¡Hola! Antes de arrancar con el capítulo, una aclaración sobre el anterior. Los Potter. ¿Charlus y Dorea son los padres de James? El Diccionario apuesta por que sí. Sin embargo, el HP Lexicon dice que no.

¿A favor?: La coincidencia de fechas; en el árbol se muestra que tienen sólo "un hijo"; JKR dijo que los padres de James lo tuvieron tarde (por fechas, Dorea tenía 40 años); y que James cita en DH que desea "ser Gryffindor, como su padre" (su madre, supuestamente Dorea, sería Slytherin). James no cita querer ser Gryffindor "como sus dos padres".

¿En contra?: JKR dijo que los padres de James, "murieron muy mayores, incluso en términos mágicos" y fue por causas naturales (los magos y brujas son más longevos). Dorea nació en 1920 y murió en 1977¡sólo tenía 57 años! Es joven incluso para los muggles. Además, permanecen en el árbol genealógico. Acogieron en su casa a Sirius, y eso sería motivo suficiente para ser expulsados, (Alphard lo fue por darle oro a Sirius cuando éste se marchó). Y finalmente¡Walburga y James serían primos hermanos! Sirius tendría que saber que su mejor amigo está muy directamente emparentado con él ¿no?

No hemos dado un nombre a los padres de James. Siguiendo la ambigüedad de JKR, en King's Cross están "el señor y la señora Potter". Puede que sí sean Charlus y Dorea, pero no nos hemos querido referir a ellos así expresamente. Que cada uno mantenga su teoría, por tanto, si uno piensa que los abuelos de Harry son Charlus y Dorea, no hay problema. Quien no lo crea plausible, también encaja en el contexto del fic. Walburga no se comportaba como una extraña. Ella simplemente no se dirige a nadie porque está habituada a que otros la saluden primero, aunque Dorea sea tía suya por parte de padre. Está rodeada de muggles, hijos de muggles y mestizos. Demasiado para ella.

Aclarado eso, pasamos al capítulo de hoy, muy largo. Contamos mucho más sobre Andromeda y Ted, y cómo sus hermanas conviven (en la ignorancia) con lo que ahora es amistad entre ellos. Ted y Andromeda tienen 15 años, y este capítulo viene en tiempos inmediatamente después de su encuentro secreto fuera de San Mungo (Capítulo 4: Idealismo).

El instinto de protección... algo que nos parece muy característico de los Black, si tomamos por ejemplo paradigmático a Sirius con respecto a: sus creencias, hacia Lily y James, y sobre todo, hacia Harry. Regulus y su personal código ético, que más tarde resultaría en dar la vida él antes que sacrificar a Kreacher. Narcissa con respecto a Draco, no permitiendo que fuera enviado a Durmstrang como Lucius deseó al principio. Bellatrix y esa defensa fundamentalista de Lord Voldemort. Y Andromeda... bueno, la perfecta desconocida. ¿Iba a ser ella diferente de sus hermanas y primos? No lo creemos.

Gracias por la lectura, y de nuevo gracias por enviarnos vuestros comentarios, nos encanta compartir ideas y admiración por los Black con vosotras: McMafis, Zory, blackstarshine, Yedra Phoenix, Ely Potter Black, CrissBlack, Sabaku no Akelos, Clio 84, Thaly Potter Black, Nicole Daidouji, Corae, grengras.

Esperamos que os guste.


INSTINTO DE PROTECCIÓN

1. Bellatrix, Andromeda y Narcissa

Mazmorras de Pociones. Hogwarts

Martes, 10 de septiembre de 1968

Desde el primer minuto en el que se conocieron, Ted Tonks miraba a Andromeda y sonreía. Al principio era una situación incómoda. Luego pasó a ser un tabú. Luego pasó a ser costumbre. Y finalmente, llegó un estadio tal que si él no la miraba, Andromeda incluso llegaba a echarlo de menos.

Como todos los Black, Andromeda había sido educada para no mirar fijamente, pero saber observar con discreción; saber ser el centro de las miradas de cualquier evento cuando era necesario, pero pasar a un discreto segundo plano sin perder jamás el control de la situación. Como cualquier miembro de su familia, Andromeda hacía uso de esas habilidades entre aprendidas y congénitas cuando le convenía, siendo la actitud absolutamente natural.

Y tratándose del hijo de muggles Ted Tonks, generalmente era una de las habilidades que más apreciaba de entre todas las que le habían enseñado en el seno de su familia.

Ted contaba historias absurdas y extravagantes a sus compañeros. Pero a la vez sabía robarle una sonrisa a Andromeda mientras hacía gala de una naturalidad nacida de un carácter afable, espontáneo y generoso.

Ted ayudaba a sus compañeros cuando éstos se atascaban con las tareas. Cierto era que no siempre era capaz de ayudarlos, pero era bastante popular no sólo entre Hufflepuffs, sino que tenía cierta mano con los Ravenclaws y los Gryffindors. Así que si no ayudaba personalmente, siempre conseguía a un tercero que resolviera el problema.

Donde había sido un niño de cara redonda y cabello rubio oscuro, había un adolescente de cabello castaño claro, alto y robusto. No sabía cómo lo había hecho, Andromeda no había visto a Ted jugar al Quidditch, sin embargo sospechaba que algo hacía al margen del deporte mágico por excelencia. Y algo tendría que ver el hecho de haber nacido de padres muggles.

Los muggles se defienden usando la fuerza física, por lo general. Los magos utilizan la magia, y cuanta mayor es la habilidad, mayor es la capacidad de atacar y defenderse.

Ted era un buen estudiante. Los había mejores, ella misma sin ir más lejos. Pero él conocía sus puntos débiles. En 1968, ser un hijo de muggles no era una buena tarjeta de presentación. Y sabía que se esforzaba por no acabar en San Mungo, bien no metiéndose con ciertos estudiantes, manteniendo un perfil bajo, o bien utilizando lo que haría cualquier otro en su lugar: aprender a defenderse.

