¡Hola!

Retraso imperdonable. Lo sabemos, pero hemos tenido exámenes, incompatibilidad de horarios y cierta incomunicación. Se ha mezclado para nuestra desgracia. Disculpadnos, y prometemos que los próximos no vendrán tan lentos.

Hemos modificado el capítulo que habíamos anunciado en el Perfil porque es coherente que viniera este primero. Ahora arrancamos con las tres hermanas. En diciembre de 1971, Andromeda ya ha terminado en Hogwarts, y siendo muy próximo el nacimiento de Tonks, no le falta mucho para huir con Ted, con quien aquí dejamos implícito que ya mantiene una relación. Volveremos atrás con ellos próximamente, del mismo modo en el que contaremos el primer encuentro de Bellatrix con Voldemort, ya que aquí es evidente que Bellatrix es mortífaga.

Siguiendo nuestra costumbre de enlazar hechos "futuros" ocurridos en capítulos "pasados", os recordamos uno aquí: Si os dais cuenta por fechas, ellas están a punto de ir a la fiesta en Grimmauld Place, narrada en el Capítulo 5: El Gryffindor, donde el tío Alphard les hizo unos regalos a Sirius y Regulus, y donde Bellatrix llamó la atención con su vestuario, especialmente a un flemático Rodolphus. Y donde terminamos con Sirius intuyendo que su prima Andromeda está especialmente melancólica. Aquí damos más datos sobre aquél capítulo.

Arrogancia: en capítulos anteriores, hemos destacado cualidades de los Black. Esta vez, entramos a destacar uno de sus defectos (porque los tienen). En particular, y lo más curioso, (porque él se sentía lo más contrario a un Black), es un defecto acusado en Sirius.

De nuevo, os damos las gracias por seguir la historia y vuestra inmensa paciencia. Gracias por vuestras opiniones, que nos son muy valiosas: emeraude.lefey, Lulii, Sabaku no Akelos, Nicole Daidouji, Yedra Phoenix, blackstarshine, Clio84, grengras, Thaly Potter Black, El Collar de Perlas, Corae, SurferBabe69, Dryadeh (¡cinco!), laura, dark Rachel, Nyissia, Earwen Neruda. (A las seis últimas, os contestamos vuestros reviews en cuestión de pocos días :)


ARROGANCIA

''Algunos Black son territoriales, protegerían sus ideales hasta con la vida,,

Mansión de Cygnus y Druella Black

Viernes, 24 de diciembre de 1971

"Mierda… pero si es que no puedo ni respirar…" exclamó furiosa Bellatrix. Se veía impresionante en el vestido. Un corpiño extremadamente ceñido, y un escote pronunciado que seguro que enfurecería a Druella, pero Bellatrix ya no era ninguna niña. Se había acostumbrado a que la admiraran, no a que la criticaran, y su madre no iba a ser la primera.

"Bella… no nos han criado para respirar…" murmuró Narcissa, saboreando un relámpago de chocolate.

"Vas a ponerte como una muggle sebosa, y Lucius ni se fijará en ti."

Narcissa elevó la barbilla, y masticó desafiante, paladeando el chocolate en la boca.

"Las muggles sebosas se ponen como trolls, yo podría devorar una fuente de relámpagos de chocolate, que no engordaría ni una libra."

Bellatrix sonrió y se giró de nuevo al espejo. En el fondo, podría hacer un pequeño esfuerzo y ser la que dejara sin respiración a los otros. Sólo ver la cara de Rodolphus sería un poema…

Marcó más el escote, orgullosa de su cuerpo privilegiado, y escuchó un leve gemido. Miró el reflejo de su hermana Andromeda en el espejo, y alzó los pesados párpados hacia ella, con una mirada desapasionada.

"¿Ocurre algo, Meda?"

Andromeda, sentada en el sofá del dormitorio de Narcissa, alzó los ojos desde el periódico y observó a su hermana mayor.

"Nada." respondió llanamente.

"Meda ¿ocurre algo?" repitió, con la certeza de que su segunda hermana no tendría más remedio que contestar.

Andromeda apretó los labios con ira. No soportaba que Bellatrix le dijera, le ordenara que respondiera. No lo hacía con nadie, y ciertamente no tenía que hacerlo con ella… ni tenía porqué darle explicaciones de nada.

