N/A: ¡Me da mucho gusto estar de vuelta! Les dejo este capítulo y espero ansiosa a que sigan dejando sus apreciabilísimos Reviews :D Les aviso que vamos con calma para que todo salga bien en la historia. Disfruten la lectura y al final díganme que les pareció. (Gracias aquí a Petkat por su review, ya que no pude darle reply)

Y para quien no lo sabe, estoy participando en un Reto del Foro "La Cornucopia" de FF . net Así que les invito a leer mi one titulado The Weight of The World y los demás ones participantes para que elijan sus favoritos.

Eso es todo por hoy y nos seguimos leyendo.

Capítulo II


Hay una parte del Distrito Doce, donde los condenados del Capitolio han sido asignados para vivir. Es un lugar sucio, sin verdadero pavimento. Lo único que hay en sus calles es polvo, piedras, y hollín del carbón que se atasca en los zapatos de los trabajadores de las minas. Las casas son sencillas construcciones que pertenecieron a una familia antes que la actual, y a una antes que la anterior y a otra antes que la anterior. Son viejas casas usadas por diversas generaciones.

Una vez que firmas un acuerdo de matrimonio, te es asignado el hogar donde pasarás el resto de tu vida tratando de criar una familia. No puedes decidir. No puedes escoger si te gusta más el lado este, o el lado oeste. Si prefieres vivir cerca de alguna entrada a la mina, o si prefieres vivir lo más lejos posible de ella. Tampoco puedes escoger entre tener un pequeño jardín, o la casa que está de camino a la llamada pradera, el único lugar donde el aire que se respira es ligeramente más limpio, gracias a las frescas corrientes de aire que llegan de los inmensos bosques que rodean el Distrito.

Este lugar es nombrado como la Veta. Y es la zona más pobre del décimo segundo distrito de Panem. Katniss Everdeen odiaría este lugar sino fuera porque guarda felices recuerdos de su padre y de su niñez. Además, está casi al final de la Veta. Únicamente tiene que recorrer algunos metros para alcanzar la pradera, y después el único lugar donde se siente verdaderamente feliz. Lo que ya es de por sí un logro, dado que la última ocasión que recuerda haber sido feliz fue cuando su padre aún vivía. Antes de que su madre las abandonara, a ella y a su hermana, para hundirse en una depresión, donde no podían alcanzarla. Antes de ser el sustento principal de la familia.

Pero ahora no es momento de detenerse a recordar cosas del pasado. Aprieta el paso a través de la pradera. Hace muchos años, recorrer este tramo le parecía interminable, pero ahora le resulta corta la distancia, y es casi risible como le asustaba atravesar el camino que la acerca a la valla electrificada que rodea el distrito. La corriente eléctrica no siempre recorre la alambrada, lo que facilita su tarea de cruzar por debajo y escabullirse, sin ser vista, a las profundidades del bosque.

Mientras más se aleja del distrito y deja de escuchar el ruido que hace el pueblo, la sonrisa es más real y honesta en su cara. Aspira con fuerza la esencia de los pinos, y dedica unos segundos para honrar la memoria de su padre. No necesita girar la cabeza para saber que a su izquierda un conejo se oculta entre las espesas hierbas, al pie de un árbol viejo.

Decide que por el momento puede prescindir del pequeño y peludo animal, por lo que lo ignora y continúa su camino. Las agujas de los pinos están más verdes que nunca. El cielo tiene esponjosas nubes y el sol brilla alegremente sobre su cabeza. El día no puede ir mejor. Finalmente termina de recorrer las colinas hasta alcanzar un saliente rocoso que ofrece una hermosa panorámica del valle a sus pies.

Allí la está esperando.

Da unos cuantos pasos largos hasta alcanzar a su mejor amigo. Gale Hawthorne la espera con una enorme sonrisa y los brazos abiertos. Katniss si dudar se introduce en ellos y reciproca el abrazo. –Lo hiciste, Catnip.

Sabe a que se refiere. Ha logrado evitar los Juegos del Hambre durante siete años. Al igual que él lo logró dos años atrás. –Aún no puedo creerlo. –Contesta la joven con una sonrisa. Se separa de su amigo para poder verlo a los ojos. –Ha sido en definitiva, la mejor noticia que me ha dado el Presidente en toda mi vida.

