N/A: Como 13 páginas de word, 6,052 palabras libres de comentarios, y una velocidad increíble en el relato; espero que compensen el tiempo que he tardado en actualizar. Las musas me abandonaron para esta historia y de verdad lo lamento mucho -sean comprensivos/as; he batallado con pérdida de mascota, intento de secuestro, mucho tráfico y aburrido trabajo. Ya saben, lo normal en mi país :/ Pero aquí seguiré y sacaré adelante cada historia ¡Ajúa!
¡Disfruten la lectura!
Capítulo VI
Conforme los días transcurren, Katniss ya no es obligada a servir los alimentos, por lo que no vuelve a ver al hijo del panadero.
Los días corren uno tras otro y sus actividades regulares no cambian: despertar, tomar un baño, vestirse, ir a las cocinas, regresar, dormir… Y aunque la joven cazadora ha intentado que le permitan usar el gimnasio en sus tiempos libres no lo logra, y a pesar de que se encuentra bien alimentada; sus pesadillas no disminuyen y la tristeza de no poder saber cómo está su familia sigue estando sobre ella.
Lo único bueno que ha salido de su actual situación es haber conocido a Rue. La niña le recuerda tanto a Prim que amortigua ligeramente su dolor; 'ligeramente' Pero es como una bocanada de aire después de sumergirse en un lago, o en la bañera. Tristemente la dulce niña se ha enfermado y Katniss no ha dudado ni por un segundo en ofrecerse a trabajar el doble para que Rue pueda guardar reposo.
El resultado: músculos adoloridos y extenuantes horas extra.
-¡Hey, chica! –Al principio no cree que le hablen a ella, pero cuando vuelven a hacerlo, no tiene otra más que escuchar y obedecer –el chico de aquí se ha ganado un 'tour' por nuestras cocinas. Que te ayude a lavar lo que falta y ya veremos que más ponerle a hacer.
Tour es la palabra que usan para referirse al castigo que se ha asignado a alguien que cometió alguna idiotez mínima: asistir tarde al entrenamiento, no escuchar a la primera de mando, botas mal boleadas… Cualquier cosa que requiera una simple llamada de atención, pero que no sea tan grave como para encerrarlos en confinamiento solitario por días con apenas agua para beber.
Seca sus manos en su delantal. Algo de ayuda no le vendría mal, sobre todo si es para lavar los trastes de personas que apoyan al Capitolio y sus injusticias. No le gusta recibir ayuda, pero tampoco es que se la ofrezcan o que ella la pida, más bien es un castigo para alguien y entonces debe realizarlo ¿verdad? Además sus manos le comienzan a arder (por el nuevo químico que deben probar) y tal vez hoy pueda volver a su dormitorio temprano.
Katniss se gira para recibir al castigado, únicamente para encontrarse con unos conocidos ojos azules que la miran demasiado alegremente para alguien que está de castigo.
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-¿De verdad no has encontrado otra forma? –Le dijo Ethan mientras observaba a su amigo sostener el uniforme entre sus manos y estrujarlo hasta arrugarlo completa y claramente.
-Nope –Peeta Mellark se había estado quemando las neuronas durante días para hallar un modo de entrar a las cocinas sin ser severamente castigado. Y las últimas noches estuvo esperado afuera del comedor hasta que el toque de queda se lo permitiese; pero ni una sola vez vio salir a la chica de su distrito. Entonces tuvo que indagar para hallar una solución práctica y no evidente de sus intenciones.
Afortunadamente la respuesta le llegó el día de ayer, cuando escuchó que un soldado de otro regimiento fue sancionado a trabajar en las cocinas por algo tan simple como llevar los zapatos sucios. Razón de más para que Peeta probase a ser castigado con algo tan simple como aparecer poco presentable en el entrenamiento.
Funcionó.
Por eso se encuentra ahí, dando su mejor sonrisa a la joven cazadora que lo mira con clara sorpresa. –Hola –dice un poco tímidamente para su gusto, pero es que todavía no puede evitar sentirse nervioso en su presencia.
Katniss no responde, pero hace un mohín con la nariz y Peeta lo toma como un saludo. –Lava las ollas que están ahí. –Dice señalando las enormes cazuelas que están llenas de agua y jabón.
Peeta levanta una hasta la tinaja sin esfuerzo. La joven recuerda que en más de una ocasión lo vio cargando costales de harina igual de fácil como lo ha hecho con la olla, pero no comenta nada.
-Hace calor, ¿eh? –pregunta el chico después de un rato. Hace una pausa para arremangar los puños de su camisa hasta la mitad de su antebrazo. Katniss lo mira de reojo, pero no deja de notar que el joven está sudoroso y sus rizos parecen húmedos y pesados.