"Ha habido otro ataque a un barrio de muggles, cerca de Bournemouth." Dijo finalmente, de mala gana.

Bellatrix volvió al espejo y tomó unos guantes del reluciente tocador de Narcissa. Comprobó el contraste de color frente al llamativo vestido, como si lo que acababa de decir Andromeda fuera irrelevante.

"¿Y qué?" preguntó con soberbia Narcissa. "¿Y eso a quién le importa?. ¿Desde cuándo te interesa la política?" Narcissa miró a Bellatrix, comprobando el guante. "No pega llevar guantes, Bella. La manga que llevas es ancha."

Bellatrix ni se molestó en entrar al tema de los muggles. Curiosamente, las que solían quedar al margen de esas discusiones eran precisamente Narcissa y Andromeda. La política no era un tema de debate entre las jóvenes de clase alta. Andromeda sin embargo se vio atrapada en territorio hostil. Pero no podía contenerse, cada vez menos…

"Desde que yo le intereso a la política."

Narcissa dio un toque con su varita y varió el color de las uñas, comprobando la nueva tonalidad, e ignorando arrogantemente cualquier respuesta. Bellatrix, por el contrario, alzó una ceja y volvió a mirar a su hermana. Dejó el guante encima del tocador y se dio la vuelta.

"De todas formas prefiero que se vea…" añadió con orgullo, refiriéndose a su brazo, y no respondiendo a Andromeda. Dejó que la piel de armiño que bordeaba la manga acariciara su brazo izquierdo. Volvió a elevar lentamente los párpados hacia Andromeda, alta, orgullosa, desafiante, con el diario apretado en su puño. "Cuidado… Meda…" respondió con suavidad Bellatrix. "Casi suenas como una traidora a la sangre."

"No soy una traidora a la sangre." contestó con altivez Andromeda, mordiéndose la lengua. "Nos vemos abajo, en diez minutos tenemos que estar en la chimenea para ir a la cena en la casa de los tíos."

Andromeda cerró la puerta del dormitorio de Narcissa y no echó a andar inmediatamente. Lo que le faltaba. Una fiesta de Navidad en Grimmauld Place, 12. Un evento de autocomplaciente arrogancia, oír durante horas lo horrible que es tener a muggles y sangre sucia alrededor.

Ella no quería estar en ese entorno asfixiante. Tampoco quería estar entre muggles. Sólo quería estar con uno, un hijo de muggles, solamente.

"No soy una traidora… todavía."

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''Algunos Black protegerían a los suyos con la vida. Incluso subestimando la suya propia... o la de otros,,

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Mazmorra de Pociones

Viernes 9 de noviembre de 1973

"Está bien muchachos... bajad las voces." Horace Slughorn pasaba por los pupitres observando con atención a los alumnos, preparando con extremado cuidado un antídoto a la poción paralizante. "Si alguno no tiene todavía el humo azul, que me lo diga."

Una pareja de Slytherin levantó vacilante la mano, y Slughorn se dirigió hacia ellos.

"¿Remus, te encuentras bien?" Lily Evans estaba cortando con la navaja plateada unos brotes de acónito. Junto a ella, Remus estaba cada vez más pálido y más indispuesto; el acónito era una hierba muy sensible a los licántropos… incluso cuando no estaban transformados. Junto a Remus, Severus Snape tenía la boca torcida en una sonrisa despreciativa, sin duda disfrutando del malestar de su compañero de mesa. Remus soltó la navaja y apartó de golpe los brotes de acónito que ni siquiera había rozado.

"Profesor..." Severus levantó la mano. "Me temo que tenemos a un alumno que no se encuentra bien..."

James y Sirius estaban sentados en la fila de atrás y compartieron una mirada preocupada. Desde que habían dicho que para el antídoto había que usar brotes de acónito, habían comprendido perfectamente que no haría ningún favor a Remus, especialmente cuando la luna llena estaba tan cercana... al día siguiente nada menos...

"Ese tío aceitoso está encantado con Remus y su debilidad." susurró James, observando la espalda de Snape, estirado sobre su respaldo y cruzado de brazos; Lily ayudó a incorporarse a Remus y se ofreció a acompañarlo a la Enfermería. Escuchó que Slughorn daba permiso inmediato, y deseó al alumno de Gryffindor que no fuese nada.

