¡Bienvenidos al epílogo! Bueno, pues con esto acabo aquí este pequeño fic. Veréis que cambia mucho el estilo y que vuelve a ser todo maracas y alpacas en Fairy Tail. Sí, me acabo de inventar esa expresión. En fin, ¡gracias por llegar hasta aquí!
Silver crafted into love
Mira se acercó a la barra donde Gray estaba compitiendo con Natsu por ver quién de los dos era capaz de comer más tortitas de las que preparaba Lisanna los domingos por la mañana. El resto del gremio los observaba y vitoreaba a su favorito, mientras el Maestro hacía recuento de las apuestas. Entre todo aquel barullo, la peliblanca se inclinó junto a Gray, que no dejó de engullir en ningún momento.
—¡Gray! ¡Gray! –Alzó la mano y le mostró un sobre lacado.- ¡Han traído esto para ti!
Los dos contendientes frenaron en seco al ver el sobre, y el Gremio se acalló a su alrededor. Todos contemplaron alternativamente a Gray y el sobre lacrado con hielo. El mago terminó de tragar y luego le dirigió una larga mirada a la misiva. Volvió a mirar su plato de tortitas y luego cogió la carta. La dejó frente a sí.
—Luego. ¡VOY A PATEARTE EL CULO, PELO CEREZA!
Natsu sonrió, viendo que su reto no se vería interrumpido, y ambos siguieron comiendo. Las voces no tardaron en volver a alzarse, y Gray pidió otra jarra de agua para pasar los bocados de tortitas. Mira negó con la cabeza y entonces notó un golpecito en su hombro. Se giró y se encontró con Juvia, que la observaba levemente sonrojada.
—¿Dónde?
La Strauss sonrió con cariño y le apretó la mano a la chica.
—Atrás. Date prisa.
Juvia asintió, agradecida, y salió corriendo por la puerta trasera, dejando a Wendy a cargo de la pancarta de ánimo a Gray. Éste la siguió con la mirada, sin poder evitarlo, y suspiró, sin darse cuenta de que aún tenía la boca llena. Se atragantó y extendió las manos hacia la jarra para beber. Una vez más, el agua le salvó de una muerte horrible.
Juvia sabía que Silver estaría oculto en las sombras, sin acercarse mucho al Gremio. Cuando la reconoció, con el cabello azul ondulándose a la brisa veraniega, alzó una mano para que lo viera. Juvia se dirigió hacia él y cuando estuvo a unos pocos metros sonrió tímidamente. El padre de Gray llevaba una capa andrajosa que tapaba su armadura rota, con el símbolo de Tartaros arañado casi hasta haber desaparecido.
—Hola, pequeña.
—Hola –contestó ella. Silver señaló un muro bajo que rodeaba un parterre de flores y ambos se sentaron allí. Hacía meses que Silver no iba de visita, y Juvia sabía que pasarían meses hasta la próxima.
—¿Cómo estás? –La mujer de agua asintió, feliz, y se sintió cómoda junto a aquel hombre.- Bien, eso está bien. ¿Y Gray?
La mujer sonrió.
—Está muy bien. Feliz.
—Aún no me ha perdonado.
No era una pregunta, y Juvia lo sabía. Pese a la desaparición de Tartaros y todo el tiempo que había pasado hasta que Silver decidió volver a mostrarse, Gray había sido incapaz de mirarlo a la cara. La idea del demonio la primera vez que visitó Fairy Tail era mantener una larga charla con su hijo, que al final se había convertido en un monólogo, en una confesión, en una declaración de redención. Ahora se dedicaba a erradicar demonios, a limpiar el rastro de Zeref de la tierra. Siempre decía que él sería el último. Parecía realmente arrepentido, y gracias a ello, Fairy Tal no había reportado su aparición al Consejo Mágico, de tal forma que aún aparecía como "desaparecido" en las listas de criminales. Presuntamente muerto. La primera vez que lo vio, Juvia sintió una sensación desagradable en el estómago. Había soñado con él tantas veces, con su hielo. No había dolor, pero el grito desgarrado de Gray se clavaba en sus oídos y le hería más que las lágrimas congeladas. Silver había sido su peor pesadilla. Y, sin embargo, todo había cambiado en un viaje que había hecho con Gray. Él mismo le había pedido que lo acompañara, y ella había aceptado algo cohibida. Habían ido al norte. A una aldea en ruinas. A visitar a una tumba. Y allí estaba Silver, guardando la cruz de madera sobre la que descansaba Pearl, la madre de Gray. La tensión había surgido enseguida entre ellos, y Juvia sólo quería salir corriendo. Algo en la boca de su estómago le decía que estaban en peligro, y, sin embargo, aquello desapareció cuando se dio cuenta de que había rastros de lágrimas en las mejillas del hombre, dibujadas entre su barba desaliñada y mucho menos cuidada que cuando era una de las nueve Puertas de Tartaros. Había un ramo sobre la tumba.