Gale toma asiento en la roca, no queriendo que su amiga note la mueca dejada en sus labios. Katniss lo imita sentándose a un lado. –Sí, hasta parece mi cumpleaños. –Se esfuerza por ocultar la alteración en su voz, pero aún así ella logra darse cuenta.

-¿Qué hay de malo, Gale? –Quiere saber dejando de prestar atención al bolso donde lleva su ligero almuerzo.

-Me pregunto cuanto tiempo pasará antes de darnos la noticia de que regresan los Juegos. –Nuevamente, Katniss sabe a qué se refiere. Que hayan sido cancelados, no significa que desaparecieron para siempre. Pueden volver a ser instaurados el año siguiente. Su hermana de catorce años, aún tiene cuatro posibilidades de ser elegida en el futuro. Igual que los hermanos y hermana menores de Gale.

-Sin embargo es un año menos. –Susurra Katniss sintiéndose avergonzada por haber pensado únicamente en su propio alivio.

Gale la mira con el entrecejo fruncido. -¿Un año menos, Catnip? ¿Qué pasará con los años restantes? ¿Con el futuro? ¿Qué hay de mis hermanos? De Prim. –La chica se muerde el labio. -¿Recuerdas esa mujer que apareció en televisión?

Claro que la recuerda. Apareció interrumpiendo el mensaje del Presidente Snow hace dos noches. ¡Todo mundo la ha de recordar! Se presentó como Presidenta del Trece. La verdad sea dicha, a Katniss no le ha importado prestar atención a lo que dijo la mujer. Simplemente lo desechó como si hubiera sido una broma de mal gusto. Alguna idea del Capitolio para sembrar una ridícula esperanza que después arrancará de tajo, para darles una lección por creer en palabras vanas y sin sentido. Pero no dice nada de esto a su amigo. Sabe que únicamente lo hará enojar, y cazar no es placentero con Gale de mal humor. –La recuerdo.

-Pues es verdad, Catnip. Es verdad. –Susurra y la joven puede percibir el ardor que encierran las palabras de Gale. Obviamente no entiende en esta ocasión, porque el joven tiene la necesidad de explicarse. –Es verdad que empieza a haber algunos levantamientos en los distritos. La gente en la mina…

-Espera. –Lo interrumpe frunciendo ahora ella el ceño. -¿Cómo puedes decir que es verdad lo que la mujer ha dicho? Si la estática no me ha dejado entender mas que unas pocas palabras…

-Lo sé –replica exasperado –pero te digo que en las minas se empieza a hablar de esto. Se acerca una guerra, Catnip. ¿O porque otra razón el Capitolio reclutaría jóvenes para engrosar sus filas? ¿No puedes ver para donde se dirige esto? ¿Por qué han cancelado los Juegos? Hay rumores en la mina de que la Arena que se usaría este año ha sido saboteada. La gente está cansada. Se quiere iniciar un levantamiento. ¡Aquí!

Honestamente no halla la razón para la emoción de su fiel compañero de caza. -¿Para que buscar problemas, Gale? –responde la chica con rudeza. –No estamos tan mal…

-¿Qué no est…? –Cuestiona incrédulo la indiferencia de Katniss. -¡Por favor! ¿Cuántas ocasiones hemos tenido que ir a la cama con el estómago vacío? ¿Cuántos niños te has encontrado tirados en la calle, vencidos por el hambre? ¿De cuántas pesadillas has tenido que despertar a Prim por causa de los Juegos? ¿A cuántos chicos han enviado a la Arena y no han vuelto a casa?

La lista sigue y sigue, pero Katniss no puede estar completamente del lado de Gale. Pero tampoco es que esté del lado del Capitolio. De hecho, aborrece al gobierno. Detesta lo que hace año tras año. Enviando a niños tributos para asesinarse unos a otros, y obligar a sus familias y el resto del país a verlos. Le enoja ver el nivel de vida que llevan los ciudadanos del Capitolio, mientras que en el distrito a penas y tienen para sobrevivir lo suficiente. Si no fuera por la caza furtiva que lleva a cabo, ella y su familia habrían muerto hace tiempo.

El inicio de una revolución traería buenas posibilidades de un mundo mejor. De una vida mejor para Prim. Pero es precisamente por su pequeña hermana que ella no podría unirse a la causa rebelde como Gale sugiere entre líneas. No. Su obligación es proteger a Prim. –Sería algo muy arriesgado. –Dice intentando llenar de convicción sus palabras. –Y tú no deberías estar escuchando esas locuras en la mina, Gale.