Por lo que sabía, Ted se había criado en un barrio de clase trabajadora en el Londres muggle. Manejar pandillas y chicos de la calle no era extraño para él. Pero años en Hogwarts le habían hecho abrir los ojos. Del asombro y hechizo que le produjo el mundo mágico, a aprender a adaptarse con respecto a otras pandillas igual (o peor) de acosadoras. Con los muggles, uno se entrena físicamente.

Con los magos no funcionaba así la cosa. Casi siempre no.

Maldita sea la capacidad de observación de los Black.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

Estadio de Quidditch.

Reginald Cattermole estaba sentado en las gradas de Quidditch, observando el entrenamiento amistoso de Hufflepuff y Ravenclaw.

"Hola Reggie" dijo Ted sentándose junto a él. "¿Hoy no juegas?"

"No… tenía que estudiar y he preferido dejarlo para mañana. No le ha gustado nada a mi capitán, pero voy muy retrasado con Transformaciones." Miró a Ted. "Te pediré ayuda dentro de nada. ¿Y tú, qué haces aquí? Generalmente no te interesa mucho el quidditch."

"Laura Blenkinsop me ha pedido que venga a animarla en el entrenamiento." dijo Ted.

"Ah, ya… ¿una de las cazadoras de Hufflepuff?"

"Sí". dijo Ted, ajustándose la corbata de Hufflepuff, que casi siempre caía descuidada desde su cuello.

"¿Qué tal con los Slytherins?. ¿Están más tranquilitos, o han empezado fuerte el curso?"

Ted le dedicó una sonrisa triste.

"Igual."

Reggie no dijo nada.

"Te entiendo, Ted."

"¿Qué quieres decir?"

"He empezado a salir con Mary Elizabeth Owens." Miró a Ted. "Hija de muggles, está como yo en Ravenclaw, aunque en 4º" Volvió la mirada al entrenamiento. "Mi familia no tiene la influencia ni el renombre de otras familias de sangre pura. Y aún así, Lizzy siente la presión de ciertas personas en el Colegio. Ya sabes, todo eso de que no tenéis derecho a estudiar aquí. Yo haré lo que sea por protegerla, y me da igual si me llaman 'traidor a la sangre'. Yo quiero estar con ella."

"¿Qué quieres decir con lo de 'la influencia y renombre de otras familias de sangre pura', y que aún así 'sentís la presión'?"

"Las Blacks. El ejemplo paradigmático." respondió Reggie.

Ted tragó saliva. Ése era un terreno pantanoso... e inexplorado para él.

"¿Qué sabes de esa familia?" preguntó a continuación Reggie.

Ted se removió incómodo en su asiento, mientras oía en la distancia los gritos de ánimo de otros compañeros, y el sonido de las escobas de los jugadores volando. Ignorando por completo el partido de entrenamiento.

"No… mucho. Lo que todo el mundo, que son ricas, respetadas, influyentes. Tienen talento y… son guapas."

Reggie puso una mueca.

"Sí. Y lo que sigue es que los Blacks también son los más fervientes defensores de la pureza mágica. ¿Sabes cuál es el lema de su familia?" Ted negó levemente con la cabeza. "Toujours Pur. Siempre Puros." Reggie negó ligeramente con la cabeza. "La Noble y Más Antigua Casa de Black. Tienen un árbol genealógico que se remonta a generaciones, a siglos atrás. Y detestan, rechazan y huyen de todo lo que sea muggle o todo mago que esté contaminado por ellos, ya sean mestizos o puros, pero 'traidores a la sangre'. Y por supuesto, hijos de muggles."

Ted movió la cabeza bruscamente. Había cosas de Andromeda Black que no conocía. Había hablado con ella muchas veces, y siempre parecía tener algo guardado, algo que no descubría. Cuánto más quería saber qué era, más le intrigaba, y más le atraía.

¿Era él acaso un experimento?. Si los Blacks eran tan extremistas en las convicciones de la sangre ¿qué significaba él en todo ese juego?.

Si es que él significaba algo para ella, claro.

"¿Estás bien, Ted?. No pongas esa cara, que Hufflepuff nos está ganando. Menos mal que es un entrenamiento." comentó divertido Reggie, ignorante completamente del auténtico motivo de ansiedad de Ted.

Ted levantó la cabeza y se fijó en el marcador. Efectivamente, 30 – 60 a favor de Hufflepuff. En ese momento, Laura llegó volando hacia él y detuvo su escoba delante de las gradas.

"¡Teddy!. ¡Lo has visto!. ¡He marcado!"

"Huh…" empezó a decir Ted. No había visto nada, obviamente.

"Excelente gol, Laura." Le felicitó Reggie. "Has engañado totalmente a Dawlish. Ted y yo estábamos comentándolo precisamente" terminó, dándole un ligero pisotón a Ted en el pie.

"Ah… sí… er… sí, Laura. Genial. Un golazo."

Laura sonrió ampliamente.

"¿Comemos juntos después de que me duche?"

Ted suspiró. Se sintió pequeño, insignificante, irrelevante… sucio… Pensó en Andromeda Black. Alta, elegante, discreta, brillante, guapa, educada.

Inalcanzable.

"Claro, Laura." Ted le dirigió la más encantadora de sus sonrisas. "Será un gusto comer contigo. Estaré leyendo cerca de la cabaña de Hagrid, me verás cuando salgas del estadio."

Laura sonrió y salió volando para continuar el partido.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

Terrenos de Hogwarts.

"Hola, Ted."

Ted se levantó inmediatamente. Esa voz era inconfundible.

"Andromeda…"

Andromeda Black estaba apoyada en el árbol donde había estado leyendo, mientras esperaba. No se había enterado de que ella había aparecido, ni sabía cuánto tiempo llevaba ahí.

"¿Qué tal el verano?"

Ted miró alrededor, incómodo. Sólo había algunos alumnos a lo lejos, parecían de primero o como mucho, de segundo. Y miró alrededor preocupado, especialmente tras la conversación previa con Cattermole. Y porque Andromeda nunca quería que los viesen juntos.

"Bien. ¿El tuyo?"

Andromeda encogió levemente un hombro.