Pero Sirius tenía los ojos puestos firmemente en los brotes de acónito abandonados en la mesa de Remus, y miraba de hito en hito a Snape, mientras se contenía mordiéndose los carrillos internos; Sirius estaba plenamente convencido de que Snape estaba seguro de haber encontrado una debilidad en los Merodeadores; y si no había llegado ya a adivinar qué era el gran secreto de Remus Lupin, no tardaría mucho en cuadrar fechas del mes, alergias a acónito, heridas autoinflingidas y el pequeño problema peludo.

"Eh, Sirius¿me estás escuchando...?" Peter le dio un leve codazo. "Creo que ya tienes el humo azul en tu antídoto..."

Echando una mirada oscura a la espalda de Severus Snape, Sirius tiró los pedacitos de acónito en su poción, y aguardó instrucciones del profesor. Si tanta curiosidad sentía Snivellus por las desapariciones de Remus, y si tanto le interesaba tener amistad con su hermano Regulus, entonces él se encargaría de satisfacer esa curiosidad. Faltaría más.

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''Los Black sienten y aman en extremos,,

Terrenos de Hogwarts

Sábado 10 de noviembre de 1973

Los ojos grises de Sirius reflejaban el cielo plomizo del otoño escocés. Apoyó la espalda sobre el tronco del árbol, y dejó que la pierna colgara de un lado de la rama donde se había subido, mientras apoyaba el brazo en la rodilla flexionada de la otra. Observaba con frialdad los terrenos de Hogwarts, que se extendían varias millas alrededor; el lago, oscuro, tan opaco que ni siquiera era capaz de reflejar las nubes. El estadio de quidditch, donde tendría que ir esa tarde a entrenar. Ojalá pudieran salir por la noche con Remus, pero era demasiado peligroso para cualquier humano estar cerca de un licántropo las noches de luna llena.

"Sólo falta que llueva. Remataría el día."

Unas lechuzas levantaron el vuelo, y aunque desde ese ángulo no podía verla, suponía que habían salido de la Lechucería. Sirius observó las aves casi con envidia. Desearía desplegar las alas y volar, sentir el aire en el rostro. Esa sensación sólo la sentía cuando volaba en escoba, y le encantaba.

De entre todos los estudiantes que iban y venían, Sirius podía distinguir perfectamente a unos cuantos con sólo mirar una vez. James Potter, su mejor amigo, su pelo negro y revuelto destacaba entre tanta cabeza rubia y pelirroja. Remus Lupin, pálido y con aspecto enfermizo la mayor parte del tiempo. Peter Pettigrew, el tercer amigo de su grupo, pequeño, gordito y con un realista sentido del humor. James no había pasado una buena noche, se había quedado en vela acompañando a Remus, dolorido y vomitando la mitad del tiempo. La noche previa a la transformación de un licántropo es casi tan dura como la misma de la luna llena. Por este motivo, James se había marchado a dormir en la Torre de Gryffindor, aprovechando que no había clases. Remus iría con la Señora Pomfrey en unas pocas horas a la Casa de los Gritos, hasta que la luna llena terminase. Sin embargo, Sirius no había visto a Peter en toda la mañana.

Había otra persona que Sirius podía distinguir incluso de noche. Regulus. Su hermano.

En el Círculo de Piedra, Regulus estaba hablando con Snivellus, Mulciber y Avery. Los tres parecían estar contándole algo que había captado la atención del menor de los Black. Aunque no podía ver claramente la expresión de Regulus, Sirius sí captaba el leve movimiento que realizaba al asentir con la cabeza, y recoger discretamente un pedazo de pergamino que Regulus introdujo en su bolsillo. Finalmente, Snivellus, Mulciber y Avery se retiraron hacia el puente, en dirección al Colegio, y Regulus caminó, cabizbajo, en un gesto que Sirius conocía perfectamente; él mismo lo realizaba a menudo, cuando tenía algo en mente, algo que le preocupaba y sobre lo que meditar.

