Holaaaaaaa!
Perdooooooooooooooooooooon. Ya sé que estarán molestos conmigo por tardarme taaaanto en actualizar pero he tenido muchas cositas de qué ocuparme y ya que estoy cerca de terminar la universidad pues me quita más tiempo e inspiración para poder venir. No me creerían si les dijera desde cuando estuve trabajando en el capítulo y no lo podía terminar. Fue horrible!
Es frustrante cuando quieres sentarte a escribir tus bebés y siempre algo te lo impide, y las veces que encontraba un poquito de tiempo estaba perdida y sin mucha condenada inspiración. Espero realmente que a todos les guste pese a éstos leves inconvenientes. Hecho con mucho cariño para todos! :D
Capítulo #3 "Hanna y Sakura"
Nunca se había caracterizado por ser una persona demasiado emotiva. Le gustaba anteponer una actitud fría, algo distante, pues solamente así podía ser si es que pretendía tomar la posición que se esperaba de él. Le pareció desde pequeño una pérdida de tiempo el derroche de sentimientos o emociones que podía provocar una plática, una despedida y cualquier libro, porque eso solamente imposibilita al cerebro de tomar en cuenta otras cosas, decisiones, pensar en situaciones, el futuro y las consecuencias.
No por eso era un completo tempano de hielo por que reconocía el cariño que profesaba por su familia así como su preocupación por su bienestar, pero esa misma preocupación lo llevó a ser y actuar como ahora.
Syaoran Li no era cualquier persona después de todo y no solamente por su puesto como empresario, sino por el profundo respeto que la sociedad tenía por su familia. Una acaudalada familia bastante reconocida en China y su reciente hogar, Japón. Añadido a eso tenía la desventaja de ser el único varón en su familia. Tenía cuatro hermanas mayores que él, lo que los hacía una familia grande considerando la época, pero como hombre tenía la responsabilidad de seguir con el imperio Li como heredero principal, además de proteger y velar por su viuda madre y sus hermanas.
Su padre había muerto hacía varios años, en un accidente, lo que había dejado a su madre completamente sola en la educación de sus 5 hijos y a cargo de las empresas que manejaba su esposo. De por si su madre ya tenía un porte imponente y un fuerte carácter, pero lo que contrajo la muerte de su esposo endureció aún más a la joven madre.
Él la admiraba a pesar de eso, por haberse superado y sobresalido en esa sociedad machista y por haberlos sacado adelante. Se había ganado el respeto de muchos y el temor de otros. Era una buena mujer pero podía ser toda una leona cuando se lo proponía.
Syaoran no quería quedarse atrás.
También él aprendió de todo eso. Con la muerte temprana de su padre recayeron sobre él muchas responsabilidades y esperanzas. Comenzó a adiestrarse en las obligaciones que debería tomar cuando tuviera la edad suficiente, tuvo que madurar muy rápido y dar todo de sí para poder cubrir el puesto que le esperaba. Quería hacer bien su trabajo, cumplir con las expectativas de su familia y la sociedad, dejar a su madre orgullosa… y también a su padre.
Tantas cosas tuvieron que endurecer su carácter y también su corazón. No caía tan fácilmente como sus hermanas a las historias o todo lo que les pareciera adorable o romántico. Y no tenía mucho tiempo para esas banalidades.
Era Syaoran Li, y desde pequeño comprendió la grandeza que ese nombre significaba, y no quería destruirlo por ningún motivo.
No es que no hubiera tenido un poco de eso en su vida, podríamos decir que sabía lo suficiente del tema, siendo que estaba consciente que no pasaba desapercibido. Había recibido muchas demostraciones de afecto mientras estudiaba y aunque había salido con algunas chicas, sus deberes siempre eran prioritarios.
Lo que no podía explicarse hasta el momento era el repentino interés por la persona que había entrado en esa habitación.
Se asomó con cuidado al interior de la habitación del hospital, gracias a la pequeña ventana que tenía la puerta, en donde la había visto desaparecer. Un gran adorno de flores descansaba en la mesa central de la habitación y encontró al recorrer el espacio con la mirada algunos obsequios esparcidos por el lugar.