-Uhm… –contesta y nada más.
Pero el joven no se da por vencido, así que prueba a seguir platicando –me recuerda a la panadería –no tiene caso fingir que no se conocen –los días más agobiantes siempre fueron en verano. Papá solía abrir las ventanas y las puertas de toda la casa para… –la chica no le responde, de hecho, intenta no escuchar su cháchara, pero su curiosidad puede más cuando Peeta dice –recuerdo que en una ocasión hacía tanto calor que el pastel que decoraba se comenzó a derretir…
-¿Pasteles? –Repite no entendiendo que tiene que ver con todo esto; después de todo él no estaba obligado a venir, tenía un hermano mayor que lo cubriera. Katniss no necesita ser una mente brillante para deducir que él vino por voluntad propia.
-Sí. –La mira y entonces cae en la cuenta de que no lo escuchaba –los pasteles, en casa. Yo era quien los decoraba.
-No podía permitírmelos –responde Katniss secamente a una pregunta no elaborada.
-En realidad muy pocos pueden hacerlo –contesta él suavemente volviendo su atención a las ollas. –Ni siquiera nosotros –murmura sin quitar la vista del cochambre –comíamos el pan duro ¿Sabes?
Repentinamente Katniss se siente abochornada. Busca desesperadamente algo que decir, pero no sabe qué. Debe haber sido deprimente vivir del pan que nadie quiere. Siguen lavando en silencio hasta que se percata de que el joven está batallando con una escobetilla y los restos de una crema de calabaza. –Aquí –le dice tomándolo de la muñeca para detenerlo. Asustada por su acción, lo suelta de inmediato, sus mejillas ardiendo –usa esto.
Peeta asiente dócilmente y emplea el polvo que le facilita la tarea. El tiempo pasa volando y finalizan su trabajo, para uno castigo, cuando todo está oscuro. – ¿En dónde te estás quedando? –Pero Katniss no puede sino verlo con sospecha. –Únicamente quiero acompañarte.
-¿Por qué? –quiere saber a la defensiva.
-¡Wow! –El tono de hostilidad no pasa desapercibido. Peeta se encoje de hombros tratando de fingir indiferencia, decidiendo que la joven necesita conocerlo más para que él pueda atreverse a anhelar algo más que amistad –solo quiero asegurarme que llegues bien, hay algunos tipos pesados por aquí con los que hay que tener verdadero cuidado.
-Puedo cuidarme sola –dice la joven cruzándose de brazos y levantando las cejas.
-Lo sé. –Dice Peeta y en verdad lo cree. De pronto no sabe que más decir para retenerla unos segundos más a su lado. Se rinde cuando Katniss Everdeen le da la espalda y se aleja en dirección contraria a donde él debe ir.
Ya tendrá otra oportunidad.
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-¿Entonces ya la has visto? –Pregunta Madge con curiosidad –yo sigo sin tener oportunidad. Era mi única amiga real ¿sabes?
-No puedo creerlo –dice Ethan –si yo hubiera vivido en tu distrito, no hubiera tardado ni un segundo en hablarte –afirma con coquetería.
Peeta siente que de algún modo las palabras de su amigo le llegan como indirecta. Lo admite, debía haber sido un poco más atrevido y haber hablado con la joven de la Veta. Solo que en aquel entonces era un niño asustado.
-¿Has sabido sobre tu amiga Delly? –le pregunta la practicante a enfermera. Estas reuniones se han vuelto una costumbre, y Madge se les une cuando no tiene guardia.
-Me escribió para darme los detalles de su boda. Me tomó varios días terminarla. –La chica se ríe.
-Era más un libro –asegura Ethan.
Usualmente platican sobre cosas triviales, cosas que hacían antes, pero sin ahondar demasiado en añoranzas o en sentimentalismos porque resulta difícil recordar y es entrañable vivir lejos de casa. Curiosamente Madge y él se han vuelto buenos amigos; pero aun así no le habla sobre sus sentimientos sobre Katniss; no quisiera ponerla en una situación incómoda, y porque sabe en lo más profundo de su ser, que Madge pondrá fin a sus esperanzas cuando le confiese que Katniss ama a Gale Hawthorne.
Porque seguro como está que tiene dos hermanos, Gale ha sobrevivido y estará en algún lugar esperando por su amada. Como estas ideas le revuelven el estómago, opta por pensar en otras cosas y es como ha hecho cuentas, y deducido que para estas fechas ya debe de ser tío. El tiempo ha pasado volando y su entrenamiento va a la mitad.
