Manos pequeñas
Alerta: Este capítulo cambia su calificación a T (sólo un poco T, en realidad, nada escandaloso). Pero lo advierto porque quizás menores o quienes no gusten de leer temas de contenido sexual preiera obviar este capítulo.
Pero ya hacía falta un poco de picante entre tanto dulce...
Capítulo 7
Cuddy estaba tranquila, pero si analizaba su vida con detenimiento se daba cuenta de que no era del todo feliz. Ella era una mujer que necesitaba afecto, y aunque su hija se lo proporcionaba a montones, sabía que su vida podría ser más completa.
Un doctor de ojos azules y con una cojera cada vez más acusada (los años no perdonan) estaba instalado en su vida de forma intermitente y con periodos en que demostraba su interés por ella de manera variable. Recientemente, dicho interés parecía haber desaparecido. Ya ni siquiera hacía bromas sobre su trasero o su pecho (¿cuánto tiempo hacía que House no mencionaba a las gemelas...?), las partes de su anatomía que ella sabía que siempre le habían vuelto loco.
Los "moscones" habituales en las reuniones y cenas de recaudación de fondos para el hospital hacían que su moral no decayese, sabía que aún era una mujer muy deseable y esos tipos la reaseguraban en sí misma y en el poder de su físico envidiable, pero... House se volcaba en Rachel y ya no parecía interesarse en ella. Eso pensaba ese viernes por la noche de principios de noviembre mientras se dirigía a casa de él para comprobar que su hija se encontraba bien, antes de volver a su propia casa.
Era tan tarde que usó la llave que House le había dado para esas ocasiones, pensando que a esas horas él estaría también dormido. Pero Greg estaba aún al piano, sordina puesta... y tan ensimismado que ni la oyó entrar. Se sobresaltó un poco cuando ella se sentó a su lado en la banqueta, fascinada por la tenue melodía que él tocaba. Sonrió y siguió tocando hasta el final.
- Es precioso, House
- Compré la partitura pensando en ti ¿sabes? El compositor se inspiró en los gondoleros de Venecia para componer esta canción, y tú siempre has querido ir...
- Sí, era el destino que tenía pensado para la luna de miel... pero, mira, nunca tuve una luna de miel.
- Bueno, aún hay tiempo...
- ¿Tiempo? ¿De lunas de miel? No, eso tiene un momento que a mí ya se me ha pasado.
La tristeza de su voz desconcertó a House, y más aún ver una lágrima deslizarse por su mejilla. En la penumbra de la habitación, llevó su mano a la mejilla de ella y siguió a la inversa el recorrido húmedo con su dedo corazón. Los ojos de Cuddy, tan transparentes por la humedad de las lágrimas, nunca le parecieron más bonitos. No pudo contenerse y la besó, allí, los dos sentados en la banqueta del piano, dulce y suavemente.
Ella respondió al beso, exigiendo más, buscando más. House se apartó.
- No sé que te pasa hoy, pero algo te pasa y no me quiero aprovechar...
La sensación de rechazo hizo que Cuddy se enfadase.
- A mí no me pasa nada, al que le pasa algo es a ti, Gregory House. En el momento en que me acerco a ti te mueres de miedo. Cuando dormí en tu cama, no te quisiste aprovechar porque había bebido... ahora no te quieres aprovechar... ¿por qué, porque estoy triste? ¿por qué será la próxima vez, porque estoy demasiado alegre? Eres un cobarde, y no tienes remedi... La boca de House sobre la suya la hizo callar. Y esta vez fue él el exigente, y después el insaciable, y después el apasionado. Y lo siguiente fue casi arrancarle la ropa y llevarla a su dormitorio sin dejar de besarla, de acariciar todo su cuerpo, tropezando con los muebles, las paredes... Le hizo el amor como si se tratara de lo último que fuera a hacer en su vida, con una fuerza y una pasión desbordadas tras tantos años de espera, hasta quedar ambos extenuados.
De madrugada se despertaron, aún abrazados y desnudos. Estaba nevando y en el silencio de la noche sólo sus respiraciones podían oírse. Cuerpo con cuerpo, House sintió de nuevo el deseo apoderarse de ciertas zonas al parecer incontrolables de su anatomía. Ella, pegada a él, también lo estaba sintiendo.
- Vaya, Greg, quién diría que tienes tanta energía...
- Pues sí, ni yo mismo lo hubiera dicho... y la besaba en el cuello. Es bastante raro... y la besaba más abajo... Debe ser por la cantidad de tiempo que me he estado reservando... cuando llegó a los pechos y se entretuvo con la precisión y delicadeza que siempre había deseado dedicarles Cuddy ya no podía evitar los suspiros hondos, el arquearse como un gato satisfecho y sentirse la mujer más deseada y feliz del mundo. Hicieron el amor de nuevo, y esta vez con calma, con suavidad... excepto en los momentos finales en que Lisa no podía evitar gritar su nombre y abrazarse a él como si quisiera que entrara completo dentro de ella, como si quisiera no separarse nunca.
Y aún hubo una tercera y sorprendente ronda, esta vez bajo la ducha, que a punto estuvo de acabar de manera inapropiada... porque Rachel se presentó de improviso, ya despierta y dispuesta a empezar el día. Ambos se estaban secando mutuamente, de manera tan minuciosa y erótica que incluso podía haber comenzado un cuarto asalto... (House se veía capaz de batir todos sus records personales) cuando Rachel entró en la habitación, con parte de la ropa de su madre en las manos, la ropa que la noche anterior había quedado desperdigada por el salón y el pasillo, camino del dormitorio. Los dos se envolvieron en las toallas al instante, mirando con cara de niños pillados en falta a la diminuta personita frente a ellos que con cara interrogante mostraba las prendas...
