N/A: ¡Hola! Antes que nada quiero que sepan que agradezco mucho sus comentarios. Lamento no tener el tiempo para contestarlos, pero es que mis días pasan volando. ¡Pero no duden ni por un segundo que amo leer cada uno de ellos! Ahora: deben saber que me he puesto a meditar sobre lo que quiero en esta historia y pues he hecho cambios importantes para la línea que seguiría. Al principio pensaba irme súper lento y hacer todo lo más descriptivo posible, pero me he arrepentido (por que me pareció aburrido e innecesario) y he decidido acelerar las cosas un poquito en el capítulo de hoy. Así que nadie entre en pánico, pero si les parece que voy demasiado rápido, háganmelo saber e intentaré bajarle de nuevo.

Querido Lector: Si te gustan los Universos Alternos y te gustaría leer sobre un Chef!Peeta, no dejes de pasarte por la nueva historia que estoy escribiendo para celebrar el mes del amor y la amistad :D Se titula: 'Kitchen Love: Tu Amor Sabe A Canela' n_n

¡Gracias de nuevo y disfruten la lectura!

Capítulo V


Peeta observa asombrado lo que puede ver del distrito al que han llegado. Alguien murmura que podría ser el once. Y sí debe ser, por las imágenes transmitidas durante los Juegos se puede reconocer. Los enormes campos de agricultura, los árboles frutales, pero lo que en definitiva le gusta más, son los sembradíos de trigo. No los puede examinar a detalle porque el tren sigue avanzando una vez que han cruzado una enorme verja metálica que, en comparación con la valla del doce, es impenetrable. Aun así, reconoce de inmediato el color dorado del trigo, esa tonalidad que le recuerda a las hogazas de pan mientras se doran en los hornos. Cae en la cuenta de lo lejos que está de casa. Han transcurrido ya muchas horas de viaje, pero parecen días.

La tripulación del tren les ha dado algún bocadillo, de hecho es lo más delicioso que Peeta ha probado nunca. Los frescos vegetales, la dulce manzana, la botella de jugo de naranja. ¡Oh! ¡Es tan dulce como el glaseado que hacen en la panadería! Con todo y la comodidad de los asientos, y la buena comida, no deja de sentirse cansado. Son muchas las emociones encontradas. Se permite por unos momentos caer en la nostalgia. Los recuerdos de casa, los amigos que en su mayoría han permanecido en el distrito… En esos momentos tendría que estar trabajando en la panadería e su familia.

«¿Cómo se encontrará Katniss?» Reconoce que la joven es fuerte, e incluso se atreve a decir que es la persona más valiente que ha conocido. "Conocido" entre comillas porque no han intercambiado las palabras suficientes entre ellos para considerarse amigos. Pero eso debe cambiar. Si bien debe ser paciente y dejar que su nueva situación se estabilice y puedan adaptarse a las recientes circunstancias antes de poder acercase a ella de modo más personal. Ardua tarea porque si no ha reunido el valor en trece años…

No. Debe dejar de pensar así. ¿Acaso no se ha involucrado en esta absurda guerra? ¿Acaso no desobedeció a su madre para embarcarse en esta aventura? ¿Acaso no ha renunciado a su zona de confort para cuidar de la joven de la que está enamorado desde pequeño? Estas acciones no hablan precisamente de un cobarde, de un hombre débil.

Debe detener esas palabras con las que su madre se ha dirigido a él por años. Ya no está bajo su poder. Ya no está bajo su control, bajo su cruel juego personal. Ahora él depende de sí mismo y deberá enfrentarse a esto solo. Justo ahora siente como la valentía llega a él con bríos, inagotable, como si hubiera estado esperando oculto por el momento oportuno para demostrarse, para rebelar que siempre ha estado ahí, aguardando.

«Resolución. Determinación. Braveza» Todo lo que es por dentro. Mucho de lo que le define como persona.

Sintiéndose renovado, presta atención a los nuevos reclutas del distrito en el que están. Eso sí. Y Peeta lo reconoce pronto; es que son muchos más que los que ha dado el distrito doce.

