Manos pequeñas

Capítulo 13

Cuddy se dirigió a la cama y besó las mejillas y la frente de la dormida Rachel. Estaba caliente, pero no como de fiebre alta. Un beso, el termómetro infalible de las madres. Del otro lado de la cama House se despertó y la vio.

- "Aún no han venido con los resultados... Cuddy yo... yo... No lo vi, no me di cuenta... Podía haberse puesto peor y yo no hubiera dado con el diagnóstico. ¡Por Dios! ¡Pensaba que era el resfriado!..."

Cuddy no le dejó seguir hablando,

- "Shhhh... no es culpa tuya, no es culpa de nadie..." se acercó a él mientras seguía hablando. "Yo también podía haber hecho más por atajar ese resfriado, ni siquiera la traje al pediatra, podían haberla hecho un reconocimiento completo..."

En ese momento, el médico entró en la habitación. House se levantó y Cuddy agarró con fuerza la mano de él con su mano izquierda.

- "Dra. Cuddy, me alegro de que haya llegado". Ella estrechó con su mano derecha la del pediatra.

- "Dr. Blake, por favor, dénos buenas noticias", le suplicó.

- "Tenemos los resultados del análisis de la muestra de líquido cefalorraquídeo extraído. Es meningitis, como ya sospechábamos". Cuddy sintió las lágrimas rodar por sus mejillas. "Pero, dentro de todo, no es lo peor. No es bacteriana, es viral, por enterovirus. Ya saben lo que eso significa. No es tan grave, pero no hay con qué tratarla, el sistema inmunológico de la niña tendrá que vencer al virus. Nos limitaremos a administrar medicamentos para paliar los síntomas: Analgésicos, antipiréticos... y mucha hidratación. Aparte de eso, sólo reposo y esperar a que el proceso siga su curso, como cualquier enfermedad vírica"

Cuddy y House se miraron, una mirada de alivio que lo decía todo entre ellos. No hay literatura médica sobre frecuentes complicaciones fatales en este tipo de meningitis, parecían estar ambos pensando.

- "Hemos activado el protocolo y se ha dado aviso a la escuela de la niña, para que controlen si algún otro niño o adulto presenta síntomas, y que se analicen de inmediato, pero ya saben que el contagio no es fácil. En cuanto a Rachel, estará ingresada hasta que estemos seguros de que evoluciona bien y no presenta secuelas".

Las mentes de House y Cuddy pensaban sincronizadas en todo lo que, en el peor de los casos, podría sufrir Rachel si la enfermedad no evolucionaba bien: fatiga general, dolores de cabeza recurrentes, problemas de concentración, pérdida temporal de la memoria, torpeza, vértigo, problemas de equilibrio, depresión, arranques temperamentales violentos, cambios de ánimo, períodos de agresividad, dificultades de aprendizaje, tinnitus (zumbido en los oídos), coyunturas resentidas o rígidas, problemas visuales como doble visión e impedimento visual cortical, y la posibilidad de sordera, daño cerebral...

El peligro aún no había pasado. A Cuddy le flojeaban las piernas. House se dio cuenta y la hizo sentar, estaba muy pálida.

- "Nada de eso va a pasar". Sin mencionarlo, sabía lo que ella había pensado. Lo mismo que él. "Todas esas secuelas casi siempre son consecuencia de una meningitis bacteriana, no viral, ya lo sabes".

El doctor se despidió, después de anotar en la historia colgada en la cama la prescripción para las próximas horas. Cuando salió, una enfermera entró a cambiar el suero que mantenía una hidratación segura mediante una vía que le habían cogido a Rachel en su pequeño brazo. Cuddy no había soltado la mano de House, y ahora le atrajo hacia ella y se abrazo a su cintura, según estaba sentada, llorando. Rachel se despertó en ese momento y les vio.

- "¡Mami! ¡Ya has venido!..."

- "Sí, corazón..." Cuddy se levantó para abrazarla. "¿Cómo estás, te duele algo?"

- "No, ¿nos vamos a casa? Por favor mami, por favor..."

- "No, tesoro. Tendremos que estar aquí unos días, hasta que estés del todo bien. Pero no te preocupes, estaremos todo el rato contigo. Si no estoy yo, daddy se quedará". Y diciendo esto les miró a los dos con los ojos muy abiertos, las cejas arqueadas... House y Rachel se sorprendieron.

- "¿Tú lo sabes?" Rachel se había esforzado por guardar el secreto con su "d". La niña miró a House, que levantaba las manos como diciendo Yo no he sido

- "Yo sé muchas cosas... En realidad, lo sé todo" Cuddy ponía cara de saberlo todo, todo...

Rachel y House se miraban, con expresión de susto. Lo del piano no tenía que saberlo... No era posible que lo supiera... House le hizo a Rachel la seña de silencio, con el índice sobre los labios.

- "Es un farol" "No sabes nada", empezó House

- "No puedes saber lo de la fiesta de Navidad del cole porque..." Rachel se calló de pronto, al ver otra vez a House tocarse furiosamente los labios con el índice. La niña se dio cuenta de que ya había hablado demasiado...

- "Así que hay sorpresa para Navidad..." Cuddy estaba ahora disfrutando, a pesar de las circunstancias...

- "Como sigas en esa línea cotilla, no habrá sorpresa ni regalo para ti", le advirtió House, con cara de ofendido... "Y tú, pequeña bocazas, a callar".

Rachel se reía, hasta que la tos la atacó. Su madre la dio un poco de agua. La niña estaba aún cansada, por lo que decidieron que era mejor menos estímulo y dejarla reposar.

- "Puedes irte a descansar, yo me quedo hasta mañana. Greg... ¿Has comido algo hoy?"

- "No, ahora que lo dices, ni me he acordado..."

- "Pues ve, no quiero dos enfermos"

- "A ti tampoco se te ve muy lozana, no presumas..." Era verdad que Cuddy seguía pálida, y se le empezaban a formar ojeras.

- "Era la preocupación, el no saber... Ahora ya estoy bien. Ve a comer algo a la cafetería y tráeme la cena antes de irte a casa. Mañana por la mañana yo iré a casa a dormir un rato cuando tu vengas"

House se acercó a ella, invadiendo su espacio personal, y pegándose a su cuerpo le habló bajito

- "No es así como yo había pensado que terminaría este fin de semana... pero me reservaré para cuando se pueda. Tengo un record que superar..." La besó suave en los labios. Rachel, ya medio dormida, sonrió.