Territorialidad
Tsume respiró profundamente, pensó en limpiarse la cara, no estar tan maquillada, tal vez sería mejor no usar el uniforme para no resultar imponente, no quería eso, ¿o sí?
—¿Lista?
Dio un respingo, no se había dado cuenta de que Hana la miraba desde la puerta.
—¿Llegó Genma?
—No debe tardar, lo esperaremos en la cafetería que está cerca de la Torre del Hokage.
Ambas caminaron seguidas por los perros. Kuromaru olfateaba el aire de vez en cuando y luego frotaba su cabeza contra la pierna de Tsume, podía sentir su tensión, el casi horror que le daba tener que hacer esa visita, pero no se animaba a decir nada, de cualquier forma, ¿qué se podía hacer?
.
Tsume miraba por la ventana, las gotas de lluvia caían densas como una cortina de cuentas, como la que separaba la cocina del comedor, rebotaban en el cristal, resbalaban por la marquetería y se perdían en las jardineras exteriores.
¿Las flores se ahogaban? Se suponía que de alguna manera respiraban, o parecido.
—Viene con retraso —murmuró.
Hana se había quedado dormida y le dedicó otra mirada, había crecido poco en solo un mes, pero el pediatra le había dicho que era normal -y su madre le había comentado que los bebés humanos no crecían tan rápido como los perros-. Realmente su hija no hacía mucho por causarle problemas, de hecho, era la criatura más pasiva que en su vida había conocido. Sus tías y su propia madre la habían amenazado con noches sin dormir, días de interminables escándalos, llantos por todo… pero Hana despertaba como lo haría cualquier persona civilizada: abría los ojos color chocolate, parpadeaba un par de veces para acostumbrarse a la luz que hubiera, bostezaba con los labios hacia dentro recubriendo sus diminutas encías sin dientes, arrugaba la nariz, estiraba sus brazos y agitaba las piernas, luego se quedaba quieta hasta que alguien se dignara a darse cuenta de que había despertado.
Por las mañanas, para cuando Tsume despertaba, lo primero que veía era su carita sonrosada, entonces la bebé se reía como diciendo: "¡Ya era hora!" y con paciencia esperaba que le dieran de comer, le cambiaran el pañal o simplemente jugaran con ella. De hecho, sus horarios de comida Tsume los había tenido que establecer porque ni siquiera por eso se quejaba.
Suspiró y regresó la vista a la ventana. Hayashi debía de haber llegado la noche anterior, y en su experiencia, los retrasos solo podían significar que algo salió mal, pero era imposible adivinar lo que fue.
—No comas nervios, hija —dijo su madre, apareciendo en la habitación con una cesta de ropa limpia que acababa de meter del jardín apenas a tiempo antes de que lloviera.
—Siempre pensé que eras una exagerada —murmuró mirándola de reojo.
—Y Hayashi-kun es una persona prudente, imagina cómo me siento cuando tú vas de misión.
—¡Soy prudente! —se defendió, pero la señora negó con la cabeza.
—Eres tan cabezota como tu padre, como tu abuelo, como mis hermanos, como todo Inuzuka. A veces no sé cómo es que el clan no se ha extinto con tanto loco impulsivo en sus filas.
—¡Hey! ¡Somos demasiado buenos! La precaución es para miedicas como Hizashi.
La mujer suspiró con aire resignado.
—No tienes remedio.
De pronto, escucharon la puerta abrirse, Akako se levantó poniendo alerta las orejas, gruñó mostrando los dientes. Tsume olfateó también.
—Es Hayashi…—susurró, aunque no muy convencida. Se puso de pie haciéndole una seña a su madre para que se quedara con Hana, esta obedeció, aunque tenía un rango más a nivel ninja que su hija.
La miró bajar las escaleras, sería tal vez la primera vez que Tsume vería al asesino que se escondía en Hayashi. Ella lo había visto alguna ocasión atrás, era inevitable, como esposa del líder del clan conocía las aptitudes de todos los ninjas activos, había sido recomendado para pertenecer al cuerpo ANBU, pero era cuestión de que el Hokage accediera, principalmente porque no solo era bueno, era, como había afirmado para sus adentros, un asesino.
Fue a cerrar la puerta y deseó de todo corazón que Tsume no fuera impertinente, si ocurría algo, ella misma tendría que bajar también. Ser esposa era duro, ser esposa de un ninja lo era más y no existía entrenamiento que resultara efectivo como preparación.
La pequeña Hana se retorció en su sitio emitiendo algo como un quejido.
—Tranquila, Hana-chan, aquí está la abuela, todo estará bien, solo es cosa de que se conozcan…
Mientras tanto, abajo, Tsume avanzaba con pasos lentos y cuidadosos. Hayashi se había tumbado en la sala sin haber encendido las luces. A sus pies, Kuromaru estaba echado lamiéndose las heridas de las patas delanteras.
—Trae a Hana, nos vamos —sentenció con acento grave.
El efecto de esa voz casi ronca le arrancó un escalofrío a la joven mujer, dudó unos instantes antes de animarse a hablar.
—Está diluviando, nos vamos cuando pare de llover.
—¡No! ¡Nos vamos ahora! —estalló el otro poniéndose de pie al mismo tiempo que Kuromaru que, sin embargo, solamente se limitó a frotar su cabeza contra las piernas de su compañero susurrándole que se calmara.
