Una Noche

Capítulo veinte: Decisiones

-Hao… -susurró ella, sorprendida.

Habían pasado ya varios días desde que los hermanos Asakura habían hablado del tema y esto había generado una leve depresión en el menor de ellos. Yoh trataba de ocultar el dolor y la culpa que sentía por haber dañado a su hermano de esa forma, pero ella lo entendía pues se sentía igual que él. Haberle hecho daño a Hao de esa manera, generaba en ellos cierto dolor, pero ningún arrepentimiento. Dolor porque sabían que aquel hombre sufría, sin tener culpa de nada. Pero en el amor, siempre hay alguien que sale perdiendo.

Siempre.

Y ahí estaba él, el perdedor en ese triángulo amoroso, de pie frente a la entrada de aquel departamento donde ellos ahora vivían. Su mirada seria, su pose altiva, tragándose su orgullo.

- ¿Puedo pasar?

Ella asintió con la cabeza y lo dejó entrar a su departamento.

Se encontraba un poco nerviosa, no lo había visto desde aquel día en el que se había puesto furioso y la había enfrentado, aquel día donde él había descubierto la verdad. Ella le había temido y lo que menos quería era volverle a temer. Pero a pesar de los recuerdo de esa noche, de los nervios que le ocasionaba, se mantuvo seria y fría, no demostraría algún tipo de temor ante aquel hombre que alguna vez amó.

Hao la miró con cautela. Hacía tanto tiempo que no la veía, tan hermosa y fría como siempre. Tan enamorada…

- Así que estás embarazada- empezó, sin poder mirarla a los ojos.

- Sí…-respondió mientras tocaba su vientre -Casi dos meses.

- Ya veo…

Y no dijo nada más. Se dejó caer en uno de los sillones, sintiéndose derrotado, como nunca creyó sentirse. Había pensando en venganza, había soñado con ella, había deseado hacerla realidad, pero la amaba, lo amaba. Tan sólo verla de nuevo, verla tan radiante y feliz, hacía que cualquier dejo de venganza en su ser se esfumara. Lo que menos quería en esta vida era verla sufrir y por eso, el gran Hao Asakura había aceptado su derrota.

Derrotado.

Odiaba esa palabra.

Y salió abruptamente de sus pensamientos de fracaso cuando sintió la tersa piel de la rubia acariciando su mejilla. Alzó el rostro y enfrentó su mirada ¿qué demonios hacía? Esto era cruel para él.

Ella había observado su mirada, tan absorto en sus pensamientos, tan perdido en sus sentimientos a tal grado que había perdido ese porte altivo al caer vencido sobre el sillón. Sintió una punzada en el corazón, ese dolor era por ella, se sentía culpable. Y sin siquiera pensarlo se había acercado a él con tanta familiaridad que se había osado a tocar su mejilla.

Él sólo la miró confundido.

Ella con dolor en la mirada.

- Lo siento… -dijo en un susurro -Nunca quise hacerte daño. -El castaño se puso de pie y jaló de su delgada mano para atraparla en un abrazo, ella se estremeció ante la cercanía del moreno, pero le correspondió aferrándose a su espalda, hundiendo su rostro en la hendidura de su varonil cuello -En verdad, lamento tanto ocasionarte este dolor.

Se aferró a ella, aprisionándola más a su cuerpo, sintiendo su delgada silueta, oliendo su exquisito aroma. Sería la última vez que lo hiciera, así que disfrutó cada segundo de aquel abrazo, deseando que fuese infinito. En ese momento Hao Asakura entendió algo, este amor que sentía por ella era ta dañino para él que tenía que dejarlo ir. No quería que se convirtiera en obsesión y su salud mental estuviera en juego. Tenía que irse, alejarse de esto, de aquel drama que carcomía su corazón, tenía que olvidarla.

- Me iré… -dijo él susurrándole al oído -Me alejaré de todo esto, de ti, de mi hermano, de mi familia. Me iré. - El abrazo se deshizo, pues él la separó de su cuerpo. Observó los ojos de Anna y el camino de lagrimas que se habían formado en sus mejilla - No llores -le dijo -¿Eres feliz, no? -la cuestionó mientras limpiaba aquellas lagrimas con sus pulgares. Ella asintió -Entonces no llores. No quiero que el recuerdo que me quede de ti, sean de esos ojos tristes.