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Katniss pronto no es la única que va en el vagón al que llaman 'de los voluntarios'. No entiende porque le dicen así, ya que a plena vista resalta que es de prisioneros; e incluso el lugar huele mal pese a que cuenta con algunas ventanas que sirven de ventilación (no parece que cumplan su cometido), ha de ser donde transportan el ganado hacia el capitolio.

Ya se está acostumbrando a la soledad de viajar sola, y honestamente lo prefiere así, aunque eso significa que debe prestar más atención a sus pensamientos. «¿Qué estará haciendo Prim? ¿Tendrán suficiente para comer?» De los animales salvajes no se preocupa, confía en la buena puntería de su amigo, y siendo la temporada que es, todos en el bosque tendrán de que alimentarse, por lo que las bestias no les prestarán mayor atención. Pero lo que si le pone los nervios de punta es «¿Qué tan cerca estarán del distrito trece?»Jura que si Gale no encuentra ese supuesto lugar, ella misma hallará la forma de hacérselo pagar.

«Sobrevivir, Katniss. Esa es la prioridad»Debe recordarse cada cierto tiempo.

Entonces en algún punto del viaje, el tren comienza a aminorar la marcha. La joven se levanta de inmediato, pendiente del ruido del exterior. «Preocúpate conforme haya que hacerlo» Finalmente los carros se detienen y percibe el ajetreo de, supone, algún otro distrito. «¿Cuál será?» No hay manera en que lo pueda saber. Entonces las puertas se abren y ella ve una oportunidad de escapar, pero es rechazada por los cuerpos que son empujados hacia el interior del vagón.

Los agentes de la paz golpean a un alguien que se resiste a entrar. Katniss se ve obligada a cerrar los ojos cuando la brutalidad con que los agentes mitigan al hombre es más de lo que puede soportar. Las puertas se vuelven a cerrar. La joven abre los ojos para encontrarse con cinco pares de oscuros, los que se vuelven de inmediato hacia el hombre que está tendido en el suelo, bastante herido.

-¡Tresh! –murmura una joven con pena.

La cazadora los mira fijamente mientras se acercan a atender al herido. Casi todos tienen la piel oscura, casi tan negra como la del carbón que se extrae de las minas. Sus cabellos son muy rizados, pero aparte de eso no pueden ser más diferentes.

Ahora que puede ver mejor a los recién llegados, se percata que el herido es un joven que podría tener la edad de Gale. Es literalmente enorme. Definitivamente es el chico más grande que haya visto nunca. –Se ha visto obligado a abandonar a su abuela y a su hermana –Katniss voltea sorprendida hacia la jovencita que parece haber leído sus pensamientos. –Son toda su familia.

-¿Qué hay de ti? Te ves demasiado joven para ser un agente. Aunque claro, no estarías aquí…

La chica la observa vigilante –ha sido por mi papá. –Da por toda explicación y Katniss no pide más, ella mejor que nadie entiende la desconfianza. –Me llamo Rue –se presenta con una renovada sonrisa tendiéndole la mano. –Ese accesorio es muy bonito –le dice señalando el pin que Madge le obsequiara.

-Gracias. Es un…

-Un sinsajo. Lo sé. –Se observan con agrado durante unos instantes. A la joven le recuerda a su pequeña hermana. Rue ha de tener la misma edad que Prim.

-¡No despierta! –exclama la joven que se acercara al chico herido, el cual yace tumbado boca abajo. Rue devuelve su atención a sus compañeros de distrito. Katniss escucha que les da algunas indicaciones pero todos parecen demasiado débiles para auxiliar al muchacho. Alguna llora histéricamente.

Katniss se acerca bastante renuente pero sin poder mantener su distancia (aunque quisiera por que le dan la sensación de querer protegerlos, y ella no puede permitirse distracciones) –hay que voltearlo y… y debemos detener su hemorragia. –Le dice.

