Disclaimer: Pokémon no me pertenece es propiedad de Satoshi Tajiri .

Notas de autor: Estación final, quedé muy conforme con el resultado a pesar de que no pude escribir el lemon de trío que quería; siento que no era correcto para ellos aun :3

Advertencias: Ninguna.


N abrió la puerta de la casa con dificultad, Lucario salió a su encuentro tomando un parde bolsas con la comida de pokémon que el peliverde había salido a comprar.

—¿Dónde están todos?— Preguntó con una ceja alzada ante el silencio, N podría haber jurado ver una sonrisa escrita en los ojos del pokémon pero en sus facciones no había indicio alguno de diversión. La evolución lo había llevado a madurar tanto que a veces le resultaba aterrador el cambio.

—Sigo siendo yo— Lucario le sonrió cuando leyó su aura dejando las bolsas en la mesa, ya se encargaría de acomodarlas después—. Solo que tengo a alguien a quien quiero proteger.

Claro, a Touko. N le sonrió acariciando su cabeza, gesto que hizo al pokémon rolar los ojos.

—Aún te trata como un niño— Sylveon utilizó sus lazos para trepar sobre Lucario y mirar a N con una sonrisa burlona, se había vuelto demasiado vanidosa al evolucionar en un tipo hada -siendo un gran descubrimiento desde una región lejana que él no conocía, pero los gemelos si- y aquello sólo había servido para aumentar su ego. —, si buscas a los chicos están arriba.

—Gracias.

Caminó hasta las escaleras solo para escuchar las risas de los gemelos desde la habitación y sin que lo pudiera evitar una sonrisa cruzó sus labios, ¿cuánto tiempo había transcurrido? Casi un año desde que se habían reencontrado y aquel sentimiento de desesperanza había desaparecido de su pecho; ahora tenía un sitio al cual llamar hogar.

Enfocó la vista solo para ver un montón de desorden en el suelo, que seguía hasta la puerta entreabierta.

—Si N se entera va a matarnos— la voz de Touko se escuchó seguida de la risa entre dientes de Touya.

«¿Qué están haciendo?» Por alguna extraña razón, el corazón del peliverde empezó a latir con fuerza ante la expectación de ver que sucedía; pero antes de poder hacer algún movimiento un joltik saltó hasta su cara.

—¡No mires! —Chilló intentando cubrir los ojos del muchacho pero sus pequeños brazos solo aletearon con alarma.

Dentro de la habitación se escuchó un montón de ajetreo mientras que una estampida de pokémon salió a detener el paso de N.

—¡Pesas!— Touya gruñó con fuerza y después hubo un golpe sonoro se escuchó hasta el pasillo, N frunció el ceño haciendo que los pokémon temblaran ligeramente dado que pocas veces mostraba esa expresión.

Retrocedieron cediéndole el espacio suficiente como para que pasara hasta la habitación, encontrándose con un enorme castillo hecho con las sábanas de la cama y en el centro; ambos gemelos rodeados de almohadas usando la camisa negra -Touko- y el suéter blanco -Touya- de N.

—Bienvenido a casa—corearon con una sonrisa apenada al verse descubiertos antes de tener todo listo.

El peliverde tenía los ojos como platos en tanto su mandíbula casi se dislocaba de lo abierta que la tenía. Toda la sangre se le fue a una parte de su anatomía mientras salía corriendo de la habitación, se encerró en el baño dispuesto a darse una ducha fría.

«Autocontrol, N. Autocontrol».

N suspiró con cansancio mientras frotaba la toalla contra su pelo mojado, sus ojos estaban completamente cerrados tratando de no recrear la imagen de ambos gemelos usando su ropa y la manera en que había huido sin contestar su saludo.

«Soy de lo peor», descansó su frente en el espejo.

Lo cierto era que se moría de ganas por tener...eso con ellos, pero por lo que había leído en el palacio -a escondidas, claro esta- sólo era una relación de dos no de tres.

