Manos pequeñas
Capítulo 12
House no sabía ni qué contestar a Cuddy. Cuando había llamado la noche anterior, una vez llegada a su hotel, Rachel ya estaba dormida. Y él le había dicho que estaba bien, sólo que seguía algo resfriada. ¿Cómo le iba a decir ahora, que en una noche el pronóstico había cambiado a grave?
- Sí, respondió lacónico al teléfono
- House, soy yo. Hemos acabado rápido y ya estoy camino del aeropuerto. Hoy podré cenar con vosotros ¿Quieres que compre algo especial antes de ir a casa?
House no decía nada
- House, ¿me estás escuchando, o hay problemas en la conexión?
- Te oigo, pero… Verás, hay algo que tengo que decirte… Rachel…
La alarma saltó en Cuddy, al escuchar el tono de House.
- Greg, ¿qué ha pasado? ¿Rachel está bien?
- Será mejor que vengas directamente al hospital.
- ¿Qué? ¿Por qué, qué pasa? ¡Haz el favor de decirme qué pasa con mi hija!
Todos estaban pendientes de la conversación.
- Parece que Rachel tiene… meningitis. Ahora el Dr. Blake se dispone a hacerle una punción de médula para determinar el diagnóstico exacto. Si quieres te puedo pasar con él…
- Sí, por favor.
House le tendió el teléfono al otro médico
- ¿Querrá informar, por favor a la madre de la paciente?
El pediatra saludó a Cuddy y la puso en antecedentes.
- Esperemos que todo evolucione favorablemente… Tenemos a nuestro favor que el Dr. House ha traído a la niña muy pronto, de modo que la enfermedad no ha podido avanzar mucho aún. En el momento en que determinemos el tipo, tras la punción, actuaremos rápido. Y ahora discúlpeme, la niña ya está preparada para el procedimiento. Le vuelvo a pasar el teléfono al Dr. House.
House tomó otra vez el teléfono, sin saber qué decir
- Greg… empezó Cuddy. Gracias por estar ahí con ella. Gracias por llevarla al hospital… Y gracias por ser su daddy. Tan pronto llegue voy hacia allá… cuídala, por favor, es mi tesoro… ya no podía evitar llorar.
- Y el mío… las lágrimas rodaban también por las mejillas de él, perfectamente afeitadas. Se volvió para que Rachel no lo viera. Te dejo, van a empezar con la punción. Prefirió no pasar el teléfono a la niña para que no se pusiera más nerviosa. Lo cerró y guardándolo se centró en Rachel. El Dr. Blake le hizo una indicación de cabeza.
- Rachel, ahora necesito que hagas lo que te voy a decir y estés muy quieta, aunque te duela, corazón. Ella lo miró con esos ojos tan azules, tan asustados… House le tomó las manitas entre las suyas. La habían colocado de costado.
- Ahora enróscate como cuando yo te digo que pareces una bola, con las rodillas en el pecho… él seguía agarrando sus manos, ambos mirándose fijamente. House se había sentado en una silla baja y la camilla le quedaba a la altura de las axilas, con sus brazos encima de la sábana y su cabeza casi tocando la de Rachel. Por el otro lado, la enorme aguja de la jeringa no menos tremenda se estaba empezando a clavar buscando su camino entre las vértebras de Rachel en el lugar en que los dedos del doctor señalaban como propicio. Ella gimió de dolor. House seguía mirándola fijamente.
- Tenemos que pensar en los regalos de Navidad, Rachel, ya sólo quedan cuatro semanas… Y tenemos que preparar… ya sabes qué, y a la vez guiñaba un ojo ostensiblemente. Ponía una de esas caras graciosas que a Rachel hacían reír a carcajadas. Sólo que ahora no estaba para risas, pero le sirvió para relajarse un poco. Inmediatamente, el dolor se hizo menor.
- Ya hemos llegado, dijo el doctor. Ahora tomaremos la muestra de líquido medular… lo iba haciendo al mismo tiempo. House se moría de ganas de estirar la cabeza y ver qué aspecto presentaba el fluido espinal… pero mantuvo sus ojos fijos en los de Rachel, diciéndole con ellos lo valiente que era. Al mismo tiempo acariciaba sus manos, esas manos pequeñas que ya eran capaces de extraer bellas melodías de un viejo piano a pocos días de cumplir los cinco años. House seguía hablando con ella
- Y además está el cumpleaños… Aún no me has dicho qué quieres que te regale… En cuanto te pongas buena, iremos a comprarlo juntos, qué te parece… House ya tenía elegido el piano, pero eso sería la sorpresa de Navidad. Con esto del susto de la enfermedad, habrá que hacer regalo doble para hacérselo olvidar pronto.