Al fondo y sobre la cama descansaba el pequeño cuerpo de una niña, que debía ser a quien correspondía el nombre de la habitación. La vio pálida y frágil recostada sobre esa cama, mirando con ojos cansados a la persona que acababa de entrar. La chica le sonrió de una forma inexplicablemente relajante, bella, dulce y… mágica. Se acercó a la cama y se sentó a un lado de la niña para acompañarla.
Syaoran se acercó con cautela hacia la puerta con intención de saber un poco más de lo que ya había visto y poder revelar algo más del misterio alrededor de aquella chica.
-te tardaste- pronunció la niña que aunque cansada buscaba los ánimos para regañar a la joven mujer
-lo siento cariño- por primera vez escuchó la voz de aquella chica, una voz tierna, suave, incluso juguetona, ideal para cualquier niño, ya que al escuchar cualquier historia contada con esa voz seguramente daba la paz necesaria para conciliar el sueño- encontré un par de distracciones en el camino, pero encontré las frutas que tanto te gustan-
La chica le sonrió mientras tocaba el rostro de la niña con sumo cuidado, revisando que sus señales se encontraran bien, sin rastros de fiebre, tomando sus manos para comprobar su temperatura y contemplando la palidez de su pequeño rostro.
-no me gusta estar sola cuando viene el señor doctor, me da miedo- comentó la pequeña mientras dejaba que la chica la revisara
La chica sonrió ente las palabras de la pequeña niña mientras acariciaba su cabello y la niña hacía un gesto simpático típico de cualquier niño, pese a las condiciones en las que se encontraba. Por el trato entre ellas no le pareció extraño que se tratara de la propia hija de la chica, esa dulzura y ese cariño tan latentes no le dejaba más explicación.
Aunque Syaoran se sentía aliviado de saber un poco más sobre ella también su intriga por la chica creció mucho más, pues no se explicaba de ninguna forma la relación entre todos los sucesos que tenían que ver con ella: una joven madre de una niña pequeña, aparentemente enferma, que se pasea por las noches en un lugar solitario, oscuro y extraño. Sonaba sumamente extraño por más que lo pensaba y cada vez le parecía más y más ridículo, pero pareciera ser la realidad de las cosas. Ese desmesurado cariño por la pequeña, esa sonrisa inexplicablemente perfecta, esa aura de paz y confianza y esos ojos, verdes, limpios y puros… que estaban mirándolo en ese momento.
-joder!- expresó Syaoran alejándose de la puerta en la que estaba observando. Su corazón se aceleró al máximo al igual que su respiración
Pronto la puerta de la habitación se abrió y dejó ver el cuerpo de la joven mujer que acompañaba a la niña, la mujer le miró curiosa antes de sonreirle tiernamente.
-hola- saludó ella- ¿estas perdido o buscando a algo o alguien?- sonrió ella- quizás pueda ayudarte a encontrarlo-
-pues…- genial para él, el momento en el que su cerebro se acelera y su lengua se enredaba- solo recorría el lugar- bien, respondió lo primero que se le vino a la mente y dos segundos después se arrepintió por lo increiblemente estúpido que eso sonaba.
-vaya, curioso lugar para pasear- rió ella. Lo que le faltaba. Pero para su buena suerte su cerebro parecía salir del lapsus estúpidus en el que se había enfrascado
-tienes razón- asintió el recuperando la postura- quizás los jardines serían una mejor idea, después de todo hay que aprovechar los días soleados-
La mujer pareció meditar por un par de segundos moviendo sus ojos hacia abajo, después hacia adentro de la habitación y finalmente a él sonriéndole animada.
-¡esa es una excelente idea!... ¿te importa si te hacemos compañía?-
Al parecer su rostro de confusión fue muy evidente para la chica, porque se acercó un poco más a él para murmurar.
-creo que un paseo la alegraría mucho- comentó y él comprendió de inmediato que se refería a la pequeña niña dentro de la habitación- temo que se deprime mucho estando en esta habitación todo el día y no hemos tenido la oportunidad de compartir con muchos aquí. Se pondrá muy contenta-
-será un placer- asintió él
-muchas gracias… mi nombre es Sakura- continuó ella sonriente
-un placer conocerte Sakura, mi nombre es Syaoran- antes de seguir a la mujer dentro de la habitación
Ella se acercó de nuevo a la cama de la niña igual de sonriente y acariciando una de las manos de la pequeña.
