Manos pequeñas
Por ser el último ha salido bien largo... Disfrutadlo.
Capítulo 15
Y llegó el día D... Era víspera de Nochebuena y era viernes.
Para Cuddy no había reunión de la Junta, pero sí la habitual fiesta navideña en el hospital, y tenía que dejarlo todo resuelto antes de asistir a la representación en el colegio de su hija. Estaba atacada de los nervios con todos los preparativos. Rachel no precisaba ningún disfraz especial este año. Ni ángel, ni pastorcillo como en los dos anteriores... lo cual extrañó a su madre.
- "¿No participas en la función?
- "Sí, mami, pero este año es algo distinto, especial. No te preocupes, te gustará." Le había dicho la niña esa mañana, cuando la dejó en el colegio antes de ir a su despacho. Se despidieron hasta la hora de la fiesta de los niños, a las tres de la tarde.
Cuddy no había sido capaz de sacarle más información. Tampoco tuvo mucho tiempo para pensarlo, la fiesta de Rachel no lo único en que ocupar la mente ese día. Estaba también la del hospital, y el lío de los turnos y vacaciones navideñas... quejas de quienes les había tocado guardia, proveedores que no aparecían... De locos.
Y luego estaba House, con esa mirada de... "yo sé algo que tú no sabes". Si no fuera porque no tenía tiempo de fastidiarle, ella también podría pasearse por delante de su despacho con la misma mirada, como él llevaba haciendo media mañana. Y por grande, por enorme que fuera lo que él sabía, lo que no sabía era más aún... Lisa Cuddy estaba segura de eso.
Con House no se podía contar para nada, como no fuera para estorbar, pero Wilson era una bendición. Él se ocupó de indicar al personal de la empresa de eventos que serviría el buffet y las bebidas donde podían instalarse y el espacio que debería ocupar las mesas y demás servicio en la sala, cerca del gran árbol de Navidad, procurando que quedaran libres las vías de evacuación. Lo dejó todo resuelto para la hora de la función de Rachel, a la que también estaba invitado. Después, vendrían directos para que la decana diera por iniciada la fiesta.
Cuando llegó la hora de salir para el colegio de Rachel, Cuddy no había tenido tiempo de comer. Tenía un nudo en el estómago con tantas emociones y estaba lejos de sentirse en su mejor momento. House no pareció darse cuenta, tenía la mente en otra cosa. El tío James sí notó algo raro en su jefa, pero lo achacó al estrés de las últimas semanas. La enfermedad de la niña la había dejado más vulnerable de lo normal, ella misma se lo había confesado la mañana anterior, cuando entró a su despacho a entregarle unos informes y tuvo que esperar a que ella saliera del baño. Y lo hizo llorando, aunque a la vez sonriente. Cuando Wilson se preocupó y le preguntó si no se sentía bien, ella le respondió que estaba "divinamente". Y después le contó que el miedo que había pasado con Rachel enferma la había hecho sentir algo sobrepasada, pero que todo iba a ir bien. Muy bien, le había asegurado.
Cuando llegaron al colegio (a la vuelta de la manzana, en realidad), aquello ya era un revuelo de padres y abuelos buscando el mejor lugar para sentarse y poder ver a sus angelitos. Para cada uno de ellos, su niño o niña eran los más guapos, los más listos, los más graciosos... House desapareció de pronto, y sólo volvió cuando ya estaban apagando las luces de la sala y la representación del Belén estaba a punto de empezar. Cuddy le había reservado un sitio a su lado, de modo que ella quedaba situada entre House y Wilson. Bien, las mamás de los otros niños normalmente la hacían sentir madre soltera en las reuniones, hablando de sus maridos como si no tuvieran otra cosa de que hablar... pues allí estaba ella, entre dos hombres de muy bien ver, los dos pendientes de sus menores reacciones.
