Manos pequeñas

Un poc más de "bla, bla, bla": He recibido el acertado consejo de cambiar la calificacion del Fic. Lo he tipicado como T, creo que M es lo máximo, lo que en mi opinión sería lo reservado para viloencia, agresión o algún tipo de ilegalidad, resumiendo, algo más sucio.

Pero es cierto que las reglas son las que son y aquí se firma estar de acuerdo. Nada más lejos de mi intención que herir la sensibilidad, el recato o la inocencia de quien tiene la amabilidad de leer lo que escribo, de ahí que adviertiera claramente al principio de cada capítulo en cuestión. Pero lo bien hecho bien parece, como dice el refrán español, de manera que ya está cabiada la calificación para que desde el inicio se sepa a qué atenerse.

Gracias por vuestros comentarios muy elogiosos y también por los menos. Le doy mucho mérito a leer ocho capítulos de un Fic en el que casi todo te parece mal... yo no tengo paciencia para eso, si no me gusta no paso del primero, y desde luego ni se me ocurre comentarlo. Pero todo sirve para aprender, y si alguien tiene razón en algo que te critica, hay que admitirlo.

Capítulo 9

El domingo por la tarde, House regresó a su casa, bien a su pesar. Pero era cierto que el lunes había que madrugar (al menos Cuddy, que él no pensaba poner la alarma en el despertador) y que no podían con otra noche sin sueño como las anteriores... De hecho cuando llegó a casa, se sentó en el sofá, apoyó la cabeza y se despertó tres horas más tarde, entumecido por la postura. Por primera vez, sintió el dolor en la pierna. Echando cuentas, notó que en dos días no había tomado el analgésico, a pesar de su despliegue atlético-sexual. Cierto que desde que salió de Mayfield, recuperado de su adicción, apenas tomaba calmantes a la hora de la comidas, y sólo en caso de sentir dolor, que parecía haberse aletargado, pero es que en todo el fin de semana no se había acordado de que su pierna no estaba normal si no era por la cojera al tener que caminar.

Durante la semana, la vida fue tan anodina como siempre, ni siquiera un caso realmente complicado para entretenerse... Pero House había evitado todo lo posible encontrarse con Cuddy. Saludos distantes al cruzarse en un pasillo, eso había sido todo. Por la noche hablaban por teléfono, ella tampoco había querido compartir veladas caseras en días laborables, sabía que ahora ya no se podrían quedar en la simple conversación o un intercambio de besitos inocentes. Nada de distracciones cuando cada mañana debía levantarse tan pronto.

- Me evitas... ¿Por qué mandaste a Foreman a pedir autorización para las pruebas?

- Porque si voy yo lo que pasaría es que mis manos se dirigirían por su cuenta, descontroladas, a tomar posesión de las gemelas y se quedarían allí, como pegadas con Synteticon. No sé si en realidad anhelas que eso pase...

- Mejor no, no quiero pensar que dirá el personal si se entera... Por no hablar de la Junta Directiva.

- Mujer, si ya todos lo sospechan. Es más, hace años se viene hablando de que tú y yo nos acostamos

- ¿Se viene hablando? Más bien tú lo pregonas cada poco a voz en grito, pero tengo la esperanza de que nadie te haya creído...

House anhelaba que llegara el viernes por la noche, ocuparse de Rachel y esperar en casa a que ella, la decana en persona, a la que se había limitado a saludar como lo haría cualquier empleado durante todos esos días, regresara de lo que quiera que esa semana se celebrase...

Pero el miércoles hablaron de un cambio en la rutina. Cuddy debía asistir el viernes por la mañana a una importante firma para un convenio de colaboración entre hospitales universitarios que se celebraría en Boston. Había pensado viajar el mismo día y volver esa noche, pero su secretaria le comunicó que no había billetes en el primer vuelo a Boston, el único que la hubiera permitido llegar a tiempo al acto, por lo que debía salir la tarde anterior. Esto suponía que House se haría cargo de Rachel el jueves por la tarde, la iría a buscar al colegio para que la niña pasara la noche con él y a la mañana siguiente se tendría que arreglar para que la niña estuviera en clase a su hora habitual. No era frecuente que House apareciera por el colegio, excepto para las funciones navideñas o de fin de curso. Por eso cuando el jueves por la tarde lo vio esperándola, Rachel se abalanzó a sus brazos. Ella la subió en alto, pero la bajó rápido, porque los niños de casi cinco años ya no van en brazos, como ella mismo señaló. Al menos, no delante de sus compañeros.

