Disclamer: Todo pertenece a J.K Rowling


Libertad

No la has visto desde hace una semana. Cada día que pasa se vuelve más y más difícil y largo. Te sientas en el sofá con una cerveza de mantequilla, mirando fijamente el reloj que cuela de la pared observando como los minutos pasan lentamente.

A veces Ron y Hermione te acompañan, juegas con tu amigo al ajedrez, mientras Hermione lee un libro sentada al lado del pelirrojo que de vez en cuando la sorprende con un suave beso.

Y ahí te das cuenta que es una mala idea invitar a tus dos mejores amigos que están completamente enamorados, cuando tu estas solo en casa.

Otras veces te pasas el día entero con Teddy, lo llevas a recorrer Londres y a parques Muggles, siempre con un gorro sobre la cabeza ya te ha pasado que Teddy a cambiado el color de su cabello delante de un par de niños que juegan junto a el.

Sabes que tan solo quedan cinco minutos para que aparezca en el jardín de la casa y que obviamente la pelirroja que tienes por novia llegara más que feliz.

Su equipo ha ganado el partido.

Lo has escuchado por la radio, el día que todos los Weasley se juntaron en la madriguera a escuchar como Ginny había sido la estrella de la noche.

Recuerdas como Ron estaba comiéndose las uñas de nerviosismo, mientras George, Bill y Percy conversan alegremente tomando de vez en cuando un sorbo de cerveza de mantequilla.

Los señores Weasley se sientan en el gran sofá, no perdiéndose detalle alguno de la trasmisión. Hermione a tu lado conversa con Fleur, Angelina y Penélope.

Tu tienes un nudo en el estomago como cada vez que tu bella novia juega un partido. El miedo a que se lastime siempre esta latente, tú lo sabes mejor que nadie. En Hogwarts vivías en la enfermería por heridas echas en el campo de Quidditch.

Por eso cuando el partido termina suspiras aliviado y puedes celebrar con tu familia.

Pero ahora en tu estomago sientes un nuevo tipo de nerviosismo. Aunque ya conocido. Lo sientes cada vez que no vez a Ginny por muchas horas y llegas a tu casa y ella se levanta de un salto y sale a tu encuentro. O como ahora mismo, que la esperas con impaciencia.

Por eso cuando vez la cabellera pelirroja que luce aun mas hermosa con los reflejos del sol, tu sonrisa no puede ser mas ancha ni mas sincera.

Ginny corre a tu encuentro y enrosca sus piernas en tu cintura, la tomas por las caderas sosteniendo su peso, mientras ella se dedica a observarte.

Y no puedes hacer otra cosa que dedicarte a observarla también.

Habías extrañados los ojos marrones, las pecas casi invisibles en su piel, su hermosa sonrisa.

Y habías extrañado de sobremanera los labios dulces que ahora recorren los tuyos. Los labios que se mueven lentamente queriendo alargar el momento de la bienvenida.

La libertad es absoluta. Entre los dos no hay ataduras ni secretos.

Caminas de la mano con tu pelirroja hacia el interior de la casa. Ella no para de hablar sobre el partido, los compañeros, la prensa, lo mucho que lo extraño, el regalo que le trajo a Teddy.

Tu solo te dedicas a escucharla y sonreír. La miras ir y venir por la casa, libremente como siempre, y sabes que no puedes pedir nada más.