Vale, aquí estoy de nuevo, con casi seis mil palabras para poder acercarnos cada vez más al punto importante de esta historia: nuestro EVERLAK pairing -seeeee... Y espero que nadie se me desanime porque desaparecerán algunos personajes, aunque volverán en su momento. Espero con ansias sus impresiones, aunque sea un saludo.
Y si no se han pasado por mi One Shot "The Weight of the World", ¡Anímense pues y escríbanme algo bonito! Je, je! I mean, si quieren... ¬¬ ! (Que se vienen las votaciones, burrrr!)
¡Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias! Si tuviera tiempo antes de irme a trabajar, pondría gracias unas mil veces mas! Sus reviews son una hermosa acogida a este fandom :D
Disfruten la lectura
Capítulo IV
Han pasado horas desde que fue detenida por los agentes de la paz. A pesar de ser una temporada cálida, es extremadamente fría la celda en la que ha sido custodiada. ¡Había estado tan cerca de escapar! Pero esta ocasión no fue lo suficientemente rápida, y de haber intentado huir por el bosque, como lo habían planeado, habrían dado con su familia y por lo tanto, todos sus esfuerzos habrían sido en vano.
Pero con todo y el mediano éxito de su plan, no se siente feliz. Ahora se encuentra sola, en custodia de los agentes, lejos de Prim, de Gale y de su madre, los que ahora deben intentar sobrevivir en los peligrosos bosques de propiedad federal del Capitolio. ¿Cómo sabe que Gale logró escapar? Fácil. De otro modo ya habría escuchado sobre su muerte. Ahora sólo le queda esperar que Gale haya tenido razón sobre el distrito Trece y proteja a su familia.
Todo comenzó a formarse el día en que volvieron de su usual tiempo de caza. Gale había estado inquieto y Katniss se sentía nerviosa. Gale le había confesado sobre su participación en las conversaciones secretas sobre los planes de rebelión en las minas; justo como ella le había dicho que no lo hiciera. Esa fue la razón del porque discutieron esa mañana. La caza fue demasiado tensa. Ella estaba molesta con el chico por meterse en posibles problemas y él molesto porque ella lo estaba.
Así que sus presas no fueron tan abundantes como les hubiera gustado, poniéndoles de peor humor. Finalmente tuvieron que rendirse y abandonaron el bosque sin intercambiar una sola palabra. A pesar de su enojo, Gale la acompañó a su casa como de costumbre. Parecía ser un día tan normal como cualquier otro, pero cuando vieron que Lady pasaba a su lado desbocada y sin Primrose a la vista, supieron que algo andaba mal.
Como Prim había estado enferma los últimos días, Katniss reaccionó antes que Gale. La opresión que sintió en el pecho fue tan dolorosa que por un momento pensó que iba a morir. Entró a su casa abruptamente. No le importó asustar a su hermana adolescente cuando la envolvió en sus brazos con tanta fuerza que podría haberla roto en dos. El alivio de ver a Prim a salvo le provocó un ligero mareo.
-¡Katniss! –exclamó su hermana, pero no con la usual alegría de verla regresar. Aturdida, fue entonces que la joven reparó en el muchacho que lloriqueaba como un bebé, acunado en los brazos de su madre, la señora Everdeen.
-¡Rory! –Gale cruzaba por la puerta. Dejó caer la bolsa de caza al suelo y se avalanzó sobre su hermano. El pánico en sus ojos.
-¡Gale! –el muchacho se logró mover lo suficiente para coger a Gale por las solapas de la camisa. – ¡Se los llevaron, Gale! ¡Ellos… Ellos se los llevaron!
-¿De qué estás ha…? –era obvio que estaba impresionado por los ojos desorbitados de su hermano, el cabello despeinado, la cara llena de lágrimas.
-¡Los agentes! ¡Llegaron poco después de que te fueras! ¡Yo… yo quise hacer algo! ¡Mamá! ¡Ella intentó detenerlos…!
-¡Habla claro, maldita sea!
-¡Están muertos, Gale! ¡Están muertos! –respondió antes de derrumbarse.
Katniss nunca podrá olvidar el rostro de Gale en esos momentos. El dolor, la pérdida, el odio… todo reflejado en la tensión de su mandíbula. En la oscuridad de sus mirada.
Entre todas las Everdeen tuvieron que sujetarlo para evitar que fuera a hacer algo estúpido. Porque Gale únicamente quería venganza. La madre de Katniss tuvo que obligarlo a beber un somnífero para tranquilizarlo. Con Rory no hubo problema, el chico había caído exhausto en el viejo sofá de la casa, con Prim velando los turbulentos sueños de su amigo mas querido.
