Manos pequeñas
Pues ahí va otra pequeña entrega, muchas gracias por los amables comentarios. Alguien de ustedes parece que ya haya leído el Fic completo, su sugerencias vienen a ser un "avance" de próximos acontecimientos. Se ve que es bastante previsible, pero espero que de todas formas sea agradable de leer
Capítulo 4
Rachel era una niña afectuosa, le gustaba el contacto físico. Cuando estaban en público House la llamaba microbio pegajoso, lapa, niña-ventosa... y hacía como que no le gustaba que ella se le colgara del cuello, y le besara, y apoyara su mejilla en la de él. Huía de todo eso en presencia de terceras personas, pero por dentro se derretía.
La primera vez que Cuddy le encargó el cuidado de Rachel la niña tenía ocho meses y él había salido dos semanas antes de Mayfield, donde había logrado desintoxicarse y reorganizar su mente, libre ya de alucinaciones.
La prueba de confianza de Cuddy había sido extrema, y House no se dio cuenta de ello sino bastantes después. Le había confiado su tesoro más importante sabiendo que él sería responsable.
House se había negado ruidosamente, pero Cuddy tenía una reunión y una cena, a la que también debía asistir Wilson, y la kanguro habitual de la niña no estaba disponible. Desde hacía un par de meses ya no tenía niñera y Cuddy llevaba a Rachel con ella a la guardería del hospital, lo que le permitía al menos dos o tres veces durante el día pasar un rato con su hija. También solía ser ella quien daba de comer a la niña, a menos que alguna obligación inesperada se lo impidiera.
Pero todas las semanas, los viernes por la tarde, Cuddy debía ejercer su condición de decana y directora del hospital y presidir la reunión del comité médico, que solía terminar con una cena o un evento social patrocinado por algunos de los benefactores del hospital, algo para lo que Lisa Cuddy, en razón de su puesto representativo, debía estar siempre disponible.
Cuddy simplemente se presentó con la niña y su bolsa de pañales y biberones en el despacho de House y le dijo que pasaría a recogerla a su casa cuando terminara con sus obligaciones, probablemente muy tarde. Le dejó también las llaves de su coche, pues sabía que House había ido al hospital en su motocicleta, y necesitaba llevar a la niña en su sillita. House protestó airadamente, pero no le sirvió de nada. Cuando se quedaron solos él y Rachel, la miró con detenimiento. Ella le sostuvo la mirada, como aquella primera vez, cuando después le vomitó en la camisa.
Había cambiado mucho en pocos meses. Era una bebé pelona y redonda de piel sonrosada y carácter tranquilo. La cabeza apenas cubierta por una pelusilla rubia, manos y pies gorditos. Los nudillos eran hoyuelos, y los bracitos y piernas tenían pliegues rollizos. Los ojos, del azul más azul que se hubiera visto. Del mismo color que los de él, en realidad. Tenía una mirada intensa, despierta, que parecía querer entender todo lo que veía.
Cuando la tomó en brazos para irse, la niña acercó su cara a la de él y apoyó su mejilla. Pero no contaba con la barba rasposa de House, y se asustó. Hizo un amago de llanto, pero él logró distraerla con uno de los muñequitos que también estaban en la bolsa. En cuanto llegó a casa, House se afeitó. Para la hora del biberón de la cena, Rachel pasó primero la mano, cautelosa, y después ya no tuvo reparo en poner su cara junto a la de él, estudiando sus facciones con la mano, comiéndole la nariz y poniéndole perdido de babas. Sorprendido de sí mismo, House estaba encantado. Casi cuatro años más tarde, House se afeitaba cada vez que iba a tener con él a Rachel. Era su primer gran secreto, aunque hacía tiempo que Cuddy lo sabía. House no hubiera reconocido ni bajo tortura que si se afeitaba era para recibir los mimos de una mocosa, pero Cuddy... lo sabía.