Su amigo gira los ojos. Se mantienen unos momentos en silencio. La chica casi puede ver como su amigo se esfuerza por encontrar las palabras correctas que la obliguen a darle la razón. Es como aquella vez, hace dos años (precisamente la última vez que Gale pudo ser escogido como tributo), cuando le sugirió que huyeran juntos. Que abandonaran el Doce y escaparan al bosque junto a sus familias. Esa vez Gale estuvo a punto de convencerla, y entonces…

No está segura de porque su mente trae a colación ese momento. Almacenó ese recuerdo en lo más profundo de su cabeza y no tocó el tema (pues no le dio la oportunidad a Gale cuando salió huyendo del bosque). Y él no se esforzó por comentarlo.

-¿Qué vas a hacer dentro de un mes? ¿Eh, Katniss? –La ha llamado por su nombre. No con el apelativo que le asignó cuando se conocieron. Esto solo indica que él va muy en serio. – ¿Qué harás cuando dentro de un mes tengas que ser reclutada para hacer el servicio militar? No podrás llevar a Prim contigo.

El servicio militar. No había pensado en ello. Estuvo tan absorbida en la alegría de no tener que preocuparse por ser elegida como tributo, que olvidó esa parte. –Yo no…

-Sabes que es un hijo de cada familia. –Dice con cuidado. –Tendremos que dejarlos para servir en el Capitolio, ¿y entonces que comerán?

La joven cazadora quisiera gritar que no sabe. Pero la opresión en el pecho no la deja hablar. Repentinamente toda la angustia del mundo viene a posarse sobre ella, con esfuerzos apenas y puede respirar. Busca analizar todos los posibles escenarios en los que Prim podrá sobrevivir sin su presencia. Su hermana posee una pequeña cabra preñada. Lady puede ser una buena salida durante un tiempo, pero Katniss no puede olvidar aquel momento en que la muerte estaba esperando por ellas.

Ocurrió poco después de la muerte de su padre. Hubo una explosión en las minas, que arrebató la vida de varios mineros, incluyendo la del padre de Gale. El gobierno les dio una cantidad de dinero compensatoria, pero sólo duró para sustentarlas un mes. Fue cuando su madre se perdió y casi dejó a sus propias hijas morir de hambre. Así que en lugar de buscarles una forma de supervivencia, se quedó como una carga más en los jóvenes hombros de una Katniss de once años.

Había sido demasiado duro. Por varios días se habían estado alimentando de té de menta. Finalmente, Katniss tomó unas ropas de bebé que habían sido de su hermana y salió a las calles, en busca de alguien que se las intercambiase por algo de comer. Pero nadie quería sus ropas viejas. La lluvia pronto comenzó a caer a cántaros, atravesando su ropa sin piedad. Recuerda que hurgó en los botes de basura de la panadería. La mujer del panadero gritándole cosas horribles. Y después al chico que le devolvió la esperanza.

-Sólo estarán mi madre y Prim. –Dice más para ella que para que su amigo la escuche. –Podrán mantenerse con la cabra y con los remedios que mamá prepara. Puedo dedicar este mes a abastecerlas de plantas y algunas cosas que necesitarán.

-¿No lo comprendes, Catnip? –Pregunta Gale con suavidad. –Ya no se trata de sobrevivir. Se trata de luchar por un futuro mejor. ¡Debe ser nuestra prioridad!

La chica decide poner fin a este asunto sintiéndose furiosa. Se levanta sacudiendo su pantalón con más fuerza de la necesaria. –Lo que en este momento debe ser mi prioridad, es llevar comida a la mesa, Gale. Así que si quieres unirte a la labor…

Transcurre el resto del día con ellos revisando las trampas que han puesto en varios puntos del bosque. La chica está agradecida de que Gale no vuelva a mencionar sus fantasiosas ideas revolucionarias pues, ¿Qué bien les haría? Nada bueno saldría de querer enfrentar al Capitolio. ¡Ni siquiera tenían permitido portar armas! A ella ya la hubieran ejecutado sino fuera porque abastece de carne fresca a los altos mandos del gobierno.

Cuando finalmente se acercan de nuevo al distrito, Katniss se detiene para acomodar sus suministros. –Hay que cuidar que las fresas no se aplasten. –Le explica a su compañero. Gale lleva cargando un costal con los conejos y ardillas que consiguieron. –Es una pena que no hayamos podido conseguir un pavo.