Esa noche Katniss no logró dormir bien; cada cierto tiempo las pesadillas volvieron a ella con más fuerza, y los gemidos de su amigo no ayudaron tampoco. Cerca del amanecer, sintió a Gale moverse.
-Katniss… –Hasta que el joven la llamó, ella se mantuvo en silencio.
-Dime, Gale –susurró girando para verlo a los ojos. Lo habían recostado en uno de los dos desgastados colchones que poseían. Katniss se pudo acomodar con su madre cuando Prim rechazó el lugar para poder cuidar de Rory, al que le había dado fiebre durante la noche.
-Sabes que no puedo quedarme sin hacer algo… –sus palabras eran parecidas a las de alguien que se disculpa por lo que va a hacer.
Y lo entendía. En verdad que podía entenderlo. Si a ella le arrebataran a Prim… Sin embargo, las acciones que Gale quisiera tomar, probablemente terminarían en su muerte. Y no podía permitirlo. No podía dejar que lo apartaran de su lado. Él era su mejor amigo. Su compañero de caza. Su… Sacudió su cabeza.
No. Debía convencerlo de no cometer una locura. ¿Pero que podría retenerlo? ¿Quién? Estaba Rory, pero Katniss sabía de cierto, que si Gale tomaba la venganza en sus manos, su hermano menor lo seguiría. ¿Y entonces qué? ¿Dejar al Capitolio ganar? –No tomes una decisión precipitada, Gale. Piensa en Rory –dijo levantándose de la cama para sentarse al lado de él –piensa en mí, quiero decir, en nosotras. Prim sufriría mucho si les ocurriera algo.
-¿Y tú, Katniss? ¿Qué sentirías tú? –Pena. Había pena en los ojos de Gale. Entonces amargura y algo más que no pudo identificar.
No respondió. Se quedaron en silencio unos segundos que parecieron eternos. –También sufriría –fue la respuesta que pudo articular.
Gale se acercó lentamente hasta ella, las pupilas dilatadas, los amplios labios partidos…
-¿Katniss? –era Prim.
La joven se levantó de inmediato – ¿qué ocurre? –preguntó con el aliento contenido.
-Mamá pide que vengan a comer algo.
Gale rechazó la comida. En cambio, pasó el resto del día en la cama mirando por la sucia ventana de la habitación. Katniss y él habían sido amigos por tantos años, que reconoció la mirada gris del joven. Es la misma que ponía cuando estaba planeando una de sus precisas trampas: decidiendo por donde cruzará la presa. ¿Qué querría hacer Gale? Cuando el cielo oscureció, el joven les agradeció y pidió que cuidaran de Rory un par de días. –Debo ir a casa… saber que ha sido de los cuerpos.
-No te vayas, Gale –fue Prim la que dijo con pavor –puedes quedarte aquí unos días más, ¿cierto, mamá?
La señora Everdeen asintió. Pero Gale se fijó en Katniss. Ella hizo lo mismo que su madre, pero agregó –dejemos que todo se calme un poco y… y después te acompaño.
Como Gale accedió, Katniss había pensado que todo estaría bien. Entonces se dedicó a pensar en sus propios problemas: el reclutamiento se llevaría a cabo el próximo viernes, ese mismo día cientos de jóvenes estarían abandonando sus hogares. Y ella tendría que ser una de ellos. Tendría que apartarse de su querida hermana menor, aunque su madre estaría para cuidarla ¿Pero si su madre se perdía de nuevo? ¿Qué sería de Primrose si así ocurriera?
Tras darle varias vueltas al asunto, realizó que no contaba con otra opción: debían abandonar el distrito. Era arriesgado, pero bien podría funcionar. Además era eso, o abandonar a su familia. Gale ya lo había externado. Y aunque fuera un pensamiento egoísta, sabía que con la reciente pérdida de su amigo, el grupo se reducía y por lo tanto las posibilidades de sobrevivir incrementaban. Pronto se encontró planeando su huida hasta que, no supo en que momento, el cansancio pudo más que ella y se quedó dormida.
Cuando despertó, Prim descansaba plácidamente a su lado, pero el lugar de Gale estaba vacío. Comprendió de golpe. Temiendo lo peor, abandonó la cama con cuidado de no despertar a Prim y corrió a la salida. Rory dormía de nuevo en el sofá y la señora Everdeen se había quedado dormitando en la pequeña mesa de la cocina. Pero de Gale ni rastro.
Esperó a que el sol se asomase para prepararse e ir en busca de Gale. Estaba tan furiosa y preocupada al mismo tiempo, que no cuidó de ser silenciosa. Despertó a todos en la casa. Aprovechó a contarles sobre su plan, después de todo, debían abandonar el distrito antes del viernes, por lo que a partir de ese día, les quedaban tres para irse.