Este se ha vuelto más duro para los aspirantes a agentes de la paz. Cada noche Peeta se arrastra hasta su cama buscando un poco de descanso, y no es el único. La espalda le duele terriblemente y los músculos de las piernas y brazos no se terminan de acostumbrar al esfuerzo físico al que son sometidos.
Tampoco ha querido tentar su suerte y buscarse otro castigo para poder hablar con Katniss. Entonces intenta idear algún otro plan; cualquier cosa que le acerqué a la joven. Pero no es momento de pensar en eso, confía en que algo se le ocurrirá. Mientras tanto, debe concentrarse en el campo de prueba para no salir herido.
Es un ejercicio virtual, diseñado exclusivamente para entrenar sin la necesidad de crear una escena completamente tangible. Depende del nivel que tu superior considere, será como te enfrentes a diferentes situaciones, paisajes, pruebas y peligros. Hay miles de estas opciones y cualquier cosa puede pasar.
Justo ahora le ha tocado avanzar en solitario a través de lo que parece ser una selva tropical. Se supone que existían antes de los días oscuros, pero si han puesto este escenario en la prueba, es porque en algún distrito ha de existir este tipo de vegetación. Aunque realmente no corre ningún peligro, Peeta no deja de avanzar con cautela; siendo su misión abrirse camino hasta encontrar a su equipo.
Avanza lo más sigilosamente posible con el arma lista. Con ayuda de esta, empuja algunas plantas verdes que son casi tan altas como él. Siente un movimiento a su espalda, pero no es lo suficientemente rápido y pronto es derribado. De pronto la escena se evapora y quien se encuentra apuntándole es nada más y nada menos que su superior – ¡Demonios, Mellark! ¡Haces el ruido de un batallón tú solo!
-¡Lo siento, señor! –dice poniéndose de pie inmediatamente y cuadrándose mostrando respeto.
El hombre suspira y baja el arma. –Te veo el potencial, pero no logro obtenerlo de ti. –El joven agente no comenta nada, mientras es estudiado escrupulosamente por el entrenador. –Fuera de mi vista, Mellark –dice finalmente.
Peeta obedece de inmediato, agradecido de no tener que completar el entrenamiento por el día de hoy. Viéndose excusado de sus deberes, se dirige a las duchas ya que se encuentra todo sudoroso y sus músculos están adoloridos; un poco de agua caliente le vendrá bastante bien.
Está entrando a la bodega donde vive, cuando un confrontamiento le llama la atención. Intenta pasar de largo e ignorar la acalorada discusión, sino fuera porque es Ethan a quien tienen agarrado de las solapas y le impactan contra una pared.
Sin pensarlo va a detener al agresor, al que identifica como el tipo con el que peleó hace varias semanas en el bar; pero antes de que pueda alcanzarlo, dos hombres los sujetan y le impiden acercarse; como viene agotado del entrenamiento, es fácilmente sometido. Antes de irse le avisan que lo esperan en el bar donde la otra vez para la revancha.
No le dejan opción al ver a su amigo yacer inconsciente en el suelo.
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Katniss se siente sorpresivamente bien, cuando el fin de semana Rue la convence de salir a dar una sola vuelta, alegando que ha estado muy aburrida. Sonríe cuando la chica señala emocionada los anuncios luminosos – ¡es lo más colorido que he visto desde que llegué aquí! – le dice emocionada.
-Debo admitir que son muy llamativos –acepta la joven pensando en lo mucho que le gustarían a Prim. Últimamente le ha estado dando vueltas al asunto de escapar de ahí e ir por su cuenta a buscar el supuesto e inexistente distrito trece. Claro que su trabajo en las cocinas la retendrá ahí hasta que decidan que no les sirve más.
Pero ha considerado otras opciones. Por ejemplo, si estuviera en calidad de 'voluntaria' y la hubieran colocado como agente principiante, la primera misión a la que le enviaran sería su oportunidad perfecta.
-¡Mira, Katniss! ¡Es Tresh! –Se acercan a saludar al enorme varón que aparece caminando por ahí – ¿a dónde vas? –le pregunta con curiosidad, viéndolo con sus manos vendadas – ¿te has cortado?
-¿Esto? No. Es para un trabajo que tengo –la profunda calma de su voz únicamente despierta la curiosidad de Rue.
-¿Trabajo? ¿A estas horas? ¿En qué puedes trabajar un sábado por la noche?
Katniss puede ver que el joven se siente avergonzado, pero hay mucha resolución en él.
-Peleo. –Dice con su usualmente corta respuesta.
La boca de Rue se abre como una 'O' mientras que a Katniss no le sorprende, con el tamaño de sus puños, Tresh no ha de recibir ningún daño. Si tan solo ella fuera así de grande…
-¿Podemos ir a ver? –pregunta Rue ansiosa.