La miran acercarse a ayudar. Pronto reaccionan y entre todos logran, no sin esfuerzo, acomodar al joven en una mejor postura, donde el sangrado de la nariz disminuye notablemente. Por supuesto, esto no evita que Katniss sienta unas repentinas ganas de salir huyendo. La visión de la mera sangre humana siempre ha sacado la gran cobardía que habita en ella. Los chicos la miran y ella se siente a la defensiva, pero entonces cae en la cuenta de que parecen esperar por más instrucciones. –Traten de levantar sus pies, aunque sea un poco mientras… mientras detenemos el sangrado. –La joven que atendiera al muchacho, busca entre sus ropas algo que pueda ayudarles. Es Rue la que comienza la labor junto a Katniss para detener la hemorragia de la cabeza.

Se esfuerza enormemente para no vomitar.

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Ese ha sido el único distrito donde el tren se ha detenido. Supone que es porque no cabe ni un alma más en este veloz transporte del Capitolio. Recordando que le espera algo de actividad en cuanto lleguen al campo de entrenamiento (porque es a lo que van) intenta dormir el resto del camino.

Cuando por fin llegan a su destino, Peeta se ha perdido la panorámica vista del lugar. Una mujer por los altavoces les indica que pueden comenzar a salir en orden. El joven obedece tranquilamente, no permitiendo que los nervios le controlen. «Detente. Respira. Cálmate» Son las palabras que se volverán su apoyo durante momentos difíciles de enfrentar.

La salida del tren es lenta y mientras algunos amigos que viajaron juntos hablan excitados, la mayoría avanza en silencio. El aire fresco de la mañana le cala en los huesos, así que se coloca su chaqueta sin dejar de caminar. Es dirigido a través del recinto descubierto en el que están – ¡Hombres del lado izquierdo! ¡Mujeres por aquí! –indica el personal del Capitolio varias veces. Sus caras gatunas y exageradamente coloridas son tan fácilmente reconocibles que no pueden ser de otro lugar.

Peeta intenta encontrar entre el mar de rostros a Katniss pero no lo logra. Lo más probable es que sea tomada aparte, pues aún no sabe en calidad de qué, ha sido llevada hasta ahí. Por el momento lo único que puede hacer es seguir indicaciones. La multitud de varones no podría ser más llamativa y diversa. Otro tren llega casi de inmediato y las personas se aglutinan en las largas filas. A Peeta no le sorprende que el personal del Capitolio luzca tan emocionado. Irónico cuando están por entrar a una guerra. Aunque claro, acaban de llegar quienes les salvarán el trasero.

El joven es ubicado en el lado oriente del campamento. Mientras avanza intentando dar con el lugar que le han asignado, observa las llanas construcciones, las bodegas con equipos, los grupos de conocidos que se empiezan a formar. A su izquierda localiza un comedor, a la derecha un hospital; muy sencillo pero mejor que cualquier cosa que pudieran tener en el doce. En algún momento encuentra el lugar que será su hogar por un largo tiempo.

Es una bodega de paredes blancas, pocas ventanas y techo de estructura de metal a no mucha altura sobre las camas. Son decenas de literas planas que se aprecian desde la entrada. Cada una con un juego de sabanas verdes. Mientras Peeta avanza buscando su lugar, intenta encontrar una cara conocida; tal vez algún chico del doce, algún hermano de algunos de sus amigos, o de sus conocidos. Antes de que pueda reconocer a alguien, localiza su cama. Su nombre brilla en una pequeña pantalla, indicándole que le toca en la parte baja del mobiliario de dos piezas.

Deja caer sus pocas pertenencias sobre el pequeño cofre que está a los pies de su cama y él se sienta en el colchón. Frota su rostro con sus manos mientras se pone a pensar en el lío en que se ha metido. Porque él no sabe manejar un arma así que es probable que termine muerto. La ironía radica en que la chica a la que supone, ha ido a salvar, tiene más posibilidades de sobrevivir sola que con la nula ayuda que él le puede ofrecer.

Definitivamente el amor te hace realizar locuras.

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Katniss es llevada a una bodega donde estrechas camas están enfiladas una tras otra, una tras otra. Agentes informaron que había un muchacho en mal estado que había llegado en el tren de las siete, por lo que llevaron al joven llamado Tresh a otro lugar. Al principio Katniss pensó que los matarían a todos, pero respiró aliviada cuando una mujer, claramente ciudadana del Capitolio, apareció y guio a las mujeres hacia donde se encontraban ahora.

Nunca pensó que se sentiría tan feliz de seguir a alguien del Capitolio.

