Supervivencia
—Kiba —susurró Tsume recostando a su pequeño hijo en la cuna. Pese a ser varón, le parecía que era más frágil que Hana, con un par de centímetros y medio kilo menos al nacer, creyó que quizás terminaría con la complexión de su abuelo, a quien entre bromas le apodaban Shih Tzu, pero no importaba porque al fin y al cabo cuando llegaba el momento de una batalla, el tamaño no importaba.
Hana se hallaba francamente decepcionada, aunque no lo hacía evidente, ella esperaba que fuese una niña. Tsume ya había tenido una conversación con ella respecto a que no importaba si el segundo hijo era varón o no, ella tendría en su debido momento el liderazgo del clan porque era la mayor.
"No es por eso." Había dicho con una tímida sonrisa.
"¡Oh!" comprendió la mujer al instante "Supongo que podrás usarlo de muñeca antes de que aprenda a correr y esconderse de ti."
Hayashi había salido de misión nuevamente. A veces odiaba que fuera un ninja de élite porque parecía que era el único capaz para resolver todo lo que se le ocurriera al Hokage, apenas estuvo presente el día en que nació Kiba, tuvieron una discusión de exactos quince minutos respecto a si debía llamarse Kiba o Kaoru y el único motivo por el que ganó la conversación fue que él ya se tenía que ir y no podría estar para defender sus intereses en el registro civil.
Una sombra de pesar se apoderó de sus ojos, nublándolos mientras un dolor punzante agobiaba su corazón, las últimas palabras de Kuromaru antes de marcharse aún estaban palpitando en su mente por más que había tratado de no pensar en ello.
"No creo que pueda controlarlo más."
Suspiró con cansancio, giró la vista hacia su hija que había permanecido silenciosa, dejándola con sus pensamientos, pero dispuesta a atender sus indicaciones.
—Regresaré por la noche, o mañana temprano, de todas formas, la abuela vendrá en un rato más. Te dejo dinero y hay comida en la nevera, ya sé que puedes usar la estufa tú sola, pero por mi paz mental deja que la abuela la caliente, ¿sí? Te amo mucho, sé buena chica.
Besó ambas mejillas de Hana y revolvió su cabello, que ella con mucho esmero peinaba todos los días.
—¿Qué pasa? —preguntó al notarla más silenciosa y seria de lo que era normal.
—Y si… ¿Si papá regresa antes que tú?
La sangre de Tsume quedó helada.
¿Hana tenía miedo de Hayashi?
Se arrodilló frente a ella.
—¿Qué tiene de malo? —preguntó con una sonrisa enteramente falsa.
Hana se encogió de hombros.
—Es que cuando regresa de misión es… muy… muy…
Volvió a besarla.
—Él no regresará sino hasta dentro de un par de semanas, te lo prometo. Y yo estaré aquí.
Tomó su bolso de viaje y salió de la habitación más consternada de lo que había estado antes.
¿De verdad era ella tan estúpida como para no notar eso que Kuromaru decía?
Sacudió la cabeza, no podía estar dispersa en su primera misión después de su largo periodo de incapacidad; iría a trabajar golpeando gente para descargar frustraciones y regresaría para poner orden en su vida personal.
Dejó la aldea sintiendo el hueco en su estómago, así que respiró profundo y se decidió a que, sin importar cómo, regresaría por la noche tal como había prometido.
El día pasó más rápido de lo que esperaba, pero con solo un par de moretones en las rodillas y uno más en el costado derecho, cerca de la media noche, Tsume Inuzuka pudo ver el muro que bordeaba la aldea aparecer por entre el follaje de los árboles, también eran visibles un par de torres con sus techos rojizos bañados en luz de luna.
—¡¿Qué hay?! —saludo uno de los guardias en cuanto la pudo reconocer.
Ella solo levantó la mano y siguió de largo, primero iría a ver a Hana para calmarla un poco y ya después vería al Hokage, de cualquier forma, no había sido la gran cosa, el viejo ya estaría dormido y el protocolo le permitía esperar a la mañana siguiente sin problema.