El médico extrajo la aguja, lo que provocó otro respingo de dolor en Rachel, y colocó un apósito en el pinchazo, que sangraba un poquito.
- Buena chica, Srta. Rachel Cuddy. Es usted una niña muy valiente. Y se ha ganado el tratamiento especial de las señoritas valientes… Ya verás que habitación más bonita te hemos preparado. Te tendrás que quedar unos días con nosotros.
Rachel buscó otra vez a House con los ojos, asustada.
- No te preocupes, yo me quedaré contigo, y también mamá, que llegará pronto. No te dejaremos sola. El alivio se hizo notorio en la mirada de Rachel, aunque aún gimió de dolor otra vez cuando intentó moverse.
- Espera un ratito, para que se vaya pasando, poco a poco… Miró ahora la jeringa en la bandeja, dispuesta para seer enviada al laboratorio. El líquido era turbio, lo que confirmaba casi con seguridad la meningitis. Faltaba establecer el tipo. El Dr. Blake se dirigió a él.
- Voy a llevarlo personalmente al laboratorio y en breve tendremos los resultados. Sólo queda vigilar que no suba mucho la fiebre, y le pondremos un analgésico suave para aliviar el dolor, le servirá también para el cuello y el dolor de cabeza. Esta pequeña está soportando todo esto con un valor impropio de su edad…
- Es una niña que hace muchas cosas impropias para su edad, doctor. House la miró. Pero sigue siendo una niña pequeña. Haga lo que tenga que hacer lo más rápido posible, se lo agradeceré eternamente. El médico salió en dirección al laboratorio. House se quedó con Rachel mientras la enfermera administraba la medicación prescrita. Tras casi una hora, les trasladaron a una habitación. Rachel estaba mejor, pero ahora bastante adormilada. El doctor no había mentido. House hacía aspavientos y muecas.
- Ougggg, es taaan rosa. La habitación tenía las paredes pintadas en rosa, y las sábanas tenían florecillas de ese color. A la niña la vistieron también con un camisón del mismo estampado. Su pequeño cuerpo estaba perdido en un mar de flores rosa, del que emergían su pálida cara y sus ojos, que parecían más grandes y azules que nunca. House se instaló a su lado, buscando acomodar su pierna del mejor modo para que no le doliera.
Trece apareció en la puerta apenas estuvo instalada. Cuando House la vio, se levantó y fue a su encuentro.
- No es buena idea que te acerques a ella. Ya sabes, enfermedad posiblemente infecciosa, todos lo que hemos estado en contacto necesitaremos una medicación preventiva. No estás en condiciones de medicarte, ni mucho menos de ponerte en riesgo.
Trece comprendió que tenía razón. Saludó a Rachel con la mano. La niña le preguntó
- ¿Ya van a nacer los bebés? Trece tenía puesta una bata de las de los paritorios, ninguna de las suyas le servía de nada, por eso se había apropiado de algunas de Maternidad.
- En cualquier momento, cariño. Te prometo que serás de los primeros en saberlo. Algún día ya me ayudarás a cuidarlos ¿verdad?
- Síiiiii, ¡gracias!
Trece se fue y ambos quedaron solos de nuevo.
- Lo que no sé si me gustará mucho es lo de cambiar los pañales… en la guardería he visto a los chiquitines, y lo de la caca es bastante asqueroso… ¿Tú también me cambiabas a mí los pañales con caca? House se rió, acordándose de las primeras experiencias en ese sentido, cuando todavía no sabía que había que agarrarle los pies al bebé para que no los metiera con sus pataleos en el pañal sucio... Tomó las manos de la niña haciendo bromas con ellas para acabar besándoselas.
- Oh, no hubo ningún problema con ello… para mí tu caca eran como pâté du canard… y el pis lo mismo que el champagne Dom Perignon…
Rachel sonreía mientras se iba quedando dormida. House se estaba impacientando porque aún no aparecía el médico con los resultados. No se había acordado de comer y se sentía débil, además de que la pierna lo estaba matando. Se acomodó en la silla, con la mano de Rachel en la suya y también se quedó adormilado. Así les encontró Cuddy cuando llegó, apresurada, desde el aeropuerto.