Entonces esa mujer les informa sobre sus actividades. Reparte a las mujeres en dos grupos: las que atenderán las cocinas y las que harán la limpieza. La joven cazadora tiene la desgracia de ser puesta en las cocinas; ya que nunca en su vida ha podido preparar algo decente para comer, eso era tarea de su madre e incluso de Prim ¿pero qué otra opción tiene más que ceder?

Así que allí está, preparándose para ir de inmediato a trabajar en la cocina. Ya se ha puesto su uniforme, de un suave color rosado, y zapatos lo bastante cómodos para no sufrir todo el día al estar de pie. Decide que no está tan mal. En la salida se encuentra con la jovencita que viajó con ella en el tren. Rue no dice nada, pero camina a su lado, ambas asignadas en la cocina.

Se espera que tengan listo el almuerzo para el medio día, pero como son primerizas, y así lo hacen saber a la encargada, las ponen a lavar ollas y a mantener limpias las áreas de trabajo. Katniss refunfuña todo ese rato «¿Es que acaso no tiene el Capitolio la tecnología para que la comida se cocine sola y los trastes se limpien a sí mismos?»

Rue da suaves risitas, ya que le causa mucha gracia la actitud de la chica. –Puede haber sido mucho peor, ¿sabes?

Pero Katniss no se imagina nada peor que estar lejos de casa, de sus bosques, de su amigo y de su familia.

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Transcurren las semanas y Peeta pronto se ha hecho de amigos. Su fácil labia y la facilidad de poder burlarse de sí mismo, son aspectos clave para hacer amistades, conocer gente, tener contactos. Porque son importantes, más ahora que ya lleva tres semanas ahí y no hay rastro de Katniss. Si no comienza a buscarla ahora, todos sus sacrificios habrán sido en vano.

-¡Hey, Mellark! ¿Ahora en que estás pensando que no me escuchas?

Es sábado por la noche y ya están libres de sus responsabilidades. Este tiempo lo pueden emplear para lo que gusten. La gente del Capitolio parece ser muy festiva, por lo que hay un área reservada para gastar su tiempo y dinero en lo que quieran. Hay un salón de baile, un par de tabernas, gimnasios y otras vanas y triviales diversiones. Es como una pequeña ciudad, pero mucho mejor de lo que hay en el doce.

Peeta ha quedado fascinado con la minúscula biblioteca que les renta algunos libros que nunca habría podido leer en su distrito. Claro que todos hablan sobre la grandeza del Capitolio, pero hay alguna que otra novelilla que aunque los autores son ciudadanos fieles del Capitolio, resultan ser entretenidas. Pero en lo que más ha gastado su tiempo, es en el cuaderno de dibujo que se ha podido permitir con su pequeña pero significativa paga semanal. Es más de lo que recibía en la panadería. Aunque ahorra la mayoría en la cuenta bancaria que les asignaron el primer día.

Ethan Hawk se ha vuelto su más cercano amigo. Es un joven blanco de su edad y altura, pero ligeramente más delgado. Sus ojos son cafés y su cabello negro. Ethan llegó del distrito nueve alegando que estar en los campos cosechando no era lo suyo, y que prefería mil veces la aventura más allá de las rejas de su distrito.

Así que están echados en sus camas mientras se alegran del fin de semana libre después de la ardua semana de actividades físicas. –Tierra llamando a Mellark.

-Lo siento, Hawk, ¿qué querías?

-Te pregunté si esta vez piensas acompañarme a la pelea de hoy.

Peeta no entiende cómo es que hay tipos que pelean por diversión. Aunque también es por dinero ya que las apuestas corren en el bar donde se llevan a cabo. Lo más extraordinario es que parece no afectarles en lo más mínimo el duro entrenamiento al que son sometidos entre semana. –No creo. Sabes que no me gustan mucho esas cosas.

Es obvio que Ethan no comprende cómo es que no le gustan las peleas si se ha inscrito a la milicia, pero no dice nada, simplemente insiste –venga, Mellark. Me dijeron que los de esta noche se van a dar con todo.

-¿Y por qué no vas solo?