Desde que Rachel había dicho a sus compañeros que su papá era el Dr. House, todos los pequeños sentían curiosidad por ese personaje que había visto tan poco y sin fijarse mucho en él, en días de aglomeración de padres y familiares. Pero esa tarde ya fría y con escasa luz de primeros de diciembre, House estaba locuaz y contento y se entretuvo hablando con las mamás de otros niños, especialmente con las mas atractivas, como no. Y con algún padre también, pero con mucho menos interés. No lo podía evitar.

Rachel estornudó varias veces. Cuddy le había contado que la niña estaba algo resfriada, por lo que en la bolsa que le llevó al despacho y que ahora estaba en el coche de House también había puesto sus medicinas para la congestión y la incipiente tos que la había molestado la noche anterior. También le habían dolido los oídos durante el día como le señaló la profesora de la niña, y estaba algo acalorada, lo que indicaba que tal vez tuviera fiebre.

House decidió que era mejor ir a casa cuanto antes y estar a resguardo del frío.

La despedida de Cuddy y House en el despacho de éste había sido cómica. Eran conscientes de que estaban siendo observados a través de las paredes de cristal de la salita de diagnósticos, con bastante disimulo por parte de los varones y sin ningún recato en el caso de Trece, que no quitaba ojo de la escena, sentada como un Buda en su silla, y con las piernas en alto sobre un escabel para prevenir la hinchazón que su mega-embarazo le causaba en ellas. Habían actuado como si dos viejos amigos se hubieran encontrado por casualidad. Con una sonrisa de oreja a oreja, House susurraba

- No sé si podré esperar a tu vuelta, me gustaría que pudiéramos pasar un rato en cualquier lugar pequeño y con poca luz...

- Ja, ja reía Cuddy, como si él le hubiera recordado una vieja anécdota... Cierto, cierto, ya veo que el pequeño Greggie necesitaría unos pantalones tres tallas más amplias. Se acercó a despedirse, del lado de la salita su brazo rodeó a House, y su cuerpo se pegó al costado de él en un abrazo más fraternal que otar cosa. Del lado de la pared, su mano bajó a corroborar su apreciación... Por su parte Gregory House seguía sonriendo

- Sí, bajito y entre dientes...si no alivio la presión no sé, quizás habrá un accidente difícil de enmascarar... No pudo menos que con la mano invisible para sus colaboradores, lanzar un pellizco a las redondeces posteriores de ella.

- Mejor me voy ya, dijo ella separándose, con una sonrisa de oreja a oreja. Se volvió y saludó con la mano a los chicos que miraban. Cambió de idea y se dirigió hacia ellos para preguntar a Trece cómo se encontraba, no la había visto en los dos últimos días.

- Me encuentro... cómo te lo explicaría... hay partes de mi cuerpo que ni siquiera me encuentro... me resultan ya inaccesibles. ¿Sabes cuando hinchas un globo hasta el máximo, pensando que en cualquier momento puede explotar? Pues así es como me encuentro, como si yo fuera el globo y a la vez quien está soplando. Así que toma nota... no dejes que te hagan esto. Al decirlo, Trece se arrepintió. Sabía que Lisa había intentado en vano, tiempo atrás, tener un hijo biológico, y que finalmente había desistido, después de que ninguno de los intentos tuviera éxito.

Cuddy apagó un poco la sonrisa, pero pronto la recuperó... Se agachó a besar a Trece en la cabeza y le dijo

- No los tengas mientras yo no esté, quiero verlo todo.

- No prometo nada... A la menor oportunidad, los suelto, rió la mujer más joven. Cameron también quiere estar presente, aquello va a ser una reunión de damas...

- Y pondremos a los hombres de todo lo peor, verás como lo pasamos bien. Su amiga suspiró, no muy convencida. Sabía de memoria todo el proceso, cada paso, cada ejercicio de respiración... pero le daba pánico pensar en el momento en que todo empezara sin vuelta atrás... y recibir en este mundo a esos bebés que tanto le había costado decidirse a tener, ante la incertidumbre de su salud futura. Al menos la técnica les había permitido asegurarse de que los niños estaban libres del gen de su enfermedad, por lo que esa era una preocupación menos para la pareja. Cuatro años de insistir de Foreman, desde le punto de vista dialéctico y no menos intensamente en el plano puramente físico... habían dado finalmente, sus frutos.

Rachel tenía un poco de fiebre cuando llegaron a casa, y se adormiló en el sofá sin siquiera hacer caso del piano...