Vio su casa a la lejanía y le extrañó que las luces estuvieran encendidas y la puerta abierta. Corrió con todas sus fuerzas entrando violentamente. Su corazón se detuvo unos segundos al ver a su madre en el suelo, sangrando profusamente por una herida en la cabeza, se arrodilló a su lado solamente para constatar que solo estaba inconsciente.
—¡Hana! —gritó mientras subía las escaleras — ¡Hana!
La casa estaba destrozada, como si un huracán hubiese entrado, las paredes tenían algunas salpicaduras de sangre y eso no hizo sino aumentar el dolor que sentía en su pecho, aguzó su olfato y encontró el aroma de sus hijos que seguían el mismo camino hacia fuera, por una de las ventanas abiertas de la recámara matrimonial, lo que significaba que Hana había tomado a su hermano y salido por ahí. La siguió con desesperación, en su mente se arremolinaron muchos pensamientos, pero luchó por apartarlos mientras trataba de enfocarse en encontrarlos. Se alejó varios kilómetros, adentrándose en el bosque que pertenecía al clan.
Dejó de usar la nariz cuando escuchó los gruñidos inconfundibles de Kuromaru.
—¡Deja a los cachorros!
Tsume llegó al lugar, Kiba no estaba llorando, Hana lo había podido mantener tranquilo, aunque ella misma tenía una expresión horrorizada que no podía controlar. Kuromaru estaba al frente a con los colmillos expuestos, siendo la única defensa entre ella y…
—Hayashi —susurró.
El uniforme no estaba completo, no llevaba los protectores de los brazos ni el peto, tampoco la máscara, pero una capa de sangre fresca cubría su rostro y mantenía pegado su pelo. No llevaba armas y las uñas, casi convertidas en garras llevaban un rastro que goteaba sobre el césped.
Solo fueron unos instantes que permanecieron quietos, Kuromaru y Hayashi saltaron al mismo tiempo chocando con violencia, el sonido fue como un estruendo en los oídos de la kunoichi que no terminaba de entender qué estaba sucediendo.
—¿Mamá? —preguntó Hana con la voz quebrada, animándose a moverse del sitio en el que estaba. Tsume cayó de rodillas abrazando a su hija.
—¿Estás bien? ¿Qué pasó?
—Estaba dormida cuando llegó, me despertó… podía sentirlo, era oscuro y muy fuerte, su chakra, y el olor a sangre. La abuela le dijo que no podía entrar así a la casa, que fuera a la habitación del silencio o algo así, me asusté mucho y fui por Kiba, Kuromaru estaba con él y nos dijo que saliéramos de ahí… entonces, papá y la abuela empezaron a pelear y yo…— Hana rompió a llorar sin soltar a Kiba mientras su madre ya la estaba abrazando a ella.
Tsume la sostuvo con fuerza y no hizo ademán de quitarle al bebé.
—Perdona Hana, lo siento tanto… pero tienes que ser fuerte, solo un poco más. ¿Puedes regresar a la aldea? Busca a uno de los guardias y pídele que ayude a tu abuela.
Besó su frente y la de Kiba que empezaba a despertarse. Hana hizo ruido por la nariz que empezaba a escurrirle, se limpió las lágrimas con la manga del pijama rosa que llevaba puesto y asintió echando a correr.
Apenas se hubo marchado su hija, se permitió derramar un par de lágrimas para después gritar con todas sus fuerzas.
— ¡Soy una estúpida! —y corrió para alcanzar a Kuromaru.
Hayashi conseguía moverse con velocidad suficiente para evadir las mordidas y las garras del inmenso lobo. Hubo un gemido y Koromaru salió volando hasta chocar con un grueso roble, intentó ponerse de pie enseguida, pero tropezó, aún en la oscuridad la kunoichi pudo ver demasiada sangre emanando del animal y en cuestión de segundos comprendió que Hayashi había conseguido arrancarle un ojo.
—¡Hayashi! —llamó.
Por un momento creyó que no serviría de nada, pero él giró el rostro, reparando en su presencia por primera vez.
¿Habría algo que decir realmente?
Era como si sus ojos fueran los de otra persona, había en ellos no furia ni algo parecido, simplemente el más absoluto de los vacíos, como si no quedara nada del hombre que alguna vez fue, lo que fuera que había sucedido en esa misión quizás mató a Hayashi.