De un salto, Sirius bajó al suelo, y caminó resuelto a hablar por enésima vez con Regulus. No podía mantener la situación eternamente. Mientras se acercaba, Regulus había tomado asiento bajo un árbol, y podía distinguir en él los signos del cansancio. Al menos sí tenían algo en común a esas alturas: ambos dormían poco, aunque Sirius dudaba que Regulus pasara algunas noches del mes velando por un amigo licántropo. Regulus abrió su bolsa y extrajo un libro que leer en soledad.

Caminó despacio cuando se acercó a Regulus... sólo oía el leve murmullo de la túnica al frotarse contra sus tobillos.

"Qué Slytherin me has parecido, Sirius" murmuró Regulus, sin levantar la vista del volumen que tenía en las rodillas, y sin levantar la voz. "arrastrarte tan silenciosamente... Apuesto a que sacarás el puñal y también me lo clavarás por la espalda. Es lo que piensas de nosotros ¿no?. ¿O sólo de mi?"

Regulus levantó los ojos oscuros y observó fijamente a través de los negros mechones a su hermano mayor. Sirius llevaba una mueca dolorosa en la cara; todo lo que le había dicho Regulus, sólo una frase había resumido perfectamente sus sentimientos hacia ellos, hacia él.

"¿Qué te contaba Snivellus y sus amiguitos, Regulus?"

"¿Snivellus?" Regulus levantó la cara, entornó los ojos y se llevó el dedo índice a la barbilla. "Déjame pensar... Ah, sí..." Volvió la cabeza hacia su hermano y apartó el dedo de su rostro. "No es de tu incumbencia." Volvió la vista a su libro, como si Sirius no estuviera ahí. "Y su nombre es Snape, aunque tal vez incluso él puede que te deje llamarlo Severus. Ya son unos cuantos años desde que os conocéis, te concederá el honor." añadió, impregnando de sarcasmo cada una de las palabras.

Sirius apretó los labios y los puños se cerraron en un intento de controlar la ira que estaba recorriendo todas las venas del cuerpo.

"Regulus... una cosa es ser Slytherin. Otra muy diferente es ser como ellos."

"¿Qué esperas que haga, Sirius?" Regulus pasó una página y ni se molestó en mirar a su hermano. "¿Me paseo contigo y tus amigos, me escapo por las noches con una capita invisible?. ¿Gasto unas cuantas bromitas a otros estudiantes?. ¿Me echo unas doce novias en Hufflepuff y Ravenclaw?. ¿Me desato la corbata para darme un aspecto más rebelde?. ¿Me pongo a mi y a mi grupito un apodo para resultar todavía más interesantes?"

En ese momento varias chicas de Gryffindor y Ravenclaw pasaron a varios metros de distancia y soltaron unas risitas y cuchichearon entre ellas, algunas murmuraban "¡ay no, qué vergüenza!". Sirius no les prestó atención, y Regulus hizo como si ni siquiera existieran.

Sirius tenía una expresión entre furiosa y herida, ante los comentarios de su hermano. Para el Colegio, los Merodeadores eran los cuatro estudiantes más brillantes y divertidos que hubiesen pasado jamás por allí; populares, interesantes, abiertos, graciosos, inteligentes. Todos ellos lo sabían, y cierto era que disfrutaban cada uno a su manera de esa fama. James porque le encantaba ser el centro de atención; Remus, porque a menudo eso había servido para reforzar su autoestima; Peter, porque jamás había soñado con ser ni siquiera alguien lo suficientemente interesante como para que alguien se fijara en él; y finalmente, Sirius, porque era la única vez en su vida en la que hacía lo que quería y como quería, y no tenía trabas. Al contrario, era amado y respetado, y le animaban a seguir siendo así. En la Casa de sus padres, eso habría sido impensable.

Y Regulus lo sabía. Y se lo decía a la cara.

"Qué Gryffindor me has sonado, Regulus. Al menos me lo sueltas, no te andas con rodeos, ni con mensajitos crípticos."

Regulus apoyó la nuca en el tronco y volvió a mirar a Sirius, impasible.

"¿Qué quieres, Sirius?" dijo, suspirando con impaciencia.

"Que no te juntes con esa mierda que crees que son tus amigos."

Regulus simplemente alzó una ceja, y observó con una mirada aburrida a su hermano.

