¡Hola! Ahora pasamos a lo que se espera de cada uno de los Black, y la manera que tiene cada uno de desafíar esas expectativas que generan en otros, frente a las expectativas personales que tienen, y la manera que tienen de afrontarlas.
Gracias por vuestro apoyo y por seguir la historia, y sobre todo, vuestros comentarios, que son impresionantes y muy participativos. Gracias: Sabaku no Akelos, CrissBlack, Zory, Ely Granger, blackstarshine, McMafis, Clio84, Corae, nanai.malfoy, Yedra Phoenix, Nicole Daidouji.
Exponemos una particular teoría acerca de la Selección de Regulus en Slytherin. A ver qué tal os suena...
DESAFÍOS Y EXPECTATIVAS
1. Bellatrix, Andromeda y Narcissa
Mansión de Cygnus y Druella Black.
Sábado, 2 de septiembre de 1972
Bellatrix contemplaba su imagen en un espejo de cuerpo entero, de costoso marco de oro y plata. Estaba descalza, sobre la esponjosa moqueta verde oscuro, cuya lana, larga y mullida, daba la sensación de ser hierba. Tenía sobrepuesto al vestido, admirándolo, un radiante y valioso traje de novia, que comprobaba desde todos los ángulos.
El vestidor de Bellatrix no era tan grande ni tan surtido como el de su hermana pequeña, Narcissa. Pero ni falta que le hacía. Bellatrix era hermosa, era rica, era de sangre pura, y pertenecía a una de las familias mágicas más antiguas del Reino Unido. Era orgullosa, obstinada y rebelde. Y sentía que la vida era justa con ella. Tenía lo que quería y deseaba porque sentía, sabía que se lo merecía.
Toujours Pur.
El lema de su familia. No es que Bellatrix estuviera dispuesta a cumplir el sentido literal de esas palabras, "Siempre Puro". De hecho, no era así. Al pensarlo ella sonreía con vanidad, tal vez fuese el único desafío que había lanzado a su poderosa familia. En cualquier caso, no había diferencia. Bellatrix estaba orgullosa de no ser especialmente pura, en ningún sentido. Pero le daba igual lo que otros pensaran, ella sabía que tenía razón, y nada más. Y ahora estaba a punto de casarse con Rodolphus. Se conocían desde niños, coincidieron que su juego predilecto era quemar mascotas de muggles… una práctica que a lo largo de los años extenderían a los dueños. Su paso en Hogwarts no hizo sino constatar que sí congeniaban, se complementaban y era algo lógico que acabaran prometiéndose.
Sobre todo, Rodolphus cumplía sus expectativas y las de su familia. Compartían la misma pasión, por ellos mismos y por la carrera que habían escogido. Una carrera peligrosa, entregada, desafiante, apasionada. ¿Qué más podía pedir a la vida, a su futuro esposo?. Ah, sí. Que fuera guapo, oscuro, misterioso, energético, poderoso. Y eso era Rodolphus. No era ningún mojigato, ni le temía miedo a ella, que era lo que solía ocurrirle con los chicos...
No. Hombres. Bellatrix no se mezclaba con niños.
Se alisó el hermoso vestido de novia que iba a lucir en su boda. Era la moda de la época, incluso supo con gran disgusto que esas asquerosas muggles lucían vestidos muy similares. Sencillos, sin velo en la cabeza. Resopló con desdén al imaginarlo. Como si una muggle pudiese permitirse el lujo de llevar en su vestido bordados de plata goblin.
Un vestido sencillo, de falda estrecha, de amplio escote que dejaba casi totalmente al descubierto sus hombros y resaltaba su alta figura. Era un vestido impresionante, y sabía que iba a estar a la altura de las circunstancias y de las expectativas generadas en la sociedad mágica. La hija mayor de Cygnus y Druella Black, contrayendo matrimonio con Rodolphus Lestrange. Algo que estaba ya en boca de todas las familias. Sonreía con satisfacción: las familias de sangre pura porque envidiarían y lamentarían no haber sido ellos los que "cazaran" a la heredera. Los traidores a la sangre por pura envidia. No podían permitirse lo que por derecho le pertenecía a Bellatrix.
"Estás preciosa, Bella" le dijo su hermana menor desde el umbral de la puerta.