-No creo que sea buena idea –murmura Katniss.
Pero Rue suplica y la joven vuelve a ceder. Segura está que una vez saciada la curiosidad de su joven amiga, porque es lo que se ha convertido en su asolada situación, no querrá volver ahí.
El lugar es efectivamente como ella lo ha imaginado: sucio, aglomerado de gente y bastante apestoso. En su mayoría hay hombres ebrios y que se gritan obscenidades entre sí; pero Rue está demasiado emocionada para verlo así.
Mientras siguen a Tresh a traves del mar de cuerpos, en un momento la joven es empujada y desviada hacia el cuadrilátero. Intenta volver para seguir a Rue, sin embargo es tarde; ya la ha perdido de vista. Bufando molesta, comienza a abrirse paso hasta que alcanza a ver una cabellera rubia y rizada, muy familiar.
'¿Qué hace él aquí?'
Una pelea está por dar comienzo y más gente se amontona y entonces menos puede salir de ahí. Entre apretones busca algo de aire, que consigue parándose a un costado del improvisado ring. Sus ojos se abren con sorpresa al ver el primer golpe impactando la mandíbula de Peeta Mellark.
Un grito se atora en su garganta. Sus emociones peleando entre sí; pero la mayor de ellas es la molestia por ver que el chico, al que ella creía una buena persona, es un buscapleitos. ¿Qué necesidad de meterse en estos tugurios por algo de dinero? Ósea, lo comprende por Tresh, ¡pero es que él es un gigante! Tan robusto como el hombre que golpea a Peeta sin piedad.
Su molestia se convierte en temor; pero pronto se transforma en furia (y una mezcla de emoción) cuando el panadero comienza a devolver los golpes. Limpiamente voltea la cabeza de su contrincante. En algún punto indiferenciable, la joven no puede dejar de admirar la firmeza del joven rubio, lo ancho de su hombros, que parecen ser más gruesos que en aquellos torneos de lucha que ahora parecen tan lejanos.
Pues sí. Ahora se da cuenta de que ha prestado más atención al chico del pan de lo que ha creído.
Casi con fascinación observa la estrecha cintura y el sudor corriendo por los músculos de su cuello. No debería prestar atención a esas cosas, pero es como si estuviera hipnotizada, como si una parte de ella que no sabía que existía, saliera de repente gritando '¡aquí estoy!'
Cuando sus ojos se conectan con los de él; el joven pierde la concentración y es alcanzado nuevamente en la cara. Se tambalea y Katniss, que intenta recriminarse su ridícula actitud, suelta un grito que no puede escuchar. Se ha llevado las manos a la boca mientras las imágenes de las ocasiones que ha cuidado de ella atraviesan su mente. Recuerda las discretas miradas lanzadas en su dirección mientras ella fingía no notarlas.
Recuerda aquella ocasión en que le arrojó el pan que le salvó la vida.
Recuerda el diente de león que le trajo esperanza.
Con sus agiles instintos de cazador, reacciona sin pensar, intentado protegerlo; intentando pagar el favor de lo que ha hecho por ella; por Prim…
Debe salvar a Prim.
Porque de pronto no es el panadero a quién ve, es su hermana menor. Todos los temores cerniéndose sobre ella, todas sus cargas burlándose en su rostro, la crueldad del destino echándole en cara todo lo que no ha podido hacer para mantener a su familia unida.
Por no haber podido salvar a su padre.
Escucha que un pitido se escucha y se declara un vencedor. Entonces vuelve a la realidad dándose cuenta que se congeló en su sitio y que no hizo nada de lo querido. Un chico que no conoce entra a la base de la arena gritando de contento. Es él quien se arroja a darle palmadas de felicitación al joven rubio que la mira intensamente.
Katniss se sonroja (sobre todo por la vergüenza de sus pensamientos anteriores) y aprovecha a escabullirse con la gente que se dispersa hasta la próxima pelea.
-¡Katniss! –grita Peeta soltándose de su amigo y yendo tras la joven. ¿Será posible que fuera a verlo a él? Lo que haya sido, no puede dejar pasar esta oportunidad – ¡Katniss, espera!
La alcanza tomándola por el hombro, pero ella, que no lo ha visto venir, se gira impactando la palma de su mano en la mejilla de él.
Se echa hacia atrás con sorpresa cuando comprende que es el chico del pan quien le ha tocado el hombro.
Peeta se queda con la boca abierta, impresionado por la fuerza que posee tan menuda joven. –Auch –atina a decir sorprendido.
