¡Hola! Lamento haber tardado tanto, pero espero que no os defraude lo que espera. A partir de ahora he desechado lo que Heredrha escribió ya que no tengo autoridad para publicar algo sin su permiso. Sin embargo, la historia fue pensada por las dos de principio a fin, así que muchas ideas siguen teniendo su total participación.

Escisión: refleja el alejamiento entre hermanos, pero sobre todo, cómo una parte de cada uno de ellos se desgarra para perderse para siempre. Es mucho más que el final de una relación fraternal; es un daño irreparable en el alma porque, al fin y al cabo, las decepciones que sufren son demasiado perdurables y dolorosas como para no dejar una huella permanente en ellos.

Los títulos de cada epígrafe van precedidos por el nombre del que sufre la ruptura en ese preciso momento. Podría haber más situaciones, pero se hace innecesario alargar demasiado (la decepción de Narcissa o Bellatrix con Andromeda fue en el preciso momento que ella se fugó con Ted).

Gracias por vuestro apoyo y vuestra inmensa paciencia: EugeArt, CerezaPiel, Lulii, Saiph Lestrange, Sabaku no Akelos, El Collar de Perlas, Cristhine, Yedra Phoenix, Criss92, laura marina lovegood, Dryadeh, Ginna Isabella Ryddle, Iep, Annirve, Clio84, sandy kou, snow angel 3000, fabyginny05.

Aviso: hay una escena de violencia que aunque no es extremadamente gráfica, sí es cruel. No es el tipo de narración que disfruto escribiendo o leyendo, pero estamos entrando en la fase oscura de la historia, los años 70 y la I Guerra.

Agradecimiento: eterno a Nasirid, porque no ha leído la historia y ha sido la beta que toda ficker querría :3


ESCISIÓN

"Qui non est mecum, contra me est." - Evangelium Matthaeum 12.30

-o0O0o-oOo-o0O0o-

1. Narcissa y Andromeda

2. Bellatrix y Andromeda

3. Regulus y Sirius

4. Narcissa y Bellatrix

5. Sirius y Regulus

-o0O0o-oOo-o0O0o-

1. Narcissa y Andromeda

Mansión de Cygnus y Druella Black

Sábado 30 de septiembre de 1972

Narcissa Black, orgullosa hija de la familia mágica más antigua del Reino Unido y seguramente, la familia más orgullosa de sus raíces. Bella, fría, inteligente y de carácter, Narcissa siempre se quiso hacer respetar; la tercera hija es siempre la más consentida, la más mimada, pero es la que vive a la sombra de dos hermanas mayores igual de hermosas, inteligentes y de marcada personalidad. La tradición indicaba que su destino era encontrar un respetable hijo de sangre mágica pura, y con suerte, el segundo o tercero de la familia.

La tercera Black era un botín valioso para otras familias mágicas menos importantes, pero ella no podía quedar relegada a ser considerada un "botín" por otros inferiores a ella, sino el primer premio por otros iguales a ella. Es más... ella deseaba ser quien eligiera, y no a la inversa.

Desde el momento en que puso los ojos en el hijo único de Abraxas Malfoy, Narcissa supo que Lucius era quien estaba destinado para ella. Lucius podría elegir entre las primogénitas de los Gamp, Parkinson, Crouch, Rosier, Rookwood, Crabbe, Nott, Yaxley, Carrow, Greengrass, Selwyn... pero finalmente eligió a Narcissa. Y Narcissa no podía ser más feliz.

"No deseo una mujer-trofeo que me acompañe a eventos, me apoye y me comprenda y que sea la madre de mis hijos, Narcissa. Ésas son las Parkinson, las Gamp, las Crabbe... Tú eres mucho más que eso."

Hacía una semana aproximadamente que Narcissa supo de la traición y la deshonra de su hermana Andromeda, su Meda; su mundo mágico, perfecto, se derrumbó. Narcissa habría dado la vida por su familia, y sin dudarlo, por sus hermanas. Cuántas veces había defendido a sus hermanas en Hogwarts. Cuántas veces se había enfrentado a otros traidores a la sangre, a mestizos o sangre sucia porque insultaban o se atrevían a menospreciar lo que significaba ser una Black. Cierto era que Narcissa no era una duelista, pero tampoco dudaba en utilizar la varita si la situación lo requería.

Y si Narcissa era ofendida, Lucius era ofendido.

Pero ahora se presentaba un pequeño problema: Narcissa había ofendido y deshonrado a Lucius.

Cierto que no directamente, pero era una humillación haberse comprometido con la tercera hermana, que además era la hermana de una sucia traidora a la sangre.

La joven había salido de Hogwarts para recluirse en su hogar; desde entonces, había rehusado salir de su dormitorio. Había quemado las fotos de Andromeda, la hermana que le había partido el alma por esa traición, esa escapada por la puerta de atrás, ese insulto a ella, a los suyos. Un golpe bajo que nunca le perdonaría. Arrodillada frente a la chimenea, y bloqueada la puerta con todos los hechizos que conocía, Narcissa dejó que las lágrimas irritaran sus hermosos ojos y su piel de porcelana hasta enrojecer. Ya daba igual. El marchitarse como un narciso bajo una tormenta no era nada en comparación a perder una hermana.

O su gran amor.

Andromeda había roto con la familia, los había humillado e insultado. Bellatrix ya estaba casada con Rodolphus, y éste no vacilaría en asesinar a su cuñada traidora si se le presentaba la ocasión. Ni la misma Bellatrix tendría ningún reparo en diferenciar clase de sangre Black: la limpia y la traidora. Pero...

Narcissa ni siquiera estaba comprometida.

Arrodillada frente a la chimenea, cerrada a la Red Flu, cerrada al mundo exterior, Narcissa sólo contemplaba las llamas entre lágrimas, consciente de que Andromeda había acabado además con su futuro. La hermana menor soltera de la traidora, el hazmerreír de las familias mágicas... Y Lucius la dejaría, rompería el inexistente compromiso.

No deseaba salir. Sabía que ahí fuera, Corazón de Bruja, y por ende toda la sociedad mágica tenían las vistas en los Black... y en particular, en la menor de las hermanas, condenada a ser una patética solterona. Ninguna familia mágica se fijaría en ellos como de fiar... si una Black había traicionado, cualquier cosa era posible de esperar de ellas...