"Ven, Cissy." dijo Bellatrix con suavidad. "Serás mi dama de honor, y mi boda abrirá las puertas a las vuestras." dijo, contemplándose en el espejo. Miró el reflejo de Narcissa. "No es que te haga falta ninguna ayuda, por supuesto." añadió, con una sonrisa complacida en los labios. Bellatrix sentía un verdadero orgullo al mirar a su hermana menor. Era como ella, más discreta en sus maneras, diferentes físicamente, pero se entendían a la perfección.
Bellatrix se dio la vuelta y miró a la menor de las Black, entrando con su elegancia natural al vestidor de la mayor. Ésta colgó el vestido cuidadosamente en el perchero y con un dedo, tocó la barbilla de Narcissa, que tenía una sonrisa orgullosa en la boca. "Recuérdalo siempre, Cissy. No hay nadie que pueda compararse contigo. Ni esas Veelas" dijo, con repugnancia.
Narcissa contempló su imagen en el reflejo del espejo. Y seguía sonriendo orgullosa, mientras se colocaba un cabello de la frente para que quedara perfecto. A diferencia de su familia, Narcissa no tenía el cabello oscuro, sino que tenía un hermoso cabello rubio platino, liso, que solía llevar suelto, porque sabía que era admirado y envidiado. Y eso le agradaba. Sabía que era hermosa, y no se molestaba en ocultarlo. ¿Por qué iba a hacerlo? Opinaba como Bella, era guapa, y tenía lo que tenía porque era justo, y era merecido. Narcissa sabía que esperaban de ella que contrajera matrimonio con el segundo o tercer hijo de alguna familia de sangre pura, pero ella quería más. No se conformaría con el tercero, ni con el segundo y estaba dispuesta a desafíar su destino con tal de salirse con la suya. Siempre lo había hecho, la más pequeña de las Black, la más consentida. Tenía la mirada puesta en el heredero de los Malfoy... alguien ambicioso, atractivo, peligroso y rico. Alguien a su altura.
"Mamá quiere que bajéis a cenar" dijo desde el umbral la segunda de las hermanas, Andromeda. "Los invitados están cansados de bailar sin la homenajeada."
Ambas se giraron y contemplaron a la recién llegada. Andrómeda... Desde hacía un tiempo se había vuelto más solitaria, más discreta. A Bellatrix le enfermaba esa actitud. No lograba descifrarla. Narcissa nunca había sido tampoco tan vocal ni tan expresiva como ella misma, pero al menos no llegaba al extremo de Andromeda. Qué curioso... Bella y Andromeda eran muy parecidas físicamente, pero no podían ser más distintas en cuanto a personalidades. Uno podía saber cuándo estaba Bellatrix en casa con los ojos cerrados. Pero incluso con los ojos abiertos, parecía como si Andrómeda no estuviera allí.
Los suaves ojos castaños de Andromeda contemplaron los negros de Bellatrix. Alzó levemente las cejas.
"¿Ocurre algo, Bella?"
"No. Ya bajamos."
Andromeda sonrió levemente y salió hacia las escaleras. Pisaba con suavidad el brillante parquet del corredor. Se había acostumbrado tanto a ser discreta, que era como si formara parte de todos y cada uno de sus actos. Hubiera o no gente alrededor, testigos indeseados, o simples mascotas. Echó la mirada hacia atrás y descubrió secretamente la muñeca derecha. Una sencilla pulsera con grandes cuentas plateadas. Tocó una de ellas con la yema del dedo anular izquierdo... el dedo del anillo de compromiso, y la cuenta se abrió. Sonrió al ver la fotografía en blanco y negro de un muchacho de cabello claro, con una corbata anudada torpemente, igualmente clara... Al ojo observador no se le escaparía que no era una corbata de Gryffindor, Ravenclaw... o Slytherin.
Ocultó de nuevo la pequeña fotografía en la cuenta, y bajó la manga de su vestido. Seguía llevando la sonrisa en los labios. Pero sentía temor. Sería de las pocas Black que había osado desafiar el orden de la familia, al haberse fijado, irremediablemente, en un compañero de Hogwarts... hijo de muggles. Y de Hufflepuff. Todo lo que odiaban.
Una grave ofensa para todos ellos.