-Porque después quiero ir por un trago y no sé, tal vez conocer a una linda señorita.

-Para eso no me necesitas –dice Peeta resistiéndose, aunque sabe que a final de cuentas terminará acompañando a su amigo.

-Tienes razón, pero si la chica se pone pesada, siempre puedes actuar como mi salida de emergencia. –Ethan se levanta y se dirige a las duchas. –Nos reunimos en la salida dentro de quince minutos y no aceptaré un no por respuesta.

Peeta ve como su amigo se aleja antes de suspirar pesadamente. Mentiría si dijera que nunca ha tomado un trago de alcohol en su vida, porque en la escuela tuvo que hacerlo cuando sus amigos lo retaron (nunca podrá olvidar la paliza que le dio su madre cuando lo vio llegar ebrio), pero no por eso le gusta beberlo.

Finalmente su curiosidad puede más y decide que será entretenido ver a dos desconocidos peleándose entre sí. Le parece que a ese 'deporte' si se le puede decir así, se le conoce como boxeo. Es muy diferente a la lucha que practicaba en sus años de estudiante, pero quien sabe, hasta puede resultar divertido. Y si corre con suerte, tal vez se encuentre con Katniss.

Se da una ducha rápida para poder quitar el pegajoso sudor de su cuerpo y se viste con los pantalones militares y la camiseta negra que les ha proporcionado el Capitolio. Cuando completen su entrenamiento, les darán su uniforme de agentes, pero por ahora eso les basta. Se encuentra con Ethan justo donde quedaron de, y se dirigen a donde estarán las peleas.

Cuando llegan a la que conocen como Zona Cero, es como si entraran a un mundo completamente diferente. Hay letreros luminosos con mensajes como "Es un honor servir al Capitolio" y pantallas que transmiten noticias del tipo "El honorable presidente Colonarius Snow da mensaje a los rebeldes" Pero la mayoría los pasa por alto.

Pronto llegan a la sencilla construcción y se encuentran con que hay una fila esperando a entrar. –Dos monedas. –Exige un hombre de rasgos aburridos.

-Yo pago esta, Peet –dice Ethan apresurándose a pagar. Nada más entran y Peeta ve como su amigo bebe de golpe dos tragos de licor blanco. –Dale uno a mi amigo –le indica al bartender.

-Que sea una soda –indica Peeta rechazando el pequeño shot que le tienden. Ethan se apresura a tomarlo por él.

-Mañana es domingo –se encoje de hombros. Peeta solo gira los ojos. Pagados los tragos y con Ethan acelerado por el alcohol, se encaminan hacia donde está el círculo donde se llevan a cabo las peleas. – ¡No se ven tan fuertes como dicen ser! –exclama sobre el ajetreo. Empuja a algunos cuantos para poder acercarse a mirar, pero hay uno que no lo deja pasar de largo.

-¿Cuál es tu problema, niño? –el hombre debe medir al menos seis pies y se ve tan amenazador como cualquier tributo profesional.

-Sólo está ebrio, discúlpanos –se apresura a decir Peeta queriendo calmar la situación.

-¿Acaso dejas que tu novia te defienda? –gruñe el hombre socarrón ignorando al rubio y su disculpa. Los que parecen ser sus amigos le aplauden el comentario.

-¡Discúlpate con mi amigo! –exige Ethan aunque no está en posición de hacerlo, el alcohol se le ha subido rápidamente y le cuesta trabajo balancearse.

-Yo no me disculpo con maricas –gruñe el hombre cruzándose de brazos.

-¡Retráctate de tus palabras!

-Déjalo ya, mejor vámonos. –Interviene Peeta tomando a su amigo del brazo.

-¡Claro, sarta de cobardes!

Las palabras del hombre le traen un desagradable recuerdo. Y eso basta para activar la furia del dulce panadero del distrito doce; porque si nunca se atrevió a defenderse de su madre, nada le detiene ahora para arrojarse sobre este desconocido al que no le debe nada; ni respeto, ni compasión.

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-¡Vaya, Mellark! ¡Ahora sí que te luciste! –exclama Ethan minutos después mientras lleva a su amigo a la enfermería.