En realidad House la miraba más a ella que a la representación, la estaba empezando a poner nerviosa. Deducía que algo tenía que ver con el famoso secreto entre él y Rachel, pero no sospechaba qué era la cosa. Eso sí, algunos de los compañeros de Rachel estaban en escena y sin embargo su hija no aparecía. ¿Haría algún papel importante o especial, y saldría más tarde?
Aquello iba avanzando, nació el niño Jesús, el ángel casi se cae de su lugar sobre una nube... Grandes y entusiastas aplausos después de terminar, y Rachel no había aparecido. Se cerró el telón y la directora, que hacía también funciones de presentadora, comenzó a hablar. Mientras lo hacía, dando las gracias de nuevo a todos por su asistencia, volvieron a abrir el telón. En un momento habían despejado el decorado y sólo se veía un piano. Lisa Cuddy se quedó mirándolo, y cuchicheó a House
- "Es igual que el tuyo..." Él sonrió, asintiendo. Poco sabía ella que se había empeñado en que Rachel debutara en público con un buen piano, que ni el del colegio ni el del hospital le habían parecido suficiente y que, finalmente, había decidido llevar el suyo. Una fortuna en transporte. Sin contar con que al día siguiente el regalo de Navidad de Rachel estaría disponible también para ser trasladado, aunque esta vez el transporte estaba incluido en los gastos de la compra, otra fortuna... House pensó seriamente que debería dedicarse a vender y transportar pianos, ya que era una actividad tan rentable...
La directora seguía hablando
- "Y ahora tenemos para ustedes algo muy especial. Una alumna de este colegio va a ofrecerles, distinguido público, su primer recital de piano, interpretando dos obras. La primera será "El desfile de los soldaditos de plomo", de Leon Jessel, y después, dedicado al niño Jesús que como hemos visto acaba de nacer, la "Canción de cuna" de Brahms. Nuestra pianista acaba de cumplir cinco años..." La mente de Cuddy estaba trabajando a toda velocidad. El piano, una niña de cinco años recién cumplidos, Rachel que aún no había aparecido, su hija diciéndole por la mañana que iba a hacer algo especial... "Señoras y señores, les presento a la señorita Rachel Cuddy"
Rachel apareció, saludó con una reverencia entre aplausos, y se sentó (se encaramó, más bien) en la banqueta del piano. Las partituras ya estaban allí.
Cuddy no podía creer lo que estaba viendo. House tenía un ojo en ella y otro en la niña, para ver cómo encaraba su primer concierto... Wilson le miraba a él, moviendo la cabeza a derecha e izquierda...
House agarró una mano de Cuddy con la suya, apretándosela. Y Rachel arrancó con la melodía. La música era realmente descriptiva, uno podía imaginarse perfectamente un desfile de soldaditos siguiendo el compás. Cuando el ritmo se hizo más vivo, las manos de Rachel recorrían el teclado sin vacilaciones. House miró a Cuddy, que a su vez contemplaba a su hija, fascinada. Al sentir su mirada en ella se volvió y sus ojos se encontraron, los de ella con lágrimas que empezaban a caer, imparables. House la atrajo hacia él por los hombros y la besó en el pelo. Wilson, que no se había enterado de nada aún de lo que había pasado entre ellos dos (esta vez no había habido anuncio público desde el balcón sobre el vestíbulo del hospital, ni siquiera anuncio privado) se quedó, también ante ese gesto, sin palabras.
Rachel acabó la primera pieza y se volvió hacia el público, sonriente. Las ovaciones y los bravos fueron tales que tuvo que levantarse y hacer su graciosa reverencia. Aún no se habían extinguido los aplausos cuando se volvió a sentar, esperó al silencio y atacó la segunda melodía, dejando a todos emocionados con la archiconocida y tranquilizadora música que tantas madres han cantado a sus hijos para acompañarlos dulcemente hacia el sueño. Cuando terminó, el público se puso en pie, literalmente en masa. Cuddy no podía, sus piernas no la sostenían. Los nervios, le emoción, el no haber comido... Rachel había salido ya por un lateral, pero su directora la mandó salir a saludar otra vez, llevándola de la mano. Cuddy la veía apenas, entre la gente que se había puesto de pie, intentando respirar hondo, calmar el ritmo loco de su corazón. No podía desmayarse ahora, no podía... House ponía ahora toda su atención en ella, toda vez que la parte de Rachel ya había pasado, con rotundo éxito. Pero la palidez de Lisa le estaba asustando. Permaneció sentado con ella, mientras Wilson aún gritaba, silbaba y aplaudía a Rachel con las manos en alto.
