Manos pequeñas

Otra pequeña entrega, esta vez muy corta, pero compensaré poniendo el siguiente capítulo...

Capítulo 5

Se dejó llevar por la música. Vaya, Mendelssohn tenía su punto, después de todo... y la pieza no era difícil. Se imaginaba a Cuddy en Venecia, navegando por los canales en una góndola, o con su cabello moreno agitado por el viento en la cubierta de un vaporetto. Ninguna otra mujer le había llegado a inspirar tanto como ella, casi todas las piezas que tocaba acababan por recordarle algún aspecto de Lisa Cuddy. Sus ojos, su risa, toda su cara preciosa, su manera airosa de caminar, su genio. No había nada en ella que le disgustase. Hasta su mal humor, sus reprimendas y su tonillo irónico le resultaban de lo más estimulante.

Ahora estaban en un momento dulce de su relación. Varios años de ocuparse de Rachel cada viernes por la tarde les habían llevado a una intimidad que sin la niña no hubieran tenido. Las primeras semanas, Cuddy recogía a la niña de noche, después de acabar con todos sus compromisos. Pero cuando llegó el invierno House se negó a que la niña saliera de casa a esas horas y con ese frío y le dijo a Cuddy que si quería se podía quedar ella, pero Rachel no se movía de allí hasta despertarse a la mañana siguiente. Cuddy durmió en el sofá y el sábado desayunaron juntos. A partir de ahí, la niña se quedaba con él todos los viernes por la noche. House compró unas barreras de madera para los lados de la cama, y la habitación de invitados pasó a ser la habitación de Rachel, cada vez más llena de muñecos y parafernalia infantil. Lisa Cuddy seguía pasando cada viernes por la noche a ver como estaba su hija, y a veces tomaba con House la última copa. Si había bebido un poco de más, él no la dejaba conducir, de forma que se quedaba. El sofá era muy incómodo, así que unos meses después y tras varias copas (un día en que había conseguido una importantísima donación) Lisa Cuddy se quedó a dormir en la cama de House. Aquel día no pasó nada, realmente se quedó a dormir, y despertó relajada y tranquila con su espalda en el pecho de House y rodeada por sus brazos. Nunca se sintió más físicamente segura ni más emocionalmente insegura. ¿Adónde le llevaba esto? Después de esa noche evitó volver a quedarse, y simplemente volvía el sábado por la mañana con algo rico y recién comprado para desayunar y llevarse a su hija. Pero el recuerdo de despertar abrazada por House se había instalado en su mente.