Peeta va bastante maltrecho. –No me digas, me duele como si me hubieran caído cien ladrillos encima.

-¡No te fijes! –Dice demasiado entusiasta –el tipo quedó peor que tú. ¡Incluso ustedes dos tuvieron más espectadores que la pelea que estaba de ese momento! Me sorprendería que no te invitaran a entrar a las peleas.

Como si sus palabras fueran proféticas, un hombre los alcanza cuando están por salir del área de esparcimiento. – ¡Esperen! –Ambos jóvenes se detienen, uno más renuente que el otro. – ¡Hey, amigo! –Silba expresando su admiración – ¡En que pleito te metiste! ¿Has considerado participar en las rondas? Si eres bueno, como ya vimos que eres, podrías hacer buen dinero peleando una vez a la semana.

-No creo…

-Consideraremos la oferta –se apresura a interrumpirlo Ethan.

-Bueno, si les interesa búsquenme en el escuadrón J309, del lado este del campamento. –Dice mirando al rubio –Pregunten por Harris y los dirigirán a mí, ¿de acuerdo? Y ya les agendo una pelea. –Se despide añadiendo – ¡Atiéndete bien esa hinchazón del ojo!

-¿Consideraremos? –Pregunta Peeta alzando las cejas… bueno, la que puede levantar.

-Nah. Sabes que no te pienso presionar, pero prométeme que lo contemplarás. –El joven no contesta, pero Ethan no le pide una pronta respuesta –ya casi llegamos –indica señalando el hospital. –Señorita… –saluda con una enorme sonrisa a la preciosa enfermera que se apresura para atenderlos.

-¿Madge? –Pregunta Peeta mirando con su ojo bueno a la joven – ¿Madge Underseen?

-¡Peeta! No te reconocí bajo esa hinchazón de tu rostro. ¿Acaso te has peleado? –No espera una contestación, pero les indica que la sigan. –Es una fortuna que hoy me tocara guardia. Siéntanse afortunados de que no los reporte.

-Gracias…

-La noche sigue poniéndose interesante ¿Cómo es que se conocen? –Quiere saber Ethan con demasiado interés y fingiéndose quedar profundamente enamorado.

-Vivíamos en el mismo distrito. Madge es hija del alcalde, no es que hubiéramos sido amigos pero…

-Es bueno reconocer un rostro familiar estando tan lejos de casa –finaliza Madge. –Siéntate ahí mientras voy por una comprensa de hielo.

-Es muy guapa –le dice Ethan mirándola salir. –No puedo creer que no me la presentaras, mal amigo.

Peeta se encoje de hombros, aunque la operación es dolorosa –ni siquiera estaba seguro de que estaría aquí, supuse que como hija del alcalde no tendría porque venir…

-Justo como todos creyeron –interrumpe la joven que ya ha regresado. –Esto está muy frío –advierte antes de poner la bolsa en el ojo herido.

-¿Cómo terminaste en la enfermería, Madge? –Su amigo carraspea sonoramente –por cierto, este es Ethan Hawk.

-Un gusto –le da la mano que el joven se apresura a tomar. –Supongo que mi complexión no les gustó para hacerme agente. Dijeron que era muy escuálida... pero de todos modos lo prefiero así, no creo haber sido capaz de soportar un entrenamiento como el que llevan.

Mientras observa que su amigo coquetea con la enfermera, a Peeta se le ocurre que tal vez Madge sepa algo sobre Katniss, después de todo, ellas fueron amigas en el colegio. –Hey, Madge. ¿Y sabes…? Quiero decir, ¿Qué ha sido de…? Ya sabes ¿tu amiga? –en verdad que se esfuerza por no parecer demasiado anhelante.

Madge lo mira fijamente, como estudiando sus intenciones pero comenta finalmente –no la he visto –el joven siente que se va a desmayar abatido –pero hablé con papá hace una semana. –No asimila que tiene que ver el alcalde con la cazadora, pero su corazón da un vuelco y repentinamente está muy ansioso por escuchar el resto. –La ubicaron en las cocinas.

«¡Las cocinas!»

