Disclamer: Todo pertenece a J.K Rowling.


Dependencia

El frío se colaba por cada resquicio de su ropa, los tres sweater, cinco pares de calcetines, guantes, bufandas y gorros, al parecer no cumplían el rol que tenían que ejercer, ya que el viento gélido se colaba a través de ellos, logrando que la piel se le pusiera de gallina.

Y era un día como cualquier otro, durante ese invierno, con el cielo gris encapotado, no dejando que ningún, por pequeño que fuera, rayo se asomara y diera un poco de calor a las personas que ahora paseaban por el Callejón Diagon, mas rápidamente de lo habitual, seguramente para llegar a sus hogares, y sentarse a tomar un chocolate caliente al lado de la chimenea. Un chocolate caliente como los de su madre.

-Extrañare a mamá-dijo en un susurro apenas audible, mientras a su lado Harry miraba con sumo interés el escaparate de la tienda de Quidditch, su novio se volteo a verla con el ceño fruncido y la mirada confundida, los ojos verdes tras las gafas redondas mostraban algo mas que confusión, un deje de tristeza quizás.

-Ginny, si no estas segura…

Hace dos semanas Harry le había propuesto matrimonio. Tenia muy claro que su novio, ahora prometido, no era nada romántico, pero se sorprendió gratamente cuando una noche estrellada en el Jardín de la Madriguera, le había pedido ser su esposa.

Claro estaba que había dicho inmediatamente que si, ni por un segundo la duda o inseguridad floreció en ella. Porque al hombre que ahora la miraba esperando un respuesta, lo había amado desde el primer momento en que lo había visto, cuando lo vio con la ropa dos tallas mas grandes y usada, asustado y confundido sobre lo que le esperaba en ese nuevo mundo, porque lo amo con mas fuerza a cada minuto. Porque no distinguía un futuro sino era junto a el, porque cuando lo vio en brazos de Hagrid, supuestamente muerto, sintió que el mundo se derrumbaba y ya no quedaba nada mas por luchar, porque sin Harry no había esperanza, no había paz, no había felicidad. Porque aunque aveces le costaba admitirlo dependia mucho de Harry, su felicidad, su tranquilidad dependia si el se encontraba a su lado, porque esa dependencia era exquisita y la hacia feliz.

Pero el miedo de dejar el hogar en el que había vivido toda su vida, en donde se habia criado y habia pasado toda su niñez siendo complice de los gemelos en sus bromas, tratando de llamar la atencion de Bill, sacandole una sonrisa a Percy, y ser mas que una hermana, una amiga con Ron, no vivir eso nunca mas, le ponían los pelos de punta, extrañaría demasiado a la madriguera.

Sonrió quedadamente, acariciando la piel suave de su pómulo, mientras Harry la miraba fijamente, no sabia porque el se había fijado en ella, porque la había elegido, pero estaba feliz, no podía pedir nada mas.

-No seas ridículo-respondió finalmente-Claro que estoy segura-agrego ahora abrazándose a el, con cuidado.

Volteo la mirada hacia el escaparate una vez mas, una pequeña escoba de juguete, reluciente, que flotaba para poder ser admirada mejor, le llamo la atención-Solo, que no se quien me prepara los chocolates calientes, cuando vivamos juntos y mamá no este-dijo mientras no despegaba los ojos de la pequeña escoba.

Harry soltó una risa, y negó con la cabeza, eran esas actitudes infantiles que siempre tenia a flote su pelirroja lo que lo hacían amarla cada vez mas.

-Y yo pensando que te habías arrepentido-la regaño tiernamente, volteando a ver en que estaba tan absorta su prometida.-Creo que lo hemos encontrado-agrego con una sonrisa, tirando de la mano de Ginny para que entraran en la tienda.

Ginny rodó los ojos incrédula, estaba segura que Harry tenia pensado hace mucho que regalarle al pequeño Teddy que cumplía esa semana dos años, su primera escoba de juguete.

Una vez dentro de la tienda, todas las miradas se voltearon a ellos, aunque no tan descaradamente como los primeros meses después de la batalla final, ahora la gente entendía que Harry aparte de ser el salvador del mundo mágico, tenia una vida, que por el sería sumamente discreta, pero no podía pedir todo en el mundo, no había forma que se librara de las insidiosas notas del Profeta escritas por Rita Skeeter.

-¿Disculpe?-Un pequeño niño, seguramente apenas rozaba los diez años se había acercado a ellos tímidamente, para llamar la atención de Ginny, quien miraba distraídamente los artículos de manutención para escobas, mientras Harry se encargaba de comprar el regalo para su ahijado.

La pelirroja sorprendida, se volteo a mirarlo, y cuando lo hizo una gran sonrisa apareció en la cara del muchacho.

-¿Si?-respondió amablemente.

-¿Es usted Ginny Weasley?

-Si-respondió con una gran sonrisa. Hace solo un mes había empezado a jugar en las HolyHead Arpies , y era todo un honor que ya la reconocieran en las calles, aunque a su parecer todavia era muy temprano para eso, apenas habia jugado dos partidos en la temporada.

-Usted es la novia de ¡Harry Potter!-agrego sonriendo el chico, corriendo hacia su madre a contarle la noticia. Ginny instantáneamente borro todo rastro de sonrisa de su cara, malhumorada se volteo hacia Harry quien sonreía burlón.

Había cosas que nunca cambiarían.


Esta viñeta no es muy romantica que digamos, pero tampoco veo que ellos dos sean tan empalagosos y esten pegados siempre...asi que esto es lo que salio, muchas gracias a todos por su magnificos Reviews: ElaLok, MinervaTonksBlack, Sowelu, macaen, zafiropotter.

Muchisimas gracias a todos! y nos vemos en la proxima viñeta!

Besos.