Tenía los ojos hinchados, escondidos tras las gafas de sol. El día no acompañaba, pero no quería que el conductor de mi taxi, el cual me había reconocido, viera mi noche de llanto en mi rostro. Y es que había pasado toda la noche llorando como una quinceañera. No había podido descansar nada, y simplemente había dormido en el avión.
El taxista me dejo en la puerta de mi casa, y me ayudo a sacar las maletas. Le agradecí en un susurro de voz su amabilidad, y entre en el interior. La casa estaba sola, y solamente Sheila se acerco a saludarme con su ronroneo.
- ¿Dónde está Di, Sheila?.- Pregunte acariciándola.- Dianna.- Subí el tono de voz para ver si me escuchaba, pero nadie contesto. Cogí el teléfono marcando su número. Tardo mucho rato en contestar y cuando me iba a dar por encima se descolgó.- Dianna, por fin. ¿Dónde estás? Acabo de llegar a casa.
- Eh… esto.- La voz no era de Dianna.- Lea, soy Chord. Dianna se ha quedado… bueno, que…
- Hola Chord.- Le corte.- No hace falta que me digas nada. Simplemente dile que me llame, ¿vale? Gracias.
Y colgué, más avergonzada yo que él. Arrastre mi maleta hasta la habitación, y me levante las gafas para poder ver mi cara. Los ojos totalmente hinchados. Seguramente había llorado más esta noche que los 15 años anteriores. Me recogí el pelo en una coleta y me senté en el sofá.
Toda la casa estaba en silencio, y solo se oía el ronroneo de Sheila bajo mis manos, mientras acariciaba su pequeña barriga. Miré por la ventana y había comenzado a llover, y sonreí al ver que el tiempo acompañaba mi estado de ánimo.
En un arrebato, me levante del sofá y cogí las llaves de mi coche, en dirección al garaje. Sabía que si me quedaba un minuto más en casa me volvería loca de tanto pensar.
Comencé a conducir con la radio a todo volumen, intentando que las canciones fueran más altas que mi propio pensamiento, pero parecía que la música no me acompañaba en nada. Escuche solo dos canciones antes de apagar la radio: "The only excepcion" y "You're the one that I want".
Aparque en frente de un pequeño centro comercial. Sabía perfectamente en la zona que me encontraba; la casa de Cory estaba a la vuelta de la esquina. Me quede en el coche unos segundos viendo como la lluvia llenaba el parabrisas de mi coche en un segundo. Mire el reloj: las 11.
Sin darle más vueltas salí del coche, dejando que la lluvia empapara mi cuerpo y corrí hacia la casa de Cory. Estaba calada hasta los huesos, y eso facilitaba que mis lágrimas cayeran solas mientras llegaba a mi destino.
Llame insistentemente al telefonillo de Cory pero nadie abría. Llamaba, una y otra y otra vez. Volví a intentarlo por última vez y se oyó como descolgaba. Antes de que pudiera hablar, lo hizo él:
- Lea.- Su voz sonaba ronca, pues se abría despertado en el instante.- Estas empapada.- Podía verme pues su telefonillo tenía una cámara incorporada.- Pasa.
Abrió la puerta y entre dentro de su jardín. Cory abrió la puerta de su casa, y salió al porche despeinado, con una camiseta gris muy vieja y unos pantalones cortos de chándal del mismo color, que debía usar de pijama. Camine con paso ligero por el pasillo que llevaba hasta la entrada de su casa dejando que la lluvia acabara de empaparme, para que Cory no viera como acababa de terminar de llorar.
Llegue al porche y antes de que Cory pudiera decir una palabra, cogí su cara entre mis manos y me puse de puntillas, acercando mi rostro al suyo. Cory se quedo quieto, dejándome hacer. Cuando mi rostro y el suyo estaban lo suficientemente cerca, le miré a los ojos, y sonreí, y tras esa leve sonrisa le bese. Despacio. Saboreándole. Cory llevo sus manos a mis caderas pegándome a él sin dejar de besarme. Alzo mi cuerpo con total facilidad y me metió en su casa.