Entonces, sin saber por qué, pese a las advertencias de Gray, Juvia se había acercado al demonio y le había invitado a beber algo caliente con ellos en la posada en la que se iban a hospedar aquella noche. Los dos hombres se habían quedado igual de estupefactos, pero Gray acabó por no decir nada. Juvia se liberó de cualquier sensación y de pronto se descubrió a sí misma convencida por un animado Silver a beber chupitos de un alcohol muy fuerte que quemaba su garganta. Habían charlado animadamente, y Silver resultó ser el tipo de persona que le hubiera caído bien a Gildarts. La mujer de agua, que era ya casi la mujer de alcohol, le había propuesto que se uniera a Fairy Tail. Encajaría bien en el Gremio.
Gray se había puesto en pie y se había marchado. El resto de la noche estaba difusa en la mente de Juvia. Recordaba haber llorado, gritado, y recordaba a Silver riendo a carcajada limpia mientras insistía en ayudarla a colarse en la habitación de Gray. Pero, sobre todo, recordaba el momento en el que el demonio la había mirado con calidez.
—Le quieres mucho, ¿eh? –Juvia asintió, sonrojándose.- Él también, aunque no se atreva a decirlo. ¡No sé de dónde ha sacado esa timidez! Ni su madre ni yo lo éramos. –El hombre volvió a beber de su cerveza. Tenía una resistencia al alcohol impresionante.- ¡Oh, espera! ¿Miedo al compromiso? –Se llevó una mano a la barbilla.- Sí, tal vez sea eso. Eso sí lo ha sacado de mí.
Rompió a reír y Juvia sonrió, un poco mareada. Estaban sentados en el porche de la posada. Miró hacia donde sabía que estaría la habitación de Gray y suspiró, llamando la atención de Silver. Él sonrió y su mirada refulgió con tristeza. La mujer tragó saliva.
—Tú también le quieres.
Silver bebió un largo trago de su cerveza y luego observó el líquido en el interior de su jarra, con la mirada oscurecida.
—Claro que le quiero. Es mi hijo. –Alzó la mirada al cielo, y las estrellas se reflejaron en sus ojos, del mismo color que los de Gray.- Durante mucho tiempo me convencí a mí mimo de que no era así. Recurría a mi naturaleza demoníaca y me decía que el amor era cosa de humanos. Pero estaba equivocado. Cualquiera puede amar, sea de la raza que sea. –Sonrió y giró la vista hacia ella.- Todo padre quiere a sus hijos. Espero… Espero que Gray se dé cuenta algún día. –Le pasó un brazo alrededor de los hombros a la peliazul y rio con una sonora carcajada.- ¡Probablemente cuando tenga que sufrirlo en sus propias carnes!
—¡Silver-sama!
—¡Eh! Soy muy viejo ya, merezco nietos sanos y rollizos.
Juvia fue a replicar, pero estaba demasiado sonrojada como para encontrar las palabras para hacerlo. Silver siguió riendo, y desde aquella noche Juvia no volvió a tener pesadillas con él.
Desde entonces, cada vez que había vuelto a aparecer por Fairy Tail, Juvia lo había defendido. Había pasado muchos ratos charlando con él animadamente, pensando que, tal vez, si veía que ella lo había perdonado, Gray también lo haría. Allí, sentados aquella mañana en el muro, Juvia sabía que aquel momento aún no había llegado, pero confiaba en que en un futuro, Gray sería capaz de abrirse a su padre y darle otra oportunidad.
—Acabará perdonándote –trató de animarlo ella.
Él la miró, derrotado, y con la mirada vieja y cansada.
—Estuve a punto de matarte. –Se encogió de hombros.- Yo no me perdonaría.
—¡Pero no lo hiciste!
—Quería hacerlo, y eso es lo que importa.
—Retiraste el hielo –alegó ella.
—Juvia, no sabía que vivirías. Cuando usé el Zero Absoluto, mi intención era matarte. Me arrepiento, no sabes cuánto, pero es algo… imperdonable. No hay nada que yo pueda hacer para cambiar eso.
Ambos se quedaron en silencio.
—Hay un Gremio… -Empezó ella, insegura.- Crime Sorciere. Son… amigos de Fairy Tail, pero son un Gremio ilegal. Dan caza a Gremios oscuros.
Silver asintió.
—He oído hablar de ellos.