"Ha estado bien… estuvimos en Irlanda… mi tío Alphard nos había dicho que la magia de los celtas merecía la pena una visita…"

"Ah." Ted frunció el ceño. No imaginaba a los Blacks viajando. Menos con lo que había sabido por Reggie. "¿Tu familia… viaja?"

Andromeda esbozó una de las sonrisas que siempre aparecían cuando Ted se sorprendía de algo del mundo mágico.

"Claro que viajamos." Andromeda lo encontró muy divertido. "¿Qué piensas que hacemos en mi familia?"

"No sé… estudiar solfeo y pintura… decorar vuestras mansiones… pulir vuestro oro goblin... contar galeones... aprenderos nombres de magos ilustres…"

La sonrisa de Andromeda no fue tan amplia. No sabía bien cómo tomarse el comentario.

"¡Ted!. ¡Teddy!"

Andromeda se ocultó detrás del árbol. Ted se dio la vuelta inmediatamente hacia Laura Blenkinsop, que traía una bolsa con el uniforme sobre el hombro, recién salida de las duchas del estadio.

"¡Hemos ganado en el entrenamiento!" le dijo con alegría. Le pasó el brazo por debajo del de Ted. "¿Vamos a comer?. El partido me ha abierto el apetito."

Ted miró discretamente hacia el árbol donde Andromeda estaba semioculta, observando la escena con fijeza y mal disimulada sorpresa. Ted se marchó acompañado por Laura.

Andromeda salió de detrás del árbol, y miró a la pareja irse, todavía incrédula.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

Sala Común. Mazmorras de Slytherin

Estaba sentada con un cojín abrazado, sin apartar la mirada de la pared de enfrente, totalmente absorbida por sus pensamientos. Inicias el curso con quince años, y parecía que la amistad se borra entre chicos y chicas, era eso.

"¿Amistad?"

Andromeda se removió en su sitio.

"¿Eso, o es que te molesta que Ted esté acompañado de otra?"

Arrojó el cojín hacia la pared.

"No me molesta… es sólo que…"

"Es sólo que estabas acostumbrada a que esa atención sólo te la preste a ti. El mundo no gira en torno a las Blacks, aunque mamá esté obstinada en decirte lo contrario. Y recuerda, Andromeda, que durante cuatro años te has negado a que os viesen juntos."

"¡¡Es por él, no quiero imaginar a Bella, y a sus amigos, o a mis padres si se enteran!!. ¡¡Lo matarían!!"

"¿Te preocupa más él?. ¿O te preocupas más por ti?. ¿O acaso olvidas que puedes tener a cualquiera?. ¿No ves que es indigno de ti el molestarte por…?"

No sé… estudiar solfeo y pintura… decorar vuestras mansiones… pulir vuestro oro goblin... contar galeones... aprenderos nombres de magos ilustres…

¿A qué vino eso?

Furiosa con su voz interior, es decir, consigo misma, Andromeda se incorporó y lanzó otro cojín hacia la pared, y se subió al Gran Comedor. No podía quedarse sin comer por culpa de un…

...sangre sucia.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

Gran Comedor.

Bellatrix Black no sería Premio Anual, pero sin duda era la líder informal del Colegio. Para unos, su liderazgo estaba basado exclusivamente en el terror que inspiraba. Para otros, incluidos algunos profesores, en su firme carácter y en su resolución, una personalidad arrolladora. Para otros, en el maldito magnetismo propio de los miembros de su familia. Nadie había salido libre de ese embrujo, y nadie, ni los más viejos, recordaban a alguien inmune a dicho encanto, común a todas las generaciones. E igualmente común a todas ellas, ese encanto era generalmente utilizado con fines no del todo loables.

Bellatrix Black, firme defensora de unos ideales personales y familiares que nunca se había molestado en ocultar. Y a medida que había crecido, los había hecho más extremos. De tal forma, el hechizo de su familia se había hecho más acusado para el ojo observador: o se la amaba, o se la odiaba.

Sentimiento mutuo. Para Bellatrix sólo había blancos y negros. No había grises. Ella amaba y odiaba en dos extremos. No había puntos medios.

Se había enterado en el Gran Comedor que una alumna de segundo Slytherin comentaba con otras compañeras que habían visto a un "Hufflepuff" hablando con una de las "Black" en los terrenos de Hogwarts. A la primera que encontró fue a Narcissa, comprobando unas cartas astronómicas en la mesa de Slytherin.

"Cissy…" le dijo, apartándole un mechón rubio de la frente. "¿Qué me responderías si te preguntara qué hacías hablando con un Hufflepuff?"

La menor de las Black levantó los ojos de su tarea, y consideró la respuesta a tan extraña pregunta. Estaba habituada a los comentarios bizarros de Bellatrix, así que no le dio mayor importancia. Además, hacía ya tiempo que había tomado un cierto hábito de hacer preguntas no del todo directas. Lo cual era aún más curioso, Bellatrix había sido siempre mucho más directa, más tajante, menos capciosa.

Sería que Bella había crecido.

"Vamos, Bella, no veo por qué tendría que perder el tiempo con un Hufflepuff." respondió Narcissa con naturalidad, e inconscientemente puso una mueca como si de pronto le hubiera llegado un mal olor, mientras observaba desinteresada la mesa de Hufflepuff. "¿Quién querría estar ahí?. Traidores a la sangre, sangre sucias…"

Bella pareció satisfecha con la respuesta.

"Exacto. Pero ya me estoy encargando de eso…" y acarició ausentemente su brazo.

Narcissa percibió el gesto. Sabía que Lucius deseaba también tener la Marca.

"Lucius ¿por qué quieres tener la Marca?"

"Narcissa… quiero proteger el mundo mágico de ser contaminado… mestizos, sangre sucia, muggles, traidores a la sangre… El Señor Tenebroso tiene las armas, es el único que ha tenido el coraje suficiente para unirnos y para protegernos."

Narcissa sonrió. Lucius le elevó el rostro poniendo los dedos en la delicada barbilla.

"Protegeré nuestro futuro. Piensa en los niños de nuestro mundo… Piensa en tus hijos, Narcissa..."