-¡Lo siento! ¡Lo siento tanto! –Dice ella con espanto, sus manos nuevamente cubriendo su boca –no… no sabía que… – '¿Por qué siempre terminas haciéndole daño? Es como aquella vez que recibió una paliza por el pan…'
El joven se frota la mejilla, pero no hay enojo en sus ojos, únicamente simple y verdadero asombro. –Tienes una buena derecha.
La cazadora se sonroja y solo puede limitarse a mirar el suelo. Se quedan en silencio hasta que una gota de sangre cae entre sus zapatos –estás herido –dice alzando finalmente la vista.
Peeta está bastante lastimado, es probable que todo este tiempo el hombre al que enfrentó se hubiese entrenado con el único propósito de hacerle todo el daño posible. Por fortuna, Peeta no se ha quedado atrás gracias a los entrenamientos y el ejercicio físico. –Nada peor de lo que pudiera hacerme mi madre –aunque intenta sonar gracioso, hay leve amargura en su voz.
Katniss quiere apartarse de él, pero al mismo tiempo su deuda de gratitud le mantiene inmovilizada y pronto la compasión se levanta en ella –hay que frenar el flujo de sangre. –No muy consciente de sus acciones, lo toma de la mano y lo guía afuera del recinto. A unos metros de ahí, ve una banca vacía y lo obliga a tomar asiento.
-Katniss no es necesario –pide, pero al mismo tiempo no cree en sus palabras, no cuando ella comienza a tocar su cara para estudiar el daño recibido.
-Necesitamos llevarte a la enfermería –dice con el ceño fruncido –tienes una fea herida cerca de la nuca que podría ser peligrosa.
-Pero me siento bien –'aquí contigo' hubiera querido añadir pero no consigue el valor suficiente para decirlo.
-¡Peet! ¡Qué demo…! ¡Oh! –Ethan se frena en seco cuando ve que su amigo no está solo. –Hola –saluda con torpeza.
La joven se siente de pronto molesta por la aparición de este desconocido, pero ha de ser porque no es buena con la gente. –Tal vez él pueda llevarte –dice sin dejar de mirar al intruso.
Peeta sacude la cabeza rápidamente esperando que su amigo capte la señal.
-¡Oh, no…! –Expresa Ethan captando el mensaje mudo de Peeta –Esteeee… quiero decir… alguien debe de… uhmm… tengo que… hacer algo… –termina desapareciendo de ahí a todo lo que dan sus piernas.
Hasta que lo ven tropezar Katniss se vuelve hacia él –tu amigo es un poco raro.
-Y que lo digas –no sabe cómo retenerla a su lado por más tiempo, por lo que acude a la excusa que ella misma le ha brindado – ¿nos vamos a la enfermería?
La joven se muerde el labio inferior dudosa; pero algo debe haber pensado que asiente con suavidad. Peeta da un traspié porque la sangre resbala sobre sus ojos y ya no puede ver bien por donde pisa. Por inercia, la joven lo sostiene del brazo, pero andar así es incómodo, por eso Peeta se acomoda pasándole un brazo por sus hombros.
Esto es más de lo que podría atreverse a desear.
Siente como Katniss se paraliza, pero él rápido explica –es por comodidad.
Debe convencerla porque asiente y le pasa un brazo por la cintura.
Peeta se siente flotar.
En la enfermería no está Madge, pero los atiende una mujer malhumorada –no tengo tiempo para atender niños que se meten en riñas.
Katniss se planta muy firme –si me proporciona algunas vendas y agua limpia yo puedo hacerme cargo.
Peeta no puede sentirse más orgulloso de ella.
La enfermera la mira con las cejas alzadas –entonces hazlo –se cruza de brazos y se queda a mirar, aunque se suponía que estaba demasiado ocupada.
Las manos de la joven tiemblan, pero remoja un poco de tela en el agua y procede a hacer como ha visto a su madre hacer cuando llega alguien a su casa con una herida que Katniss es lo suficiente fuerte para resistir. Se siente nerviosa mientras limpia la cara del joven, teniendo por primera vez un rostro masculino, aparte del de Gale, tan cerca de ella.
Es consciente del sonrojo que no puede controlar.
-¿Todo bien? –pregunta él con cautela.
Katniss asiente y sigue trabajando, al final, la enfermera aprueba la curación –lo has hecho bien y ni una vez me has preguntado que sigue. Dime, ¿eras enfermera en tu distrito?
Katniss niega con la cabeza.
-Su mamá es sanadora –dice de pronto Peeta.
Katniss lo mira con sorpresa, pero no dice nada.
La mujer revisa unas listas que tiene por ahí – ¿cómo te llamas, jovencita?
-Katniss Everdeen –contesta Peeta en su lugar.
-No te he preguntado a ti –dice la jefa de enfermeras con sequedad.