Rory quiso ir a su casa para buscar algunas pertenencias. Había determinación en su rostro, pero Katniss rechazó la idea: era arriesgado que saliera ¿Y si algún agente lo reconocía y lo mataba? Gale no se lo perdonaría. Ahora eran parte de su familia y su deber era protegerlos, a ambos. Su madre puso algo de resistencia, pero Katniss no tenía tiempo de discutir con ella ya que debía buscar a Gale.
Cuando llegó a la que era la casa de los Hawthorne, había unos agentes revisando el lugar. No permitió que el miedo la invadiera, después de todo, había aprendido a controlarlo por años. El único miedo real que sentía era que algo le ocurriese a su hermana. Prefirió no acercarse y cambiar su ruta como si fuera hacia la ciudad, cuando en verdad se dirigía al Quemador. En el camino se topó con Leevy, una chica de su edad. Ella fue la encargada de hacerle saber que Gale había sido cogido por los agentes y había rumores de que sería colgado al día siguiente.
No se quedó a pedir más explicaciones. Caminó hasta la ciudad todo lo rápido que pudo sin querer levantar sospechas. El problema sería tener acceso a él, pues ya se lo imaginaba encerrado en una profunda mazmorra, esperando a morir. ¡¿Cómo es que hubiera podido ser tan idiota?! Más que preocupada, la furia volvía a hacer su aparición, dándole el coraje de ir a investigar sobre la situación de Gale. Una vez salieran de ese lío, ya le haría saber lo que pensaba de él.
Chocó con alguien el camino, pero no se detuvo a ver de quién se trataba. Conforme se acercó al Edificio de Justicia, reparó en el joven que estaba aprisionado por un grueso yugo de madera. El aire la abandonó, su estómago volcó y las manos le temblaron. Era Gale, exhibido como un trofeo del capitolio. Sin embargo no era momento de debilidades y hacer algo estúpido. Dio pasos decisivos hasta donde habían puesto al joven. Lo calló antes de que empezara a hablar y le susurró a su oído –te voy a sacar de esta, únicamente mantente alerta y nos reuniremos donde siempre cuando ocurra.
Le avisó antes de que Darius, un agente de la paz que frecuentaba el Quemador, se le acercara. –Voy a tener que pedirle que se aparte del prisionero, señorita Everdeen –le dijo con firmeza y apuntándola con el arma, pero después agregó en voz baja –está programado para mañana al atardecer… usa un buen tiro.
Katniss asintió y dio un suave "gracias" antes de retirarse. Pero iba perturbada. ¿Acaso Darius, su amable cliente, sospechaba lo que ella pensaba hacer? Y más asombroso aún, ¿lo permitiría? Tuvo que sacudir la cabeza. Como fuera, no era el momento de analizar la cabeza del agente.
Mientras echaba a andar, formuló un plan, pero pronto su instinto le indicó que alguien la seguía, por lo que se ocultó en un callejón para sorprender a quien quiera que fuese. Aunque la sorprendida fue ella, porque era Peeta Mellark. Él le comentó sobre la preocupación de Madge, a la que ya no volvería a ver una vez abandonara el distrito. Katniss tácitamente le pidió al joven que la despidiera de ella, después de todo había sido buena amiga.
Inmediatamente se dispuso a abandonarlo cuando otra verdad le golpeo: esta era la última oportunidad que tendría para agradecerle lo que hizo por ella tantos años atrás. –Gracias, chico del pan –dejó escapar antes de desaparecer por completo de su vista.
Echó a correr hasta que llegó a su casa, donde rápidamente les explicó la situación. Si se quedaban, Gale moría, si se internaban en los bosques, tendrían al menos una oportunidad de sobrevivir. Amelie Everdeen fue la primera en preparar algunas cuantas pertenencias, sobre todo de valor sentimental, incluyendo su familiar libro de plantas. Prim asintió obediente, pero todo el tiempo que empacó algunas cosas, estuvo llorando algunas lágrimas. Rory les ayudó en lo que pudo.
Esa misma noche, cuando ya no había ni un alma en las calles, Katniss se encargó de transportar algunas cosas al bosque, y de meter uno de sus arcos al distrito, ya que siempre los dejaba ocultos en el bosque por temor a que la descubrieran. Estos recorridos le tomaron varios viajes, pero era ahora o nunca. Un viaje lo tuvo que hacer a la ciudad, donde se encargó de ocultar un arco en el techo de una de tiendas de alrededor de la plaza.
Por antes del amanecer y sin haber dormido absolutamente nada, llevó a su madre, a Prim y a Rory cerca de donde se reunía usualmente con Gale. Afortunadamente no tuvieron contratiempos, solo la larga caminata acompañada del temor de ser descubiertos.