Y había perdido a Lucius. Abraxas prohibiría cualquier tipo de contacto y de compromiso; seguro que su delicado estado de salud estaba ahora en precario. Y aunque el propio Lucius lo quisiera, Andromeda se había llevado el privilegio de deshonrar a la familia; Narcissa ni siquiera tenía ya la opción, en el hipotético caso de que Lucius fuese desheredado y pudieran huir juntos. Eso ya ni siquiera era una alternativa.

Andromeda la había matado en vida. Había matado su pasado y sus recuerdos juntas; su presente y su felicidad actual; su futuro, sus esperanzas e ilusiones. Era un fratricidio, a todos los efectos.

Druella se había desesperado con su hija, la única que vivía con ella, aunque pasara casi todo el año en Hogwarts; su viva imagen, su pequeña flor. Druella se sintió humillada, traicionada por su segunda hija. No soportaba las miradas de su cuñada Walburga, el reproche velado de Orion, los reproches de la tía Cassiopeia, de sus suegros Pollux e Irma... Todos la culpaban a ella, a la madre. La que no era una Black. Y Druella rompía a llorar en silencio; a las hijas de alta cuna no se les permitía llorar en público. Por eso, Druella se retiraba a su sala de lectura, y lloraba por su deshonor en soledad; y Narcissa ni siquiera salía a comer.

Y sabía que su madre aparecería, cuando su llanto hubiese acabado. Toc, toc. Como ahora.

"Cissy... querida..." habló con voz rota Druella, desde el otro lado de la puerta. "Hay té en la salita de tarde... Anda... baja conmigo y te despejas un poco... No has salido en cinco días..."

Narcissa se secó la nariz con un pañuelo, y ni siquiera se incorporó.

"No... no quiero té... no quiero nada..."

Oyó un quedo sollozo al otro lado de la puerta.

"Cissy... por favor, ábreme la puerta..."

"No." contestó Narcissa, mirando por la ventana; la lluvia era incesante, el cristal traslúcido por la corriente de agua que caía por su superficie. El cielo oscuro, la noche se asomaba, y ella sentía el tiempo detenido. Como en las pesadillas.

Cuando volviera a Hogwarts, algún día tendría que volver, todos los alumnos se reirían de ella... le preguntarían por Lucius, y oiría lo que aquí, en su dormitorio, no quería oír ella... que él ya estaba comprometido con otra, que quién querría a una Black, que él era demasiado para una infeliz...

Toc toc.

Narcissa no respondió.

Toc toc.

Toc toc.

"Narcissa Black, abre ahora mismo esta puerta o la destrozo."

Ésa no era la voz rota de su madre. Era un tono mucho más grave, definitivamente masculino.

Era Lucius.

Narcissa sintió el corazón desbocado. Se incorporó del suelo y se pegó a la pared, con la varita aferrada en su puño, aunque no sabía por qué. Lucius era perfectamente capaz de echar abajo la puerta y desarmarla si se lo proponía.

¿Se podía lanzar un Obliviate contra una misma?. ¿Un Avada Kedavra? Así no soportaría la humillación de ver el rostro hermoso, decepcionado, de Lucius, comunicándole en persona que lo suyo no podía funcionar. Que él no podía comprometerse con una mujer cuya familia era tan poco de fiar, una familia que había caído muy bajo al educar a una traidora a la sangre.

"Narcissa. Abre. La. Puerta."

La joven cerró los hinchados ojos y agitó la varita, derrotada. La puerta se abrió suavemente, y en el umbral estaba Lucius. Con la capa de viaje todavía salpicada de diminutas gotas de agua. El cabello rubio revuelto sobre los hombros, algunos mechones caían sobre los ojos grises. Era extraño, parecía que Lucius había llegado caminando bajo la lluvia, y no directamente a través de la Red Flu o por medio de la Aparición.

Pero Narcissa estaba apoyada en la pared, con la cabeza gacha. Y Lucius frunció los ojos grises; jamás había presenciado la sombra de la impecable y hermosa Black. Vestida con una simple túnica de algodón de un azul pálido. El cabello rubio ensortijado, no arreglado en perfectos y definidos bucles, o alisado para destacar su brillo. Más delgada, más pálida.

Lucius se acercó a ella y puso los dedos bajo la barbilla, y la obligó a mirarlo. Ella no ofreció resistencia, pero no lo miró a los ojos. Sólo veía el cristal desdibujado, los nubarrones, y sentía la habitación en semipenumbra; el mundo descolorido, apagado, a través de sus párpados hinchados, enrojecidos.

Malfoy jamás había visto a Narcissa Black en su caída, en su miseria. Delicada como la flor que llevaba su nombre, hermosa como el más bello de los narcisos, frágil. Dañada. Herida.

"Narcissa. No voy a casarme con una traidora a la sangre."

Narcissa soltó apartó su barbilla con un gesto brusco y rompió en llanto. Las Black no se humillan, las Black no lloran delante de nadie. Las Black no lloran. No lloran nunca.

Pero ahora, ser una Black ahora era un insulto, era una vergüenza. Y Narcissa sintió sus piernas flaquear, y su espalda fue cayendo por la pared, hasta quedar arrodillada frente a Lucius.

Una Black no se arrodilla ante nadie.

Pero una Black ahora era lo más bajo del mundo mágico.

Sintió que Lucius se movía, que se agachaba frente a ella y sintió sus manos a ambos lados de su cara, obligándola de nuevo a mirarlo a los ojos.

"Narcissa... Te repito, yo no me voy a casar con Andromeda. Tú no eres la que has traicionado a la familia, a todas las familias mágicas. Es ella la sucia traidora. Te dije que tú eres mucho más que cualquier Crabbe, cualquier Parkinson o Gamp. Y si ser Black te hace tanto daño, no permitiré que sigas siéndolo. Quiero que seas Narcissa Malfoy. Y cualquiera que se atreva a insultarte, lo pagará muy caro. Si te insultan a ti, insultan a los Malfoy. Y no te preocupes... porque eso te prometo que jamás lo harán."

Lucius besó los labios cuarteados de Narcissa, que no había tenido la fuerza ni la capacidad de reacción suficientes.

"Nadie va a hacerte sufrir, Narcissa. Te prometo que mataré a quien te haga daño."