Andrómeda sabía que esperaban de ella que se casara con un rico miembro de una familia de sangre pura. Al ser posible, que hubiese estudiado en Slytherin. Por lo tanto las opciones era reducidas, pero ya conocidas de antemano. Afortunadamente, en esto ella no había generado sospechas ni recelos. No como su primo Sirius, cuya pertenencia a Gryffindor, hace un año, causó un enorme revuelo en la familia. Ella al menos entró en Slytherin, pero sólo le sirvió para convencerse de que no encontraría jamás el amor allí. Ella anhelaba otra cosa, quería otra cosa. Y sabía que se merecía algo más.
Llegó al salón donde estaban los invitados bebiendo y charlando. Al fondo vio a Sirius, su pequeño primo, y le sonrió. El muchacho estaba apoyado en una pared, con evidentes signos de aburrimiento. Junto a él, su hermano pequeño Regulus, que observaba la fiesta con curiosidad, pero al igual que Sirius, se sentía incómodo. No se sorprendía, eran unos niños, no pintaban nada allí. Sabía que Regulus estaba a punto de entrar en Hogwarts. Andromeda suspiró. Más le valía entrar en Slytherin, no porque ella lo quisiera especialmente, sino porque cualquier otra Casa le causaría muchos problemas al chiquillo, en una familia tan arraigada en sus creencias. Y tan intolerante.
"¿Bailas, Andromeda?"
Andromeda se giró y miró a Gregory Goyle, que la contemplaba con interés. Andromeda volvió a suspirar resignada. Y en la puerta del salón vio entrar a sus hermanas; Bellatrix sonreía con orgullo y Narcissa no la miraba, estaba alisando el escote de su vestido con sus finos y elegantes dedos, más preocupada de su aspecto que de los invitados alrededor. Su madre, Druella, estaba al otro lado del salón, hablando con la tía Walburga. Y tenían los ojos puestos en ella. Comentando que quizá de una boda, saliera otra boda. Era lo que esperaban de ella, la siguiente, la segunda de las hermanas.
Vio de soslayo que Lucius Malfoy iba directo a sacar a bailar a Narcissa. Bueno, tal vez de una boda saliera otra boda, pero no la que ellas esperaban.
El baile... le hizo sentir una punzada de nostalgia. Había bailado otras veces con Ted. Qué diferencia. Gregory era exquisito en el baile, como alguien de cuna de sangre pura, había recibido la misma educación esmerada en protocolo y maneras. Él era particularmente torpe en ese aspecto, pero años de entrenamiento no podían fallar. No eran movimientos fluidos como los de Rodolphus o Lucius, pero tenía la instrucción necesaria. Tampoco era especialmente guapo, pero el dinero y la alcurnia se supone que compensaba cualquier fallo.
Con Ted habría bailado... o algo así... Habría tropezado con ella, se habría golpeado con otros invitados, habría murmurado millones de disculpas, incluso le habría pisado a ella, haciéndole aún más adorables sus disculpas y su aturdimiento. Andromeda sonrió con tristeza. Porque era siempre así, después de varios intentos, habría acabado él mismo tropezando con sus propios pies y la habría arrastrado a ella al suelo.
Y se habrían reído a carcajadas. Y se habría sentido libre y viva.
Ella no merecía más, pero no merecía menos. Y sabía que haría cualquier cosa, para cumplir lo que ella esperaba de la vida. Estar con él. Y estaba a punto de hacerlo. No más fiestas, ni lucimientos…
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2. Sirius y Regulus
Estación de King's Cross
Lunes, 4 de septiembre de 1972
"¡Sirius!"
El hijo mayor de Orion y Walburga Black se detuvo automáticamente cuando escuchó la voz que lo llamaba, y antes de girarse por completo ya estaba sonriendo mostrando los dientes. En el andén 9 y 3/4 divisó a lo lejos a un muchacho que se acercaba con paso rápido. No le hacía falta saber quién era. Cabello negro, desordenado, ojos marrones detrás de unas gafas. Arrastraba con descuido un baúl, más interesado en llegar lo antes posible ante Sirius, que en tratar con respeto los contenidos que traía en el equipaje.