Cualquier duda que pudo tener Narcissa quedó disipada. Tal vez ella no estaba hecha para luchar como Bellatrix o Lucius, pero haría todo lo posible para proteger aquello que ella tenía considerado como lo más valioso: su futuro, lo que quería compartir con Lucius, su familia actual. Su familia futura.

Como le había dicho Lucius, sus hijos.

Narcissa apoyaría incondicionalmente y sin matices esa lucha. Aceptaría si Lucius era uno de ellos, como había aprendido a aceptar que su hermana mayor lo era también.

"Jamás hablaría con un Hufflepuff… están todos contaminados. No tienen ni idea de lo que es eso, ni se enteran." concluyó tajante Narcissa.

Eso bastó a Bellatrix. Sabía que ninguna de sus hermanas hablaría con un Hufflepuff, descartada Cissy, sólo quedaba Andromeda. Sin más, se puso de pie y se fue al grupo de alumnos de segundo curso.

Sin necesidad de métodos más persuasivos, la asustada niña confirmó que el chico era "ése", Bellatrix observó a un Hufflepuff. Sí.

Sangre sucia.

También.

Bellatrix no dejó de vigilar desde su sitio en la mesa de Slytherin, y aguardó a que terminara de comer. Cada vez más furiosa. La paciencia no era el punto fuerte de los Black, y mucho menos en Bella, su adalid. Ni se molestó en preguntar a Andromeda, que había bajado y estaba con la cabeza agachada, comiendo en silencio con sus compañeros de curso.

Esperó a que el sangre sucia saliera y buscó el momento de abordarlo sin testigos. No porque temiera atacarlo cuando estuviera acompañado... era más bien porque no quería que la relacionaran con uno de su clase. Ni siquiera le importaba las consecuencias en caso de enfrentarse a él, ni por castigos ni mucho menos, el estado en el que terminaría el sangre sucia.

Cuando vio que salía del comedor acompañado de una chica se fue directa detrás de ellos. Comprobó que el corredor no tuviera testigos, y se acercó a la pareja de Hufflepuffs.

"Ven conmigo." le dijo sin esperar a que él respondiera, acostumbrada a dar órdenes y que las obedecieran.

Ted alzó levemente las cejas, mientras Laura le apretaba la mano.

"Es Bellatrix Black..." le susurró con temor. "¿Qué quiere contigo, Ted?"

Pero Ted no tenía nada que ocultar... ahora ya no. Había tomado la decisión de apartarse de todo lo que significara Black. Por esta razón precisamente: aunque era paradójico que cuando había empezado a poner distancia con Andromeda, era justo cuando su hermana mayor, la temible Bellatrix, tenía algo que decirle, y no precisamente iba a ser "buenas tardes."

En un corredor desierto, Bellatrix se apartó un negro mechón de los ojos, y lo miró con los ojos oscuros fríos, desapasionados, aunque la mueca era de absoluta repugnancia. Ted sintió que su corazón daba un vuelco. Eran tan parecidas... se imaginó la misma mirada en Andromeda.

Esa imagen era peor que cualquier maleficio que fuera a lanzarle Bellatrix Black. Pero sólo sirvió para que incrementasen sus dudas. ¿Quería alejarse de Andromeda... o quería que le siguiera mirando con esa especie de temor, curiosidad e incluso...?

¿Cariño?

"Voy al grano, sangre sucia. Si vuelvo a enterarme de que estás cerca de mi hermana..." esbozó una sonrisa absolutamente carente de humor. "...no recordarás ni siquiera cómo se llama tu asquerosa madre muggle."

Ted endureció sus facciones.

"¿Qué piensas hacer, Black?. ¿Matarme, aquí y ahora?. ¿Matar a mi madre?" Ted miró alrededor. "No hay testigos. Nadie se daría cuenta." Se acercó un poco a ella. "O sí... a lo mejor Dumbledore... tal vez él sí se dé cuenta..."

Bellatrix apretó los labios. Dumbledore... sólo había una persona que él, el gran Señor, temía en el mundo, y era precisamente un amante de muggles y sangre sucia. Y el director de Hogwarts nada menos. El maldito sangre sucia era consciente de que estaba protegido.

"Tal vez te cubran las espaldas, sangre sucia. Pero puedes ser un pasatiempo después de todo. Dumbledore no está en todas partes." Bellatrix levantó la varita. "¡Desmaius!"

Ted cayó inmediatamente al suelo, aunque el hechizo no lo había dejado totalmente fuera de juego. Sacó la varita, dispuesto a defenderse, mientras trataba de incorporarse.

"Oh... pobrecito nenito... ¿éso ha dolido?" dijo Bellatrix, poniendo una mueca de niña inocente.

Preciosa…!" Rodolphus, Gibbon y Rookwood aparecieron por el pasillo. "Sales de la mesa a por un sangre sucia sin decirnos nada... ¿Te vas a divertir sin nosotros?... Chica mala..." dijo sonriente, mientras sacaba su varita. Miró a Ted que estaba incorporándose en el suelo, pero volvió a caer cuando Rodolphus le envió un maleficio. "¿Hay algún motivo en concreto por el que esté atacando a este, o es por lo habitual?"

"¡Bella!"

Detrás de Rodolphus, Rookwood y Gibbon apareció la segunda de las Black.

Ted agitó la cabeza confundido tras dos maleficios seguidos, y elevó los ojos hacia Andromeda, desde el suelo.

Había pensado que temía mirarla y encontrar el parecido a su hermana, Bellatrix. Su peor temor era realidad. Jamás había visto a Andromeda Black... tan Black.

Ahora mismo no sabía si la altivez, la agudeza, el magnetismo, la belleza, el poder... todo aquello que había encontrado irresistible en Andromeda, ahora no sabía si eso era buena cosa.

"Meda ¿es cierto que eres amiga de esta mierda?" preguntó llanamente Bellatrix, con veneno en la frase.