-o0O0o-oOo-o0O0o-

2. Bellatrix y Andromeda

Whitehall, Londres

8 de marzo de 1973

La joven contó despacio el dinero que tenía en un pequeño saquito; no estaba familiarizada con ese tipo de moneda extraña y temía equivocarse y dar de más, cuando ahora les hacía tanta falta ahorrar. Hacía poco que se habían trasladado y ahora más que nunca tenía que dejar de verse por el Londres mágico.

Comprobó la hora y cogió apresurada las bolsas con la compra. Seguramente cenarían tarde, en cuando tu esposo saliera de trabajar. Sabía que en su estado no debía coger peso, por eso se había encargado de hacer varios viajes para repartir la compra.

"Lo comido por lo servido" pensaba ella, ya que se cansaba igualmente con tanto viaje.

Se detuvo un momento en la amplia calle. No se había dado cuenta que para ir a la única farmacia abierta había ido precisamente a uno de los lugares mágicos más importantes de Londres: tan cerca del Ministerio de Magia.

Guardó el periódico torpemente en una de las bolsas, y preocupada, aceleró el paso.

Porque era de noche. Porque hacía frío. Y porque no le gustaba nada el extraño silencio que se había apoderado de la calle.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

"Listo" comentó lacónicamente Rodolphus apartando la máscara gris oscuro de su rostro con un elegante y breve gesto de la varita. La máscara se desvaneció siguiendo la estela de la madera.

Ella observó Whitehall con ojos oscuros, fríos; insensible a la elegancia de la calle que llevaba hasta la mismísima Trafalgar Square. Pero a Bellatrix eso no le decía nada. No había nada muggle que fuese interesante, hermoso, elegante o digno de su atención. Salvo algo. Una insignificancia: ahí donde hubiera muggles, ahí estaría ella, destrozándolos.

O quienes los defendieran, protegieran, ocultaran.

O quienes los amaran.

Rodolphus apoyó el hombro en la blanquecina pared que estaba tan próxima al Ministerio. Levantó la cabeza sobre su hombro y supuso que el resto estaban preparados para lanzar el hechizo que haría volar en pedazos el edificio. Con indiferencia, pero sin variar su postura apoyándose como si estuviese esperando el Autobús Noctámbulo, volvió la cabeza hacia su mujer.

Pero ella, ya con la cara descubierta, tenía la mirada fija en alguien. Una joven de melena ondulada, larga y castaña, que hacía esfuerzos por llevar una bolsa. Su abrigo delataba dos cosas: o que le hacía falta ejercicio.

O que estaba embarazada.

Era una muggle. Que podría delatar o presenciar lo que estaban a punto de hacer. O era una bruja, que incluso podría poner alguna resistencia. Aferró con fuerza la varita que había usado para apartar su máscara, y no se preocupó en ponérsela.

Esa melena castaña, su estatura; muggles, brujas, traidoras.

Andromeda.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

"En Birmingham, veintidós personas calcinadas en su urbanización. En York: una familia de magos, los padres de ella, y los tres hijos. En Edimburgo: tres cuerpos acribillados a cuchilladas…"

Andromeda miró atemorizada el artículo del periódico que portaba en la bolsa. Se detuvo un momento y apoyó la mano en la pared, tomando aire despacio. Todos los días era igual, de vez en cuando aparecían noticias de este tipo como si fuesen hechos muggles aislados, pero era terrible. Exhaló aire temblorosa, y aferró con determinación la bolsa en el otro brazo, mientras apartaba la mano de la pared al recuperar el equilibrio. Se llevó la mano a la sien y torció la boca con amargura, cuando imaginó que estaba teniendo una reacción muy similar a la de su tía Walburga.

Nunca se había parecido a Walburga, salvo en ese momento. Escuchó pasos detrás y soltó la bolsa al suelo y para que su brazo protegiera en un gesto inconsciente pero del todo inútil su abultado vientre, y la mano que tenía en la sien fue directa hacia la varita que tenía en el bolsillo del abrigo.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

La mujer ni siquiera pudo girarse para mirar a su atacante. Las bolsas se habían desparramado en el suelo y no había posibilidad de gritar, porque había perdido la voz. Un dolor intenso, agudo, extremo estaba recorriendo su cuerpo. Parecía que no tenía sangre caliente, parecía que tenía sangre que estaba hirviendo, abrasándole las venas.

La cabeza le iba a explotar. Como las jaquecas intensas que había sentido alguna vez en su vida, los mareos matutinos no eran nada, y cuántas veces se había quejado de ellos en su estado…

Su bebé…

Llorando, desesperada, gritó, chilló, se arrastró.

"Por favor…" pudo articular, cuando parecía que tenía cuchillos atravesándole el pecho. "Por favor… mi bebé…"

"Zorra…" escupió Bellatrix, deteniendo el baile de la varita, con la mirada clavada en la mujer que se retorcía y gemía, que se arrastraba y mascullaba. "Y encima estás embarazada… y encima traes otra mierda como tú, a contaminarnos, a robarnos…"

Tenía tanta experiencia, que decidió probar el hechizo de la tortura en el feto de la mujer. Sería como darle una lección a ese engendro también. Antes de nacer sabría que no estaba destinado a existir. Que una basura mestiza sólo puede servir para ser aplastada, molida, borrada de la existencia. Una perversión de la naturaleza mágica, eso es lo que era.

Qué pensaría él. Qué le diría cuando supiera que su sucia hermana, su hermana traidora estaba embarazada. La había avergonzado. La había humillado. Andromeda había puesto en evidencia a la favorita. A la única. Y el Señor Tenebroso ahora no confiaría en ella, ni la consideraría digna de su atención. Todo por culpa de esa zorra traidora, de su maldito apellido muggle, y de ese monstruo que había engendrado.

Rodolphus se puso a su lado y observó con indiferencia el cuerpo que había a los pies de su esposa: los cabellos castaños revueltos, las ropas rasgadas y sangrientas, los temblores del cuerpo, hasta que cesaron. O había muerto, o había perdido el conocimiento.

"No he terminado." Dijo Bellatrix, sin apartar los ojos de la mujer. Su nariz se arrugó y Rodolphus apreció con callada curiosidad el parecido interesante que en esos momentos guardaba con su única hermana.