-Katniss…

-Estoy segura que Cray pagaría el doble. Hace más de un mes que no…

-Katniss…

-Ya sé que es detestable, pero nunca le hace el feo a…

-¡Katniss! –Tiene que alzar la voz para interrumpirla. La chica voltea a verlo con las cejas rozando sus pestañas. Gale sonríe nervioso.

El instinto de cazador de Katniss le pone alerta. Se levanta de las cuclillas en que estaba posicionada. – ¿Qué ocurre? ¿Viste a alguien? –Esta bien que bastante gente los conozca por su caza furtiva, pero no por eso lo andan gritando a los cuatro vientos.

-No es eso… verás... he… he estado… bueno… –Tropieza el joven con las palabras que salen de su boca. -… ya que libraste la cosecha… yo he… bueno… es que no se como… quiero que… tú sabes…

La chica lo mira atenta. ¿De cuando a acá su amigo tartamudeaba en su presencia? Le parece extraño. Es casi cómico como su joven amigo se embrolla con las palabras. Es gracioso porque tiene una altura de un metro ochenta y las facciones de un hombre maduro. El espeso cabello oscuro bien recortado y las cejas pobladas. Katniss repara en el hecho de que Gale parece afeitado. Pero para que pueda afeitarse, debe crecerle barba. «¡Oh!» Ahora se da cuenta del rastro verdoso que se marca en la fuerte mandíbula del joven adulto.

No puede evitar preguntarse donde quedó el niño que conoció en el bosque seis años antes. Porque frente a ella, hay un hombre que no reconoce. Piensa en que Gale es ese hombre atractivo que incluso las chicas de la ciudad parecen notar cuando caminan frente a ellas. Su nariz es alargada y sus ojos grises. Como los de ella. Podría pasar por su primo. O eso es lo que la gente que no los conoce parece pensar. –Al grano, Gale. –Presiona. Su precioso día de intercambio se está desperdiciando.

Lo observa tragar pesadamente. En segundos, las hermosas manos de su amigo, que perfeccionan las trampas más eficientes para sus presas, envuelven su rostro con facilidad. Y entonces, justo como sus trampas capturan a sus presas, así sus labios atrapan los de Katniss.

La joven no sabe como reaccionar. Solo puede sentir la calidez y la presión firme sobre su boca. Intenta concentrarse, saber que siente. Pero solo le llega a la mente que esto no es lo que quiere. Esto nunca lo ha querido. Ella no quiere enamorarse. No quiere casarse. No quiere tener hijos. No quiere enfrentarse a la posibilidad de perder a alguien a quien ama. No quiere quedar vacía como su madre.

Gale rompe el beso para poder susurrar –te quiero.

A Katniss le parece casi increíble como esas dos palabras tan hermosas pueden ser tan frías al mismo tiempo. Pero entonces recuerda las largas horas al lado de Gale. Las risas unidas. Las castañas tostadas. Los almuerzos cada día previo a la cosecha. Las cargas compartidas. El pasado parecido. Sus dolorosas pérdidas. Y aunque una parte de ella quiere corresponderle, la más tozuda se sobrepone.

No responde. Solo tiene una cosa como cierta: no quiere perder a su mejor amigo. Esa es su razón al separarse de él, y aunque no quiere darle ninguna esperanza, no quiere romperle el corazón. Por eso muy en contra de su voluntad dice por lo bajo –no estoy lista, Gale. - Dando por sentado que son las únicas palabras que recibirá por respuesta, Gale asiente en acuerdo, pero Katniss puede decir que está decepcionado.

Al menos esta ocasión no ha huido de él.

Hacen su recorrido en silencio a través de la Pradera. Hay demasiadas cosas en la cabeza de la joven para querer romper el silencio, o para ponerse a pensar en su amigo de algún modo sentimental. Mejor enfoca sus pensamientos sobre las consecuencias que acarrearía una revolución. Sabe que para Gale significa la oportunidad de una vida mejor, a expensas de exponer la suya propia. Una guerra simbolizaría esperanza. ¿Pero cómo pueden las personas poner su esperanza ciega en algo tan malo como el derramamiento de sangre?

Sacudiendo la cabeza negativamente, la joven cazadora esquiva un diente de león que está a punto de pisar. Alza la vista hacia el campo, permitiéndose una vista general de los cientos de dientes de león que tupen la pradera de un suave color amarillo. Es cuando entiende que ella sí que conoce la verdadera esperanza. Porque lo que para el resto del mundo, es un simple diente de león, para ella simboliza la certeza de que el mañana puede ser mejor, no importando lo horrible que es el presente.