-No quiero morir siendo devorado por un oso –murmuró Rory al oído de Prim.
Katniss rodó los ojos, pero Primrose sonrió un poquito. Les dio indicaciones dejándolos bien asentados y les recomendó ser lo más silenciosos posible. –Tengo entendido que Gale te estaba enseñando a tirar.
Rory asintió –lo intentó antes de que tuviera que trabajar en las minas. No soy muy bueno, pero puedo usarlo.
-Bien. Toma este –dijo tendiéndole un arco no muy grande –protégelas bien. Si… si logramos escapar, Gale y yo llegaremos aquí, ¿de acuerdo? –no quiso decirles que hacer si no salían con vida del distrito. –Debemos estar por aquí en la noche, estén preparados porque es probable que debamos movernos de inmediato.
Regresó a casa para dormir un poco, sabiendo que en las horas posteriores no tendría tiempo de tomar un descanso. Además estar alerta le ayudaría a escapar.
Apartir de que despertó, todo ocurrió demasiado rápido. Liberó a Gale, el chico del pan la ayudó, tuvo que deshacerse de su arco y fue detenida, acusada de desobedecer el toque de queda y vagar por las calles alterando la paz pública.
Por eso, es la prisión donde se encuentra ahora. De algún modo supone que debe estar agradecida de que no la acusaran de algo peor como la caza ilegal, o el uso de armas. Pero no debe descartar que los agentes pronto encuentren su relación con Gale y saquen sus conclusiones.
Ya ha amanecido, porque un rayo de luz se filtra por la pequeñísima ventana de la celda. Katniss sabe que es cuestión de tiempo para que escuche el ajetreo en la plaza. Mujeres llevando a sus niños llorones al mercado, comerciantes abriendo sus tiendas, trabajadores yendo a sus trabajos. A estas horas, los mineros ya deben estar laborando. Supone que Gale debe estar moviendo a su familia. Ahora que Prim y su madre son responsabilidad de él. ¿Estarán los agentes buscándolo en el bosque? ¿Lo darán por muerto? No quiere pensar en eso, así que se levanta con incomodidad, tratando de alcanzar su única conexión con el mundo exterior.
Cojea un poco. La caída de ayer le ha de haber torcido el tobillo. Se asoma para ver, efectivamente, el desfile de personas del distrito, haciendo sus labores como si nada hubiera ocurrido ayer. ¿Habría muertos por los disparos que alcanzó a escuchar a la distancia? ¿Por el incendio? Supone que los agentes estarán más ocupados tratando de encontrar al responsable del incendio que a Gale. Bien. Mejor para ella.
Le resulta extraño ver la cantidad de cabezas rubias que llenan la plaza. Alguna pareja discutiendo, un mendigo de la Veta pidiendo caridad. Rechína los dientes, no puede creer que ese hombre no tenga vergüenza de pedir limosna ¡a habitantes de la ciudad! Mejor deja de verlo y pone atención en los locales abiertos. Hay una tienda de comestibles, reconoce a una chica del colegio barriendo el frente, aunque no sabe su nombre, ya que nunca han intercambiado palabras. Más allá ve a algunos hombres llevando unas pesadas tablas de madera, seguramente para la carpintería. Sigue buscando, aunque en realidad no sabe qué.
Cuando un tenue olor a pan recién horneado le llega casi imperceptiblemente ubica de inmediato la panadería. Se pregunta si le darán de comer o si es parte del castigo no hacerlo.
Si es así, entonces toda la Veta es prisionera en el distrito.
Voltea cuando escucha que abren su celda. "Ahora sí. Saben que ayudé a Gale a escapar y vienen a matarme" La alarma retumba en su cabeza. Pero es solo Madge.
-¡Katniss! –exclama la hija del alcalde. –Gracias –se dirige al agente que la ha escoltado –no me tomaré mucho tiempo.
Katniss se pregunta cómo es posible que su amiga del colegio haya conseguido visitarla. Se quedan en silencio unos segundos, hasta que Madge vuelve a hablar –no debería aprovecharme de la posición de papá, pero ha sido el único modo de que me dejaran entrar a verte. –La cazadora se encoje de hombros, transmitiéndole que está bien –lamento que estés aquí.
-No ha sido tu culpa.
Madge asiente pero se ve apenada –puedo ir a ver a tu familia… decirles que estás bien.