La mujer despertó de nuevo y se hizo un ovillo, llevándose las manos hacia el estómago; Rodolphus no levantó la varita, no hizo ningún gesto amenazador ni tampoco ayudó en la tortura que había perpetrado Bellatrix, pero definitivamente tampoco Rodolphus hizo nada para impedirlono.

"Mi… bebé…" masculló de nuevo la mujer. En los pantalones, en los muslos, Rodolphus apreció que la mujer tenía enormes manchas de sangre, y se dio cuenta de que por lo menos, había sufrido un aborto y miró de reojo a Bellatrix; ésta parecía estar perfeccionando su impecable técnica con la varita y cierta Maldición Imperdonable.

"Avada Kedavra" dijo él, sin más. El resplandor verde acabó con la vida de la mujer, dando por finalizado el entrenamiento. O la venganza. O ambas cosas. Lestrange a continuación miró por encima del hombro. "¡Deshaceos de esto!" indicó a sus compañeros, señalando el cadaver con la varita.

Dicho eso, agarró del brazo a su mujer y la apartó hacia uno de las calles perpendiculares, silenciosas a esas horas de la noche y la aplastó contra la pared.

"¿Qué estupidez hacías, Bellatrix, en pleno Whitehall?"

Bellatrix intentó apartarse de su marido, levantando los ojos pesados, vengativos, asqueados.

"Hum… ¿matar a traidoras a la sangre?. ¿Honrar al Señor Tenebroso?"

"¿En plena calle?" contestó él, la perilla no ocultaba los labios apretados por la ira. "Te he dicho muchas veces que si tenemos un plan, nos ceñimos a él. Tu encantadora idea de matar muggles o sangre sucias nos podría haber delatado."

"¿Aunque fuese mi hermana?"

Rodolphus alzó una ceja, mientras contemplaba el rostro en penumbra de su mujer a la que acababa de rematar, y dejó que Bellatrix moviera su pelvis hacia él, que tocara su pecho contra el suyo, y se dejó manipular. De nuevo, nada nuevo.

"No era tu hermana." Pudo decir a continuación Lestrange con frialdad.

Pero ella simplemente torció la boca a un lado. Levantó su brazo con suavidad y miró el reloj: las explosiones serían a esa hora, sin duda. Volverían a apuntar a esos de IRA Provisional o lo que fuese, y seguirían su campaña de terror y de exterminación de basura en el mundo mágico.

Pasó de mirar los ojos oscuros de Rodolphus, dejando que él siguiera aplastándola contra la pared, y miró cómo caía la manga, descubriendo la Marca sobre su piel suave y pálida; sacó la lengua y se lamió la Marca en el preciso instante que se escucharon unas terribles explosiones. Alzó la varita al cielo.

"¡Morsmordre!" gritó ella, lamiendo a continuación el cuello debajo de la oreja de su marido.

Rodolphus Desapareció llevándola consigo.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

Andromeda bajó la varita cuando tras ella vio que no estaba un grupo vestido de negro, con varitas oscuras y rostros siniestros y enmascarados, liderados por su visceral hermana mayor. Aquellos que a veces poblaban sus pesadillas.

Sólo había un cabello castaño claro, con un abrigo comprado en un puesto de Portobello "a muy buen precio", según él, ya que ella no sabía si 7 libras era poco o mucho. Que había levantado ambas manos como un ladrón rindiéndose a un auror cuando Andromeda apuntó con su varita. Al reconocerlo, ella echó los brazos alrededor del cuello de Ted Tonks y hundió la cara en su hombro.

"Ni siquiera puedo ir a tomarme un helado de vainilla con chocolate caliente al puesto de Florean…" dijo ella sollozando. "Veo enemigos por todas partes, veo ataques y atentados, explosiones y torturas…"

Ted tomó el rostro de su mujer entre las manos y con los pulgares secó las lágrimas.

"Sólo salí pronto de trabajar, y vi que no estabas, supuse que estarías terminando la compra. No quise asustarte…"

"Vivo asustada, Ted." Confesó ella. "Veo a mi hermana en todas partes. Veo a Bellatrix, la siento que me mataría a mi, a ti, a nuestro bebé…"

Él aferró con fuerza a Andromeda, y no dijo nada. Levantó los ojos hacia el cielo, y deseó internamente que su bebé fuese lo bastante fuerte para valerse por si mismo. Ser como mínimo auror, para poder defenderse, en el caso de que ellos faltaran. Aferrando con fuerza su mundo en sus brazos, Desapareció con su mujer y su futuro hijo a la seguridad de su hogar.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

3. Regulus y Sirius

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Lunes 1 de septiembre de 1975

"Et voilà!" exclamó Sirius, moviendo la varita hábilmente con las manos cuando terminó el hechizo como si fuese una majorette en un desfile muggle. Mostró orgulloso el resultado. "¿Qué te parece?"

James estaba limpiando las gafas con la corbata de Gryffindor que pendía de su cuello, sin haber prestado mucha atención.

"Que hablas fatal en francés, Sirius" comentó Peter mientras hacía un gesto de aprobación cuando vio las letras que había grabado Sirius en el carro que acababa de traerlos a los tres al Colegio. "Y que tienes suerte que Remus no esté aquí, porque habría estrenado su cargo de Prefecto quitándonos puntos."

"Bah, Remus no nos traicionaría nunca." Comentó Sirius sin parar de mover la varita. "Tengo entrenamiento grabando cosas. Según mi madre, fui un pequeño terrorista cuando casi acabo con su preciado Tapiz con tres años y la varita de mi padre. Por lo visto, sólo intentaba dibujar Bludgers en el Tapiz." Comentó con indiferente amargura.

"Carro de los Nerobeabores" leyó James cuando se ajustó las gafas, acercándose al carro.

"No te las has limpiado bien." Respondió irritado Sirius cuando James leyó lo que había escrito con tanto cuidado.

"Me las he limpiado perfectamente." Dijo James. "Tienes una letruja que no hay mago que la descifre, tío."

"Dímelo a mi…" murmuró Peter arrastrando su baúl haciendo mucho esfuerzo. "Nunca puedo cogerle sus apuntes."

Sirius chascó la lengua y movió la varita para bajarse su baúl con absoluta indiferencia.