Primero visitan el Quemador. Este puede ser considerado el mercado negro del distrito. Allí intercambian sus productos ilegales que en otro lugar no les aceptarían. Es donde el par de jóvenes consigue la mayor parte de los bienes que necesitan y que en las tiendas de la ciudad les costarían el doble de su precio que en el Quemador. Consiguen un poco de hilo, sal, y un par de velas para cada uno.

-Hola, guapa. –Un hombre pelirrojo saluda a la chica jalando de su trenza.

Katniss escucha a Gale crujir los dientes. Sin embargo, se abstiene de rodar los ojos y saluda al hombre con ligereza, después de todo, es un agente de la paz del Capitolio. –Buenas tardes, Darius –y uno de los que frecuentan el Quemador y no abusan de su estatus en el distrito.

-¿Qué se siente librar la cosecha para siempre? –quiere saber en tono jocoso el hombre pelirrojo de cara infantil.

-Dímelo tú –trata de suavizar su tono pero es imposible. Dado que el agente nunca ha tenido que despertarse aterrorizado a causa de las pesadillas nocturnas, es difícil no sentirse resentido.

Antes de que el agente pueda contestar con una de sus siempre ocurrentes bromas, un hombre que apesta a alcohol da una estruendosa carcajada. Tanto Katniss como Darius, e incluso Gale, voltean a ver al poseedor de semejante ladrido. –Me encanta esta chica. –Lo reconocen de inmediato. Es Haymitch Abernathy, el único vencedor vivo del distrito doce. –Tiene mucho… – Los tres oyentes alzan las cejas esperando oír el resto –¡coraje! ¡Eso! –Exclama triunfal mientras da un traspié alejándose de ellos. Katniss alcanza a ver que se detiene en donde venden el licor blanco.

Gale prefiere ignorar al borracho, así que da una palmada a la chica para que salgan de ahí. Siguiendo su rutina normal, la siguiente parada es frente a la puerta trasera de la Mansión del Mayor Underseen. Es su compañera Madge quien sale a recibirles las fresas que su padre adora. –Lo libramos, ¿no es así, Katniss? –Por primera vez en todo el tiempo que llevan de conocerse, la chica de la Veta ve un brillo de vida en los ojos azules de la hija del alcalde.

-Si. – Se puede decir que son algo así como amigas. En la escuela terminan casi siempre juntas en las actividades y en la hora del almuerzo comparten mesa. Al principio Madge era tan callada como Katniss prefería mantenerse, pero hacía un año que se había vuelto más comunicativa con las personas.

Pero claro que debía tenerlo fácil siendo la hija única del alcalde.

La joven rubia asiente antes de añadir –Hoy vi a Delly Cartwright cerca de la plaza. Quiere que te diga que era en serio lo de ir a su tueste. Ya ves que ahora debe sacar un permiso de reunión y le pedirán la cantidad de personas que se reunirán en su casa.

Katniss no necesita ver a Gale para saber que está alzando las cejas incrédulo. Esto hace que le ardan las mejillas de vergüenza. –Aún no sé… -Murmura en un tono que claramente dice que no piensa presentarse ni aunque su vida dependiera de ello.

-Que popular te has vuelto. –Comenta Gale una vez que Madge ha depositado un saquito con monedas en la mano de la joven y ha cerrado la puerta tras ella. Katniss lo manda a callar. -¿Son amigas? Deben de serlo si te está invitando a su tueste. –Deduce el chico con genuino interés.

-No lo somos. Delly es… ¿cómo describirla? Digamos que es agradable con todo mundo. –Logra explicar a su amigo. El beso completamente olvidado.

-¿Entonces invitó a toda la escuela? –Frunce el entrecejo.

-Claro que no. Supongo que pensó que sería educado invitarme si estaba invitando a Madge. –Se encoje de hombros restándole importancia. –Además, que sea la hija del dueño de la única tienda de zapatos en la ciudad, no quiere decir que pueda permitirse invitar a todo el colegio.

Un gesto de comprensión se asoma en el rostro de Gale. –Ya recuerdo quién es. ¿Estatura media, rubia y bien alimentada? –Se refiere así porque es una de las pocas jóvenes con unos cuantos kilos de más, algo muy extraño en el distrito doce y por lo tanto, un rostro difícil de olvidar. Katniss asiente con simpleza. – ¿Se casa con el hijo del panadero? –Como ya van cruzando la plaza, se le hace fácil señalar la panadería.