"¿Sólo eso?"

"Sí."

"Vale". Regulus volvió a su lectura. "Pero Snape, Avery o Mulciber no son mi amigos."

Sirius suspiró, y se sentó junto a su hermano.

"Reg…"

Regulus miró a Sirius, sin moverse.

"No quería echarte la charla. Escucha… tengo entrenamiento de quidditch esta tarde. ¿Te hace ir antes a jugar conmigo?. ¿Cómo en los viejos tiempos?"

En ese momento, la arrogancia de uno y otro, que los había asemejado más que distanciado, se evaporó de sus rostros. Eran sólo Sirius y Reg, dos hermanos que habían crecido juntos, reído y peleado juntos.

"No me gusta que intentes controlar mi vida, Sirius. No consientes que lo hagan contigo, pero tú cometes el mismo error conmigo."

"Lo sé. Lo siento, Reg." Sirius se incorporó y miró unos segundos a su hermano. "Te pienso dar una paliza esta tarde. Después de comer, nos vemos en el Vestíbulo."

"No tienes ninguna posibilidad, Black" le dijo burlón Regulus. "No sabes diferenciar una snitch de una bludger."

Sirius sabía que Regulus utilizaba el apellido para provocarle. Echó a andar, contento de no haber acabado en discusión, como empezaba a ser habitual en ellos. Pero seguía sin estar contento.

Snivellus.

Siempre husmeando, metiéndose en su vida, en la de los suyos. Tal vez había llegado el momento de darle su merecido, por la vía más dolorosa. Para él, por supuesto.

Sin olvidar que sería una magnífica broma, así aprenderían él y su ganchuda nariz metomentodo.

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''Los Black tienen a menudo ideas brillantes. Una mente privilegiada. Ponerla en marcha para ahuyentar a alguien no augura nada bueno,,

Gran Comedor.

Sirius había visto cómo Snape se fijaba especialmente en la señora Pomfrey y en Remus, alejándose juntos por los terrenos de Hogwarts. De nuevo, le dio la impresión que Snivellus estaba a punto de descubrir el pequeño problema peludo por sus propios medios, algo que tenía mérito, por supuesto, pero no dejaba de ser un gran estorbo.

"Eh, Snape."

Snape levantó la cabeza de su plato y miró al mayor de los Black. Torció la boca en un gesto de desprecio inconfundible, una expresión que tan sólo reservaba a su amiguito Potter. Los dos Gryffindors más creídos y despreciables que habían pisado esas paredes en mil años de historia. Y tenía que haber sido justo en su época.

"¿Qué quieres?" respondió de malos modos Snape.

Sirius se sentó insolentemente en el banco vacío de los Slytherin. Algunos alumnos, más apartados, miraron con curiosidad como el Gryffindor se había sentado sin ningún tipo de respeto en su mesa. Pero ninguno lo voceó en voz alta. Sirius ignoró a todos alrededor, y se inclinó ligeramente en la mesa, para hablar con Snape.

"Voy a hacerte un gran favor. Te encantaría saber qué coño hace Remus para faltar a clase, dónde se mete y el porqué..." Sirius se echó para atrás y sonrió con insolencia. "Tu corta mente no tiene ni idea ¿verdad?"

Snape apretó los labios; sí sentía curiosidad, sí quería saber por qué Lupin desaparecía, por qué nunca había conseguido descubrir la razón ni a dónde iba, y por qué solía ir acompañado de la Señora Pomfrey. Ya le había dicho a Lily sus sospechas... lo de la luna llena... pero no estaba seguro sin tener pruebas.

"Bien. Pues esta noche arréglatelas para darle un toque con un palo largo a un nudo bajo el Sauce Boxeador, y entra en el pasadizo que esconde debajo."

"Claro, Black. No tengo otra cosa que hacer que ponerme debajo del Sauce Boxeador y seguir tus instrucciones." respondió con sorna Snape, arrugando ligeramente la nariz en un gesto de absoluto asco por su rival. "Ahora, ya puedes largarte con viento fresco."