-Lo siento –dice avergonzado. La chica suprime una sonrisa.
-¿Por qué no estás trabajando aquí, Katniss?
-Me asignaron en las cocinas –no ofrece más detalles.
-Pues no más. Haré que te transfieran a mi departamento, necesitamos gente que sepa lo que hace, no esas niña delicadas que me enviaron. El lunes te espero después del desayuno.
Katniss no dice que preferiría permanecer en las cocinas por que la sangre abundante no le viene bien, sin embargo esta es la oportunidad por la que ha estado esperado.
Mientras que Peeta únicamente piensa en que tendrá mayores posibilidades de verla –a Madge le dará gusto saludarte.
-¿Madge está como enfermera?
-Como aprendiz –responde Peeta poniéndola de inmediato al tanto –ha querido ir a verte, pero no sabemos dónde te estas quedando y tampoco es fácil entrar a las cocinas.
-¿Únicamente con castigos? –se le sale decir en un tono que a Peeta la parece bromista.
-Únicamente –dice sonriendo, pero esta sencilla acción le duele mucho.
-Debería pedir algo para el dolor –Katniss dice de inmediato cuando la queja se pinta en su cara, más se lo piensa –mejor así, para que aprendas a no meterte en problemas.
No le importa el dolor así que vuelve a sonreír y esta vez la joven le devuelve la sonrisa.
Finalmente la suerte comienza a estar de su lado.
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Cuando le platica a Rue, después de disculparse por haberse olvidado de ella, sobre su nueva asignación, la jovencita no puede estar más contenta por su amiga. – ¿Pero seguirás durmiendo aquí?
-Eso espero aunque tendré que atravesar medio campamento. Lo que sea que ocurra, podemos seguir viéndonos.
La niña asiente más tranquila.
Si pensaba que ser enfermera sería pan comido, pronto se da cuenta de su gran error.
Pasa largas horas de la noche leyendo libros llenos de imágenes de personas desnudas, que son usadas para dar detalladas explicaciones de cosas simples. Claro que evita ver las imágenes tan explicitas pero debe poner todo su esfuerzo para aprender pronto; así será transferida a un distrito y de ahí se las arreglará para escapar rumbo al trece.
Paciencia. Necesita ser paciente.
Madge la abraza con emoción cuando coinciden en una clase. La pone al tanto de las cosas que ocurren en el distrito. Le dice sobre las nuevas leyes que han llegado del Capitolio y le cuenta que la valla que rodea el distrito ha sido reforzada. Katniss respira con el alivio que le da el haber sacado a su familia a tiempo. Pero aún permanece la incertidumbre de su éxito y como no puede soportar la idea de que su familia pudo haber sido atrapada, termina por contarle todo a Madge.
Pasa una semana entera antes de que Madge le pueda dar la tranquilizadora noticia de que no fueron capturados; pero que desde su huida, el nuevo jefe de los agentes ha hecho más estricta la vigilancia y ha reforzado los castigos. Las cosas no pintan bien para quienes se han quedado en el distrito.
Mientras tanto, comienzan a llegar rumores de que la guerra está a la vuelta de la esquina y que el Capitolio no tardará en solicitar agentes al centro de entrenamiento.
En medio de los rumores, Peeta sigue preparándose. Parece ser que su superior se ha consagrado para entrenarlo (alguien le fue con los resultados de la pelea) lo que vuelve su adiestramiento más arduo de lo que hubiera podido imaginar.
Pese a todo, sigue dándose el tiempo para visitar a Katniss en el hospital. (Ethan se ha reído a carcajadas cuando supo que esa misma chica le plantó tremendo bofetón)
Una tarde que tiene libre, va a buscarla para convencerla de que coman juntos. Estas breves ocasiones en que la ve, les han ayudado a romper el hielo porque, aunque la joven se esfuerza por permanecer seria, el buen humor de Peeta está empezando a atravesar las barreras de comunicación entre ellos.
-Pasaba por aquí y me pregunté si ya habías comido.
Katniss lo mira con sospecha, como siempre hace cada que lo ve y con razón ¿cómo es que pase de casualidad si su área de entrenamiento queda en el extremo sur de donde está el hospital? Pero ve la sonrisa amable y el brillo esperanzado de sus ojos azules, a los que se ha acostumbrado tanto que termina por acceder. Después de todo se lo debe.
Comen juntos y Peeta le platica sobre los panes de los diferentes distritos. Ella le cuenta de la ocasión en que un oso la persiguió. Peeta le confía las travesuras que sus hermanos le gastaban cuando niños; Katniss aprende a reírse en el momento correcto.