Hayashi volvió a dejarse caer llevándose las manos a la cara.
—Ve recogiendo las cosas —agregó con un tono que se parecía más al de él, pero aun así considerablemente distinto.
Tsume retrocedió con el ceño fruncido, definitivamente no le gustaba que le gritaran, pero podía sentir como se iba calmando la adrenalina en él. Pensó que seguramente él estaba acostumbrado a llegar de misión y encontrarse en la soledad y tranquilidad de su piso, necesitaba acostumbrarse a que ya no estaría solo, que serían una familia.
Subió a toda prisa las escaleras y con una obediencia que no había tenido nunca en toda su vida, empezó a armar las maletas ante la atenta mirada de su madre. La señora se puso de pie con solemnidad y salió de la habitación dejando pasar a Kuromaru.
—¿Siempre es así? —preguntó Tsume con la garganta hecha un nudo.
¡¿Qué se creía ese tipo?! ¡¿Qué por un papel ya podía llegar y gritarle?!
—A veces… depende de la misión…
Golpeó la maleta una vez que estuvo llena y sacó otra. El animal se sentó a un lado de ella.
—Las cosas no… no salieron bien…
—Lo supuse por la tardanza.
—De hecho, fueron desastrosas —apenas terminaba de hablar el perro cuando miró por la ventana, a través de la lluvia, a todos los miembros del clan, humanos y perros, saltar entre los tejados y los árboles.
— ¡¿Qué mierda pasó?!
—Se rompieron las negociaciones… y Konoha tiene todas las de perder…
.
— ¿Al menos te confirmó que llegaría? Podrían tardar más de lo previsto, sobre todo si la persona que escoltan nunca en su vida ha visto un árbol y se queda maravillado por nuestro extenso surtido.
Hana sonrió de medio lado.
—¿Cómo iba a avisarme? Pero sé que vendrá.
—¿Quién?
Las dos giraron la vista y se encontraron con Genma que terminaba de acomodar su chaleco. Evidentemente había pasado primero a bañarse y cambiarse, lo mismo para su perro. Jaiiromaru se sacudía insistentemente como si aún estuviera mojado, pero en realidad solo estaba consiguiendo esponjar más su pelaje gris.
— ¿Qué te pasó en la cara? —preguntó Kuromaru siendo el primero en decir algo respecto al ojo morado que llevaba.
—Ah… si no dejaba que me diera al menos uno, iba a seguir intentándolo y eso nos habría retrasado mucho.
—¿Quién? —preguntó Hana.
—Teníamos que escoltar al hijo menor del Daimyō del país del Dulce que se va a casar con la hija menor del Daimyō del país del Fuego… me acusó de querer robarme a la princesa.
Tsume arqueó una ceja no pudiendo evitar sonreír con malicia.
—No pensé que tu reputación te precediera incluso en las altas cortes.
Genma, abochornado, desvió la mirada.
—Armó jaleo, pero como nos estábamos retrasando por eso y no podía simplemente cargarlo y llevarlo a la fuerza, pensé que si me daba un buen golpe quedaría satisfecho y nos podríamos ir en paz.
—Bueno, al menos funcionó —insistió Tsume pensando para sus adentros que tal vez hubiera sido mejor que se demoraran para posponer ese día.
—Y… ¿A dónde vamos?
Hana se puso de pie, tomándolo de la mano.
—A ver a mi papá.
La expresión del ninja se puso en blanco. Raidō le había dicho que "el señor Inuzuka" era un tema tabú y que pocas personas que lo mencionaban frente a Tsume, tenían a bien sobrevivir al miedo. Lo que no le había dicho era que estuviera vivo el hombre, él en realidad pensaba que, en determinado caso, visitarían una tumba.
—Ah —fue todo lo que se ocurrió decir mientras se dejaba conducir.
A Genma le recorrió la espalda un escalofrío, claro que conocía ese lugar, y no le gustaba en absoluto. Un miedo hasta entonces desconocido se apoderó de él, pero consiguió mantener la compostura suficiente como para identificarse con el guardia de seguridad apostado detrás de un escritorio junto a la puerta principal.
—¿Genma?
Giró con una sonrisa cordial en los labios, Ibiki Morino justamente iba de salida.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
—Yo…
Antes de que respondiera, el ANBU miró a las dos mujeres que lo acompañaban e hizo un extraño movimiento con la cabeza, parecido a un asentimiento, pero que a él se le figuró como una condolencia.
—¿Está donde siempre? —preguntó ariscamente Tsume. Casi podía haberse ganado un premio por la maravillosa forma en que lo había hecho sonar casual.
—¿Dónde más si no? —respondió Ibiki, haciendo un ademán de despedida al guardia —. Que tengan buena tarde.
Tsume bufó y condujo la marcha por el pasillo blanco hasta unas escaleras casi ocultas en un costado.
—Al quinto piso chicos— señaló. Genma dio una mirada rápida al directorio de plantas que decía "Quinto piso: Trastornos de la conducta".
Comentarios y aclaraciones:
Como tuvieron a bien el observar en los comentarios, la misión del "pasado" es la que desembocó en el suicidio de Sakumo Hatake, ciertamente, sus compañeros regresaron vivos, pero nunca nadie dijo en qué estado.
¡Gracias por leer!
Aún no se acaba el primer mes del año, así que todavía vale: ¡Feliz año 2013!