-O.
Me estiré en su cama, y giré la cabeza para ver como Cory se recostaba a mi lado. Me tape con la manta y me giré para acariciar su rostro. En la habitación solo se oían nuestras respiraciones, aun agitadas. Cory me miró y sonrió ampliamente, cogiéndome por la cadera y arrastrándome hacia su cuerpo, pegándolos. Acarició mi pelo y beso mi frente.
- No quiero que llores.- Me susurró a centímetros de mi cara aun con la voz ronca.
- No he llorado, Cory.
- No digo ahora. Sabes a lo que me refiero.- Agache la cabeza.
- He venido a ti con las manos vacias.- comencé a hablar, y Cory cogió mi barbilla, alzándola para que le mirara.- con el corazón vacío, buscando las piezas después de caer…- Cory frunció el ceño, intentando entender.- He dejado a Theo. Estaba cansada de seguir adelante, y no podía hacerlo. Por mi, por él, por ti.
- ¿Por mi?
- Por ti. Cory, el otro día por fin te deje entrar en mi vida. Cuando nos besamos, no fue solo un beso. ¿Sabes a caso hace cuanto que no sentía un beso de verdad? Tú me haces creer otra vez en el amor. Me haces ver que el amor ilumina la luz.- Reí negando con la cabeza.- Puede sonarte muy dramático.
- Creo que no hay nada más dramático que tu entrada a mi casa. Te ha acompañado el tiempo.- Rió divertido y beso mi frente.
- ¿No vas a decirme nada?.- Pregunte con miedo.
- Estoy intentando asimilar el hecho de que has dejado todo por mí, cuando yo… no tengo nada que darte. Con Theo podrías haberlo tenido todo. Comparte tus gustos, los musicales y yo… somos polos opuestos.
- Por eso me gustas.- Acaricie su cara, acercándome a él, y comenzando a acomodarme en su pecho.- Piensas que no tienes nada que darme y eso no es verdad. Cuando me miras, me apoyas, me sonríes… me estás dando todo, Cory. No sabes lo feliz que me ha hecho tener a alguien como tú a mi lado, apoyándome.
- Pero, eso…- Note como tragaba saliva intentando colocar las palabras para explicarse.- Eso lo hago solo, no lo pienso.- Se encogió de hombros. Alcé mi cabeza para mirarle.
- ¿Podrás mostrarme que es el amor?.- Cory sonrió y se separó de mi para poder mirarme.
- Has venido a mí con el corazón vacio.- Repitió mis palabras una por una.- y voy a encontrar las piezas que faltan para complementarte. Te quiero, Lea. Te quiero más de lo que he querido a alguien nunca. Y te aseguro de que te voy a querer más de lo que te han querido jamás en tu vida.
- Confió en ello.
- Entonces… ¿se puede decir que somos pareja?
- Llevamos siendo pareja mucho tiempo.- Afirme.- Lo que pasa que ahora nos damos cuenta.
Cory sonrió y rodó por la cama, dejando su cuerpo encima del mío. Solté una leve carcajada y cogí su cuello, acercando su cara a la mía para besarle. Las manos de Cory acariciaban mis piernas, dispuestas a tener un segundo asalto, y mi cuerpo le recibia completamente de acuerdo. Cuando mis manos comenzaron a bajar por su espalda, el teléfono comenzó a sonar. Cory me miró, bajándose de encima.
- No, no.- Me queje.- Deja que llamen.
- Cógelo, no quiero que no firmes un contrato como estrella mundialmente conocida por estar conmigo en la cama.- Rió divertido, levantándose de la cama.- Voy al baño mientras.
- No tardes.- Hice un puchero, y le vi desaparecer por la puerta. Cogí el teléfono y vi el nombre de Dianna y sonreí.- Hola pendón.- Marqué mi última palabra, riendo divertida.
- Cállate, cállate.- Dianna estaba totalmente afónica.