Con la amenaza de la guerra acercándose cada vez más a ellos; la joven comienza a sentir un miedo que ya había olvidado. Miedo a perderlo todo. Porque ya no tiene caso negarlo; ahora tiene a gente aquí que se ha abierto camino hasta su corazón. Personas como Rue con su dicha, Madge con sus bondadosas sonrisas, Peeta con sus graciosas bromas.
Pero ella debe cerrar las compuertas nuevamente, recordándose diariamente que tiene una familia y amigos esperándola en alguna parte de Panem. Debe pensar que cuando se le presente la oportunidad de irse, no podrá llevarlos consigo, aunque es lo que quisiera hacer.
Para no sentir, decide alejarse de ellos. Más específicamente del joven Mellark, el que por alguna razón, le recuerda a su madre. Y no por el color de su cabello o de sus ojos (porque también se escondería de Madge) sino porque últimamente verlo le provoca desazón. El tiempo que transcurre para verlo le parece interminable y se siente ansiosa cuando lo ve cruzar las puertas del hospital.
No entiende que es lo que le ocurre; y como no lo entiende opta por esconderse.
Entonces cada vez que ve a Peeta aparecer por un lado, ella huye por el otro. Cuando él va a entrar por la puerta principal, ella desaparece por detrás. Cuando va al comedor, Katniss cambia turnos para trabajar. Nadie quiere esterilizar los laboratorios, pero ella se ofrece para tener excusas de no verlo los fines de semana.
Cuando Madge le pregunta si algo anda mal, Katniss le contesta con evasivas y dice que únicamente piensa en su hermana, en su madre y en su amigo, y que prefiere mantenerse ocupada. Afortunadamente su amiga toma por valido su argumento.
Así otro mes se va volando, pero al mismo tiempo se siente agotada de esconderse; esto le requiere más esfuerzo que limpiar los aparatos de cirugía que emplean para practicar.
Por otro lado, Peeta no logra entender que ha hecho mal.
Desde la lejana pelea en el bar, todo comenzó a ir mejor con Katniss. Al principio le costó trabajo acercarse a ella con continuidad; pero él perseveró y logró que la joven se acostumbrara a su presencia. Conforme pasó el tiempo, sus facciones se relajaron visiblemente cada vez que estaba con él, e incluso comenzaba a hacer bromas.
Recordaba con claridad la primera ocasión que la escuchó reír a carcajadas. Había sido en realidad una tontería pero él, Peeta Mellark, había hecho reír a la letal cazadora del distrito doce; y supo que nunca se cansaría del sonido de su voz.
Pero si todo iba bastante bien ¿por qué empezó a darle absurdas excusas para no verlo?
¿Habría dado un paso en falso? ¿Se habría dado cuenta de sus sentimientos por ella? ¿La había asustado?
¡Pero si él ha intentado ir despacio!
Katniss, ni nadie se podría imaginar el esfuerzo que le costaba despedirse de ella al final de las comidas; de las despedidas al final del día; ¡de controlar las ansias que tenía de besarla hasta arrebatarle el aliento! ¡Evitando consumirse en la suavidad de sus labios!
'¿Qué hice mal?' Se repite una y otra, y otra vez, sin poder encontrar la respuesta.
-Deberías decirle todo esto de frente –le aconseja Ethan en una borrachera que se pone un viernes tan abatido como está, queriendo olvidar.
Pero no es tan fácil. Nada es fácil con Katniss Everdeen, pero sabe que cuanto mayor el reto, mayor será la recompensa. Que ser paciente y ganar su cariño valdrá la pena.
-La mujeres son complicadas –gruñe Ethan cuando Peeta le dice todo esto, hombres igual de ebrios aplauden sus palabras.
-Además ¿Qué es el amor? –Opina un hombre de baja estatura – ¡Todo se acaba! ¡Todo!
Lo dice alguien que seguramente no ha amado a la misma mujer por más de diez años.
Peeta siente sus ojos escocer con lágrimas, finas gotas resbalan por sus mejillas recordándole que aún es humano y que mientras tenga este momento para ser débil lo será. La llorará mientras le sea permitido hacerlo.
Pero no es suficiente con llorar, debe descargar su frustración, debe de algún modo u otro extraer el dolor de su corazón. Tambaleante por lo bebido de su estado, abandona al grupo de hombres que están en la taberna. Dando zancadillas logra llegar a los lavabos; donde descarga su ira, su pena y su dolor contra su propio reflejo que lo mira con compasión.
Como es de esperarse, sus nudillos comienzan a sangrar, pero no le importa, sigue dando repetidos golpes a su despedazada imagen hasta que alguien lo aparta bruscamente.
Alcanza a vomitar antes de entregarse a la inconsciencia.