"Nunca tomo apuntes, así que no te hagas la víctima. Y tú James, ahora no te quejes de mi letra."

James hizo un movimiento con su varita y su baúl cayó de golpe al suelo, siguiendo su tradicional despreocupación por sus contenidos; al fin y al cabo, su madre había aprendido hacía años a ponerle un hechizo para proteger el equipaje del descuidado de su hijo.

"¿Cómo que no? Menudo verano he pasado, me hacía falta uno de esos manuales de Aritmancia nivel EXTASIS para leer tus cartas."

"Habrás practicado… ya sabes..." Dijo más seriamente Sirius, interrumpiendo ese hilo de la conversación. "A mi me ha costado un triunfo aislarme en mi cuarto. Zafarme de Regulus ha sido casi más difícil que aguantar a mi madre. Pero si hubiera entrado en la habitación y me hubiera visto con hocico de perro, ahora mismo estaría enterrado…"

Comenzaron a andar, sus respectivos baúles siguiendo su paso por sendos hechizos; Peter se quedó rezagado, mirando cómo sus mejores amigos le habían dejado atrás, mientras él intentaba seguirles el paso tirando de su equipaje. Algún día les preguntaría qué tipo de hechizo era ése, que hacía que las cosas les siguieran.

O él mismo también, siguiéndoles torpe a todas partes, pensó Pettigrew tristemente.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

Regulus caminaba llevando el baúl con facilidad; el hechizo para arrastrarlo era del todo conveniente para pasar por el suelo empedrado. Se apartó el pelo de la cara y levantó los ojos hacia el cielo; llovería, estaba convencido.

"Ése es, es Black…"

"Sí, es de una familia que hace magia oscura…"

"Dicen que han inventado las Maldiciones Imperdonables…"

Hacía tiempo que Regulus había escuchado muchos rumores sobre él, su familia, sus orígenes. No tenían ni idea; no sabían quiénes eran, ni por qué eran tan especiales. Nadie se había tomado la molestia de averiguarlo. Miró de reojo, sin dejar de caminar ni de cambiar su postura: hacía tiempo también que Regulus era capaz de mirar su alrededor sin que nadie percibiera su presencia ni su propósito.

Gryffindors.

Apretó los labios, ligeramente disgustado. Si eran Gryffindors y conocían a Sirius, probablemente éste no se habría tomado la molestia de acallar esos estúpidos rumores acerca de la familia. Es más, seguro que él los había avivado. Aceleró el paso y adelantó al grupo que había estado murmurando y levantó la barbilla, demostrando que no tenía nada de lo que avergonzarse, que tal vez los demás sí podrían agachar la cabeza de vez en cuando.

No se dio cuenta al caminar tan rápido que había alcanzado precisamente a la alta figura de su hermano, inconfundible, acompañado de Potter, como siempre. La actitud altiva y orgullosa del menor de los Black cambió ligeramente cuando la barbilla no iba tan desafiante, sino que había bajado por efecto de cierta punzada demasiado familiar. Ese verano había sido como los anteriores. Portazos generalmente. Discusiones cuando estaba en presencia de sus padres, o silencio absoluto porque no estaba con ellos. Pero sobre todo, hacía tiempo que notaba que Sirius estaba incluso distante con él.

Ya no podía ni siquiera pasar a su habitación. No como antes, cuando en una época Regulus le colaba comida durante los castigos. Ahora Sirius le prohibía el paso. O tardaba mucho tiempo en abrirle la puerta. Tenía lechuzas casi todos los días. Lo mismo se había echado novia, aunque Regulus dudaba que Sirius mantuviera durante un verano entero una relación con alguna o algunas, ya que le había visto cambiar de chica como de rutina. Nunca repetía.

"Bah…" escuchó a Sirius comentar mientras estiraba los brazos, caminando unos metros delante de su hermano, su baúl arrastrándose tras él haciendo bastante ruido con sus ruedas. "Como todos los veranos. Incluso Regulus me ha estado dando bastante la murga."

"Ya lo leí en las cartas. O lo intuí, que tienes una letra de pena. Pero ya sabes lo que te he dicho, a nadie." Contestó crípticamente Potter.

"Lo sé, aunque me encantaría decírselo, pero estar en mi habitación a lo mío ha sido lo único que me ha salvado este verano. Un verano más en mi casa y me tiro desde la azotea, lo prometo. Y encima teniendo que aguantar que es un honor pertenecer a la Noble Casa de Black. Que soy un verdadero desperdicio, que soy una vergüenza, que si no sirvo como Black, entonces no soy nadie…"

Regulus escuchó cómo su hermano resoplaba despreciativamente.

"Prefiero ser un don nadie antes que ser un Black. Prefiero ser anónimo y un cualquiera, antes que ser como ellos. Ellos sí que son una vergüenza para mi… Ojalá no fuese un Black…"

El menor de los hermanos se detuvo, mientras los demás alumnos arrastraban sus equipajes con más o menos facilidad.

"¡Peter, que te quedas sin postre!" escuchó a su hermano gritar.

Pero Regulus no se movió, con la mirada clavada en la espalda de su hermano, según éste iba alejándose más y más de él. Literal y figuradamente. No sabía qué diablos había pasado para que ese verano su hermano no estuviera con él, ni hablaran como antes, ni jugaran o discutieran. En definitiva, siguieran siendo hermanos.

Pero sí era consciente de ese momento, de ese preciso momento en el que se había abierto una pequeña fisura, aparentemente insignificante e invisible, pero que se abriría más y más. Sí sería consciente del momento en el que algo ya no sería lo mismo entre ellos. Jamás había escuchado a Sirius hablar de forma tan directa y tan clara sobre su familia. Nunca antes había sido tan absolutamente revelador acerca de lo que sentía por ser Black: asco, vergüenza.

No lo hizo. Regulus no saltó y protestó, no le pidió explicaciones, ni le recriminó que le hubiera etiquetado como el mismo tipo de Black que sus padres o Bellatrix.

Sirius, sin embargo, nunca lo supo. Nunca fue consciente de lo que pasó, ni de porqué.

Pero sí supo, y eso le atormentó, que no influyó lo suficiente, que su presencia no fue lo bastante poderosa como para haber sacado a Regulus de esa atmósfera, de ese entorno esclavizante, asfixiante. A su sentimiento de vergüenza, asco, se le añadió una más.

