Manos pequeñas
Alerta: Este capítulo mantiene la calificación T
(Hay contenido sexual explícito, pero no irrespetuoso. De hecho en mi opinión no hay nada sucio o pecaminoso en el sexo consentido entre dos personas adultas. Y si hay amor es incluso algo muy tierno y hermoso)
Los dos se envolvieron en las toallas al instante, mirando con cara de niños pillados en falta a la diminuta personita frente a ellos que con cara interrogante mostraba las prendas...
Capítulo 8
- ¿Qué estabais haciendo? ¿Y por qué está la ropa tirada en el suelo? ¿Estás mala, mami?
- No corazón, te aseguro que estoy muuuy bien. Cuddy sentía su cara roja como la grana y su corazón latir a toda velocidad bajo la mirada inquisitiva de su hija. Es sólo que hemos estado... haciendo... ¡gimnasia! Sí, eso es, gimnasia. A House se le escapó una carcajada. Cuddy le miró severa...
- Es muy bueno hacer gimnasia, es verdad, intervino House. De hecho creo que deberíamos hacerlo todas las mañanas, tenemos que programarlo ¿no te parece?
- Síiiiii, palmeó Rachel tras dejar la ropa de su madre en la silla. ¿Puedo yo hacerlo con vosotros?
Ambos se rieron.
- No, corazón, es que... son ejercicios muy difíciles, son para mayores. Pero ya buscaremos otros para hacer todos juntos ¿te parece?
- OK, y Rachel chocó los cinco con House. ¡Quiero desayunar, quiero desayunarrrrr! Y se fue camino del salón a ver los dibujos animados.
Una sensación de alivio les invadió, y House metió una mano bajo la toalla de Cuddy, llevándola hasta ese lugar que le volvía loco entre sus muslos...
- No sé si podré dejar de pensar en lo que ha pasado, esta tabla gimnástica es tan maravillosa... No sé si podré quedarme callado y no pregonar...
- ¡Ni se te ocurra!... Cuddy recordaba el anuncio desde el balconcillo del hall, antes de su ingreso en Mayfield... cuando ante todo el hospital gritó que se había acostado con Lisa Cuddy. House... ¡Ni se te ocurra!
- Vale, vale... House se rio, pero concedió... pero no sé si voy a ser capaz de guardar tantos secretos
- ¿Qué otros secretos guardas?
House se arrepintió de haber sacado el tema
- Nada, cosas mías
- ¿Tuyas y de Rachel? Porque sé que mi hija me esconde cosas... sé que los dos me escondéis cosas... pero yo soy lista...
House no sabía qué hacer para distraerla del tema de los secretos, de modo que la besó a la vez que la mano masajeaba, investigaba y seguía trabajando bajo la toalla. Ella se apretaba contra él, boca con boca, mientras le acariciaba el pelo aún húmedo, la espalda desnuda...
No se dieron cuenta de que Rachel estaba otra vez en la puerta, esta vez con la boca semiabierta y las cejas levantadas por la sorpresa. Sin decir nada, ni hacer ruido, se volvió al sofá, frente a la tele. No sabía por qué, pero sabía que era mejor no intervenir en eso... Ya desde el salón, gritó, pasado un tiempo ¡Que quiero desayunarrrrrr! Uy, uy, uy, seguía pensando para sí... estos dos están haciendo cosas muuuy raras...
Pasaron ese sábado juntos, la primera vez que estaban así un día completo, que Rachel recordara, y para la niña fue un día muy feliz, a la vez que raro. Mamá no tenía que trabajar, ni se acordó de mencionar el trabajo para nada, House... House... definitivamente no estaba normal. Aunque sí es cierto que a ella le dedicaba atención, por esta vez le dedicaba más a su mami. Por favor, pensaba Rachel, si la mira con cara de atontado... ¡Y ella! Como que debe de tener fiebre, cada poco tiene las mejillas rojas como una piruleta de fresa... y cada vez que eso pasa la mano de House está encima de alguna parte de su cuerpo y ella tiene también una sonrisa bobalicona... Ay, Dios, qué está pasando aquí...
Esa noche House las acompañó a casa, y se quedó. Por lo menos allí estaba cuando Rachel se durmió, a pesar de sus esfuerzos por mantenerse despierta y ver qué pasaba... y también estaba cuando se despertó al día siguiente. Rachel había soñado cosas raras, como que se despertaba y oía a su madre y a su daddy intentado ahogar gritos, o algo como suspiros muy fuertes, o como risa a ratos, unos ruidos muy raros... pero debía ser un sueño. O a lo mejor era que estaban haciendo la misma gimnasia del día anterior. Como House había dicho que era tan bueno ese ejercicio que había que hacerlo todos los días...
De hecho aquella noche... poco se había dormido en el dormitorio de Cuddy. Apenas Rachel sucumbió al sueño, House se había pegado a Lisa como había deseado hacerlo durante todo el día. Ella tenía que apartarle las manos mientras terminaba de preparar la cena, mientras la servía... Dispuso los servicios de mesa en los extremos opuestos de la misma, donde no la alcanzara con las manos, porque si no era imposible comer, beber, ni hacer nada. El argumento convincente fue que realmente debían reponer fuerzas porque esta noche no podía ser menos que la anterior. Ante tal perspectiva, House se concentró en la cena. Cierto que necesitaba alimentarse A su edad muchos iban a la clínica a solicitar una "ayudita" en forma de pastilla azul para poder siquiera cumplir una vez... y Lisa esperaba... ¡tres! (o más). Cuddy acertó con el consejo. House se concentró en la comida... hacía tiempo que no devoraba tanto de una sentada. Y también es cierto que todo lo metabolizó esa noche transformándolo en energía sexual.
Hubo de todo... dulzura, fiereza, suavidad, pasión... a ratos caricias calmadas, alternado con otros momentos más salvajes. No hubo centímetro cuadrado de piel de Cuddy sin ser besado, grabado en la memoria, reverenciado. Cada pequeño lunar, cada suave curva, la nuca, las orejas, los ojos, nariz, la magnífica boca... Ese cuello, esos pechos de diosa, con sus pezones rosados que respondían bajo su boca endureciéndose y haciéndola suspirar, el perfecto ombligo, redondo, hundido, indicando el camino hacia profundidades mayores y más cálidas... Cuando su boca llegó al sexo, Cuddy ya no podía dejar de emitir sonidos roncos de placer, sintiendo la lengua de él deslizarse entre los pliegues, buscando su punto más sensible. Casi gritando, Lisa le pedía más, lo quería entero dentro de ella, le quería a él, en esa conexión a la vez animal y divina... Quería sentir su miembro grande y duro entrar en ella, llenándola completamente, quería sentir las paredes de su vagina apretadas y latiendo sobre él, quería sentir las embestidas a la vez fuertes y cuidadosas, cada vez más rápidas, que le proporcionaban un placer indescriptible, quería sentir dentro de ella los chorros rápidos y calientes de su semen en ese momento en que su mente dudaba de si era real o estaba en un plano más allá de lo físico... Lo quería todo de él, simplemente. Y esa noche, como la anterior, tuvo de él todo lo que quería.