—Podrías unirte a ellos. Estoy segura de que Erza-san podría contactar con ellos y…
—Juvia-chan, no creo que sea… mi tipo. No te equivoques, sé que están intentando hacer lo mismo que yo, pero… Soy un hombre viejo, y solitario. Creo que… de momento, seguiré como hasta ahora.
Juvia asintió y balanceó las piernas. Silver la miró, sonrió y luego se puso en pie. Se colocó la capa raída, recogió su macuto y la mujer se levantó, sabiendo que llegaba el momento de la despedida. Silver la abrazó sin pudor y ella reconoció el olor a tabaco y a frío. Silver le besó la frente y se echó a andar, dándole la espalda.
—A ver si se declara pronto. ¡No os caséis sin avisarme!
—¡Silver-sama! –Escuchó la risa del hombre según se alejaba, y no pudo evitar sonreír. Susurró, porque sabía que no hacía falta más.- Vuelve pronto.
Cuando la figura del Devil Slayer desapareció a lo lejos, la maga de agua volvió al interior del Gremio, que sorprendentemente se había calmado ya. Vio a Natsu hinchado, tirado sobre una mesa, mientras Lucy lo abanicaba y Happy se reía de él por haber perdido. Se acercó a la barra, donde Mira recogía los restos del concurso.
—¿Dónde está Gray-sama?
—Ha subido –contestó ella, señalando la primera planta, donde estaban los dormitorios de invitados y la enfermería.- Ha ganado, por cierto.
—¡Claro que ha ganado! –Contestó ella.- ¡Gray-sama es maravilloso!
Mira comenzó a reír y Juvia comenzó a fantasear, devolviendo al Gremio a la rutina.
Un piso más arriba, Gray estaba apoyado en la repisa de la ventana. Había visto marcharse a su padre después de la conversación que había mantenido con Juvia. De algún modo, estaba seguro de que Silver sabía que los estaba observando. Con parsimonia, casi con desinterés, abrió el sobre que se había llevado consigo. El lacre de hielo tenía forma de rosa blanca. Sacó el papel de su interior y lo desdobló con calma. Sus ojos recorrieron la caligrafía rudimentaria y las palabras sonaban en sus oídos como caricias.
Contaba lo de siempre. Alguna que otra aventura que había vivido en ese tiempo, paisajes que había visto, bares en los que había bebido… Le deseaba que estuviera bien. Nunca pedía perdón. Silver solía terminar sus cartas con un párrafo dedicado a lo maravillosa que era Juvia.
Gray negó con la cabeza e iba ya a doblar de nuevo el folio cuando se dio cuenta de la posdata. La miró, con renovado interés.
"PD: Mira en el sobre. Los mandé hacer hace un tiempo, a un herrero que trabaja con plata. Son una réplica de los que llevamos tu madre y yo. A ella le hubiera gustado que se lo regalaras a alguien especial."
Gray abrió el sobre con curiosidad y allí, en el fondo, vio dos alianzas de reluciente plata, con dos joyas cristalinas incrustadas, no demasiado grandes. Los sacó y notó cómo se le humedecían los ojos.
Recordaba a su madre con aquel anillo. Y a Silver. Miró la calle por la que había desaparecido y se preguntó si aún lo llevaría bajo los guanteletes de la armadura.
La puerta de la habitación se abrió a sus espaldas y Wendy asomó la cabeza con timidez.
—Gray-san. Lo siento. Natsu-san dice que quiere la revancha.
Gray torció el gesto y desde abajo le llegaron los gritos del Dragon Slayer de fuego.
—¡GRAY! ¡Baja, nudista! ¡Esta vez, no pienso dejarte ganar!
Una voz de mujer se alzó también entre el barullo.
—¡Gray-sama volverá a derrotarte! ¡Gray-sama es el mejor!
Wendy sonrió cohibida, y Gray asintió.
—Voy.
La chica desapareció de nuevo, dejándolo a solas unos instantes más. Gray miró Magnolia a través de la ventana, sonrió, y guardó la carta en el sobre y los dos anillos en el bolsillo de su pantalón.
Sé que muchos me diréis que no os gusta nada el cambio que le doy al personaje de Silver, y lo entiendo, pero cada vez que me lo imagino de cañas con Gildarts me derrito y no puedo evitarlo. Lo amo, y si se convirtiera en el Gruvia shipper number one, ya me casaría con él definitivamente. En fin, creo que es un personaje muy molón. Y TIENE BARBA. POR DIOS SANTO, BARBITA. ASDF. HMPF. En fin, cuéntame qué te ha parecido. ¿Reviews? ¡No hacen daño a nadie! (De hecho, a mí me hacen feliz) ¡Un beso! ¡Gracias por leer!