Andromeda miró a Ted, y a los tres Slytherins que estaba con las varitas en la mano. Elevó la barbilla, como su madre solía hacer cuando caminaba por el Callejón Diagón. Como cuando Narcissa era regañada y aceptaba el castigo, pero con el matiz de rebeldía en su mirada. Como cuando Bella se sentía el centro de atención y lo disfrutaba. Algo se agitó dentro cuando vio a Ted, indefenso frente a cuatro alumnos de Slytherin de 7º curso cuya fama no era precisamente por ser los más altruistas y piadosos de Hogwarts.

Pero también vio la imagen de Ted con esa compañera suya. Y se sintió dolida... traicionada... ¿Celosa?

Andromeda tenía que proteger su orgullo. Pero tal vez... ¿protegerlo a él de ellos?. ¿O protegerlo de ella también?

"Bella, no me insultes." respondió Andormeda con frialdad.

Bellatrix no necesitó más. Y sonrió con desprecio a Ted.

Ted se levantó, y se limpió la sangre que salía en un hilo de su boca. Andromeda vio que la sangre era tan roja con la suya. Ni marrón, ni turbia...

"¿Dónde está la suciedad de la sangre?"

"Gracias, Black. Ahora tengo todo más claro." respondió con la misma frialdad Ted.

Pero no miró a Bellatrix. Andromeda, sintió que algo se le rompía dentro en mil pedazos.

Era la primera vez que no veía la mirada y la sonrisa de Ted en ella, la que reservaba sólo para ella desde hacía cuatro años.

Y también era la primera vez en cuatro años que Ted utilizaba Black para dirigirse a ella. Como quienes quienes la respetaban por miedo. Como quienes la halagaban por su familia. Como quienes la despreciaban por los mismos motivos.

¿Los Black tienen conciencia?

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Sala Común. Bodegas de Hufflepuff

Esa noche Ted se hartó de dar vueltas en la cama, hasta acabar deshaciéndola, y no era especialmente hábil con los hechizos del hogar. Se levantó y se fue a la Sala Común. Era de madrugada, y sentía que si no podía dormir, seguramente al día siguiente estaría reventado, no entendería nada de las clases, y encima doblaría el esfuerzo con los deberes, primero para entender lo explicado, y segundo para trabajar sobre ello.

Como si lo supiera, menudo asco de día que le esperaba entonces.

¿Y todo por qué?. ¿Acaso porque había decidido alejarse de Andromeda Black desde que supo que su familia iba a tomar represalias si sabía de su amistad?

Pues valiente forma de conseguirlo. Precisamente el día que más frío había sido con ella desde que la había conocido, era el día que había conseguido las represalias. Para él, y estaba seguro, que para ella también.

No le había dolido el ataque de Bellatrix y de Rodolphus. Le había dolido la mirada dura, fría, inédita de Andromeda.

Bella, no me insultes.

"Ésa no es ella. No es Andromeda"

Y él quería recuperar a la Andromeda cuya mirada curiosa, temerosa, dulce... le hacía dormir de un tirón todas las noches, y le hacía levantarse por la mañana con mejor humor.

O a lo mejor Ted Tonks no conocía a Andromeda Black en absoluto.

Ted hundió la cabeza en las manos.

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Sala Común. Mazmorras de Slytherin

Ella tampoco durmió esa noche. Ni siquiera fue a su dormitorio, cuando todas sus compañeras se habían retirado. Sus hermanas estaban acostumbradas a verla leyendo, escribiendo sus ejercicios o traduciendo runas. Así que no se extrañaron que se quisiera quedar tarde, no era la primera vez que lo hacía. Bellatrix pareció satisfecha con la reacción que había tenido con Ted, y dio la impresión de haber olvidado ya el tema. Los sangre sucia después de todo, no eran la única obsesión de Bellatrix Black.

Sin embargo, Andromeda sólo lograba mirar un punto perdido del libro de Pociones que había cogido al azar, su coartada para estar ahí, insomne. Cuando notó el silencio absoluto porque todo el mundo dormía, se levantó del escritorio, se sentó en el sofá y se acurrucó en la manta que se había traído de su dormitorio, y ahí se quedó largo rato después de que el fuego de la chimenea sólo fuera meras brasas. Sentía frialdad porque la mazmorra era esencialmente heladora, pero sentía un frío interior que la manta no templaba.

Nunca había sentido nada parecido al arrepentimiento. Un Black no conocía de conciencias. No sabía qué era pedir perdón. No se humillaba. Un Black estaba por encima de otros. Un Black no se arrastraba como un pordiosero. Eso era, entre tantas cosas, lo que había aprendido a ser.

¿Pero era ella así?

¿Sería ella acaso la primera Black que se había sentido así?

Los Blacks no aman. Aman el poder. Aman el estatus. Aman la pureza de la magia. Aman la superioridad.

No aman a las personas.

"Pero has permitido que hicieran daño a una persona, Black."

"Esa persona me importa... me importa mucho..."

"Por no mencionar las represalias que tomará Bellatrix y su grupo contra quien realmente dijo la verdad y os vio hablando a ti y a Ted…"

Andromeda se echó a llorar.

"¿Qué clase de Black soy entonces?"

"Una Black que protege a los suyos. Protegiste a tu familia, y a él también..."

"No del todo. A costa de esa niña de segundo, que dijo la verdad. Y Ted no es un duelista. Bellatrix y muchos de su grupo y del tuyo sí lo son. Y él es un objetivo claro. Seguirá siendo un objetivo de ellos..."

Andromeda se levantó, y supo que el insomnio podía traerle algo de provecho. Si algo tenía de Black era ser una luchadora, no de las que se rendían fácilmente. Se limpió las lágrimas con furia. Sacó pluma y pergamino, e iluminó su varita con un quedo Lumos.

"Querido tío Orion..."

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El colegio supo al día siguiente del ataque a Ted Tonks por parte de algunos Slytherins. Éstos no lo ocultaban, al contrario, incrementaba así la leyenda de terror que había en torno a ellos. Druella Black supo que sus hijas habían estado implicadas, y aunque aprobaba por supuesto que hubiera que proteger el honor familiar por haberse visto envueltas en algo relacionado con sangre sucias, desaprobaba el método empleado, y más, que fuera de dominio público.