Katniss abre los ojos asustada – ¡No! Quiero decir, no… no es necesario, tienen comida… tú… no…
Madge la mira con extrañeza pero no insiste. –De acuerdo –empieza a bajar la voz y se acerca a Katniss con urgencia –le he pedido a papá que trate de sacarte de aquí. No sé que tanto pueda hacer, pero… el Capitolio necesita gente. No solo reclutados para ser agentes. Necesita personas que trabajen en los campos de entrenamiento, ya sabes, que cocinen, que hagan la limpieza… –Katniss no entiende a donde se dirige la chica con todo esto, pero permanece escuchándola con atención –el Capitolio prescinde de toda la ayuda posible, así que papá tratará de hacer que te lleven con todos, hacerlo ver como parte de tu castigo. Yo quise decirle que no podrías dejar a tu familia, pero es la única opción que ha encontrado... –Katniss comprende que su amiga sabe que fue ella quien ayudó a escapar a Gale –… lo siento –y agrega rápidamente –yo no podré hacerme cargo de tu hermana personalmente, pero puedo hacer que Bessie…
Katniss sacude la cabeza –está bien, Madge. Agradezco esto, pero… –no puede decirle que Prim ya debe estar muy lejos de aquí –ya he cuidado que Prim tenga lo suficiente. No necesitará nada.
Madge duda pero asiente. –No creo que este sea el adiós. Estoy segura que saldrás de esta y nos veremos de nuevo. Una guerra no puede durar para siempre, ¿verdad? –Se acerca dubitativa y le da un breve abrazo, que Katniss responde con gratitud. La joven saca de su suéter un envoltorio. –Es lo único que pude meter –se explica colocando una pequeña bolsa en las manos de Katniss para después salir por la puerta.
Madge le está dando la oportunidad de seguir con vida, porque en cuanto los agentes encuentren que ayudó a escapar a Gale, o que su familia a huido del distrito, lo más seguro es que termine muerta. Por el momento la prioridad es sobrevivir. Ya después se las arreglará para unirse a la revolución ¿De qué otro modo podría sino, encontrar a Prim? Observa el paquete en sus manos. Está segura que contiene algún bocadillo. Tenía razón, pero además hay un pequeño pin circular con una pequeña ave en el centro. Es un sinsajo, la ave imitadora que el Capitolio no tenía intención de crear. Katniss atesora el obsequio porque le recuerda a su padre y porque será lo único que lleve de casa.
Al día siguiente y con el estómago sin haber comido lo suficiente, pues los agentes no le dieron nada el día de ayer, observa que han instalado tres largos tablones en la plaza. Gruesas cuerdas forman filas para los jóvenes que se apuntarán. Ve que son personas del Capitolio las que comienzan el registro. Frunce el ceño cuando reconoce un rostro entre los reclutadores, pero no lo ubica. Gruñe cuando empiezan a llegar algunos chicos de la Veta.
No le da tiempo de preguntarse porque la molesta verlos, porque un agente ha entrado a su celda -¿me van a liberar? –pregunta con esperanza en su voz.
Tal vez demasiada.
El agente da una risotada llena de mal humor. –No sé cómo lo hiciste, pero considérate afortunada de que no tenga ordenes de matarte ahora mismo –responde con crueldad antes de someterla para colocarle unas esposas metálicas.
Es llevaba a través de los corredores para poder salir al exterior del edificio. El agente intercambia algunas palabras con el guardia de la puerta antes de empujar a Katniss para que siga caminando. Tropieza, pero no cae. Conforme avanzan, la chica analiza rápidamente sus posibilidades de escapar, pero como si el agente entendiera sus intenciones, deja de apuntarla y la coge por las esposas. –Demasiada tentación. –Le dice con sorna.
Echan a andar de nuevo, pero repentinamente Katniss se frena. Un escalofrío corriendo desde su nuca hasta el final de su espalda. Con curiosidad voltea tratando de encontrar que accionó su instinto de cazador. Sus ojos se encuentran con unos ojos azules que la miran angustiados. Repentinamente avergonzada vuelve la vista al suelo y sigue caminando. Es llevada como un criminal hasta la pequeña estación donde un tren del Capitolio está estacionado; esperando a ser ocupado y partir hacia los campos de entrenamiento.
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A pesar de que el sol lleva un rato de haber salido, aún es temprano, por lo que Peeta Mellark ya está trabajando. A Ayron le ha sido permitido dormir un poco más, porque hoy será el día en que abandone el distrito, para unirse a las fuerzas armadas del Capitolio. La señora Mellark prepara su baño y está ocupada en sí misma para interesarse por cualquier otra cosa que no sea ella. El señor Mellark atiende los hornos mientras su hijo menor es encargado de atender a los clientes.