—¿Qué sucedió?
Kuromaru consiguió recobrar su sentido de ubicación, ver con un solo ojo le era difícil, pero lidiar con el dolor debería serlo aún más.
—¡Tsume! ¡No te distraigas! ¡Está fuera de sí!
Justo cuando terminó de decirlo el ninja desapareció, aunque solamente se había movido con tal velocidad que tomó tan solo un parpadeo para perderle de vista. Tsume apenas pudo moverse cuando lo sintió detrás.
En el abrupto movimiento por poco perdió el equilibrio y puso una mano en el piso para tomar impulso volviendo a moverse, sintiendo muy de cerca el golpe. Sin meditarlo más, respondió el ataque fallando por mucho, Hayashi doblaba sin dificultad su velocidad y era considerablemente más fuerte.
¿Una jōnin recién nombrada podría hacer algo frente a un asesino ANBU?
Hayashi le llevaba ventaja en experiencia, no solo era mayor de edad, sino que había sido promovido rápidamente adquiriendo misiones más complejas mucho antes que ella misma. En esos momentos, mientras recibía un par de golpes que resistió bien porque no era una chica frágil, ni siquiera estaba segura de lo que debía hacer… pensó en el rostro de Hana, su expresión de miedo hacia su propio padre y lo que le dijo antes de que se fuera de misión se repetían constantemente.
¿Qué era lo que su hija había visto que le hizo temer tanto? ¿Y por qué ella no lo vio?
Él la derribo y enseguida se montó encima, le detuvo estirando los brazos tanto como pudo, si la alcanzaba, le arrancaría la garganta con las manos, Kuromaru saltó también embistiéndolo exitosamente y Tsume se incorporó para asistir al animal que se notaba aún mareado, el sangrado no se detenía, con seguridad terminaría por perder el conocimiento, un ojo era un punto crítico como herida.
El lobo volvió a salir despedido mientras Tsume desenfundaba un kunai.
Su vista estaba nublada y comprendió que estaba llorando, que lo estaba haciendo desde hacía un rato. Hayashi fue de nuevo por ella consiguiendo asestarle un golpe en el rostro.
—No puedo —sollozó recibiendo una patada en las costillas maldiciéndose a sí misma, porque, aunque se habían conocido tan rápido, y tan breve fue su tiempo juntos, ella definitivamente lo amaba.
—¡Tsume! —rugió Kuromaru.
Sin embargo, no podía poner eso como excusa, pensó en Hana, ¿por qué una niña debería tener miedo de su padre? ¿Por qué la siguió hasta ese lugar? ¿Qué pensaba hacer con ella?
Kuromaru corrió hacia ella sujetando su chaleco con el hocico, arrastrándola tan rápido como pudo para alejarse de ahí, no había más remedio que pedir ayuda, de quien fuera, lo importante en todo caso era que Hana y Kiba seguramente ya estarían de regreso en la aldea.
—¡Tsume!
Por el lado contrario, la voz de Kenshi Inuzuka rompió el aterrador silencio que se había apoderado del bosque. Tsume levantó la mirada hacia su padre.
—Hana-chan y Kiba-kun están bien, tu madre ya está en el hospital, pero ¿qué mierda está pasando?
No hubo necesidad de explicar nada, Hayashi, como un huracán pasó sobre de ellos, el viejo ninja pudo quitarse apartando a su hija que recién recordaba cómo usar los músculos de sus piernas.
—Así que es esto —dijo el hombre adoptando una posición defensiva —. Regresa a la aldea, hija, arreglaré esto.
La kunoichi no reaccionó, Kuromaru se dispuso a llevarla él mismo, ella le apartó con una mano.
—Yo me quedo.
—Soy el líder del clan, es mi obligación tomar responsabilidad por todos sus miembros.
—Se atrevió a levantarle la mano a Hana, a mí, a su compañero… a Akako… — seguía llorando, pero no le daba importancia, el maquillaje rojo de sus mejillas estaba corrido entre el sudor y el llanto —. Como mujer, como heredera del clan Inuzuka…
Tsume saltó dándole el encuentro a Hayashi con todas sus fuerzas, con todo el dolor que tenía en su pecho ahogando los recuerdos de un amor que fue intempestivo desde el principio, pero comprendió que ya no se trataba de una discusión sobre quién iría a trabajar o cómo se llamaría el bebé.