Bellatrix se encargó de castigar la mentira que había dicho esa niña de segundo curso. Incrementando así el terror que producía ella y su grupo. Nadie se atrevía a denunciarlo, nadie se atrevía a acudir a ningún profesor. Si Bellatrix Black "castigaba" a los de su propia Casa, que no admitía hijos de muggles, nadie quería imaginar qué era capaz de hacer con hijos de muggles de otras Casas, a las que despreciaba.

En dos días Andromeda y Bellatrix recibieron sendos Vociferadores, reclamándoles que no eran unas vulgares rameras muggles, gritándose en plena calle por una disputa, sino que había criado a dos damas y que esperaba de ellas un comportamiento digno e irreprochable. Esperaba discreción, no ser la comidilla del Colegio. Por supuesto, los Vociferadores sólo se abrieron en la soledad de sus dormitorios.

Bellatrix tan sólo bostezó sonoramente cuando terminó de escuchar su Vociferador, y se fue a clase como si nada.

Andromeda sin embargo sólo sintió que se incrementaban sus dudas.

Una cosa estaba clara. Ella era una dama, sí. Y de las inteligentes. Y sabía cuándo había que pedir perdón.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

Lechucería.

Sábado, 14 de septiembre de 1968

Al pie de la Lechucería, Andromeda se retorcía las manos. Un gesto insólito en alguien de su familia, que rara vez mostraba signos de nerviosismo. Ni siquiera en alguien cuyos sentimientos estaban tan a flor de piel como en Bellatrix. Éstos nunca eran nerviosismo.

Ted bajó las escaleras tapándose la garganta con la bufanda amarilla. La Lechucería era un lugar frío, especialmente desagradable en esos húmedos días más próximos al otoño.

"Ted..."

Cuando llegó al suelo, Ted se giró, y en uno de los recovecos de la pared de roca, sobre la que se elevaba la Lechucería, vio a Andromeda, cuyos mechones enmarcaban sus facciones. Envuelta en una de sus elegantes y costosas túnicas, la verde bufanda alrededor del cuello. Ted miró aquellas mismas facciones que la habían asemejado tanto a su hermana. Ted observó alrededor, pero tenía el rostro impenetrable. Se acercó a ella en el discreto entrante de la pared, un escondrijo natural a miradas indeseadas. Posó entonces sus ojos en Andromeda, y su aparente frialdad se derrumbó por momentos cuando vio que ella tenía los párpados hinchados.

"Ya me dejaste las cosas claras el otro día, Black. ¿Algo más?" le preguntó Ted, más producto del dolor que del enfado.

A Ted no se le pasó que ella dio un ligero respingo, como si una diminuta aguja le hubiera pinchado un costado, y su mejilla se contrajo muy levemente.

"No lo entiendes, Ted..." dijo ella con un hilo de voz.

"No, por lo visto mi sangre sucia me impide comprender nada de ese mundo perfectamente puro y mágico que os envuelve a todos vosotros, y concretamente a las Black. He tratado de entender todo esa basura del clan de la Noble y Más Antigua... o como sea... Tu familia es importante para ti, y no quiero que por mi culpa tengas un conflicto con ella. Pero mi familia también es importante. Sí, soy hijo de muggles, acerté en la lotería mágica y resulta que hago magia como otros cuyos ancestros son todos mágicos. ¿Es culpa mía?. Pues por lo visto sí. Pero no pretendo ser un estorbo en tu mundo. Yo no valgo para tanto, según vuestras normas, y eso es lo que me has dejado claro."

Andromeda emitió un gemido, y hundió la cabeza en el pecho. Ted trago saliva. Ella era fuerte, lo sabía, pero no era una gárgola de piedra.

"Ted... yo también he tratado de entenderlo ¿sabes?" Ted apenas podía oírla, su voz era apenas un susurro. "Es difícil, siendo una Black, con todo eso del orgullo... Esto mismo... los Blacks no agachan la cabeza, menos ante los hijos de muggles..." Ted sintió una presión en el pecho indescriptible. "Hay cosas que no puedo contarte a ti, no puedo contárselas a mi familia, ni a mis hermanas, ni a mis amigas." se abrazó a sí misma, y Ted vio que la orgullosísima, la perfecta y distante Andromeda Toujours Pur Black era sólo una muchacha de 15 años, con temores e inseguridades, pero demasiado afectada por el peso de una familia como para poder sacudírselo de encima como si de polvo se tratase. Una de sus manos tenía una carta.

"Perdóname..." dijo ella en voz muy baja, apenas audible.

Entonces, por primera vez en años, Ted Tonks pudo abrazar a la muchacha más inalcanzable de Hogwarts. Para él, del mundo. Y en ese momento sintió que la noble Black era también vulnerable, y sintió unos deseos terribles de cuidarla, de protegerla de todo eso. Y una vez que estaba en sus brazos, Ted supo que ella pertenecía ahí. No a una dinastía de magos nobles. No a un mundo de bailes y riquezas, apariencias y orgullos, tradiciones y prejuicios.

Ella estaba destinada a estar con él. Y Andromeda lo supo también. Supo que su vida, tal y como se la habían enseñado hasta ese día, acababa de dar un giro radical, y que ya no sería la misma.

Él apoyó la mejilla en la cabeza de ella, con suavidad, mientras enredaba los dedos por esos rizos que tanto tiempo había anhelado acariciar.

"No... perdóname tú a mí. Soy un imbécil. Debí entenderte mejor, Andromeda."

Al cabo de unos segundos, ella se separó de él, aunque no fue capaz de mirarlo a los ojos. Le mostró la carta que llevaba en las manos.

"Es de mi tío Orion. Es un experto en hechizos defensivos y protectores... me gustaría que leyeras lo que explica sobre ellos... podrían servirte... para la próxima vez... que espero que no haya. Pero es la única forma que tengo de protegerte... y de protegernos..."

Ted acarició la mejilla de Andromeda, que se volvió ligeramente rosa.

"Es curioso... no sabía que las Black se sonrojaran."

Ted tenía ganas de decirle muchas cosas. Pero era mejor no precipitarse. Volvió a envolverla en sus brazos, y sonrió contra su cabello cuando notó que ella se relajaba, y le permitía estrechar el abrazo.