Si tenía que decidir...no podría. Preferiría seguir así para siempre que hacer menos a cualquiera de sus dos pequeños amantes.

N abrió los ojos para encontrarse con su reflejo que contrario a lo que creyó estaba reprochándole su decisión y cobardía. Soltó un suspiro audible sin saber que hacer más que seguir encerrado como un pequeño ratón asustado.

—N, la cena esta lista—Lucario lo llamó tras la puerta, era uno de los pocos pokémon que les agradaba estar dentro y no en la naturaleza por lo que a menudo dormía con Touko, si es que ella decidía irse a su habitación.

—Ya voy—contestó con voz apenas audible, suspiró una vez más y decidió que dejaría todo en manos de los gemelos; por lo que dejó su playera olvidada sobre el lavabo.

«A por ellos», Lucario habló telepáticamente cuando lo vio salir con la frente en alto, sin embargo ante sus palabras el peliverde desinfló su globo lleno de seguridad.

—¡Es imposible! —gritó dejándose caer derrotado.

—¿Qué?—Touya habló tras su espalda abrazándolo con fuerza para que no huyera.

—Dinos—Touko saltó frente a él abrazándolo también mostrando una sonrisa radiante, N se estremeció ante el roce de ambos notando que aún tenían puestas sus prendas, más que eso; ninguno traía pantalón y tanto los bóxer de licra de Touya como la pequeña braga de encaje de Touko estaban llamando su atención.

Enrojeció sin saber que decir ni como huir de los brazos que lo apresaban, sintió el sudor empezar a brotar y un ligero escalofrío cuando los dedos de los gemelos recorrían su piel.

—No puedo—N contestó al fin derrotado abrazándolos a ambos con dificultad—. No sé como satisfacer a los dos en...eso.

—¿Sexo? Nosotros sabemos—lo tranquilizó Touya.

—Exacto, vamos —Touko lo jaló pero el peliverde sólo se quedo ahí plantado como si le hubieran crecido raíces—, ¿o prefieres la sala?

Ante la mención de aquel lugar, N rememoró lo ocurrido meses atrás provocando un sonrojo pronunciado.

—No me miren así— murmuró apenado escondiéndose tras sus manos, escuchando la risa de los gemelos.

—Tenemos tiempo de sobra— Touya fue el primero en hablar mientras se levantaba para ayudar a su hermana a hacer lo mismo, cuando ambos estaban de pie extendieron una de sus manos para ayudar al peliverde—,así que lo haremos cuando estés preparado.

N se incorporó sin soltar ambas manos, atrayéndolos hasta él para abrazarlos con fuerza. Pero fue Touko la que se separó casi de golpe como sí algo se le hubiera ocurrido en ese mismo instante.

—Ya regresó, no se muevan— empujó a ambos chicos para que siguieran abrazandose.

Touya sabía muy bien porque su gemela hacia algo como eso, a su manera les estaba dejando un momento a solas que desde antes él quería.

Al parecer N también lo notó pues sus mejillas se pintaron de rojo mientras que levantaba la barbilla del castaño, acarició con devoción su rostro y lentamente pero con seguridad acercó sus labios hasta rozar los de Touya. La seguridad desapareció en cuanto se tocaron, aquello no fue más que un beso tímido compartido por dos chicos que tenían nula experiencia en el amor entre personas del mismo sexo; porque sin Touko ahí eso se sentía incompleto.

Ni bien el cabello castaño estuvo dentro del campo de visión de ambos, la jalaron para darle un enorme abrazo y besar cada uno una mejilla de la chica; provocando que ella riera colocando sus manos en sus rostros.

—Los amo chicos— murmuró Touko para besar primero a Touya y después a N—, y me alegra poder estar a su lado.

Porque habían pasado muchas dificultades para estar en el lugar que estaban ahora, porque los problemas que se habían enfrentado por sacar a flote su relación no pararían solo porque se amaban; pero sin duda permanecerían juntos por muchos años más.


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo."

Hayden