"Como quieras, pedazo de grasa. Luego no te quejes si no das ni una." Sirius giró sobre sí mismo en el asiento para sacar las piernas de debajo de la mesa y ponerse de pie. "Te hace falta morrearte con alguna, estás muy amargado." Voceó en ese momento, justo cuando Lily Evans entraba acompañada de algunas amigas en el Comedor. Ella había oído el comentario, pero se fue directa hacia la mesa de Gryffindor.

Snape sintió un tic en la mejilla, furioso ante el ataque de su insufrible rival, y la humillación de que Lily lo hubiese oído.

"Claro que no adivino quién estaría dispuesta a soportar tu aliento..." Sirius torció los labios y alzó levemente las cejas perfectas sobre los brillantes ojos grises. "Hasta otra, Snivellus."

Sirius se incorporó ágilmente, sonrió con burla a los estudiantes de Slytherin que habían rumoreado su insolencia al sentarse en su mesa; como si supiese qué estaban pensando de él, Sirius alargó la mano y cogió un sandwich de la bandeja, una almendra del bol de frutos secos y la lanzó al aire, atrapándola con la boca al vuelo, y saludó burlonamente al grupo, antes de partir hacia su mesa, con desafiadora arrogancia.

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''Los planes de los Black tampoco son perfectos, como los Black no son perfectos. Los hombres lobo tienen una curiosa manía de destrozar a los humanos en pedazos en el momento en el que se fijan en ellos. Tanto tiempo en su compañía tratando de convertirse en animago, que un Black también puede olvidarse de ser humano,,

Dormitorio de alumnos de 3er curso. Torre de Gryffindor

Tumbado sobre su espalda, James lanzaba al aire una pelotita y volvía a atraparla.

"Oye, James ¿por qué no te hiciste buscador?" preguntó desde su cama Peter. "Yo creo que habrías sido el mejor buscador que ha pasado por Hogwarts."

"Me gusta cazar." James soltó una risa floja. "¡Anda! Resulta irónico..." añadió, cayendo en la cuenta de que su práctica para ser animago le estaba dando aspecto de ciervo, al menos la cornamenta y las patas tenían toda la pinta de pertenecer a un tipo de ciervo. Un ciervo cazador era de lo más curioso.

Peter alzó las cejas, captando el chiste de la frase, y sonrió orgulloso; James siempre le había parecido alguien tan ágil, tan agudo, que no podía hacer otra cosa que admirarlo. En ese momento, entró Sirius por la puerta, con una sonrisa satisfecha pintada en la cara. James volvió a atrapar la pelota y echó un encantamiento en voz baja, sin fijarse en su mejor amigo, que acababa de tirarse sobre la cama.

"¿Qué tal, Sirius?" preguntó James, fijando sus ojos en la pelota que revoloteaba sobre su cabeza, justo cuando la había encantado para que simulara ser una snitch.

"Genial. Mejor que nunca."

"¿Y eso?" preguntó Peter. "Yo no podría decir lo mismo, menuda noche que nos tocó ayer, y mañana nos toca lidiar con Remus. James tuvo ya su parte anoche."

Sirius se rió por lo bajo, como si ese comentario hubiese resultado muy divertido.

"Ésa sí que es buena, Peter..." Sirius sacó del bolsillo algo empaquetado y lo rasgó con los dientes. "Nosotros no creo que lidiemos mucho con Remus."

"Sirius... ésos son toffees de los profesores..." comentó dubitativo Peter.

"Sí."

"¿Y qué haces con ellos?"

"Comérmelos." respondió Sirius, echándose a la boca unos cuantos.

"¿Los has birlado?" James atrapó la pelota y miró hacia su amigo por primera vez desde que había entrado en el dormitorio. "Bien hecho, no es justo que no nos den de ésos a nosotros."

Sirius echó un puñado hacia James, que atrapó inmediatamente al vuelo. Otro puñado salió hacia Peter, pero sólo logró atrapar unos cuantos. Un par de ellos cayó al suelo, y se bajó de la cama a recogerlos con una mueca disgustada, sobre todo consigo mismo.

"¿Por qué has dicho que no lidiaréis con Remus?" James se incorporó y retiró el encantamiento a la pelotita, que cayó ignorada al suelo del dormitorio, mientras James saboreaba unos toffees. "No es que me importe volver a encargarme yo, pero podrías haberme avisado..."