-mira cariño, tenemos un nuevo amigo, se llama Syaoran- presentó la castaña con ternura mientras la pequeña se dedicaba a escudriñarlo con la mirada, una mirada que hizo sentir nervioso al castaño
-Syaoran, ella es Hanna- continuó Sakura presentando a la pequeña niña mientras la tomaba de la mano
-hola Syaoran- saludó la niña después de un momento y con una sutil sonrisa
-hola Hanna, un placer conocerte- respondió el castaño metiendo sus manos a los bolsillos para intentar ocultar el nerviosismo
La mirada de la niña viajó rápidamente entre la castaña y Syaoran meditando un par de segundos, hasta que su vista se detuvo en la joven mujer que le devolvió la mirada, claramente dándose cuenta de la confusión de la pequeña sobre el visitante.
-Syaoran irá a dar una caminata a los jardines- comenzó Sakura- me pareció una buena idea acompañarlo. Tú conoces bien los jardines cariño y él es nuevo por aquí. ¿Por qué no se los mostramos?-
Syaoran presenciaba la escena totalmente maravillado por una extraña razón que no lograba entender. Había algo inusual en esa mujer pues, aunque había visto sinfín de madres amorosas con sus hijos, jamás había sentido un calor tan agradable como en ese momento. El amor que la mujer profesaba por la pequeña no solamente era intenso sino…. Cálido, tierno y acogedor… algo que nunca había sentido.
Definitivamente tenía que hacer cita con un psicólogo, algo en su cabeza estaba terriblemente mal.
Ésta chica le estaba afectando la cabeza de forma impresionante.
Ayudó a la mujer a acomodar a la pequeña en una silla de ruedas y asegurarse de que los canales de medicamento y sueros estuvieran asegurados antes de enfilarse a la puerta de la habitación. Syaoran se ofreció a llevar la silla mientras Sakura caminaba junto a él.
-¡es un día precioso!- exclamó la mujer a penas pusieron un pie en los jardines. Como si se tratase de un regalo por haber decidido salir a caminar los jardines lucían unas flores frescas y jóvenes con mucho colorido, el sol irradiaba un calor acogedor y el aire se sentía sumamente ligero gracias a las leves brisas que movían el cabello de Sakura.
Caminaron por unos minutos en los alrededores hasta que la atención de Hanna se centró en una mujer que se encontraba cerca de las rosas. La mujer era claramente parte del personal del hospital con la diferencia de que ella intentaba entretener a los niños con muchos tipos de flores. Tenía un pequeño espacio de mesas y diferentes tipos de materiales y sobretodo, flores. Les enseñaba a unos niños cómo plantar semillas y a otros les enseñaba a armar pequeñas macetas de flores, así como adornos pequeños.
-eso se ve divertido- exclamó la pequeña -¿puedo intentar?
-claro que sí- sonrió la castaña
-permíteme por favor- intervino Syaoran acercando a Hanna a una de las mesas y dio a la mujer el pago por un ramo de flores diversas para que la niña pudiese armar una maceta y le enseñaran a hacer coronas de flores.
Sakura y Syarona tomaron asiento en una banca cerca de la mesa donde estaba sentada Hanna. Sakura sonreía con cariño mientras observaba en su dirección. Syaoran la admiraba desde donde estaba sentado, todo lo relacionado con ella le parecía tan extraño y grandioso a la vez, era diferente a la mujer que vio vestida de plata pero al mismo tiempo la misma… eran diferentes pero iguales, era tan rara como común. Quería saber más sobre ella, no solo sobre su vida, sino también sobre su forma de pensar, su familia, lo que buscaba en la vida…
-supongo que no vienen seguido a los jardines- comenzó Syaoran captando la atención de la castaña que fijó sus increíbles ojos verdes en los suyos
-supones bien, no le habían permitido salir por el tratamiento que estaba llevando pero afortunadamente todo ha salido bien y ha mejorado bastante, quizás dentro de poco pueda volver a casa-
-me alegro- asintió el castaño- me imagino que su padre debe estar aliviado por ello- se aventuró sin pensarlo demasiado. Lo carcomía la curiosidad de saber qué hombre habría conquistado a una mujer como ella y le había dado un hogar y una hija como Hanna.