"Gracias..." Y le besó el cabello.

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2. Sirius y Regulus

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Miércoles 6 de septiembre de 1972

Regulus acababa de terminar una interesante clase de Encantamientos. Le gustaba esa asignatura. El profesor Flitwick era bastante agradable… parecía llevar poco tiempo impartiendo clases, pero daba la impresión de ser muy competente. No le importaría pertenecer al club de Duelos, aunque dudaba mucho que pudiera entrar siendo de primer año.

Su padre, Orion, era muy hábil con los encantamientos. Dominaba como un verdadero experto la mayoría de los conocidos y otros que no eran de conocimiento público, precisamente. Su especialidad eran los hechizos defensivos, llegando hasta el punto de saber algunos prohibidos por el Ministerio de Magia. Le decía que cuando fuese lo suficientemente mayor empezaría a darle alguna lección, pero de momento todavía tenía que esperar. Aun así, le había mostrado algunos hechizos, y el propio Regulus, observador por naturaleza, se había encargado de sabérselos.

Vamos, que todavía era un niño.

Encima, tampoco podría pertenecer al equipo de Quidditch. Qué rabia le daba. Sirius ya había optado para ser golpeador de Gryffindor, y estaba en reserva. Regulus solía sentirse orgulloso de que su madre alabara su paciencia, virtud no muy extendida en los Black, pero eso no incluía al quidditch. Él quería jugar ya. ¡Como si no supiera volar de sobra!

Ugh. Puede que la "paciencia" tampoco fuese una virtud suya, después de todo.

La clase de Pociones era una de las más esperadas por Regulus. Horace Slughorn era el Jefe de la Casa de Slytherin, y según Sirius, tenía una especie de "Club"…"o algo así". Tenía mucha curiosidad por averiguar de qué se trataba.

Comprobó el horario.

"¿Vienes, Black?" le gritó Travers a lo lejos. "Toca Pociones ahora."

Regulus levantó la vista del pergamino.

"Sí… ahora iré… faltan unos minutos todavía. Voy al baño, nos vemos allí."

Cuando terminó, salió del baño y se ajustó la cinta sobre el hombro. En el pasillo del aula de Encantamientos acababan de agruparse los alumnos de la siguiente clase, eran de séptimo. Buscó inconscientemente a su prima Narcissa, ya que había visto algunas insignias de Slytherin. Pero no vio a nadie conocido. Iba tan distraído que no se dio cuenta de que se había chocado contra alguien.

Un Black no pide perdón nunca. No se humilla.

Era el intermedio de varias clases. Otros alumnos iban apresurados hacia sus respectivas aulas, pero definitivamente éstos dos contra los que había chocado no tenían ninguna intención de ir a la suya.

"Vaya, un enano de primero me ha rozado."

Regulus alzó la barbilla. Sólo consentía que una persona en el mundo le llamara enano y desde luego, ese grandullón no se parecía en nada a Sirius. Pero nadie, ni siquiera un Slytherin de 7º, le decía a él que no podía rozar a quien quisiera.

"Black… me has tocado, sin permiso."

Regulus sonrió con descaro, pero la sonrisa no tenía ningún humor.

"Curioso… yo no tengo ni remota idea de quién eres tú." Lo miró de arriba abajo, con desprecio. "Y ni me interesa."

El de 7º abandonó la sonrisa presuntuosa, y su compañero, de un cabello castaño ceniza dejó de sonreír estúpidamente.

"Amycus… parece que tienes que recordarle tu nombre a ese renacuajo, para que no lo olvide."

"Oh… por favor… dime tu nombre, así lo apuntaré en mi diario." Respondió sarcásticamente Regulus. "Hoy he conocido un burro y su carga." Miró al amigo. "Oh, no te preocupes, la carga eres tú."

"Los Black… os creéis por encima del bien y del mal. Pero a mi no me impresionáis. Además, así mi hermana abrirá los ojos por fin."

Regulus comprendió. Amycus… Una de su clase, Alecto, le dijo que tenía un hermano llamado Amycus en 7º. Lo que faltaba, estar enfrentándose al hermano mayor por algo que no había hecho, ni tenía intención de hacer.

Pero antes de que pudiera sacar su varita, entre los dos lo llevaron a un aula vacía. Regulus sólo pudo ver a algunos alumnos de su año (no estaba seguro de si eran Slytherins pasando junto a los recién llegados alumnos de 7º.)

El amigo de Amycus cerró la puerta, mientras éste arrojaba a Regulus contra un pupitre de mala gana. Regulus se hizo el herido, con el fin de darse la vuelta y no caer de espaldas.

Regla básica de los duelos… No des la espalda nunca a tus enemigos.

Lo malo es que no cumplía la segunda… Encuentra una vía de escape.

El aula sólo tenía una vía de escape: Pasar por encima de dos alumnos mayores de edad. Regulus sí empezaba a sentirse intimidado.

"Con que burro…" dijo Amycus sacando la varita. Su amigo se quedó detrás, junto a la puerta, sonriendo maliciosamente.

"Vaya, Amycus… qué valiente… tú y tu amiguito, contra un alumno de primero."

"¿Vas a irte a llorar con mamaíta?" respondió Amycus con sarcasmo. "Tienes razón, podría atarme un brazo a la espalda y ganarte. Por eso te voy a dar ventaja, empieza tú." Dijo con una pasmosa seguridad en sí mismo.

Lástima que Regulus no hubiese empezado hechizos para atacar. Había visto a su padre practicando con Sirius, pero él nunca había intentado nada más peligroso que cambiar la lengua de color. Era donde su padre decía que aún era muy joven para eso, que primero debería empezar por defenderse.

De modo que era Amycus el que debía atacar primero, y él defenderse después.

"Te voy a vencer igualmente, Amycus. Y si lo haces dándome ventaja quedarás como un pringado…" respondió Regulus, con la esperanza de provocarlo.

"Muy bien, lo has querido tú. ¡Confundus!" gritó Amycus.

El hechizo salió directo hacia Regulus, que había tomado posición.

"¡Protego!", bramó con todas sus fuerzas.