Sirius tenía el toffee entre los dientes y pasaba la lengua despacio sobre el caramelo, como comprobando el azúcar según se deshacía en la punta.

"Le dije a Snivellus que se pasara por el Sauce Boxeador. Si no le mete el Sauce una buena leche, entonces será Remus quien se encargue de él."

"¿¡QUÉ HAS DICHO?!"exclamó James, casi escupiendo su toffee.

Peter se incorporó en su cama con los ojos abiertos como platos, según había oído a James ponerse de pie, con idéntica expresión, mitad furioso y mitad atemorizado.

"Remus podría matarlo..." murmuró inseguro Peter, pero con una incuestionable certeza impregnando sus palabras.

"Bah... sólo quiero que se acojone un poco, que aprenda a meter su enorme nariz en sus asuntos, que me deje en paz a mi, a ti y a mi hermano, y sí... tampoco me importaría que recibiera su merecido, no puedo negártelo."

"¿Cómo has hecho eso, Sirius?" preguntó furioso James, que se había puesto de pie en el centro de la habitación. Sirius pestañeó confundido; probablemente era la primera vez que James reaccionaba así sobre algo que él había hecho.

"James... es Snivellus... no he mandado a Evans al Sauce Boxeador a ver a Remus..." contestó irritado. "Probablemente le dé una indigestión, claro... la próxima vez le enviaré un Ravenclaw sabroso, y no un tío flacucho, feo, amargado y con el pelo grasiento."

"Sirius..." James dio un par de pasos por la habitación. Peter pestañeó, imaginando que James estaba controlándose para no darle un puñetazo a Sirius, en una situación inédita, inusual, en todos los años de amistad que habían compartido. "Estoy pensando en Remus, me importa una mierda Snivellus." Sirius volvió a pestañear y frunció el ceño. "¿Cómo has podido hacerle eso a Remus, Sirius?. ¿Cómo has sido capaz?"

Sirius dejó los toffees olvidados en la cama, y se incorporó para ponerse de pie frente a James, ahora sí molesto de verdad por la situación.

"¿De qué coño hablas, James?"

"Sirius ¿es que no has pensado en Remus?. ¿En cómo se sentirá cuando sepa que ha asesinado a alguien?"

El desafío, la arrogancia y la astucia que siempre habían marcado los rasgos hermosos del heredero de los Black, se transformaron como por obra de un encantamiento en una expresión horrorizada, abrumada y desconcertada. Peter parpadeó; probablemente era la primera vez que dicha expresión había aparecido en el infalible, el incuestionable Sirius Black.

"No... no lo había pensado..."

James asintió levemente, con una expresión furiosa y disgustada, sin apartar sus oscuros ojos de Sirius, impregnados de reproche y decepción.

"Eso seguro. No lo habías pensado, ni habías pensado en tu amigo." respondió James con evidente disgusto.

Sirius se echó hacia atrás, como si hubiese recibido una bofetada.

"Sirius... seguramente expulsarán, como poco, a Remus..." murmuró horrorizado Peter, con sus ojos pequeños fijos en Black. "Y tendrán qué explicar cómo murió un alumno en Hogwarts... y llegarían Vociferadores, y padres furiosos con Dumbledore..."

Sirius palideció. Él, que siempre se había sentido orgulloso de su clarividencia, de ver antes que otros, y sin margen de error. Se había equivocado.

"Sólo... quería vengarme de Snivellus... por ti, por Evans, por mi hermano, por Remus..."

"No, Sirius. No lo habías hecho por eso, no por ninguno de nosotros." James se sentó en la cama y metió los pies en los zapatos. Con un gesto de la varita se anudó los cordones y agarró la túnica y la bufanda, y se fue hacia la puerta. "Búscate tu venganza, pero no a costa de tu amigo." James Potter salió del dormitorio dando un sonoro portazo tras él.

Sirius se quedó inmóvil, incrédulo, paralizado. Por primera vez en su vida, plenamente consciente de verse reflejado en un espejo y ver en él mismo todo aquello que siempre había repudiado, rechazado, despreciado de su familia, y de lo que había huido. Se sintió humillado porque se sintió más Black que nunca.

"Lo siento, Peter..." murmuró en un hilo de voz.