- "¿Qué te pasa?" le preguntó House. Ella parecía a punto de desfallecer
- "Nada, la emoción... y probablemente una bajada de glucosa, apenas he comido". Procuraba respirar hondo y lento. Poco a poco se fue sintiendo un poco mejor. Rachel tuvo que salir por tercera vez, y esta vez Cuddy pudo levantarse, de modo que la niña pudo ver la cara de su madre, sonriente y emocionada, y el guiño y el gesto con el pulgar arriba que la dedicó House. Todos los niños de su clase se reunieron con ella en el escenario y cantaron el último villancico, dirigidos por su profesora. Con ello, la fiesta terminó.
Hubo una algarabía de niños y padres felicitando a Rachel, volviéndose también a felicitar a Cuddy... Cuando la niña pudo llegar hasta su madre, ésta la abrazó y se sentó con ella encima. La apretó tanto contra su pecho que tuvo que relajar un poco el abrazo porque las dos se quedaron sin respiración.
- "¿Te gustó la sorpresa, mami?". Rachel no podía estar más feliz
-"¿Que si me gustó? ¡Aún no me lo creo! ¡Casi me matáis con la sorpresa! ¿Pero cuándo has aprendido todo eso?". Ahora fue House el que la levantó en brazos, la apretó y se la pasó a Wilson.
- "Hemos ensayado todas las semanas, desde hace años, mamá"
- ¿Años?, Cuddy se reía.
- "Dejémoslo en un año, y medio. Pero aquí el microbio con tres años ya me sorprendió tocando esta última canción simplemente de oído... Tiene más talento que tamaño, os lo puedo asegurar..."
Todos rieron. Saludando a unos y otros salieron para dirigirse al hospital, donde todo estaba dispuesto para la fiesta del personal.
Cuddy dio la bienvenida a todos a través del micro y les invitó a disfrutar, deseándoles una Feliz Navidad. House se daba cuenta de que estaba exhausta, y se recriminaba a sí mismo no haberse dado cuenta antes. ¿Qué pasaba con él, que los síntomas que veía en cualquiera le ponían sobre aviso y sin embargo no se enteraba si algo malo le sucedía a alguna de las mujeres que importaban en su vida? La obligó a ir hasta las mesas de comida, tomar un plato y elegir entre la variedad de alimentos presentes hasta llenarlo. Acto seguido se fue con ella a su despacho, de donde no pensaba dejarla salir hasta que hubiera acabado todo. Wilson paseaba entre el personal, aún con Rachel en brazos, contando a quien quería oírlo (y a quien no también) lo del recital de piano de la niña, y los aplausos que había recibido. Ovaciones, más bien.
La fiesta se animó aún más con la llegada de la familia Foreman. Era la primera salida de los bebés, pues el tiempo había estado demasiado frío. Todo el mundo se arremolinó en torno al cochecito doble, deshaciéndose en elogios de lo lindos y tranquilos que estaban los gemelos. A pesar de ser de distinto sexo, eran parecidísimos. Los dos iban vestidos de blanco, y su piel tenía un tono como de miel clara que les hacía extraordinariamente atractivos. Rachel les contemplaba fascinada. Eran tan pequeñines y tan lindos… Y desde luego, captaban todo el protagonismo. Hasta el tío James, que la tenía en brazos, estaba mirando como bobo a los dos pequeños que, al fin y al cabo, no sabían hacer nada.