Sakura sonrió de nueva cuenta.
-lo está, desgraciadamente el trabajo no le permite estar con ella tanto como ambos quisieran pero se apresura a venir con ella cuando tiene la oportunidad. Hanna se pone muy contenta de verlo- un pequeño niño se quedó de pie frente a ellos mirando a Sakura con intensidad, sin una expresión específica, Sakura lo miró también y le guiñó un ojo. Inmediatamente el niño sonrió y se alejó riendo
-vaya, tienes un don con los niños- esto parecía sacado de una película, y una bastante rara para gusto de Syaoran. Entre más sabía aparentemente sobre ella mucho más rara le parecía y nada le parecía lógico y congruente con respecto a ella, pareciera ser una mujer con una doble vida.
Dónde había dejado el teléfono del psiquiatra que conocía su madre? Estaba seguro que su caso le resultaría muy interesante al hombre… y mucho mejor si podía darle alguna pastilla que redujera la estupidez.
-y ellos lo tienen conmigo también- río ella- me gustan los niños-
-supongo que esperas tener más hijos- Syaoran recargó sus codos sobre sus rodillas señalando hacia Hanna quien había logrado armar una corona de flores y les sonreía
La ojiverde lo miró confundida por unos segundos antes de dirigir sus ojos al piso y reír nerviosa y sonrojada.
-creo que nos has malentendido… Hanna no es mi hija, yo cuido de ella- aclaró Sakura buscando al mirada ambarina de Syaoran quien ahora parecía confundido
-oh vaya, lo siento- se disculpó totalmente nervioso por la mirada tan intensa que ella le dedicaba- lo supuse por la manera en que la tratas… tan cariñoso que pensé que eras su madre-
-la conozco desde que nació y la quiero muchísimo por ello la cuido tanto, su madre murió cuando ella era muy pequeña así que me acerqué más a ella para acompañarla y no se sintiera sola-
¿ya dijimos que Syaoran se confundía y asombrada más cada minuto?
Asombrosa la forma en que la impresión que tenía de la vida de ella cambiaba tan drásticamente. ¿cuántas cosas más descubriría de ésta mujer que le causarían el mismo efecto? Nisiquiera las historias de Yamazaki ni mucho menos las intrigas de Eriol lo habían impresionado tanto como la simple historia de una mujer tan misteriosa como lo era Sakura.
-¡mira Sakura!- se acercó Hanna luciendo en su cabeza la recién hecha corona de flores que la hacía ver tremendamente tierna
-¡quedó hermosa!- le sonrió sinceramente Sakura- ahora si eres toda una princesa-
-¿te gusta Syaoran?- la mirada de la niña cambió de la castaña al ambarino que parecía estar perdido en su mundo personal
OK, él no era un cabrón desalmado por no saber cómo contestarle… y no porque creyera que se veía como un alienígena sino porque nunca había tenido contacto ni relación con niños. Su mundo se componía de negocios, empresas, tipos rudos venerados y temidos en el medio, negocios internacionales, contratos y dinero. Pese a que sus hermanas tenían familia y quería a sus sobrinos, no les veía seguido, lo que no le daba mucha experiencia para cuidar, hablar o tratar con niños.
Quien lo diría, el gran Syaoran Li se quedó mudo con una pregunta simple de una niña.
Si Eriol se enteraba de eso lo atormentaría por el resto de su vida después de reír como psicópata por más de una hora.
Estaba pensando demasiado en el malnacido mejor amigo que tenía.
-ehhh sí… es… muy original- tartamudeó como pudo y logró distinguir el gesto de Sakura para disumular la pequeña risa que se asomó por sus labios
-¡muchas gracias!- la niña le sonrió con una ilusión tan magnífica que iluminaba sus pequeños ojos. Lo enterneció
-pequeña, ya te has agitado lo suficiente por hoy, es hora de que regresemos a la habitación y duermas un poco antes de la cena- Sakura se puso de pie y limpió un rastro de tierra de la mejilla de la niña con delicadeza
-está bien- asintió resignada la pequeña a quien se le veían intenciones de pasar el resto del día experimentando con las flores
Syaoran las acompañó de regreso a la habitación. Hanna habló durante todo el camino de lo que había visto con las flores y les explicaba el reto que fue entrelazar los tallos para armar la corona que lucía con inmensa confianza en su cabecita. Sakura solamente reía ante las ocurrencias de la pequeña niña.