Culpabilidad, por no haber ayudado a Regulus cuando tuvo ocasión. Pero la herida ya era demasiado grande. Incurable.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

4. Narcissa y Bellatrix

Malfoy Manor. Wiltshire, Inglaterra

Octubre de 1977

Altiva, elegante, serena y organizada, Narcissa quedó erguida en su imponente dormitorio, velando el reposo de Lucius. Invocó un hechizo silenciador para que la tormenta sólo sirviera para iluminar de cuando en cuando la estancia, y ni siquiera su tenebroso flash cuando aparecían los relámpagos podían atemorizar, no frente al resplandor de la chimenea y de los candelabros.

Despachó a Dobby, que se retiró con los frascos de pociones para dormir y anestesiantes y puso con delicadeza el dorso de la mano en la sien de su marido; ya no tenía fiebre, el sanador de la familia había hecho bien su trabajo y como siempre, sin hacer ninguna pregunta.

Con la varita descorrió el dosel del fondo para que la luz de la chimenea no resultara molesta y pudiera despertar a Lucius; un nuevo relámpago iluminó el dormitorio y Lucius se revolvió. Se quedó quieta y con la varita aproximó el butacón para estar a su lado.

Ella estaba acostumbrada a ser tratada con respeto y reverencia. Y le sorprendió aún más que Lucius lo hubiera sido casi en proporciones mayores que ella. A veces incluso sospechaba que el Señor Tenebroso estaba del todo satisfecho e impresionado ante el grado de conexiones y contactos que manejaba Malfoy, ante las ausencias cada vez más prolongadas de Abraxas. Tal vez un Malfoy no tenía el origen directo de Salazar Slytherin, o una dinastía tan claramente definida como la de Narcissa, con una genealogía detallada al milímetro desde la Edad Media. Pero durante cientos de años, los herederos de la familia Malfoy sólo se habían casado con brujas de intachables familias mágicas de toda Europa, algo que había evitado lo que Narcissa siempre había oído criticar a la suya propia: matrimonios dentro de la propia familia. De esta forma, los Malfoy no compartían ese destino cuestionado con otras familias mágicas británicas y la perversión genética de perpetuarse a través de matrimonios entre los propios primos.

Esa noche Lucius había llegado al límite de sus fuerzas, herido y apenas capaz de sostenerse en pie. Actuando con rapidez, y gracias a la asistencia del sanador de la familia, Lucius sólo necesitaba descanso. Apoyaba y conocía perfectamente qué hacía Lucius cuando pasaba días de ausencia; sabía que luchaba por ella, por su futuro en común y por defender el mundo de la magia ante la amenaza de aquellos que querían robársela o destruirla. Muggles, mestizos, sangre sucia. La pureza mágica en clara minoría, pero no podían quedarse de brazos cruzados.

La puerta se abrió sin previo aviso, ni unos golpes; inmediatamente Narcissa se incorporó, pensando extrañada que ni siquiera le había dado tiempo a invocar un hechizo silenciador. Tampoco había podido quedarse dormida y haber pasado de alto los golpes en la puerta de sus elfos.

En el umbral, apoyando la mano en la cadera estaba su hermana. Llevaba la capa de viaje mojada y el pelo relucía bajo las antorchas con diminutas gotas de agua enredadas entre los rizos. Detrás de ella, Dobby estaba inclinado, murmurando infinidad de palabras de disculpa.

"¿Cómo está mi cuñadito?"

Narcissa miró hacia Lucius y se relajó al escuchar cómo respiraba regularmente. Queriendo evitar una discusión en el dormitorio, tiró del brazo predilecto de su hermana, que hizo un gesto para desembarazarse de su garra, como si el gesto fuese extremadamente ofensivo. Narcissa ignoró la actitud de Bellatrix y la empujó hacia el lado opuesto del corredor, hacia la sala de estar de esa planta. Dobby cerró obedientemente las dobles puertas tras él, haciendo una profunda reverencia que pasó completamente desapercibida para ambas hermanas.

"Estás perdiendo modales, Cissy. No me has ofrecido ni una maldita taza de té, ni tú ni tus pestilentes elfos." Dijo, tirando la capa insolentemente sobre una de las butacas individuales, sin importarle lo más mínimo que el agua estropeara su delicado tapizado de terciopelo.

"¡Dobby!" exclamó Narcissa con los dientes apretados, en parte para evitar perder el control de sus nervios, en parte para no despertar a su marido. Su elfo Apareció con la nariz pegada al suelo, inmóvil y temeroso. "Té y algo de comer." Dijo secamente.

El elfo Desapareció de nuevo. Mesándose el pelo, y apuntando con la varita hacia la chimenea, Bellatrix prendió fuego y se acercó para que su calor eliminara los restos de agua de su cabello, conservando una actitud calmada y estudiada para molestar a su hermana y paseándose por la estancia como si se tratara de su propia Sala de Estar.

"Me hablas tú de modales. Bellatrix. Entras en mi dormitorio, te paseas por mi Sala como si yo fuese la invitada, y ahora qué será lo siguiente, ¿dar órdenes a mis elfos?. ¿A mí?"

Bellatrix se echó descaradamente sobre el diván y dio una patada al delicado chal de seda que estaba sobre él, y que suponía Narcissa utilizaba para cubrirse si leía o si echaba una cabezadita.

"Cht, cht, Cissy. Ahora no vengas con ésas. He venido tan sólo porque estaba preocupada por mi cuñadito." En ese momento, Dobby se presentó con una bandeja, sirviendo silenciosamente el té y dejando un plato con pasteles de calabaza. Antes de que pudiera hacer una reverencia, Bellatrix agarró un pastel y se lo llevó a la boca, ignorando al elfo como si fuese invisible.

"¿Qué ha pasado?" preguntó Narcissa, sentándose rígidamente en un sillón y cruzando las piernas y los brazos.

Chupándose los dedos con delectación, Bellatrix alzó una ceja a su hermana y soltó una carcajada.