«¿Qué es esto? ¿Acaso un interrogatorio?» Se pregunta la chica empezando a sentirse invadida. No se molesta en voltear hacia el local a donde apunta el dedo de Gale –no. –Responde y acelera su paso de tal modo que el joven debe dar pasos largos para alcanzarla. Finalmente sin darle a Gale más oportunidad de hablar, se despide y toma el camino que la lleva a su hogar.

Sabe que Gale hubiera querido acompañarla, pero lo último que quiere en estos momentos es tenerlo alrededor de ella. Hay tantas piedras en el camino que Katniss siente la tentación de ir pateándolas conforme las va pasando. No lo hace. Antes era una distracción, pero ahora a sus dieciocho años le parece tonto. A esta edad, algunas cosas cambian, no sabe si será así en todos los distritos, o incluso en el Capitolio, pero sí en el distrito doce.

Si fuera hombre, lo que tendría que hacer es ir a trabajar a las minas de carbón. Lo tradicional para una joven de la Veta es contraer matrimonio y tener hijos. Y si quedase viuda, tendría que trabajar en las minas también. Cualquier escenario le resulta aterrador. Sería como vivir en una de las horribles pesadillas que la acosan en las noches. Gale piensa que sueña con los Juegos del Hambre, pero la realidad es que sus horribles sueños suelen ser sobre explosiones en las minas.

No debe ser una genio para atribuirlo a la muerte de su padre, al que amaba tanto.

Volviendo al tema de matrimonio, muy en el fondo debe admitir que ya había visto venir las intenciones de Gale. Al menos desde hace dos años, cuando la besó por primera vez. Cualquiera se sentiría afortunada de casarse con un chico como Gale. Atractivo, fuerte para trabajar en las minas, valiente y responsable. Sin embargo Katniss es diferente al resto de las chicas. Y esa es la razón por la que empieza a sentir enojo hacia Gale Hawthorne. Él, mejor que nadie, sabe que ella no piensa casarse ni tener hijos. ¿Entonces porque hacer las cosas más complicadas?

Alcanza su casa en cuestión de minutos. Desde donde va, puede ver a su hermana vigilando su cabra mientras pasta en la orilla de la pradera. -¡Hey, Katniss! –La saluda agitando la mano.

La chica deja salir la sonrisa que reserva exclusivamente para Primrose. Mientras que Katniss tiene la piel aceitunada, el cabello oscuro y los ojos grises característicos de los habitantes de la Veta; su hermana Prim tiene toda la apariencia de las chicas de la ciudad, al igual que su madre. Por eso siempre parecen desencajar con sus cabellos rubios, sus ojos azules y su piel blanca como porcelana.

Si Katniss fuera una chica romántica, suspiraría con la historia de sus padres. Amelie Everdeen alguna vez fue Amelie Bennett, hija de los boticarios de la ciudad. Amelie conoció a August Everdeen cuando este vendía a sus padres las plantas curativas que recolectaba en el bosque. Pero no fue hasta que lo escuchó cantar, que quedó profundamente enamorada del joven alto y musculoso de la Veta. Por supuesto que los señores Bennett se opusieron a su unión. ¡Nunca una comerciante se desposaría con un minero! Con esa negación, Amelie sólo tuvo una opción: abandonar su acomodada vida en la ciudad por amor.

-¿Qué hiciste hoy, patito? –Pregunta en un cariñoso tono que, de nuevo, solo emplea cuando se dirige a la menuda joven rubia.

Primrose se acerca a su hermana mayor. –Acompañé a Rory la ciudad.

-Sabes que no me gusta que vayas sola a la ciudad.

-Te he dicho que acompañé a Rory. –Rory es uno de los hermanos de su amigo Gale. –Por lo que no fui sola. –Dice Prim con suma paciencia. Son momentos como estos, en lo que Katniss se asombra de cuanta madurez hay en su hermana menor. –Quería salir de la rutina para celebrar, ya sabes, lo de los Juegos –añade en la explicación que Katniss está esperando. –Todo mundo parece haber salido, hasta vimos al señor Abernathy. Iba tan borracho el pobre que cayó justo frente a mí. –Sacude la cabeza con tristeza. Así es Primrose, se duele con las penas ajenas. Cuando pequeña, si veía a Katniss llorar, hacía lo mismo sin necesidad de conocer la razón.