A lo lejos, una pareja de magos trataba de seguir el paso del muchacho. Sirius sonrió más aún. Durante el año anterior James le contaba lo rápido que fue al empezar a caminar, y ya desde muy pequeño había dado muchos quebraderos de cabeza a sus padres por sus continuas carreras y escapadas. De ahí que desde muy niño montara en escoba... "caminar es de torpes", según Potter. Qué curioso. Sirius soñaba con escapar de su casa. James lo hacía, huía de sus padres, pero en el fondo no tenía ni la intención ni la necesidad de huir de ellos. Los Potter eran de sangre pura, una familia prestigiosa entre las familias mágicas de Gran Bretaña, y que habían visto el tardío nacimiento de su primer y único hijo como un regalo, una bendición. Y por ello, adoraban a su hijo, y Sirius sabía que James merecía ese cariño. Sirius lo envidiaba también. Él era el primogénito, pero dudaba mucho que sus padres pensaran que él era un regalo o una bendición. Más bien era una vergüenza. Especialmente desde el momento en el que el Sombrero Seleccionador decidió que su carrera en Hogwarts empezaba en Gryffindor.
¡CLANK!
Un golpe en el suelo hizo que parpadeara. Prestó atención y centró su mirada en el sonriente muchacho que tenía delante. James acababa de soltar despreocupadamente el baúl al suelo. Se dieron unos golpes en los brazos, sonrientes.
"¿Qué tal, Sirius?. ¿Has pasado un buen verano?"
"Vaya... he tenido que aguantar los gritos de mi madre, avergonzada porque ha dado a luz al primer Black en ser admitido en Gryffindor. O simplemente me ignoraba, cosa que agradezco."
"¿Qué dices?. Yo habría gritado de alegría por haber dado a luz al primer Black que no ha sido admitido en Slytherin."
Sirius se encogió de hombros.
"Me da igual lo que mi madre piense... o grite. Haga lo que haga, nunca será lo suficientemente bueno para ella. Sé qué espera de mí, y siento decirlo, pero voy a ser una gran decepción. O no, mejor dicho, no lo siento en absoluto." se estiró descaradamente, como un gato. Alrededor de ellos, otras chicas de aproximadamente de su edad empezaron a susurrar y a soltar risitas. Él sólo agitó los dedos a modo de saludo y les envió una sonrisa que hizo que algunas rieran aún más fuerte, con las manos en la boca. Se alejaron deprisa, lanzándole miradas de vez en cuando.
"¡¡James, cariño!!"
James rodó los ojos y se dio la vuelta. La pareja que había perseguido por todo el andén al muchacho se detuvo para tomar aliento. El señor Potter era un hombre alto, delgado y de pelo negro, revuelto como el de su hijo, pero con gran cantidad de canas. Tenía los mismos ojos que James, una mirada transparente y afable, pero con arrugas alrededor de los ojos y en la frente, y sobre todo, en la boca.
"Eso es porque me rio mucho, no porque sea un viejo" según James, eso decía su padre.
Junto a él, la mujer que había llamado a su hijo era de cabello castaño claro, recogido en la nuca, de rasgos suaves aunque también de evidentes signos de madurez.
"¡Te hemos dicho que no salgas corriendo!. ¿Y si te tropiezas y caes a la vía?. ¡Tienes que tener más cuidado, hijo?. ¡Nos vas a matar a disgustos!"
James guiñó un ojo a Sirius, pero rodó los ojos ante sus padres.
"No digas eso, no soy un niño, sé llegar al tren solo."
El matrimonio Potter saludó cariñosamente a Sirius... que sonrió ante los comentarios de "estás más alto", "mira qué formal es Sirius, que llega solo y tranquilamente, no corriendo por la vía", "estás quedándote en los huesos". Tenía gracia. No era que en su casa faltara comida, ni que quisiera llegar solo. Su madre había accedido a ir con ellos a la Estación de King's Cross sólo porque Regulus comenzaba el año. Le había dicho que él podía encargarse de llevar a Regulus, pero Walburga Black prefirió ser ella la que se acercara a una estación plagada de muggles. Por una vez en la vida.
Sirius sospechaba que Walburga intentaba evitar que Regulus acabara "contaminado" por su hermano mayor, y cumpliera las expectativas. Por lo pronto, ser admitido en Slytherin.
Internamente deseó que Regulus acabara en Gryffindor. No deseaba que Walburga descargara su ira en su hermano, pero tal vez era una forma de hacerle ver a su madre que las cosas en el mundo cambiaban. Incluso los Black tenían que aceptarlo y cambiar con él.
El mundo tenía muggles. ¡Pues únete al mundo!