"Claro, se habrá desmayado antes de contarte nada…" añadió burlonamente, sonriendo satisfecha cuando Narcissa endureció sus rasgos ante lo que dejaba implícito, la debilidad de Lucius o incluso su escasa virilidad. "Estábamos a punto de atrapar a Dearborn cuando Lucius interrumpió la emboscada, ya que estaba herido." Se incorporó y clavó sus negros ojos desapasionados en su horrorizada hermana. "Él no tiene que tomar ninguna decisión cuando tenemos una misión que acometer. El Señor Tenebroso es lo primero, lo demás es secundario. Y si el Señor nos pide atrapar a un maldito traidor, lo haremos, aunque estemos con un pie en el Infierno."

Narcissa negó con la cabeza.

"¿Le estabas pidiendo a Lucius que arriesgara el cuello para continuar la misión?. ¡Habría muerto él!. ¡Si tanto te preocupa el Señor Tenebroso, tal vez continuando la misión ésta habría fracasado!"

Bellatrix dio un trago al té, relamiéndose los labios como si su hermana estuviera hablándole del tiempo.

"No habría fracasado. Créeme." Sentenció la mayor de las Black. De nuevo otra insinuación que no le gustó nada a Narcissa.

"¿Qué estás queriéndome decir, Bellatrix?" preguntó elevando el tono Narcissa. "¿Qué habrías matado a Lucius si hubiese puesto la misión en peligro?. ¡Somos familia, sólo espero que eso lo comprendas!"

Bellatrix puso la taza con un golpe seco sobre el platito y miró con repugnancia a su hermana, como si explicarle algo evidente fuese tan infructuoso que había terminado con su muy escasa paciencia.

"El Señor Tenebroso es lo primero." Repitió despacio, como si Narcissa fuese estúpida. "Eso lo sabe Lucius, desde el momento en el que se unió a sus filas. Ahora no me culpes a mi de su incompetencia."

Se puso de pie y se colocó la capa encima.

"Si no sirve como marido, ni tampoco como servidor del Señor Tenebroso, no sé para qué coño sirve." Añadió escupiendo la frase.

Narcissa elevó la cabeza y frunció los labios. Pero antes de que respondiera, Bellatrix había lanzado los polvos en la chimenea y las llamas cambiaron a verde.

"¡Lestrange Manor!" exclamó, y su imagen se esfumó antes de que Narcissa pudiera impedirlo. Rabiosa, enfurecida y muy dolida, tiró el juego de té al suelo de un manotazo y se fue hacia la ventana. Siempre tenía que decir Bellatrix la última palabra. Siempre tenía que ponerle ella la guinda a todo, dejar su huella, cerrar bocas. Se llevó una mano a la frente y la bajó hasta la boca para ahogar un sollozo.

No era el hecho de que Bellatrix se pavoneara y se jactara; era el hecho de que su actitud siempre terminaba recordándole a Narcissa que Lucius y ella eran incapaces de engendrar un hijo. Donde Bellatrix se cuidaba mucho de ser madre, Narcissa hacía todo lo contrario. Y ya le preocupaba que fuera infértil, pero más aún, que incluso la duda planeara sobre Lucius.

Y Bellatrix lo sabía, y lo peor, disfrutaba.

-o0O0o-oOo-o0O0o-

5. Sirius y Regulus

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Junio de 1978

Ya no recordaba cuándo fue la última vez que ignoraba las risitas femeninas, las notitas escritas en clase, las anónimas declaraciones de amor metidas en los manuales de Transformaciones o pinchadas en el tablón de anuncios de la Sala Común.

Contaba con dinero suficiente en el banco para poder vivir acomodado el resto de su vida; tenía a sus mejores amigos cerca, su única familia. Tenía su moto, los EXTASIS superados más que satisfactoriamente. Ya lo había hablado con James y con Lily; no quería ser auror, ninguno de ellos quería someterse a las normas ministeriales viendo cómo estaban yendo las cosas. Pero sí tenían claro algo: su futuro pasaba por prestar un servicio mayor a su mundo.

Y su mundo no se limitaba a su moto, las chicas, o su familia. Ni tan siquiera su antigua y noble familia. La otra. Su mundo no se limitaba ya a ser mágico o muggle. El mundo era ambas cosas, y eso es lo que haría.

No sabía si la idea era suya o de James; a fin de cuentas, ambos nunca se habían planteado cómo se ganarían la vida. Se habían planteado cómo se harían merecedores de ella.

La Orden del Fénix. Su futuro pasaba por la Orden que había fundado Dumbledore.

Peter no mencionó nada de lo que quería hacer, pero nadie prestó mucha atención; después de todo, no tenía demasiado talento, tampoco su cuenta en Gringotts tenía muchos galeones, y era indeciso por naturaleza. Remus, por el contrario, sí fue claro al decir que sí iría con la Orden, ya que su particular problema peludo era un terrible estigma en su búsqueda de empleo.

Sirius recordó a James mirando a Lily y ella sonriéndole en silencio. Y sabía a qué se refería; mientras James viviera, Remus Lupin no sería un mendigo. Sería uno como ellos, sería un miembro de la Orden.

Abrió las dobles puertas del Vestíbulo para salir hacia el exterior, el Patio ahora casi vacío de estudiantes, todos a punto de marcharse, algunos durante dos meses, otros ya para siempre, como él mismo. El aire movió sus cabellos, y dejó que el sol que ya anunciaba el inicio del verano calentara sus huesos y su ánimo. Nunca fue alguien especialmente preocupado del futuro, ni mucho menos del pasado; siempre había prestado mucho más interés al presente, al momento que vivía.

Y en ese momento vio que Regulus iba hacia el Colegio, solo, caminando despacio y sintió como si esa época en la que le arrojaría la escoba y le retaría a un partido bajo un hechizo ocultador de Orion fuese lejana. Otra vida. No recordaba el momento en el que Regulus Black era más Black que Reg, ni él recordaba cuándo Sirius Black significaba ser todo lo opuesto a esa familia.

Hacía tiempo que había probado todo, pero era inútil. Lo único en común que tenían a estas alturas era una infancia que incluso dudaba si era compartida; discusiones, reproches, malentendidos… todo eso sí era muy reciente, y muy bien recordado.

Sólo a veces, cuando intercambiaban algún frío saludo o una antinatural cortés despedida, era cuando abría la boca, como un pez fuera del agua, esperando poder decir, recuperar lo que habían perdido. Sobre todo, eliminar esa terrible sensación de decepción que siempre sobrevolaba su entorno cuando Regulus estaba cerca.