Unas clientas frecuentes chismorrean trivialidades e intercambian comentarios sobre las familias que conocen con hijos aptos para ir a la guerra. Peeta está ocupado llenando una bolsa con algunos rollos como para prestar atención -¿Irás tú, hijo? –pregunta una de las mujeres recibiendo su paquete en el mostrador. Es la señora Simmons. –Espero que no porque mi Tina sufriría mucho si lo hicieras.
Peeta sacude la cabeza negativamente –no, señora. Mi madreha decidido que vaya Ayron.
-Y hace muy bien. Es ahora el mayor de esta familia y debe cumplir con el deber. –Paga con unas monedas y agrega –mañana deberías pasar por la casa, Tina estará feliz de verte.
Peeta no responde, solo hace un mueca que espera sea parecida a una sonrisa. En algún punto se vacía la tienda y Peeta decide salir a echar un vistazo, ya hay jóvenes formados registrando sus nombres. Es curioso, pensó que todos esperarían hasta el último segundo para hacerlo. Alguien lo saluda a lo lejos. –Panadero. –Su amigo Phil cruza la plaza para ir a su encuentro. – ¿Listo para llorar en la despedida?
Peeta sonríe ligeramente –nah. Nadie podría extrañar a Ayron ni aunque fuera el último hombre del mundo.
Phil se ríe con ganas. Es claro que está aliviado de contar con un hermano mayor que ocupe su lugar. –Delly estará feliz de tenerte en su tueste, ¡no quisiéramos que estuviera hecha un mar de lágrimas por tu culpa! ¡Hey! –Pregunta de repente señalando hacia la izquierda – no creí que la cogieran nunca, ¿qué no es la chica Everdeen?
Los ojos de Peeta rápido localizan a la joven de cabello oscuro, que avanza custodiada por un agente. Sus miradas se encuentran brevemente, y Katniss aparta rápidamente la vista. Sin meditarlo, el chico deja a su amigo hablando solo y se abre paso para poder dar alcance y saber que ha pasado. Llega hasta la estación del tren, donde es testigo de cómo suben a Katniss Everdeen en uno de los compartimento del final. Es una caja completamente cerrada, por lo que Peeta desiste de querer ir a investigar. Sabe que no le dirán nada.
Con la mente claramente encendida, regresa veloz a la ciudad, a la panadería, y sube hasta su habitación. Obtiene un bolso de tela de su cajón y empieza a guardar algunas prendas de su ropa. No quiere detenerse a pensar en las consecuencias, tampoco en los clientes que lo vieron pasar quedándose con la boca abierta, listos para quejarse por no ser atendidos. Busca en el escondrijo de su cama mullida. Obtiene un pequeño saco que contiene todos sus ahorros. También lo toma.
Coge sus esbozos más preciados, que ha dibujado en algunas hojas de sus libretas de escuela, los enrolla y guarda en un tubo junto a sus lápices, colocándolos con otras pocas pertenencias. Finalmente toma una chaqueta y se prepara para salir alcanzando a escuchar a Ayron decir – ¡Demonios, Peeta! ¡Deja dormir!
Vaya sorpresa que se llevará cuando despierte.
-¿No piensa atendernos? –exige un hombre malhumorado. Peeta lo ignora olímpicamente y sale de la panadería.
Debe hacer esto antes de que se acobarde, o se encuentre con alguien que lo haga desistir, más bien que su madre lo obligue a desistir…
Llega hasta la mesa más cercana. Algunos se quejan cuando se avanza hasta al frente de la fila con resolución –Peeta Mellark.
La reclutadora lo mira como si le hubiera dicho alguna insolencia –debes formarte como el resto. ¡Estos no son modales! –Peeta la reconoce de inmediato. Es la acompañante del distrito doce, o en otras palabras, es la mujer que escoge las papeletas de los tributos en cada Cosecha. Su peluca rosa brilla mucho y Peeta se da el tiempo de preguntarse cómo hará para que la pintura de su cara no se derrita con tanto calor.
-¡Déjalo, Effie! –dice un hombre con un acento diferente; no del distrito, no del Capitolio. – ¡Está ansioso por servir a su país!
La mujer se sonroja al darse cuenta que es el vencedor Finnick Odair quien le ha hablado. Pone una gran sonrisa en su rostro como si nada hubiera pasado –nombre.
-Peeta Mellark. –El chico la observa teclear en la pantalla del computador con rapidez y precisión.
-Edad.
-Dieciocho años.
La mujer le sigue tomando datos por un par de minutos. Peeta empieza a sentir el desacelere de sus emociones. Su corazón vuelve a latir con normalidad, solo debe secar el sudor de sus manos en los costados de su pantalón.
-De acuerdo, Peter. Vamos a…
-Peeta. –Corrige casi con pena –Mi nombre es Peeta.