- Pero Yoh…

- No me lo menciones… -dijo frunciendo el ceño - No me mal interpretes, Anna. Que me vaya no quiere decir que los he perdonado, a ninguno de los dos. -se alejó de ella, dándole la espalda -Me voy porque no quiero saber nada ustedes, ni de nadie. -con un rápido movimiento, tomó su larga cabellera castaña y la amarró en una coleta alta, dejando al desnudo su largo cuello, sintiéndose liberado. -No quiero hundirme en la amargura sabiendo que ustedes son felices, no quiero esas lagrimas tuyas de dolor hacia a mi, no quiero la lástima de nadie -giró para enfrentarla con la mirada -No quiero llegar al grado de odiar a tu hijo, Anna. -sus palabras fueron serias, haciendo a la mujer estremecer.

Se aceró de nuevo a ella y en un rápido movimiento le robó un beso en los labios. Fueron sólo unos segundos, pero Hao lo sintió como una eternidad. Ella no se movió, dejó que lo hiciera sin queja alguna. Era la despedida.

- Cuida a ese niño en tu vientre -se alejó de ella caminando hacia la entrada -Despídeme de mi hermano. Adiós, rubia. -y sin decir más se fue.

Anna se quedó inmóvil en su lugar. ¿Él en verdad se iría? ¿Regresaría? ¿No lo volverían a ver? ¿Qué haría Yoh? ¿Cómo se sentiría? Se cuestionaba preocupada de lo que pasaría, que Hao se fuera no era lo que ella quería, Yoh lo sufriría, no volver a ver a su hermano era un sacrificio demasiado grande para él, para los dos, eran hermanos, cómplices, mejores amigos o al menos eso habían sido en el pasado.

Perdida en sus pensamientos, en su preocupación, no se había fijado en la hora. La noche había caído y ella se encontraba sentada en la oscuridad, mirando por la gran ventana las luces de la ciudad.

Escuchó unas llaves moverse y la puerta abrirse.

-Ya llegué -anunció el castaño. -Eh, no está - creyó el hombre al observar la oscuridad del apartamento. Encendió las luces y se sorprendió al ver a su amada mujer sentado en aquel gran sofá ensimismada en sus pensamientos -Anna, ¿estás bien? -le cuestionó, preocupado, mientras se acercaba y arrodillaba frente a ella.

-Hao… se fue.

-¿Qué?

-Él estuvo aquí… -le explicó la rubia -Me dijo que se iría, para no saber de nosotros, de nadie.

Yoh sintió un vuelco en el corazón. Hao se iría… por una parte era una tranquilidad sabiendo de que en cierta forma había liberado a Anna, pero se había ido. Su hermano… él no quería que las cosas tomaran ese rumbo, pero Hao tenía que pensar por él, por su bien, lo mejor que pudo haber hecho era haberse alejado, aunque a Yoh le doliera en el alma saber que no volvería a verlo pronto.

¿Ahora que explicación le daría a su familia? Todo lo que ellos sabían era mentira. Él con Anna, Hao lejos. Su madre sufriría un infarto al saber que su amado hijo mayor se había ido sin decirle adiós, sin ninguna explicación, él tendría que dar la cara por los dos. Seguro recibiría más de una bofetada por parte de su madre y de su abuela, pero estaba listo para enfrentarlos. Haría lo que sea por pasar el resto de su vida con su bella y futura esposa, formando una familia, viviendo en su propio pequeño mundo.

Yoh Asakura estaba listo para enfrentarlo todo.

Por ella, por él, por su felicidad.

Ah canijo, 8 años después. Actualicé porque me lo han pedido, gracias. Disculpen los miles de años después. Para los que empiezan a leer el fic, disculpen los primeros capítulos escritos con los pies jajajá los corregiré lo prometo. Igual disculpen si tomó otro giro la historia o algo así, pero después de 8 años cambié mi punto de vista sobre el trama. El próximo capítulo será el final :) y ya por fin se acaba. Gracias por leer.