Peeta no puede evitar reprocharse su falta de ingenio para no haber checado antes ese lugar. En ese momento debe reprimir la urgencia de ir a buscarla, pero el sentido común lo detiene. No puede aparecerse de repente y envolverla en sus brazos, besando sus labios apasionadamente mientras le confiesa que la ama.

Ya se puede imaginar el escenario de lo que pasaría si lo hiciera así. Seguramente terminaría con él golpeado en sus partes nobles, revolcándose de dolor en el suelo (sus fantasías de vuelta al distrito siempre terminaban así) Pero ahora que sabe dónde encontrarla, debe hallar el modo de tener acceso a ella.

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Katniss Everdeen está tan agotada que no quiere hacer nada más que tumbarse en su cama y dormir hasta el próximo lunes. Aunque la falta de actividad en sus músculos hace que se sienta tiesa. Debe buscar algún modo de mantenerse en movimiento, o sus articulaciones se oxidarán y cuando logre regresar a Prim le costará trabajo readaptarse a su viejo estilo de vida.

Y buscar un entretenimiento le ayudará a desaburrirse del repetitivo trabajo que realiza todos los días, y a mantener la mente ocupada para dejar de sufrir insomnio por las noches. ¿Pero es que como olvidarse de la pequeña Prim? Acepta que su hermana ya no es una niña pequeña, pero para ella siempre será su hermanita, la persona que más ama en este mundo.

-Acompáñanos, Katniss –suplica Rue una noche de sábado. –Si me quedo encerrada un día más me voy a volver loca.

Le causa gracia la exageración de la joven de catorce años. Es casi como si fuera Prim la que se quejara para convencerla de ir a caminar a la plaza de la ciudad. –Ya debes saber que no hay actividad a estas horas a donde tú debas ir, Rue. –Finaliza dando a entender que no piensa abandonar la bodega donde viven.

La chica no insiste, pero Katniss la escucha suspirar mientras les dice a sus amigos que no irá.

-Hubieras ido con ellos –dice Katniss sintiéndose un poco culpable.

-No. Tienes razón. Sé que a mis padres no les hubiera gustado que frecuentara esos lugares. –Guardan silencio mientras Rue sube a la litera que comparte con la joven. –Los extraño, ¿sabes? –comenta. Katniss se gira un poco para poder ver la cara de la niña que se asoma por la orilla de su colchón. –En los huertos, era yo quien subía a los árboles para coger los frutos de las copas. –No comenta nada, por lo que continúa –cuando la jornada concluía, los sinsajos me ayudaban a cantar una melodía para avisarle a los demás que era hora de volver a casa.

Katniss no sabe que decir, ya que nunca ha sido buena con las palabras, pero puede imaginarse los huertos llenos de árboles frutales, a Rue subida en lo más alto de ellos, cantando una canción acompañada por los sinsajos. – ¿Por qué estás aquí, Rue? –Pide saber –por tu edad no deberías estar aquí.

Observa como la niña voltea hacia los lados para vigilar que no haya nadie cerca –ha sido por mi papá. Él estaba liderando a los rebeldes de nuestro sector. Cuando lo descubrieron le dieron la oportunidad de suplicar públicamente para no matarlo. Mamá tuvo que llorarle para convencerlo.

-¿Y lo hizo?

Rue asiente tristemente –Sí. Pero como advertencia me tomaron y me trajeron con los demás. Al menos está vivo, otros no han corrido con suerte. –Hace una pausa y después agrega –Cuando todo esto termine podremos volver a verlos, Katniss.

La joven asiente, pero cree que pasará mucho tiempo antes de que ocurra.

El lunes llega rápidamente y desde las cuatro de la mañana las chicas ya se encuentran en la cocina sacando las primeras bolsas de basura. Por la condición de apresadas en la que llegaron, solo tienen derecho a dos comidas por día. Aunque ambas están de acuerdo en que comen mucho mejor a como lo hacían en sus respectivas casas.

Esa mañana una mujer de las que sirven la comida se reporta gravemente enferma; algún virus o algo así y debe guardar reposo para no contaminar los alimentos y provocar una epidemia. Así que la cocinera a cargo ordena que Katniss sea su remplazo, recayendo más trabajo sobre Rue, pero no pueden hacer nada. – ¡Lava tus manos antes de salir! –le ordena a la joven aventándole una redecilla para el cabello.