Llegaron a la habitación y acomodaron a Hanna de vuelta en la cama quien habló hasta que el cansancio la dominó y se quedó dormida.
-tiene mucha curiosidad y una mente muy ágil para su edad- rió Sakura ubicándose junto al cuerpo de Hanna y retirándole la corona de flores que la niña se había rehusado a quitarse- muchas gracias por permitirnos acompañarte-
Está de sobra decir que la sonrisa que la castaña le dedicó le pareció la más dulce que había visto en… bueno… ok, no había visto nunca sonrisa tan dulce como ésa.
¡preparen una camisa de fuerza y un abogado antes de que pierda la poca razón que le quedaba!
-te aseguro que el placer fue todo mío- Por Dios ya era tiempo de que le regresara un poco de su cordura y carácter, no había tartamudeado lo cual ya era muy buen indicio ¿sería seña de que era bipolar? Un momento torpe y tartamudo y al otro todo un personaje de negocios, de carácter firme y mente ágil.
Estaba loco. Decidido.
El sonido del celular casi lo hace tropezar del susto. Se había olvidado del infame aparato en toda la tarde y casi le sacaba el corazón por la garganta. Vio en la pantalla el nombre de Eriol antes de responder la llamada.
-¿Qué ocurre Eriol?- contestó manteniendo la compostura y fingiendo que el corazón y la respiración no trabajaban a mil por hora
-ya trasladaron a Yamazaki a cuarto, ya podemos pasar… ¿acaso fuiste a recoger las semillas del café? Llevas horas ahí-
Sakura lo miraba con curiosidad mientras hablaba con Eriol por lo que reprimió su ya instinto de responderle con un insulto al gusano parlante que estaba del otro lado de la línea.
-voy para allá- respondió antes de cortar la llamada- lo siento, debo irme, me están esperando-
-desde luego, muchas gracias por tu visita y por el paseo tan lindo Syaoran- respondió ella acompañándolo a la puerta de la habitación- espero que tu conocido mejore-
-muchas gracias Sakura, salúdame a Hanna cuando despierte- Sakura asintió antes de que él emprendiera el camino decidido y presuroso hacia la habitación de Yamazaki, en la torre contigua.
Había sido un día muy interesante definitivamente, propiciado por la estupidez de Yamazaki, pero esperaba que por lo menos su mente pudiese descansar un poco más ahora que sabía que la chica era real y que tenía una vida real… rara, pero real. Pasaba su tiempo en un hospital cuidando a una niña enferma y por las noches parecía que acudía al bosque vestida de forma extraña para un propósito aún desconocido. OK! La historia es aún más rara que cuando empezó y quizás no sabía mucho pero había tiempo aún para saciar sus dudas.
Por los menos sabía que se llamaba Sakura… Sakura…
Era un estúpido, no sabía el apellido de Sakura. Sin el apellido no podría ubicarla de entre las muchas Sakuras que podría haber.
Lo peor de todo era que su mente no lo dejaría tranquilo sabiendo que le faltaba saber ese importante detalle.
Bien, tendría que volver al día siguiente y averiguarlo antes de que su propia molesta mente lo hiciera perder los estribos.
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Fin del capítulo.
Díganme que les gustó por favor… por favor… por favor!
Por lo de querer matarme no se preocupen, ya tengo listas mis galletitas de animalitos (jajaja) pero muero de ganas por tener sus opiniones :D, me encanta leerlas.
Las respuestas a sus reviews se las dejo en mi perfil por eso de las reglas de FF como siempre. Muchas gracias a todos y todas los que se dan el tiempo de escribirme, adoro sus mensajes y me divierto mucho leyéndolos todos, incluso las amenazas de maldiciones por las tardanzas jajajajaja. No deseen tan fuerte que en una de esas se les cumple!
Prometo tardar lo menor posible, no les prometo que pronto porque ni yo estoy segura de qué tan pronto podré actualizar, pero espero y ansío que así sea.
Besos a tod s!