Trece estaba guapísima. Con el paso del tiempo el gesto duro de su juventud se había suavizado, y cuando miraba a su familia sus ojos eran dulces y su sonrisa iluminaba el mundo. Eric Foreman era el hombre más feliz del planeta. Parecía que los botones de su camisa iban a estallar de satisfacción. Tenía con él a la mujer que amaba, a la que estaba dando concentrado en el tiempo que les quedara todo el amor que hubiera debido dedicar a ella en los siguientes sesenta años de haber tenido la oportunidad… Y ella le había dado los dos hijos más perfectos, preciosos y sanos que un padre aspiraría a tener. Ellos eran la parte de Remy que siempre le acompañaría si algún día ella ya no estaba.
Cuando los bebés empezaron a agitarse, Remy supo que era su hora de la cena. Wilson la invitó a que fuera a la oficina de Cuddy, podría alimentar cómodamente a los niños, y la decana estaba precisamente allí reponiendo fuerzas.
Cuddy estaba terminando con el súper plato que House la había obligado a prepararse cuando oyeron tocar a la puerta. Pronto apareció Wilson con Rachel y todos los Foreman. Casi dos semanas de práctica ya habían dado a la joven pareja un cierto dominio de la situación y mientras Trece tomó a su niño para ponerle al pecho, pues parecía más impaciente, Eric despejó la mesita del café, extendió la mantita de cambiar pañales y en un momento dejó a su hijita fresca y limpia.
Remy se había sentado junto a Cuddy en el sofá, y la decana insistió en que la dejara al niño mientras se despejaba la ropa.
- "¿Quieres que nos vayamos?" preguntó Wilson, señalando también con la cabeza a House.
- "Eh, cretino, habla por ti" House respondió. "¡Yo esto no me lo pierdo! ¿Te fijas que ha aumentado al menos tres tallas de…?" La mirada glacial de Cuddy le hizo callar
- "No, claro que no, nadie se tiene que ir. Esto es lo más natural del mundo" Remy no se sentía en absoluto violenta.
En cuanto Cuddy le dio el bebé otra vez a su madre, Rachel se instaló en su regazo. Cuddy pudo advertir la rapidez del gesto, señal de unos incipientes celos. Esto provocó en la decana una sonrisa y una pequeña preocupación. Pero a pesar de todo, Rachel estaba fascinada con lo que veía. El bebé se había pegado al pecho redondo y pletórico de su madre y había capturado en su boquita el pezón sin vacilar, para inmediatamente succionar con una fuerza que producía ruiditos de ansia. Al mismo tiempo, con sus ojos preciosos de color verde ambarino miraba como hipnotizado a su madre, que le correspondía en esa conexión tan íntima entre madres e hijos
- "¡Hala… qué chupetones…!" Rachel se maravillaba. "¿Mami, todas las señoras tienen leche en el pecho? ¿Tú también tienes?"
- "No, hija. Las mujeres tienen leche sólo después de que nace el bebé que han llevado en la barriguita, para que pueda comer lo que mejor le sienta hasta que sea un poco más mayor".
Rachel procesaba la información
- "¿Y si tú no me tuviste en tu barriga, entonces no tenías leche?". Cuddy suspiró. No sabía lo que su hija sería en el futuro, pero hoy por hoy la niña demostraba ser muy inteligente.
Todos miraban expectantes, esperando la respuesta a una pregunta tan directa.
- "No tesoro, yo no tenía leche. Pero cuando las mamás no tienen leche, hay unos biberones súper ricos para los niños, y es lo que yo te daba. Y también te gustaba muchísimo.
Rachel le cogía la cara a su madre con sus manitas, y ella se las besó.