Effie Trinket lo mira con el ceño fruncido. Finnick Odair se ríe. A él también le dirige una mirada dura –Es de malos modales interrumpir a alguien cuando está hablando.
-Lo siento, señorita. –Se disculpa sin sentirlo realmente.
La mujer resopla pero termina por asentir volviendo inmediatamente a poner la sonrisa en su cara –De acuerdo, Peeta. Vamos a asignarte el número E417, cuando lleguen al destino, será tu clave para recibir acomodación, horarios y grupos. El tren saldrá a las tres en punto, asegúrate de estar ahí y ¡que la suerte esté siempre de tu parte! –Finaliza sin dejar de sonreír de oreja a oreja – ¡Siguiente!
Peeta sale de la fila, portando en sus manos la placa que le han entregado. No puede creer que lo haya hecho. No puede creer que vaya a abandonar todo lo que conoce por ir a pelear una guerra que no le concierne. «Lo haces por ella» se recuerda a sí mismo.
Suspira. Sabe que debe ir a casa para informarles sobre su abrupta decisión. Su madre estará furiosa. Decide enfrentar la situación en ese instante. No puede irse así, sin más, sin despedirse de su papá.
Mientras vuelve sobre sus pasos, se coloca la placa en el cuello. Cuando llega a la panadería no le sorprende encontrar a su padre atendiendo el mostrador – ¡Peeta! ¡Que…! –exclama dando rápidamente el cambio a una anciana – ¿En dónde has estado? ¡Tu mamá va a estar furiosa!
-Papá, yo…
-Ahora no, hijo. Tengo una bandeja en el horno. ¿Por qué traes la chaqueta puesta? –Dice cruzando la puerta que lleva a los hornos.
-Espera, papá. Debo decirte algo… –Suplica.
-¡Dame un par de minutos!
La campanilla de la entrada anuncia que hay alguien en la panadería. Peeta se arma de paciencia antes de disponerse a atender al cliente. – ¿En qué puedo ayudarle?
-Necesito dos de esos y uno de aquellos –pide el hombrecillo señalando unos bollos y una barra lisa de pan – ¿tienen nueces?
-No. Los de nueces son estos de aquí –indica Peeta como si no estuviera a unas cuantas horas de dejar el lugar donde ha vivido toda su vida.
-No quiero de esos, mi nieta es alérgica a las nueces. ¿Vas a unirte a los agentes, hijo? –pregunta como todo mundo acercándose a pagar por sus productos.
-Sí, señor –esta vez la respuesta del chico es diferente a la que dio por la mañana. Que rápido pueden cambiar las cosas por alguien a quien amas.
-En ese caso, deberías estar despidiéndote de tus seres queridos en lugar de estar atendiendo a este viejo –opina mientras coge el paquete que el joven le tiende.
-¿Qué quiso decir el caballero, Peeta? –pregunta su padre que va entrando, el cliente ya se ha ido.
Llegó el momento de enfrentar el primer apuro de su decisión. –He tomado el lugar de Ayron.
-No te sigo…
-Me voy, papá. El tren sale a las tres y ya me he registrado.
-¿De qué estás…? –pregunta sin poder entender, o no queriendo entender.
-Me he unido a los agentes de la paz.
-¡¿Qué?! –gritan Ayron y la señora Mellark al mismo tiempo. Peeta y su padre voltean bruscamente para verlos descender por las escaleras.
-¡Repite lo que has dicho! –los ojos fuera de órbita, el gesto de ira. La señora Mellark se prepara para golpear a su hijo, sin molestarse en coger algo para hacerlo. Es casi ridículo ver a la pequeña mujer queriendo alcanzar al muchacho que le rebaza por cabeza y media.
-¡Basta, Eleanor! –Por primera vez, Lachlan Mellark frena a su esposa tomándola de la mano. La señora lo ve con odio y se prepara para decir algo hiriente. Sin embargo algo en la mirada de su esposo parece detenerla. Se libera de un tirón para entonces volver a su habitación sin dedicarle una mirada a su hijo menor. Tampoco se despide.
Hasta que escuchan el azote de la puerta, ninguno de los varones habla
-Aún podré ir, ¿no, papá? –pregunta Ayron recuperando el habla primero. –Vamos, que Peeta no… él no…
Lachlan sacude la cabeza –lo siento, hijo. Pero no puedo permitir que mis dos hijos vayan a la guerra.
-¡Pero…! –quiere insistir el joven. Si la situación fuera menos delicada, Peeta podría burlarse de la postura infantil de su hermano mayor.
-¡He dicho que no! –Dice la firme voz del padre de los chicos. Ayron quiere gritar pero termina dando la misma mirada que su madre y parece desear batirse con su hermano, pero finaliza saliendo furioso del negocio.
