chucho estúpido… —murmuró Rosalie.
—¿Qué? —inquirimos Alice y yo a la vez.
—Bella, dime: ¿qué pasó exactamente ayer entre tú y Edward?
—Esto, eh… fuimos al cine.
—¿Por qué?
—Angela nos recomendó una película, y decidimos salir. Luego al volver encontramos la nota, la cual no recordaba haber visto, y todo pasó —gemí.
—¡Jacob lo hizo! —saltó Rosalie.
—¿Qué? —volvimos a preguntar Alice y yo.
—Jacob le dijo algo a Angela, les vi cuchicheando por los pasillos, ayer. ¡Tiene que haber sido ella! Estoy segura que él le debe haber dicho algo a Angela para que ella les hablara de la película, y así el debe de haber entrado y haber puesto la nota. ¿Recuerdas cuando aprendiste la caligrafía de Jacob y viceversa?
—Pero Rosalie —atacó Alice—, él no puede entrar a la casa de Bella. No tiene llaves.
—¿Bella, todavía tienes una llave bajo tu estúpido felpudo? —Rosalie inquirió.
Mierda.
—¿Pero por qué Angela haría algo así? —gemí.
Alice y Rosalie se miraron. Me sentí traicionada por Jacob, sin estar del todo segura si la teoría de Rose era verdad.
—Vamos a comprobarlo.
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hice esto súper corto porque quería darle un efecto dramático así bien hardcore y creo que lo logré (?)
En fin, ¿qué creen que pasará?
No voy a extenderme mucho en esta nota porque no quiero soltar spoilers o alguna cosa por el estilo, así que retrocederé lentamente(?)
Mordiscos,
Vale.
PD: gracias, gracias, GRAAAAACIAS POR SUS REVIEWS. Son los querubines más tiernos que hay *corazoncito para todas*