Cuando el comilón quedó satisfecho, y tras un eructo de camionero, hubo intercambio de bebés y fue el turno de la nena de tomar su alimento y el de su hermanito de renovar su pañal y quedar listo para unas horas de sueño. Ella chupaba igual de fuerte, y quizás hasta algo más rápido. Todos miraban fascinados. Hay algo mágico en ese momento, en esa conexión, que provoca la sonrisa. Hasta House no podía evitar mirar y sonreír, y esta vez no pícaramente. Rachel dejó a su madre y fue hasta la silla en que House estaba, subiéndose encima de él y abrazándose a su daddy. House y Cuddy se miraron por encima de la cabeza de la niña, sonriendo. Su pequeña estaba experimentando por primera vez el sentimiento de "príncipe destronado"… Precisamente la noche de su éxito en el recital, cuando debería sentirse bien segura de sí misma. Pero, al fin y al cabo, demostraba ser una niña pequeña. Era un alivio, de alguna manera. No querían tampoco una resabiada que pareciera una adulta enana. Rachel y todos a su alrededor debían aún disfrutar de mucha infancia, por mucho don que la niña tuviera para la música. Pero con todo, era una preocupación más para Cuddy.
Esa noche, tras la fiesta y las emociones del día, Rachel ya llegó a casa dormida. Le pusieron el pijama y House la arropó. Se iba a quedar con ellas el fin de semana, y así celebrarían el sábado la Nochebuena y esperarían los regalos de Santa Claus que abrirían el domingo por la mañana.
- "Somos gente seria y coherente…" decía House, con gesto de suficiencia. "Una judía y un ateo celebrando la Navidad cristiana"
- "Sabes que es por Rachel, ella está emocionada con todo este asunto. Y celebrar la Navidad no perjudica a nadie… ". Cuddy se sentó con un suspiro.
- "¿Estás bien?"
La preocupación de House la reconfortaba. Le miró intensamente.
- "Estoy más que bien, no te preocupes". Le tomó la mano. "No sé cómo agradecerte lo que has hecho con Rachel. Yo nunca me habría dado cuenta de que la niña tiene ese potencial. Y no sólo es que te ocupas de ella, es que lo haces mejor que nadie… y ella te adora. Has demostrado que puedes ser un buen padre, tú que tenías tanto miedo de ser como el tuyo…". House levantó las manos unidas y se la besó.
- "¿Y ahora, después de los protocolarios agradecimientos, me vas a decir de verdad qué te pasa?". Ella le miró sorprendida. Luego sonrió.
- "Ya te he dicho que estoy más que bien. Pero sí es cierto que hay algo que tengo que contarte. Iba a esperar a mañana, para que le echaras la culpa a Santa Claus… ¿Recuerdas aquellas inyecciones que me ponías hace más de cinco años, aprovechando el momento para mirar… ahí?" El asintió. "Pues se ve que eran de efecto retardado… Llevó la mano de House hasta su regazo, y la apoyó, plana, bajo su ombligo. Esto irá así, y así, y así… y si no pasa nada llegará hasta aquí, más o menos en el mes de Julio… Según hablaba, iba separando la mano de su cuerpo, indicando el hueco de un vientre cada vez más grande. House se había quedado paralizado totalmente, con la boca abierta. Ahí el besó Cuddy, antes de que pudiera decir nada. La pasión con que respondió House le dio una idea de sus sentimientos frente a la revelación que acababa de hacerle.
- "Dios mío", dijo él recuperando el aliento. "Voy a empezar a creer que pueden existir milagros". La besó otra vez, la mano en su vientre. "Y desde aquí puedo sospechar que vamos a tener algún problemilla con Rachel, pero… es ley de vida. Mi princesita se va a convertir en una hermana mayor".
Esa noche estuvo llena de pasión y de ternura. House estaba tan maravillado que ya no solo la adoraba, sino que reverenciaba su cuerpo, la capacidad de crear vida.