Sin embargo, Walburga sería más feliz en un mundo que no tuviera rastro de muggles. Ni de todo lo que estaba asociado a ellos, mágico o no. Sería feliz en cerrados círculos de magos de sangre pura, elfos domésticos a su servicio y oro goblin en abundancia para comprar lo que deseara de la vida.
Qué futuro más prometedor. Eso era precisamente de lo que Sirius quería huir. Había empezado, poco a poco, su reto personal. Cortar con todo ese pasado, para evitar ese futuro.
Observó a la señora Potter, inclinada sobre el baúl para colocar las cosas que su hijo había soltado sin ni siquiera mirar, mientras murmuraba que había roto un frasco de tinta y estaba ocupada limpiando los restos con la varita, y colocando las camisas y jerseys que se habían amontonado por el trato descuidado de su hijo. El Señor Potter le estaba entregando dinero a su hijo.
Sirius entonces observó otra vez a su madre. Quieta, rígida, con la mirada altiva, observaba con desagrado lo que tenía alrededor. Niños, adolescentes, adultos. Mágicos todos ellos, pero algunos hijos de muggles, otros casados con muggles... Sirius volvió a mirar a la señora Potter, que continuaba murmurando cariñosamente. Y de nuevo posó la vista hacia a su madre. Parecía que el hecho de observar a un hijo de muggle ya era suficiente para contaminarse ella, y contaminar a Regulus, de pie a su lado, sosteniendo su baúl.
Regulus miraba con curiosidad alrededor. Era lógico, era su primer día de viaje a Hogwarts, y todos habían pasado por eso. ¿Caeré bien?. ¿Haré amigos pronto?. ¿En qué Casa estudiaré?
"Ojalá que caiga en Gryffindor." volvió a pensar Sirius.
Parecía que el tren estaba a punto de subir, cuando emitió el silbato. El señor Potter entonces dio un abrazo a su hijo, y su madre, con lágrimas lo abrazó como si fuese la última vez que iba a ver a su hijo. Sirius notó una cariñosa palmada en la mejilla por parte del señor Potter.
"Cuidate, Sirius, y no hagáis travesuras." le dijo sonriente.
"No... ya sabe que nos portamos siempre bien."
El señor Potter sonrió aún más. Qué curioso. Él sabía que no se portaban bien, que eran tal para cual, pero los padres de James eran incapaces de regañar o castigar a su hijo. Mucho menos a su amigo. Si Sirius hubiese echado a correr por el Andén 9 y 3/4, lo más seguro es que su madre lo hubiese paralizado al instante con un Petrificus Totalus, no habría permitido que avanzara ni un metro más. Y por supuesto, se habría ganado una buena bronca, y un buen castigo. Los Potter jamás habrían hecho eso a James.
La señora Potter le abrazó con cariño y le dio un beso en la mejilla.
"Sed buenos" dijo, con lágrimas. "Y tened cuidado. Y James... escríbenos, aunque te aburra... yo te escribiré... todos los días..."
Qué curioso... su madre habría enviado todos los días un vociferador... a lo sumo. James recogió el baúl que había vuelto a ordenar cuidadosamente su madre, pero seguía sin prestarle ninguna atención a su contenido. Sirius lanzó una última mirada de soslayo a Walburga, que había dado un frío abrazo a su hijo predilecto, y espero quieta, rígida, severa, a que Regulus subiera al tren. Sirius suspiró, y se detuvo a esperar a su hermano. James, al verse solo, por una vez en la vida se giró extrañado... generalmente no prestaba mucha atención, generalmente sus padres iban detrás de él, no tenía que girar la cabeza. Pero sí lo hizo esta vez.
"¿Qué pasa?. ¿No subes?"
"Viene mi hermano a Hogwarts. Voy a esperarlo para que venga con nosotros."
James miró al muchacho que arrastraba su baúl. Más bajo y algo más delgado que Sirius, de facciones similares, aunque tal vez Sirius más guapo. Pero el mismo porte aristocrático, y los rasgos que James había encontrado muy similares en casi todos los Black que había conocido: cabellos negros, piel pálida, esbeltos y orgullosos. Regulus no era ninguna excepción. Miró a Sirius y a James, pero no dijo nada.
"Venga, vamos a buscar un sitio para el viaje" dijo Sirius, echando a andar hacia la entrada del tren.
"Madre me ha dicho que no viaje contigo." murmuró Regulus.