-Trae a Lady, debemos ayudar a mamá a preparar la cena. –Prim obedece sin chistar y lo mismo hace su cabra.

-Buttercup vendrá a casa más tarde. –Explica Prim como si su hermana le hubiera preguntado por ese feo gato peludo que tanto detesta.

Esa noche cenan un poco de conejo con ensalada.

En la semana que sigue, Katniss logra evadir a Delly Cartwright. Tarea nada sencilla, desde que la chica de la ciudad no tiene reparos en agitar la mano con euforia cada ocasión que su mirada se encuentra con la de la joven cazadora. Algo la hace sentir que, si habla con la futura novia, terminará asistiendo al dichoso tueste de una chica que apenas y conoce.

Además hay otra situación que no le trae tranquilidad. Todo de lo que se habla en la escuela es sobre los nuevos agentes de la paz que ha enviado el Capitolio. Usualmente los agentes no son queridos entre los del pueblo, pero eso no evita que a Katniss le incomoden un poco más los recién llegados. Es que esta nueva situación es preocupante para su caso y el de Gale, dado que cazan ilegalmente, duda que a los nuevos agentes les caiga en gracia. ¿Y entonces que hará? ¿Cómo alimentará a su familia?

Conforme pasan los días, se va dando cuenta que la única opción que tendrá será enlistarse para el servicio militar y separarse de Prim y su madre. Hay otra opción de hecho. Queda la posibilidad de escapar con su familia al bosque, justo como Gale le propuso hacer dos años antes. Pero hay tantos posibles escenarios sobre lo que podría ocurrir que no puede saltar a ese plan de inmediato.

-¿Qué sabes del servicio militar, Madge? –Se anima a preguntar a su compañera a un poco más de dos semanas de presentarse para ser trasladados al Capitolio.

La joven rubia intenta recordar lo que ha escuchado de su padre. –No estoy segura… Me parece que la idea es movernos a un campo de entrenamiento, pero no tengo idea de donde queda el lugar. Esa es información que ni mi padre tiene el poder de saber.

-¿Tú también debes ir? –quiere saber Katniss. –Supuse que como eres hija del alcalde y eso…

-Papá no es tan importante, ¿sabes? Y ser hija del alcalde, sólo me fuerza a ser la primera en anotarme para dar acto de buena fe al Capitolio. –Contesta la chica haciendo un mohín. –También creo que las familias de los reclutas podrían recibir una renta mensual. O eso es lo que pude escuchar. Algo así como un pago… algo simbólico. No creo que sea mucho, pero es mejor a nada. Tal vez un suministro de comida…

Katniss sabe que los señores Underseen necesitarían recibir nada, pero si muchas otras familias en el distrito doce que deberán prescindir de sus hijos por, vaya a saber el Capitolio cuanto tiempo. -¿Es verdad lo que dijo esa señora que dijo ser del trece? –Pregunta por lo bajo. Sabe que no corre peligro hablando con Madge sobre esto. Siente que puede confiar en esta chica de algún modo extraño, ya que ella no confía en nadie que no sea Gale y Primrose.

-No estoy muy segura –se explica Madge también bajando la voz e inclinándose hacia Katniss –pero es verdad que ha habido problemas en algunos distritos. Esa es la razón de los nuevos agentes y al parecer seguirán llegando más, pero por lo que sé, tardarán un poco en enviarlos, ya que el Capitolio no puede prescindir de tantos agentes para un distrito tan pequeño como este, y…

-¡Hola, chicas!

Ambas jóvenes pegan un brinco en sus asientos, enderezándose como si un agente les hubiera respirado en la nuca. Estaban tan absortas en su charla, que ni Katniss con sus sentidos de cazadora, vio acercarse a la persona que ha estado evitando por varios días.

-Delly. –Saluda la hija del alcalde, Katniss solo asiente con la cabeza buscando una excusa para escapar de la conversación de chicas, esas que tanto suelen incomodarle.

-¿De qué platican? –Pregunta una sonriente Delly tomando asiento al lado de Madge, al mismo tiempo, obtiene de su bolso un paquete de papel estraza bastante arrugado.

-Eeeeh…

-Espero que se estén poniendo de acuerdo para ir a mi boda.

Desafortunadamente para Katniss Everdeen, Madge toma esa línea rápidamente –Si.