Peter bajó los ojos, poco habituado a escuchar esas palabras dirigidas a él. Pero comprendió que no iban dirigidas a él tampoco. Suspiró.

"No es a mi a quien debes pedirle disculpas, Sirius." respondió en voz baja. "Sino a Remus."

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''Sirius podría haber sido el mejor Black y eligió no serlo, lo cual significó que se transformó en el Black perfecto. Un Black, con sus enormes cualidades, y sus trágicos defectos,,

Sirius anduvo por los pasillos con la esperanza de encontrar a James. No sabía si había ido directamente hacia el Sauce Boxeador, o si James había tomado algún pasadizo o algún atajo que Sirius no conocía. Había bajado al Sáuce, pero no vio a nadie, ni a de James. Incluso deseó de verdad poder convertirse en perro y seguir el rastro de James, pero sólo conseguía transformar sus orejas en dos lanudas orejas de perro negro.

Y ni siquiera ahora estaba convencido de estar consiguiendo ser un animago. Él, que siempre había tenido una impresionante seguridad en sí mismo, ahora era alguien dubitativo, temeroso y lleno de incertidumbre. Tal vez sólo estuviese haciendo ridículos encantamientos transformadores. Tal vez nunca lograría ser un animago.

Asustado, resistiéndose a aceptar que James no hubiese llegado a tiempo, y que Snape estuviera destrozado por Remus, hizo un último intento y regresó a Hogwarts, esperando poder encontrarlos allí, que ese día no hubiese ocurrido, que todo fuese como antes de habérsele ocurrido la peor broma de su vida.

En el Vestíbulo, Dumbledore, McGonagall y Slughorn acompañaban a James y a Snape, y se quedó inmóvil, por primera vez en su vida, avergonzado y espantado de lo que podría haber ocurrido; él siempre se había sentido orgulloso y seguro de sus decisiones, de su agudeza y su perspicacia. Las meteduras de pata solían ser cosa de Peter, no de él.

Y por primera vez en su vida, sintió que la arrogancia que siempre había oído a Snivellus como un insulto hacia él, era cierto. La arrogancia, que siempre había sido un punto de reproche hacia su familia, ahora había sido su grandísimo error. Había caído en aquello que siempre odió en su familia. La superioridad, la arrogancia, la autosuficiencia. Había creído que una simple broma a Snivellus iba a enseñarle una lección.

Pero la lección la había aprendido él mismo. Inesperadamente, Sirius Black sintió que también él podía cometer errores. Que no era tan infalible. Que Snivellus tenía razón.

Que Regulus tenía razón.

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De nuevo, otro dato de Sirius que marcaría su futuro. Le encanta la libertad, volar, no sentir ataduras. De ahí que le guste montar en escoba, y por qué no, cuando consiga dentro de unos años la famosa moto. Que le regalara a su ahijado una escoba con apenas un año tenía que tener algún significado para él.

Sin necesidad de hacer bashing, hemos destacado que nuestro admirado Sirius (no es ningún secreto que estamos locas por él) tiene también enormes defectos. Esa humanidad es lo que nos hace el personaje más interesante, más lleno de matices y de capas.

La primera vez que se menciona la broma de Sirius a Snape, incitándole a que entre en el Sauce Boxeador y allí descubra a un Remus transformado, fue en Harry Potter y el Prisionero de Azkaban. No se indica nada de fechas.

Sin embargo, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte parece indicar que la broma a Snape ocurrió "un par de años después" de su ceremonia de selección. Esto nos llevaría a situarnos en su tercer año en Hogwarts, 1973. Los Merodeadores cuentan con 13 años, por lo tanto, aún no han aprendido a dominar la técnica para convertirse en animagos y pasar las noches de luna llena en compañía de Remus.

Tampoco es probable que hayan creado el Mapa del Merodeador todavía. Por otro lado, necesitábamos un hecho temporalmente conocido para seguir encajando la historia, y la famosa broma a Snape nos había venido como anillo al dedo.

Finalmente, hemos optado porque todavía no se llamen por sus apodos de Merodeadores, ya que aún no son animagos.

Gracias por vuestra lectura, y hasta el próximo. Besos,

Heredrha y Dubhesigrid.