La muchacha la atrapa en el vuelo y enrolla su práctica trenza para colocarse la red. Se lava las manos en el fregadero de la entrada y se apresura a coger una charola de huevos revueltos. Estos días ha visto tanta comida como nunca en toda su vida. La encargada del comedor la ubica entre dos muchachas algo mayores que ella. Su única labor es servir una porción por persona y cuidar que la comida no escasee para agilizar el proceso.

A las cinco en punto comienzan a llegar los jóvenes en entrenamiento para desayunar. Son tantos y tan diversos que la joven se siente rápidamente abrumada. Sus compañeras sonríen y bromean un poco con los apuestos soldados que se sienten tan seguros de sí mismos, que se atreven a coquetear siendo tan temprano.

-Deberías dejar de fruncir el ceño, así nunca conseguirás una cita –Katniss alza la vista sintiéndose muy indignada contra la joven que tiene a su izquierda –al menos dos chicos de los más guapos han tratado de entablar conversación contigo y tú ni siquiera te has dignado a mirarlos.

-No pienso casarme –responde cortante antes de dejar caer huevo sobre otra bandeja.

-No se trata de casarse, se trata de divertirse un poco –le responde la chica sonriendo a un muchacho nada apuesto.

Otra porción de huevo. –En ese caso no me interesa nadie. –Vuelve a decir mal humorada, ya que las conversaciones entre chicas es de lo que más detesta en el mundo.

-Porque no has conocido al hombre indicado. –Le dice una voz que le resulta conocida. –O porque no estás al pendiente de lo que ocurre a tu alrededor.

Esta ocasión se limita a alzar la cara para poder ver a su interlocutor. Es un joven increíblemente guapo. Es alto y musculoso, sus cabellos broncíneos y ojos verde mar. Justo cuando las chicas de a un lado sueltan risitas tontas y suspiros, lo reconoce de inmediato: es el vencedor Finnick Odair

Cuando no le responde, el vencedor vuelve a hablar – ¿Ves a ese chico de ahí? –pregunta señalando dos mesas a la izquierda –no te ha quitado el ojo de encima desde que llegó. –Le guiña un ojo en confidencialidad, las chicas vuelven a suspirar.

Katniss voltea a donde le señala, más por hacer algo que por curiosidad. De pronto siente que le cortan el aire cuando se encuentra con un rostro familiar. Aparta la mirada violentamente cuando los brillantes ojos azules de Peeta Mellark chocan con los suyos.

No es posible. Todo el tiempo que lleva en ese lugar y por ni un instante se imaginó que lo vería ahí. ¿Qué no tiene un hermano mayor y brabucón que ocuparía su lugar? Ah, porque sí que ha pensado en él aunque se recrimine por hacerlo. Es que ¿cómo olvidar al chico que te devolvió la esperanza? ¿Qué te cubrió la espalda mientras huías? ¿Al que creías que estaría en el distrito a salvo porque nunca ha pasado hambre y nunca se ha metido en problemas?

-Veo que alguien acaba de quedar impresionada. –Sonríe con la que debe ser la sonrisa con la que cualquier muchacha cae redondita en sus garras.

-No sé de qué estás hablando. –Gruñe apresurándose a soltar bruscamente más huevo en la bandeja del vencedor.

Aunque es salpicado, el hombre lejos de molestarse, da una carcajada. –Como digas, guapa. Solo recuerda que soy muy bueno descubriendo secretos –finaliza misterioso, alejándose con su desayuno.

Katniss se queda de muy mal humor el resto del día. Debe usar todo su autocontrol para no azotar las ollas que debe dejar limpias antes de retirarse a dormir. Rue la observa, pero es demasiado cautelosa para decir nada. En cambio le ayuda a secar los últimos contenedores mientras tararea una canción, y por eso le está muy agradecida.

Es noche, en la tranquilidad de su cama y bajo la soledad de sus sábanas, se rinde a sus sueños en los que, contrario a sus usuales pesadillas, esta ocasión es visitada por la intensa mirada de un profundo color azul y por campos florecientes con dientes de león.

Vuelve a sentir esperanza.

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