Y entonces no sabe que más decir, pero a Delly no parece afectarle el silencio, al contrario, se encarga de rellenarlo. –Me alegra oírlo, porque ya he metido el permiso de reunión en las oficinas del Edificio de Justicia y anoté sus nombres en la lista de invitados. No saben la de vueltas que he tenido que dar en espera de una respuesta favorable. Otro poco y no corro con la suerte de casarme –lo dice tan rápido que pronto se le acaba el aire.

-¿A qué te refieres? –Pregunta Madge observando como Delly aspira una bocanada de oxígeno. Ahora incluso Katniss pone atención, las cejas ligeramente unidas sobre sus ojos.

-Por lo del reclutamiento. En teoría me toca rendir el servicio militar, como soy la que tiene la edad y eso. Quiero decir, mi hermano no podría ocupar mi lugar aunque quisiera. En fin, les sigo contando, como el viernes saliendo de clases fui a solicitar lo del permiso y a reservar el día de la boda, y fue antes de que el Presidente diera su mensaje, en las oficinas no sabían si aprobar mis solicitudes. Por mi culpa más que nada, ya que Ross cumplió veinticuatro años el mes pasado. Y pues estuve yendo a diario durante estos días para que me dieran razón.

-¿Y…?

-Pues que ahora únicamente falta que me den la fecha para ir a firmar los papeles de matrimonio. –Finaliza con una ancha sonrisa.

Katniss no sabe mucho sobre sentimientos románticos, pero puede decir, por el brillo en los ojos de Delly Cartwright, que casarse le hace mucha ilusión. Es exactamente el mismo brillo que vio en los ojos de Prim cuando obtuvo a Lady. El mismo brillo en los ojos de su madre que aparece en la fotografía de su boda... -¿Entonces has librado el servicio para el Capitolio? –Pregunta muy incrédula sintiéndose un poco a la defensiva. ¡Lo que faltaba! ¡Poder librarse del Capitolio con la única alternativa posible que ella nunca sospesaría en tomar ni en sus sueños!

-Sip –responde la novia-a-ser remarcando la letra p al final de su afirmación. –Pero me dijeron que desde ahora, solo podrás obtener el contrato de matrimonio una vez presentes la carta de liberación de tu servicio, eso si eres la que debe hacer el servicio. –Rasga sin reparos su pequeño paquete. -¿Quieren? –Les ofrece con una sonrisa.

Katniss echa un vistazo, más por curiosidad que por en verdad considerar en tomar lo que sea que le estén ofreciendo. Sobre el arrugado papel reposan lo que son las galletas más bonitas que haya visto nunca (no es que haya visto muchas galletas en su vida). Tienen un diseño tan encantador que parecen ser casi reales. Son como esos encantadores lirios atigrados que ha visto flotar en algún estanque del bosque –no. –Contesta con sequedad mientras Madge coge una de color rosado, examinándola con interés.

-Vamos, Katniss. –Insiste Delly. –Peeta se sentirá decepcionado cuando le cuente que rechazaste uno de sus mejores trabajos.

La joven cazadora aprieta los labios debatiéndose contra sí misma. Quiere responder mordazmente que le importa un comino que el hijo del panadero haya preparado un trabajo tan excepcional. Pero una pequeñísima parte de ella tampoco quiere que el muchacho se sienta ofendido por su rechazo. No cuando ella le debe tanto… Así que sale con una de sus frías respuestas, de esas que da cuando siente que las paredes a su alrededor se tambalean amenazadoramente –no quiero caridad.

La respuesta pilla desprevenida a Delly, que sorpresivamente no sabe que decir. Madge ya tiene la galleta en la boca y eso no la deja hablar. Katniss se siente repentinamente furiosa. Con ella misma, con Delly, con el chico del pan.

Es como ha nombrado, en una especie de código, a Peeta Mellark. Así, si ella lo dijese en voz alta, como hace cada que necesita recordar un acto de bondad, nadie sabría a quien se está refiriendo. Lo que ocurrió hace algunos años es asunto suyo y de nadie más. Ni siquiera Prim lo sabe. Mucho menos Gale. Y probablemente se irá a la tumba con lo que bien puede ser el secreto mejor guardado de la historia.

« ¿Es que acaso nunca podré darle las gracias como se merece?» Se reclama mientras se aleja de ahí, dejando a las dos chicas completamente estáticas.

Tiene cosas por las que preocuparse como para pensar en Peeta Mellark.

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