- "Podría acostumbrarme a esto" Le dijo House al oído. Intentaban dormir algo, abrazados y felices…
- "Deberías. No creas que te vas a librar cuando nazca tu microbio… Pasé sola por ello con Rachel y te aseguro que es muy difícil"
- "¿No me voy a librar? ¡No me quiero librar! Es más, no me quiero perder nada. Mañana por la mañana… chequeo completo y quiero ver la ecografía…"
- "Calma, calma, padre del año. Mañana es sábado, y Nochebuena. En el hospital está únicamente el personal de guardia, los infelices que no se han podido librar. No va a pasar nada por esperar al lunes o martes. Te digo que estoy bien, me hice un análisis de sangre. El nivel hormonal es óptimo, lo que me da seguridad, ya sabes, por mi historial de aborto temprano… pero siempre fue porque mi nivel hormonal era muy bajo y ahora está bien alto. Así que sólo buenos hábitos y buenos alimentos. Y que el padre de mi bebé me quiera…" acalló un bostezo y se fue quedando dormida
- "Eso lo has tenido seguro desde hace más de veinte años, y siempre lo has sabido, Lisa Cuddy…" House se dejó llevar también por el sueño.
Epílogo
La mañana de Navidad
Rachel se despertó antes que ellos y se coló en la habitación de su madre, saltando en la cama.
- ¡Que ha venido santa Claus… que ya ha venido!
Cuddy y House la siguieron al salón, donde estaban los paquetes bajo el árbol, y el piano junto a la pared, tapado con una sábana. Les había costado un gran esfuerzo deslizarlo por media casa, desde el escondite donde estaba, bajo llave, desde que por la mañana lo habían traído, en un rato que Lisa se llevó a la niña al centro comercial.
Cuando Rachel lo vio… gritó, brincó como loca por todo el salón se subió a los brazos de House, a los de su madre…
Al fin se dejó caer en el sofá.
- "Menos mal que Santa Claus parece que no admite cambios en las peticiones de los regalos…" empezó a decir Rachel cuando se le pasó el arrebato. House y Cuddy se sentaron uno a cada lado de ella
- ¿Cuál es el cambio que querías hacer?
- "Es que cuando vi a los gemelos de Remy la primera vez, pensé que lo que más me gustaría sería un hermanito". Cuddy y House se miraron por encima de su cabeza. "Pero ni hablar, aunque se lo pedí a Santa Claus de manera telescópica…"
- "¿Telescópica?" Preguntaron los dos a la vez
- "Sí, eso que se hace con el pensamiento y el otro te entiende…"
- "Ah, telepatía, aclaró Cuddy"
- "Sí, eso. Pues menos mal que no me funcionó la telepatía con Santa Claus… ayer me di cuenta de que los bebés no son ni la mitad de interesantes de lo que yo creía. Y además todos les miran, y eso que no hacen nada, Vaya rollo… Se hacen todo en el pañal…" De pronto se levantó. "Me hago pis. Y yo… sé ir al baño, ¡y limpiarme yo solita!". Salió volando.
- "¿Y ahora qué hacemos? Lisa estaba preocupada, pero House se reía.
- "Mira que va a resultar que funciona lo de Santa Claus..." Se acercó para besarla. "Claro que nosotros hemos ayudado mucho… pero mucho. Creo que será mejor esperar un tiempo para que se entere… y mientras podemos ir preparándola"
- "Sí, va a ser mejor así. Feliz Navidad, Gregory House. Te quiero"
- "Y yo a ti, Lisa Cuddy. Feliz Navidad". Otra vez la besó, con su mano tan grande cubriendo el vientre de ella, que pronto dejaría de estar plano. Les sacó del ensueño de su beso el sonido del piano que Rachel estaba probando.
Lisa se recostó en el sofá, pensando que no podía haber nadie en el mundo más feliz…
Fin
Pues hasta aquí llegué, me sale la miel por todos los orificios corporales, je, je.
Pero como ya dije, para dramas y tragedias ya están los telediarios. Ahora estoy, como también les pasó a otros artistas, en el periodo rosa y muy por el incremento demográfico. En todos mis Fics ya se va haciendo algo previsible. Pero mientras haya alguien que disfrute leyéndolo, es suficiente satisfacción para mí. Muchas gracias por los comentarios, y os contaré que ahora me lo estoy pasando divertidísimo con un Fic nuevo sobre una pareja que me encanta y de la que nunca había escrito, Mac y Stella, de CSI New York. Los tengo de vacaciones por Grecia y creo que se lo están pasando más que bien.