Fue una suerte que lo dominara a la perfección, porque no sólo había llegado un hechizo por parte de Amycus. Su amigo, junto a la puerta, también lo había atacado.

"Basura… cobardes… ni siquiera respetan un duelo…"

El escudo protector cubrió completamente a Regulus, era el hechizo que mejor conocía de su padre, y el más eficaz. Amycus trastabilló por la onda expansiva del hechizo, pero su compañero, al estar más apartado, no llegó a notar su efecto. El amigo de Amycus volvió a atacar, y esta vez sí golpeó ligeramente a Regulus, que tropezó contra los pupitres a su espalda, y dejó caer la varita.

La puerta se abrió de golpe. Sirius entró con la varita en alto. Miró de reojo a Regulus, y se apartó un negro mechón de los ojos con un movimiento de cabeza.

"Muy bien… dos pedazos de mierda de Slytherin, atacando a un alumno de 1º… y de su propia casa." Comentó burlonamente Sirius.

Amycus se incorporó. Su amigo miraba boquiabierto al recién llegado. Alto, pero no dejaba de ser un niño. Y de Gryffindor.

"Vaya… Amycus Carrow, y su borrego Tarquin McTavish. Volved a meteros con mi hermano y os aseguro que ni os acordaréis de vuestros nombres cuando me enfrente a vosotros."

Sirius había oído que el Cruciatus podía incapacitar permanentemente a una persona, pero nunca lo había visto, y mucho menos, lo había practicado. Pero le daba lo mismo. Vance, una alumna de Gryffindor del mismo año que Regulus, lo había visto en problemas y había ido a avisarlo. Sirius, que estaba en ese momento en el Gran Comedor con una hora libre, había salido antes de que Remus, James o Peter hubiesen podido preguntarle dónde iba.

Amycus y Tarquin apuntaron con su varita hacia Sirius, que tomó posición como había aprendido como duelista, dispuesto a enfrentarse a los dos. Pero antes de que ninguno dijera nada, alguien entró por la puerta.

Caradoc Dearborn, prefecto de 7º. Alumno de Gryffindor.

"Black, ambos, salid de aquí. Vosotros dos," dijo fríamente, mirando a Tarquin y Amycus. "Ya podréis frente a unos niños."

Sirius y Regulus fruncieron el ceño. ¿Niños?

"Id a clase ahora mismo." Amycus se dirigió de mala gana hacia la puerta, mirando con asco a Siriuss y Regulus. Antes de salir, Caradoc añadió. "Por cierto, cinco puntos menos por cada uno. Incluidos vosotros." Señaló a Sirius y Regulus.

Sirius sonrió ligeramente. Cinco puntos menos para Gryffindor… pero quince menos para Slytherin.

Caradoc salió detrás de los Slytherin, mirando por última vez severamente a los Black. Sirius se acercó a Regulus.

"¿Estás bien…?"

"Podría haberme encargado de ellos solo, Sirius. No necesito que hagas de mi guardián."

Sirius apretó los labios.

"Necesitas ser más hábil, Regulus. Tú solo no podrías haberte enfrentado a esos dos."

"Ah… ¿y tú sí?"

"Claro que no, no seas estúpido. Me traje a Caradoc, que iba camino a Encantamientos. Soy consciente de mis limitaciones, Reg, pero espera un año como mucho, y verás de lo que soy capaz."

"Lo mismo digo." Respondió desafiante Regulus, que guardó su varita y fue hacia la puerta del aula.

Sirius se quedó plantado un segundo, sin saber si ir detrás de su hermano o gritar de frustración.

"Regulus…", lo llamó con suavidad. Cuando el niño se dio la vuelta dócilmente, fue hasta él y posó una mano en su hombro. "Ten cuidado. Esos no eran los únicos matones que hay por aquí. Quizá deba devolverte el espejo, así si me necesitas…"

"Ni hablar", lo cortó Regulus. "Te prometí que te lo devolvería al venir a Hogwarts y un Black siempre cumple sus promesas."

Sirius rió quedamente. A su hermano sólo le faltaba la barba para ser igual que el tatarabuelo Phineas Nigellus. Se arrepintió un poco de haberle dicho que los espejos gemelos eran sólo un préstamo, pero en aquel momento no había contado con que terminarían en casas separadas. Sabía que era inútil discutir, porque su hermano no iba a dar el brazo a torcer. Era su peculiar concepto del honor y protegía sus convicciones con fervor.

"De todas formas", susurró Regulus. "Gracias por estar ahí."

El mayor de los Black sonrió levemente.

"Ni lo menciones. Siempre estaré ahí."

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Narcissa Black, confirmado por JKR, no se unió nunca a los mortífagos, pero compartía sus ideales. El instinto protector tan acusado que sentirá por su hijo Draco empieza a tener una base sólida en su apoyo incondicional a las ideas de Voldemort y a su (futuro) marido. Bellatrix, protegiendo el honor de sus hermanas, y arrastrando ya a su camarilla para sus fines.

Sobre Andromeda, fue capaz de mentir para proteger a Ted, pero eso la atormenta, porque precisamente mintiéndole incluso a él, es cuando más nota que se aleja de Ted, y eso ella no lo desea. Algo le indica que tiene que ser, sobre todo, honesta consigo misma.

Con respecto a Regulus... su particular moral es innata. Tiene sus propios métodos y su propio instinto. Y aquí es un tema de honor devolver los espejos tal y como, de broma realmente, dijo Sirius que hiciera. No queríamos la idea de una separación traumática, y Regulus arrojando su espejo a Sirius. No nos gustaba nada imaginarlo así, es más, queríamos que la idea de devolver el espejo fuese de Regulus, no de Sirius.

Por cierto, la clase de Encantamientos de Regulus, en primer curso, se celebra con los Gryffindors, al igual que nos mostró la película de Harry Potter y la Piedra Filosofal.

La semana que viene tenemos un especial Navidad. Preparad los pañuelos, porque es emotivo, y es sobre Sirius y Regulus exclusivamente. ¡Nos vemos! Y gracias a todo el mundo que sigue el (bio)fic.