Regulus… y ese día templado de primavera, todavía caminando con la camisa de manga larga. Y sabía que no tendría otra oportunidad. Hasta ese día siempre había querido negar algo que era evidente para el ojo observador, y más para el ojo agudo e instintivo de Sirius Black. Dando unas zancadas hacia él, agarró del brazo de su hermano y lo arrastró hacia uno de los muros exteriores del patio, fuera de la vista de profesores y alumnos.

"¿Y ahora qué te pasa, Sirius?" exclamó su hermano, zafándose de él y apartando sus brazos como si el toque de Sirius abrasara. Pero éste no vaciló. Con firmeza, pero sin intención de lastimarle, Sirius agarró la muñeca de Regulus y tiró de la manga, como si tuviera que verlo con sus propios ojos para creer esa sospecha que su alma siempre le decía que era infundada, imposible.

Ojalá.

En el antebrazo, clara, nítida, la Marca. Inconfundible, indescriptible; Sirius soltó el brazo como si esta vez el toque abrasador fuese el de Regulus. Y Regulus contempló con los ojos oscuros abiertos, muy abiertos, casi suplicante, esos ojos claros, familiares, sobre los que había pasado el brillo de la esperanza, de la más absoluta decepción, a un gris glacial.

Esa fue la mirada que clavó en Regulus, antes de marcharse.

"Lo sabías." Murmuró Regulus, ambiguamente. No se sabía si era una pregunta, una afirmación de auto convencimiento, una excusa o una forma de continuar una conversación, de aferrarse a su hermano. "¡Sirius, ya lo sabías!" gritó a la espalda de su hermano, viendo cómo sus largas zancadas lo distanciaban mucho más; eso gritó, antes de que Regulus arrastrara su espalda por la pared para dejarse caer en el suelo y tapara su cabeza entre las manos.

-o0O0o-oOo-o0O0o-


"Narcissa y Andromeda": Narcissa no había terminado Hogwarts cuando suponemos que Andromeda huyó con Ted, deshonrando e insultando a la familia. A lo mejor no influyó para nada en la vida social de los Black, y mucho menos, en el futuro compromiso de Lucius. Pero es probable que una sociedad tan cerrada y envidiosa, con viejos rencores y finos hilos y contactos, hiciese del escándalo un arma con la que atacar a la orgullosa familia Black.

Por otro lado, era imprescindible mostrar de qué manera el hecho de que Andromeda huyera, hizo daño a Narcissa. Protectora, orgullosa y que pensaba que su familia era perfecta, como se consideraba ella misma. Y por qué tuvo un odio visceral hacia lo muggle, tan arraigado y personalizado como Bellatrix, y que transmitió a su hijo. Y el porqué de su apoyo incondicional a la carrera como mortífago de Lucius. Tal vez no tiene nada que ver, pero parece una explicación que le da sentido al personaje.

Andromedista hasta la muerte que soy XD, quería ver el personaje con otros ojos, y Narcissa ha sido fundamental para mostrar que Andromeda también pudo ser egoista. Justificado o no, pero su marcha creo que dolió mucho a los suyos.

"Bellatrix y Andromeda": esa especie de locura de Bellatrix seguro que tuvo mucho que ver con Azkaban, pero también podría haber sido algo genético, algo muy Black. Tal vez no fue así, pero me gusta pensar que esa rabia suya hacia lo muggle fue incrementado por la traición a su propia sangre. Y su reacción podría haber sido una mortífaga aún más cruel que ninguna. Ahí he jugado un poco con la propia confusión de Bellatrix al tomar a la pobre víctima por Andromeda. Sin embargo, es obvio que no es Andromeda: el DH es claro, Bellatrix dice a Voldemort que Narcissa y ella no volvieron a ver a Andromeda desde que se casó con Ted Tonks.

"Regulus y Sirius": La escisión producida por un error de comunicación. Un malentendido, realmente, que da esa sensación de amargura de "si hubieran hablando del tema, nada de lo que les ocurrió y separó habría sido así" :( Un malentendido estúpido, pero que es algo más que se añadió a la lista. Por otro lado, Sirius tuvo que practicar en verano para ser animago (lo conseguiría con 15 años; ese verano, a punto de entrar en 5º. Así pues, pasaría mucho tiempo encerrado a solas, excluyendo más a Regulus, aunque no intencionadamente). Otra tragedia más: Sirius hizo un enorme sacrificio por Remus al esforzarse por ser animago tan joven, pero el precio que pagó fue la exclusión en su círculo de Regulus. No sólo por el típico motivo de "Sirius sustituyó como hermano a James, en lugar de Regulus". El abismo entre hermanos cada vez es más insalvable.

"Narcissa y Bellatrix": insinúo que Bellatrix desprecia a Lucius porque eso refuerza su posición de "preferencia" con respecto a Voldemort, tanto por su extremada prudencia, (Lucius era un hombre de acción como mortífago muy diferente a Bellatrix, y esquivar Azkaban cuando desapareció Voldemort es una prueba), como por algo que ella usa para burlarse, la dificultad de los Malfoy de tener un hijo. No sé si será muy canon, pero a mi me sorprendía que siendo mayores que los Potter, no tuvieran a Draco hasta tan tarde. Siendo tan importante la sangre y los herederos para Malfoys y Blacks, he optado por pensar que tuvieron dificultades. En ese tipo de sociedad (incluso hoy en día), que un matrimonio tarde es tener hijos es siempre objeto de burla o de curiosidad morbosa. Ellas siempre fueron hermanas, pero quiero pensar que la diferencia de actitudes incrementó mucho antes de que las viéramos juntas por primera vez en el HP6.

"Sirius y Regulus": ¿hace falta explicarlo? Creo que es una escena derrotada, mucha luz y mucho verano, pero ambos están absolutamente desencantados. La escena la imaginó Heredrha, así vio el descubrimiento de la Marca, y la escribió diferente. Sin embargo, no atino a pensar en otra forma más sencilla, pero más poderosa, de descubrir que Regulus tiene la Marca.

Os vuelvo a pedir paciencia para el siguiente; me costó tiempo reconciliarme con la historia. Espero que os haya convencido y que no hayáis notado variación de estilo (o no mucho). Gracias por leer.

Sig.-