Cuando despierta, se encuentra con una luz deslumbrante y una jaqueca inaguantable.
¿Dónde está? ¿Y cómo llegó a donde quiera que sea este lugar?
Sus recuerdos son una masa deforme que no le aclara nada, empeorando su dolor de cabeza.
-No te levantes –le escucha decir a alguien con una tensa voz familiar.
Comprende que se dirigen a él, pero no hace caso, con esfuerzo se sienta sosteniendo su cabeza entre sus manos. Reconoce el olor a cloroformo y se sabe en el hospital – ¿puede darme algo para la cabeza? –pide con su garganta seca y su voz completamente ronca.
-¿Algo como sentido común? –le contesta quien quiera que sea.
No recibe lo solicitado, en cambio un vaso con agua fría le es ofrecido –gracias –murmura antes de beberla de un solo trago. Devuelve el vaso y alza la vista para agradecer a la sarcástica enfermera –oh –dice cuando son los mismo ojos grises que aparecen en sus inquietantes sueños al dormir. Irónico que la joven que ha estado escondiéndose de él, y la causa de su pena, sea quien lo atienda en estos momentos. Puede curar las heridas de su mano, pero le provoca las del corazón.
Katniss no desvía la mirada ni ha salido huyendo, se ha limitado a poner sus manos en sus caderas y a mirarlo con el cejo fruncido. ¡Como ha extrañado ese entrecejo! – ¡¿Qué crees que haces?! –está furiosa.
Pero si está furiosa es porque le importa ¿verdad? –no estaba pensando…
-¡Por supuesto que no lo hacías! ¡Qué irresponsable de tu parte!
-¿Puedes bajar la voz? –pide suplicante.
-¡¿Crees que lo haré?! –Grita obstinada, pero lo hace cuando su compañera de turno se asoma para revisar si todo está bien –ni siquiera debería gastar mi tiempo hablando contigo.
-¿Cómo lo que has estado haciendo? –no puede evitar decir dolido.
Katniss traga fuerte –eso no tiene nada que ver.
-¿Qué he hecho mal? –le cuesta mucho hablar, su garganta se siente rasposa, pero quiere saber, necesita saber.
La practicante está paralizada no sabiendo que decir, sus manos resbalan por su tieso uniforme.
El dolor de cabeza se intensifica, pero siente que debe externar sus dudas – ¿Qué he hecho mal? –Vuelve a preguntar – ¿Te he ofendido?
-¡No! –Exclama demasiado rápidamente –no. –Repite y después murmura –has hecho todo demasiado bien… –La confusión debe ser clara porque la joven intenta explicarse –Quiero decir, yo… Digo, tú… –suspira –no soy buena con las palabras, ¿ves? Será mejor que te recuestes –ordena como él vuelve a meter su cabeza entre sus manos. – ¿Quieres el analgésico?
-Lo que quiero es hablar contigo.
Katniss no responde, le obliga a tomar una pastilla para dormir y otra para el dolor, después observa que la venda de la mano está pintándose de rojo –tu mano vuelve a sangrar –dice tomándola con suavidad.
Este simple toque hace temblar al joven con resaca –es gracioso.
-¿Qué es gracioso? –Dice mientras quita las vendas y las cambia por nuevas.
-Esto –la chica hace una pausa para verlo sin comprender –me refiero a que parece ser que la única forma en que el destino nos une, es hiriéndome.
-No creo en el destino y tampoco entiendo la gracia. –Lo ignora volviendo a atender sus nudillos –ya está –termina satisfecha, pero Peeta no la deja ir; la sostiene con firmeza pero sin dañarla. –No sé porque te has embriagado pero no lo vuelvas a hacer.
-Seré bueno –murmura adormecido.
Sus palabras le arrancan una pequeña sonrisa a la joven que en un acto reflejo, le retira los rizos que caen por su frente –siempre lo has sido –murmura sin dejar de acariciarlo.
Peeta cierra los ojos disfrutando de este íntimo y reconfortante toque, pero con valor atrapa su mano y la lleva a los labios, besando su palma suavemente –por ti lo seguiré siendo –alcanza a decir entre sueños.
Katniss lo observa dormir por un par de minutos. Graba en su mente los suaves gestos que lo hacen parecer más joven; sus largas y doradas pestañas que rozan los pómulos, la nariz recta que encaja a la perfección con su cara, y finalmente las líneas de sus finos labios.
Hay un nudo en su estómago, algo que no había sentido nunca estando con Gale (se remueve incomoda al pensar en su amigo), pero tiene demasiado miedo de ponerle nombre a este sentimiento.
Porque no quiere admitir que esto podría ser lo que algunos llaman amor.
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