- ¿Tanto has gritado esta noche? No sabía yo que Chord era así.- Comencé a reír y oí la risa de ella levemente.- ¿Dónde estás?
- Sigo en casa de Chord. Se ha metido en la ducha y he aprovechado para llamarte. ¿Qué querías?
- Que ya he vuelto.
- ¿YA? ¿No te ibas a quedar todo el fin de semana con Theo?
- Han pasado… cosas. Ya te contaré cuando vuelvas a casa.
- ¿Cosas cómo qué?.- Vi como intentaba alzar la voz, pero su garganta no se lo permitía.
- Resumiendo, que ya no estoy con él. Discutimos por la noche, y me fui de su casa.
- ¿Estas bien, cielo?.- Preguntó preocupada
- Mejor que nunca.- Afirme.
- Bien, me alegro, eso es es genial.- Bajo su voz a un tono inaudible.- Y ahora, ¡a por Cory!
- Dianna…
- ¿Quién era?.- Cory salió del baño y se tiró encima de la cama, sentándose a mi lado.
- ¡No me lo creo! ¡LEA SAFARTI ERES INCREÍBLE!.- Dianna reía a carcajadas al escuchar la voz de Cory por el otro lado del teléfono.
- Dianna.- le conteste a Cory, y este se tapo la boca rápidamente.
- Lea, te dejo que acaba de salir Chord, ¿vale?
- A ver qué haces…
- Lo mismo te digo.
- Hablamos cuando lleguemos a casa.- Reí divertida.- Dale un besito de mi parte a Chord.
- Y tú otro a Cory.
Y ambas colgamos. Cory me miraba entre preocupado y asombrado. Deje el teléfono en la mesilla y acomode la manta en mi cuerpo desnudo. Cory hizo el intento de hablar un par de veces, pero se paraba a cada intento. Reí divertida y le bese en los labios, dulcemente. Me miró y se mojo los labios, relamiéndose.
- Ahora ya sé que no sé lo que te iba a decir.- Dijo volviendo a besarme.
- Idiota…- sonreí sobre sus labios.
- Me puedes explicar por qué le has dicho a Dianna que le dé un beso a Chord…
- ¿Quieres qué te lo explique de verdad?
- ¡No!.- Cuando se dio cuenta llevo las manos a su cabeza.- ¿Desde cuándo?
- No te voy a contar nada.
- Ya decía yo que ayer desaparecieron muy pronto los dos… ¡qué locura!.-Comenzó a reír y se recostó en la cama.- ¿La he cagado al hablar mientras estabas al teléfono?
- No. No mucho, porque era Dianna.
- Tendré más cuidado la próxima vez, lo prometo. –Me miró y me hizo una señal para que me recostará con él.- Vamos a llevar esto en secreto, ¿no?
- Es muy pronto para contarlo… ya sabes.
- Será lo mejor, para todos. Aunque Dianna ya lo sabe. Y Chord.
- No dirán nada. Les tenemos en la misma situación.
- ¿Sabes? Me da igual que sea público o no. Me gusta estar contigo, y me da igual como, lo importante es… que te quiero.
-¡Corre!.- Dije emocionada. Una lucecita se había encendido en mi interior.- ¡Dame un papel y un bolígrafo!
Cory sonrió, pues ya había visto mis ataques de inspiración en muchas de las situaciones. Abrió el cajón de su mesilla y sacó una libreta y un bolígrafo. Me lo dio y escribí las frases rápidamente, sin pensarlas, dejando que estas salieran de mí. Las leí un par de veces y le ofrecí el cuaderno a Cory para que pudiera leerlas.
- 'If I fell into you, would it be close enough
If I finally let you in, would you show me what love is
If I had nothing to give…'
- ¿Te gusta?
- Me gustas.- Dijo sonriendo, soltando la libreta encima de la mesilla.- Y sí, me encanta.
- Te quiero.
- Eres mía.
Y dicho esto, volvió a echarse encima, besando mis labios, ansioso. Con la misma ansia que yo le recibí y con la misma ansia que nos hacía sentir cómodos.