-Me entristece que tomaras esta decisión sin consultarme, Peeta. –Se dirige a él una vez que Ayron se ha ido –en verdad no entiendo porque cambiaste de opinión. A menos que… va a ir ella, ¿no es así?
Peeta asiente por toda respuesta. Si alguien está más que seguro de los sentimientos del joven Mellark, es su padre. Tras una larga pausa puede decir con lágrimas en los ojos –siento mucho dejarte.
Su padre acorta a corta la distancia y responde dándole un fuerte abrazo, queriendo protegerlo del mundo en que viven, deseando que aún fuera el pequeño de cinco años al que acompañaba a la escuela, al que le enseñó a glasear, al que dejaba que jugara con muñecos de masa. –Te amo, hijo. Yo… lamento no haber sido un buen padre.
Peeta se separa del abrazo. –Lo fuiste, digo… lo… lo eres, papá –trastrabilla con las palabras.
-Asegúrate de volver a casa. –Lachlan tiene rojos sus ojos pero sonríe tenuemente.
-Lo haré –logra manejar una sonrisa para su viejo. Él no puede estar seguro de que sobrevivirá a la dura tarea a la que se dirige. No cuando va dispuesto a dar su vida.
Cuando se marcha, echa un último vistazo a la que ha sido su casa durante tantos años. Antes de que la nostalgia le sobrecoja, decide ir a despedirse de su amiga Delly.
-¡Me estás mintiendo, Mellark! –grita la joven contrariada. – ¡Creí que estarías en mi tueste y ahora me sales con esto!
-Dale un respiro, Dell. –Replica Ross saliendo en auxilio de Peeta. Ha dejado de pulir el mueble en el que está trabajando.
-¡No que! ¡No puedes irte! –Y entonces es cuando se suelta a llorar. – ¡Prometiste que estarías en mi boda!
-Lo siento –dice avergonzado –no pensé…
-¡Claro que no lo hiciste! –exclama llorosa antes de salir disparada hacia el lavabo.
-¿A qué hora te vas, Peeta? –pregunta Ross cuando su prometida sale. –Disculpa a Dell, está decepcionada porque la boda de ensueño que estaba planeando estará vacía sin su mejor amigo.
El joven asiente comprensivo, pero se siente como si tuviera cien años encima. –El tren sale a las tres. Así que supongo que me queda media hora para estar ahí. Despídeme de Delly. Debo ir a ver a Croiss. –Dice dando un abrazo a Ross –Felicidades por la boda. Cuando los vuelva a ver será la señora Butcher –menciona con una ligera sonrisa porque, después de todo, Delly se casa y él se va a una guerra a luchar.
-Gracias, Peeta y cuídate. –Le da una ligera palmada en el hombro.
Cuando llega con su hermano mayor no le queda mucho tiempo, y además se encuentra trabajando. Intenta no pensar en que Croiss ya será padre cuando lo vuelva a ver. Por qué ¿Quién sabe cuánto puede durar una guerra?
Finalmente hace su camino hasta la estación, el avance es un poco lento, ya muchos han subido, pero hay parejas de jóvenes que quieren separarse. Lágrimas en los rostros, brazos que se aferran a las chaquetas, familias que se despiden. Nadie de su casa va a verlo.
Se recuerda que ha sido su decisión enlistarse a la milicia, pero no por eso duele menos.
-¡Peeta! –Es Delly quien lo llama. Llega acompañada de su prometido. –Tenía que venir a despedirte –explica cuando lo alcanzan.
-Pude hacerla reaccionar –comenta Ross con una sonrisa.
-Gracias –dice el joven con sinceridad.
-No iba a dejar que te fueras así. Debo entender que si fuera mi Ross, yo haría lo mismo que tú estás haciendo. –Peeta estrecha sus ojos, mientras su amiga los gira – ¡Cómo no lo voy a saber! Somos amigos desde que éramos pequeños, ¡por supuesto que te conozco bien, Peet! Es por una chica –dice sabihonda a su pareja que no se ha enterado de nada –luego te explico. Ahora, Peeta, promete que te cuidarás y ¿quién sabe? Puede que cuando vuelvas me des la sorpresa de que se han casado.
Peeta se ríe, pero internamente está de acuerdo con su amiga. Se dan un abrazo y un apretón de manos con Ross. Los agentes que están en la estación hacen una última llamada a los registrados. Peeta camina valientemente hasta un vagón donde puede encontrar un asiento junto a la ventana. Desde ahí puede echar una última mirada al distrito doce, porque jura regresar con Katniss Everdeen a su lado, siendo su cometido cumplido…
O volver en una caja si fracasa.
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