Manos pequeñas

Capítulo 6

Y hacía ahora ya casi un año que House y Rachel dedicaban la mayor parte del tiempo que pasaban juntos los viernes a tocar el piano. Él enseñó a la niña el lenguaje musical y más que aprenderlo ella simplemente lo absorbió. Leía las partituras casi con más soltura que él, y aunque algunas piezas resultaban difíciles para la niña si tenían acordes con notas muy separadas, debido al pequeño tamaño de sus manos, casi nada le daba miedo. Iba adquiriendo una velocidad y un sentido del tempo envidiables.

Las partituras compradas en Juilliard resultaron de lo más conveniente para Rachel. Las canciones del hada rubia y del hada morena de Rodrigo se las aprendió de memoria en un par de días, y las tocaba con una gracia especial.

La otra compra de Nueva York, las camisetas, habían sido un éxito. El fin de semana posterior al viaje, cuando Rachel se había quedado con él, ambos se las habían puesto y se habían hecho un montón de fotografías. Y al día siguiente, House había conseguido también que Cuddy se pusiera la suya y se dejara fotografiar con ella, y con su hija vestida de idéntica manera. Una ampliación de una de ellas estaba ahora encima del piano, y ambas caras sonrientes le seguían con la mirada por todo el salón y le hacían sentir menos solo durante la semana. Lo que House no sabía es que una foto de él y Rachel igual de grande, los dos con sus camisetas negras y sus ojos de un centelleante azul, hacía sonreír a la decana de Princeton-Plainsboro Teaching Hospital cada vez que abría el cajón superior de su escritorio, donde la había colocado. Y la verdad es que abría el cajón muchas más veces de las necesarias, sólo por verles...

Rachel cumpliría cinco años en diciembre y House planeaba regalar a la niña, por el cumpleaños y Navidad, un buen piano para que también pudiera practicar en su casa, en casa de Cuddy. Pero eso significaba que habría que hacer públicas las habilidades musicales de Rachel. House quería que fuera a lo grande, y dar a Cuddy la sorpresa de su vida. De modo que habló con la profesora de Rachel y la directora de la escuela infantil a la que la niña acudía, también dependiente del hospital e instalada en un edificio anexo.

House, tan encantador como sólo él podía ser cuando quería, preguntó a las señoras qué tenían pensado hacer como fiesta navideña y ante una falta de ideas generalizada, que suponía repetir el esquema de cada año, con niños disfrazados para representar un belén viviente, House les propuso incluir un mini recital de piano de su pequeña patrocinada, algo corto y rápido pero que seguro impresionaría a la concurrencia. Ellas se extrañaron ¿Piano? ¿Rachel? Ni siquiera ha comentado que estudie música fuera del horario escolar... House lo tenía todo previsto. En la hora del almuerzo, la directora, la profesora de Rachel, la niña y él se escabulleron en el aula magna del hospital, donde había un viejo piano que House se aseguró de que estuviera afinado. Y allí Rachel tocó para ellas cinco piezas musicales que dejaron a ambas mujeres pegadas a sus asientos.

Quedaron realmente impresionadas, e inmediatamente supieron que sería el éxito de la función navideña. Entre todos pactaron que sería el elemento sorpresa de la función, y House les contó que ni siquiera la madre de la niña sabía que hubiera llegado tan lejos en su dominio del instrumento, y que la idea era que ella, la Dra. Cuddy, fuera la primera sorprendida. Así quedó sellado el pacto de silencio.