James lo miró con las cejas alzadas, y ahora que lo tenía de cerca, vio que Regulus era muy parecido a Sirius: desafiante. Pero el desafío de sus ojos era distinto... tal vez porque sus ojos eran oscuros, no grises como los de Sirius. Y tal vez porque el desafío de Sirius partiría de él mismo. Regulus parecía desafiar bajo órdenes de otros.
"Madre no viaja con nosotros." gruñó Sirius. "Claro que si prefieres viajar solo, tú mismo" dijo secamente.
"No... no... Subiré contigo" murmuró él, dubitativo.
Regulus miró hacia atrás, y vio que Walburga ya se había ido.
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Gran Comedor. Hogwarts
Ceremonia de Selección de alumnos de 1º
"Hum... Black... otro Black... es sencillo ¿verdad?"
Regulus miraba hacia arriba, hacia el Sombrero que tenía sobre la cabeza. Sentía temor, porque sabía cómo había reaccionado su madre con su hermano mayor, hace un año. No... no podía hacerle eso a su familia, él tenía que reparar el deshonor que suponía que el heredero de Orion Black fuese un... Gryffindor.
"En Slytherin... en Slytherin..."
"Hum... ¿Slytherin?. ¿Qué hago, muchacho?. ¿La solución fácil... o la desafiante?"
"En Slytherin... en Slytherin..."
"Regulus... Curioso, que significa El Pequeño Rey... de tus padres... Y también la estrella más brillante del León del Cielo..."
"¡No!... En Slytherin..."
"Veo que eres ambicioso, tienes un deseo interno de probarte a ti mismo, eres orgulloso... Pero eres también valiente y osado. Veo mucho coraje en ti, joven Black..."
Lo mismo que ocurrió con Sirius. Pero Sirius se tomó ese desafío como algo personal. Y aceptó con orgullo Gryffindor.
"En Slytherin... en Slytherin..."
"¿En Slytherin?. ¿Estás seguro?. Muy bien, entonces... ¡¡Slytherin!!"
Regulus saltó de la silla y fue hacia la mesa de los Slytherins, donde estaba sus prima Narcissa con una sonrisa satisfecha. Generalmente Narcissa ignoraba a Sirius y Regulus, ella era demasiado importante. Pero la familia también lo era, así que entrar en Slytherin era motivo suficiente para sonreír a su pequeño primo. Pero Regulus sintió la mirada decepcionada de Sirius, allá, entre los Gryffindors.
Y Regulus supo que le dolía más haber causado esa decepción en su hermano, que la que hubiese causado a sus padres si hubiese acabado con él en Gryffindor.
Pero no se había atrevido a desafiar las normas establecidas por su familia. Y sintió un pinchazo. Desafiar las normas era una característica de los Slytherin. Qué ironía, tal vez tendría que fijarse más en Sirius, para ser mejor Slytherin...
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Tenemos una línea temporal similar en este capítulo. Bellatrix está a punto de casarse, y realmente a ella casarse no le supone que le coarten sus ambiciones y su libertad, como demostraría más tarde. Por el contrario, Andromeda siente que lo que se espera de ella, (un digno matrimonio con un Slytherin sangre pura), puede significar su ruina personal, y ya está masticando la posibilidad de huir con Ted, aunque no está todavía decidida del todo. Narcissa es mucho más sumisa en este aspecto, puesto que ella tiene todas las posibilidades de contraer matrimonio con todo un partidazo, Lucius Malfoy. Ya explicaremos más sobre Ted y Andromeda, retrocediendo unos años atrás.
En cuanto a los niños, Sirius espera que su hermano siga sus pasos, sea un Gryffindor como él. Por contra, Regulus ha elegido ser Slytherin porque ve que es la única posibilidad que tiene de mantener a su familia unida y no generar más malestar. Un Gryffindor ya es malo, dos sería catastrófico. Ya empieza él a asumir la responsabilidad. En el caso de Sirius, quiso ser libre y no aceptó esas expectativas. Regulus tal vez tampoco, pero no quiso destruir su familia.
Hay contrastes de actitudes por todos lados: Bellatrix y Andromeda; Walburga y los señores Potter; Sirius y Regulus. Y como en todo el fic, de fondo siempre las similitudes entre todos los personajes, por ejemplo, lo que piensa Regulus: que tiene que ser más Sirius para ser más Slytherin.