Consiguió acertar un golpe, pero eso fue suficiente como para tener la confianza de que podría hacer algo, recobró fuerzas manteniendo en su pensamiento que se trataba de un hombre peligroso, alguien que era su responsabilidad detener porque aparentemente todos notaron algo extraño menos ella que se suponía era la persona más cercana.
Aún tenía su bolsa de armas por lo que podía mantener la distancia, pero no serviría por mucho. Chocaron un par de veces, y aunque ella usaba un kunai, el golpe con las garras de él producía el mismo efecto que el de dos aceros. Pudo golpear de nuevo con la fuerza suficiente, de modo que, al patearlo en la cabeza, lo impactó contra un árbol, el tronco crujió y Hayashi soltó un quejido. Sin darle tregua, Tsume fue por él, con el codo derecho volvió a golpear el mismo punto de antes consiguiendo aturdirlo lo suficiente como para saltar y con la rodilla golpearlo en la barbilla, luego un puño más hacia el estómago quitándole el aliento.
El ninja rodó, pero ella no se detuvo, continuó presionando cabeza y estómago con la idea de causarle un desmayo de alguna manera, pero no cedía. En algún momento, él consiguió ponerse de pie, respondiendo con la misma intensidad, desapareciendo la ventaja que pudo tener la kunoichi.
—¡Tsume! —el padre de la mujer avanzó hacia ella después de haber respetado su decisión, la situación se estaba saliendo de control, pero Kuromaru se puso frente él.
—Yo… es mi responsabilidad —dijo corriendo al lado de Tsume, ella se apoyó en su espalda para ponerse de pie.
—Tsume…
—¿Qué estás dispuesto a hacer? —preguntó ella.
—Un Inuzuka tiene el derecho animal de proteger su propia vida y la de su familia… tú, los niños, son mi familia, y Hayashi también, le fallé a él, no lo haré con ustedes…
—Gatsūga.
Kuromaru asintió, Tsume hizo sellos y completó rápidamente el jutsu clon Hombre-Bestia apenas a tiempo para evadir al ninja que se lanzó contra ellos.
Podía parecer solo una imaginación suya, pero a medida que pasaba el tiempo, Hayashi parecía perder los rasgos humanos del rostro cubierto de sangre y parecía más una bestia que no se detendría sino hasta ver la última sangre.
Kuromaru y Tsume empezaron a girar destrozando árboles, rocas y todo lo que estaba a su paso, Hayashi intentó detenerlos, pero recibió la primera embestida directamente y una segunda haciendo repetición, gritó y resistió, consiguió apartarse tan solo para recibir una segunda ronda.
El esfuerzo había sido demasiado, finalmente, el ninja cayó al suelo emitiendo algo como un quejido, inmóvil por el daño recibido.
Tambaleante, Tsume anuló la técnica, Kuromaru también se había sobre esforzado con una herida severa y en cuanto recuperó su forma animal se desplomó sobre la tierra.
La mujer se acercó a su marido arrodillándose junto a él, nuevamente rompiendo a llorar.
—¡Te dije que no lo hicieras! ¡Te dije no era necesario aumentar tu sueldo! ¡El departamento no tenía nada de malo! ¡Tenía una bonita vista y Hana tenía muchas amigas! ¡No necesitábamos la casa! ¡Estábamos bien!
Hayashi volvió a toser, y tembló ligeramente.
—¡¿Qué mierda ibas a hacer a tus hijos?!
Entonces, Tsume notó que él estaba llorando también, sus ojos recobraban el reflejo al que estaba acostumbrada, el hombre dulce y casi ridículo que la tenía tan enamorada. Quiso tomar su mano, pero él la apartó, consiguiendo girarse hasta ponerse a cuatro.
—Hayashi…— sollozó, pero él, a gatas, empezó a apartarse.
—Hayashi…
Tsume quedó arrodillada, con la sangre de su esposo en las manos, viéndolo arrastrarse lejos de ella y entendiendo que no volverían a estar juntos, nunca.
Comentarios y aclaraciones:
¡Gracias por leer!
